Plastic Energy, el fiasco español que se vende como líder mundial del reciclaje plástico
El grupo publicita una tecnología para reciclar plástico cuya eficiencia cuestionan los técnicos y que le hizo perder 171 millones de euros en 2024.
Prometió 10 plantas en Europa para 2025, pero sólo tiene tres operativas, en Sevilla, Almería y la ciudad holandesa de Geelen. Anunció tres más, pero canceló una en Gipuzