La UE ayuda a las grandes petroleras a vender como "ecológico" el reciclaje fantasma de plástico
La industria presenta el reciclaje químico como la “solución definitiva” a la contaminación plástica, pero es un desastre tecnológico y económico, según revela una investigación internacional de ‘Público’, 'Mediapart', 'The Guardian' y otros seis medios europeos.
Bruselas, sin embargo, apoya esta tecnología ineficiente con subvenciones y se dispone a legalizar unas prácticas que engañan a los consumidores.
El método tramposo utilizado por las empresas para medir el contenido de plástico reciclado les permite comercializar envases con un porcentaje de material recuperado entre dos y tres veces superior al real.

Yann Philipin (Mediapart) / Ludovica Jona / Stefano Valentino (Voxeurop)
-Actualizado a
"Magnum utiliza plástico reciclado”. En los estantes de los supermercados, el eslogan se muestra con orgullo en algunos envases de la famosa marca de helados. Estos nuevos envases son "totalmente reciclables y están fabricados con plástico de polipropileno reciclado", presume la multinacional alimentaria Unilever, propietaria de Magnum. Se pueden encontrar afirmaciones similares en productos de otras grandes marcas: 30% de plástico reciclado en las bolsas de pasta de la marca italiana Garofalo, 39% en las latas de alubias con tomate de la marca estadounidense Heinz e incluso "100% reciclado" en algunos cubitos de caldo Knorr, otra filial de Unilever. Lo mismo puede decirse del queso Philadelphia y las cremas de Nivea.
Todos estos plásticos comercializados como ecológicos han sido fabricados por Sabic, la filial petroquímica de Saudi Aramco, que es a la vez el mayor productor de petróleo del mundo y el mayor emisor de gases de efecto invernadero del planeta. Y lo ha hecho a partir de un producto elaborado en las factorías de Sevilla y Almería de un grupo español llamado Plastic Energy. Tanto el gigante saudí como la empresa española promocionan como "revolucionaria" la tecnología que emplean: el reciclaje químico mediante pirólisis.
Este proceso permite, en teoría, fabricar, a partir de residuos plásticos que antes eran imposibles de reciclar, envases idénticos a los de plástico virgen, derivado del petróleo.
Pero hay una trampa: los porcentajes que muestran Sabic y sus clientes están inflados artificialmente. En realidad, estos envases tienen como máximo entre un 5% y un 20% de material reciclado.
Ésta es la principal conclusión de una investigación internacional llevada a cabo por Público, Mediapart, The Guardian, Voxeurop, Altreconomia, Deutsche Welle e Investigative Reporting Denmark.
Denuncia en Estados Unidos
En Estados Unidos, el fiscal general de California presentó en septiembre de 2024 una denuncia contra ExxonMobil por "prácticas comerciales fraudulentas" y "publicidad engañosa" en relación con una tecnología similar. Según la denuncia, los plásticos "circulares" fabricados por el gigante petrolero estadounidense contenían menos del 1% de material reciclado.
Aunque el reciclaje químico de plásticos es un desastre tecnológico y económico, la Unión Europea y varios Estados miembros, entre ellos Francia y España, siguen invirtiendo cientos de millones de euros de fondos públicos en este sector. Bruselas se está preparando incluso para legalizar las prácticas engañosas de las empresas petroquímicas, permitiéndoles vender envases fabricados principalmente con plástico virgen como si fueran 100% reciclados.
El reciclaje químico es "otra campaña de marketing engañosa" diseñada por la industria "para fomentar el consumo incesante de sus productos plásticos, en lugar de una solución real a la crisis extraordinariamente dañina de los residuos plásticos y la contaminación", aseguraba en su denuncia el fiscal general de California.
Crisis medioambiental
El plástico es responsable de una de las peores crisis medioambientales a las que se enfrenta el planeta. De los aproximadamente 500 millones de toneladas producidas en todo el mundo el año pasado, sólo se recicla el 6%. El resto se incinera o se vierte al medio ambiente, contaminando suelos, ríos y mares. Cada día, más de 20.000 toneladas de plástico acaban en los océanos, matando a los peces y aves que lo ingieren. Además, los envases liberan microplásticos, que contaminan el agua y el aire y se acumulan en los órganos de los seres vivos. Se encuentran en todas partes: en el cerebro, el hígado, el corazón, los riñones e incluso en la leche materna. Las consecuencias para la salud aún no se conocen bien, pero preocupan cada vez más a los científicos debido a los miles de aditivos químicos presentes en las partículas de plástico.
Las previsiones son alarmantes: se espera que la producción de plástico se triplique para 2060, según la OCDE. Para las ONG que trabajan en este asunto, es urgente reducir la producción en origen.
Para evitar ese escenario, los fabricantes promovieron inicialmente el reciclaje mecánico, que consiste en triturar los residuos. Pero sólo funciona con ciertos tipos de plástico. Como resultado, únicamente se recicla el 17% de los residuos plásticos recogidos en Europa. Otro inconveniente del reciclaje mecánico es que, salvo raras excepciones como las botellas transparentes, es imposible fabricar envases aptos para el contacto con alimentos. Por tanto, algunos residuos no se reciclan en su forma original, sino que se transforman en perchas o macetas, que acaban en una incineradora o en el medio ambiente.
Dadas las limitaciones del reciclaje mecánico, los fabricantes han recurrido al reciclaje químico, o "reciclaje avanzado", que algunas empresas petroquímicas presentan como "la solución definitiva a la contaminación", anunciando un "mundo en el que el uso del plástico ya no será una amenaza".
Sobre el papel, resulta muy atractivo. Estas tecnologías consisten en descomponer las moléculas de plástico –los polímeros– para extraer las moléculas básicas, los monómeros, y luego fabricar nuevos plásticos de la misma calidad que los nuevos. Y esto se puede hacer indefinidamente. Es la promesa, por fin, de una verdadera economía circular: un envase de yogur vuelve a ser un envase de yogur después de pasar por el cubo de basura.
A principios de la década de 2020, los gigantes petroquímicos lanzaron numerosos proyectos industriales en Europa, respaldados por enormes subvenciones públicas. Según esta investigación internacional, la Comisión Europea les ha asignado 760 millones de euros en financiación a través de su fondo de innovación. Muchos gobiernos siguieron su ejemplo, atraídos por la perspectiva de la creación de empleo. "Es una batalla entre los países europeos para atraer fábricas", confiesa un asesor ministerial francés.
Pero ahora llega la resaca. Según esta investigación internacional, de las 78 plantas anunciadas en los últimos años en ocho países europeos, sólo 18 están operativas. Estas plantas únicamente son capaces de procesar 240.000 toneladas al año, lo que representa apenas el 1,5% de los residuos plásticos europeos.
La tendencia es la misma en Francia. De los 11 proyectos anunciados, nueve se han retrasado o cancelado. Y de las dos plantas confirmadas, solo se ha construido una, la de TotalEnergies en Grandpuits, a las afueras de París, pero aún no está operativa. El Gobierno había asignado 300 millones de euros en subvenciones a proyectos de reciclaje de plástico a través de una convocatoria que se cerró en abril de 2024. Pero el dinero destinado a las plantas de reciclaje químico aún no se ha gastado, porque los proyectos ganadores han sido suspendidos.
Otro tanto puede decirse de España, donde funcionan tres plantas, una se canceló, otra ha sido pospuesta, cinco anunciadas y una más está en fase piloto.
No hay grandes plantas
Plastics Europe, el lobby europeo del sector, está adoptando ahora un enfoque más moderado. "El reciclaje químico no es la panacea. Es un complemento para determinados flujos de residuos que no pueden tratarse mediante el reciclaje mecánico", declaró uno de sus ejecutivos, Alexander Röder, el pasado mes de noviembre.
Entre los fabricantes que han abandonado o congelado sus proyectos en Europa se encuentran grandes empresas como la británica Ineos y las estadounidenses ExxonMobil e Eastman, que tenía previsto invertir 1.000 millones de euros en una gigantesca fábrica en Normandía (Francia). Culpan a los retrasos y deficiencias de la normativa europea y, en particular, al hecho de que Bruselas no está haciendo nada para limitar las importaciones de plástico reciclado chino, mucho más barato que el fabricado en Europa.
Pero hay otra razón para este fiasco económico que la industria prefiere silenciar. La tecnología de reciclaje químico más utilizada en la actualidad, la pirólisis, es muy cara, porque consume mucha energía, y muy ineficiente.
Los gigantes petroquímicos lo saben desde hace mucho tiempo. Se trata de "un proceso fundamentalmente antieconómico", destacó un vicepresidente de ExxonMobil ya en 1994, según un documento citado en un informe titulado The chemical recycling fraud (El fraude del reciclaje químico), elaborado por la ONG Center for Climate Integrity.
"La mayoría de las plantas de pirólisis […] que he visto en 25 años han fracasado o se han estancado, y prácticamente no existen plantas a gran escala que hayan demostrado su eficiencia. Tras décadas de fracasos, debemos preguntarnos por qué se sigue impulsando esta vía", suspira Stefano Consonni, profesor y especialista en energía de la Universidad Politécnica de Milán.
Esta tecnología consiste en calentar el plástico para transformarlo en aceite de pirólisis. Este aceite se utiliza luego en otras plantas, llamadas craqueadoras de vapor, que fabrican, entre otras cosas, las moléculas básicas del plástico. El problema es que se producen enormes pérdidas durante todas las etapas de este proceso, como demuestran varias publicaciones científicas e informes de ONG.
El "balace de masa y el ISCC
Gracias a documentos inéditos, esta investigación internacional ha podido evaluar la verdadera eficiencia de la tecnología de pirólisis utilizada por TotalEnergies. Los resultados son catastróficos: sólo una cuarta parte de los residuos tratados se recicla para volver a convertirlos en plástico. Y los nuevos envases fabricados al final de la cadena pueden incorporar, como máximo, sólo un 5% de material reciclado. Un informe de la ONG Zero Waste Europe calcula que la tasa real se queda en un 2%.
¿El motivo? El aceite de pirólisis es de tan mala calidad que TotalEnergies sólo puede utilizar actualmente un 5% en su craqueador de vapor, mezclándolo con un 95% de nafta, un derivado del petróleo. En teoría, es posible aumentar este porcentaje hasta el 20%, pero se desconoce si alguna empresa industrial lo ha conseguido. "Todo el proceso se etiqueta falsamente como reciclaje de plástico, pero lo cierto es que a nivel mundial aumenta el uso de combustibles fósiles porque hay que añadir materia prima virgen", analiza Helmut Maurer, antiguo experto de la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea.
Si la pirólisis únicamente permite incorporar entre el 5% y el 20% de material reciclado a los nuevos plásticos, ¿cómo pueden algunas empresas petroquímicas y sus clientes mostrar porcentajes mucho más altos en los envases que fabrican?
La mayoría de los fabricantes de plásticos, entre ellos Sabic, ExxonMobil y TotalEnergies, cuentan con la certificación de sus productos por parte de ISCC, una empresa alemana estrechamente vinculada a la industria. Casualmente, ISCC utiliza una versión muy laxa del "balance de masa", una metodología que mide el contenido de material reciclado mediante un complejo sistema de créditos. Pero que, para el fiscal general de California, según argumenta en su demanda contra Exxonmobil, es un "esquema de marketing falso y engañoso" que crea un "reino imaginario" desconectado de la realidad.
Los trucos de la industria
Primer truco: cuando un fabricante produce 100 botellas, todas ellas con un 5% de material reciclado, el ISCC le concede el derecho a asignar artificialmente el material reciclado a los productos que elija. Por ejemplo, puede vender cinco botellas como "100% recicladas" o 10 botellas como "50 % recicladas", y el resto como 0%.
Las empresas petroquímicas afirman que esta práctica es esencial para que el mercado despegue, ya que les permite vender envases "reciclados" a precios más altos a marcas dispuestas a pagar para mejorar su imagen ecológica. Pero las ONG argumentan que se trata de ecoblanqueo, que engaña a los consumidores al venderles productos "100% reciclados" que, en realidad, están fabricados en su gran mayoría con plástico virgen.
Hay un segundo truco aún peor. El ISCC también permite a los fabricantes inflar artificialmente el volumen total de material reciclado. Una planta de craqueo al vapor produce aproximadamente un 40% de monómeros, los componentes básicos del plástico. El resto consiste en combustibles –que finalmente se quemarán – y otras moléculas que se convertirán en fertilizantes, resinas o productos químicos.
Pues bien, el ISCC permite que todo el tonelaje de aceite de pirólisis introducido se contabilice como reciclado, incluido el 60% que no se transforma en plástico. Gracias a estos créditos fantasma, los fabricantes pueden comercializar un porcentaje de material reciclado entre dos y tres veces superior al real.
Preguntado al respecto, el ISCC se negó a dar una justificación específica de su elección metodológica, pero confirmó que todos sus clientes están actualmente certificados con este método. "Es necesario ser realistas sobre lo que la industria puede implementar en este momento" para ayudarla a "progresar", razona el ISCC.
Ahora, gracias a una intensa presión, los representantes de la industria están a punto de conseguir que Bruselas legalice el engañoso método de "balance de masa" del ISCC. Éste se incorporó en gran medida a un proyecto de decisión publicado por la Comisión Europea el pasado mes de julio.
La Comisión añadió una única restricción: el plástico convertido en combustible no puede considerarse reciclado. "Pero otras moléculas que no son ni combustibles ni polímeros, como los lubricantes, pueden considerarse recicladas, aunque nunca vayan a acabar en envases de plástico", lamenta Lauriane Veillard, experta en reciclaje químico de la ONG Zero Waste Europe.
La decisión final de la Comisión Europea, prevista para este año, sólo afecta actualmente a las botellas de PET –tereftalato de polietileno– transparentes utilizadas para bebidas. Sin embargo, el método elegido debería servir de modelo para la aplicación de una normativa europea más ambiciosa, que exige la incorporación de entre un 10% y un 35% de contenido reciclado en los plásticos para 2030. Esto aumenta el riesgo de que los fabricantes puedan utilizar créditos fantasma para cumplir esos objetivos.
El lobby aprieta en Bruselas
Mientras tanto, las empresas petroquímicas siguen presionando para que se aplique el método de cálculo más indulgente posible. Lo que quedó patente en una conferencia sobre el reciclaje químico de plásticos, celebrada el 13 de noviembre en Bruselas. Durante una pausa, Wolfgang Trunk, alto funcionario responsable de esta cuestión en la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea, fue abordado por cinco lobistas que trabajan para el Consejo Europeo de Industrias Químicas (Cefic) y para las empresas petroquímicas BASF, BlueAlp, LyondellBasell y Dow. "[Queremos] una hipótesis matemática de crédito" para contabilizar el contenido reciclado, "no se trata de seguir las moléculas", apremió el lobista de la empresa alemana BASF, proponiendo al funcionario de la UE "una reunión para discutir el tema".
Cuando los periodistas de esta investigación internacional lo entrevistaron inmediatamente después, Wolfgang Trunk no ocultó su enfado: "En sus grandes plantas, [los fabricantes] dicen que utilizan […] un 5% de materia prima procedente de residuos plásticos, y quieren que se considere casi en su totalidad como contenido reciclado. Esto es una gran lucha. […] Debemos asegurarnos de que no se trate de ecoblanqueo".
A pesar de que las normas que se están elaborando actualmente ya les son muy favorables, los fabricantes quieren más "flexibilidad". En su intervención en la conferencia, Alexander Röder, el representante de Plastics Europe, afirmó que el método de cálculo sigue siendo "relativamente restrictivo y complejo".
Para las ONG y los expertos consultados, las limitaciones del reciclaje químico son tales que esta tecnología no bastará para resolver el problema de la contaminación causada por los plásticos. Piden que se reduzcan la producción y el consumo de envases, por ejemplo, mediante el desarrollo masivo de envases de vidrio reutilizables con un sistema de depósito. Un proceso lleva funcionando mucho tiempo en Alemania, pero no en otros países europeos. En Francia, en cuatro regiones del noroeste, se puso en marcha el año pasado un programa piloto y se prevé ampliarlo a todo el país para 2027. Sin embargo, se trata de un programa voluntario: los fabricantes que lo deseen siguen siendo libres de utilizar plástico. En España, el Gobierno anunció un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) que aún no se ha puesto en marcha y que, en principio, sólo iba a incluir envases de plástico, no de vidrio.
Sobre esta investigación
Este reportaje es el resultado de un proyecto de investigación internacional sobre el reciclaje químico de plásticos en Europa coordinado por la periodista Ludovica Jona y realizado de forma conjunta por los periodistas Lorenzo Sangermano, Lucy Taylor y Staffan Dahllöf, así como por los medios Público, Mediapart (Francia), The Guardian (Reino Unido), Altreconomia (Italia), Investigative Reporting (Dinamarca), Deutsche Welle (Alemania) y Voxeurop. Su producción contó con el apoyo de una subvención del fondo Periodismo de Investigación para Europa (IJ4EU).






Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.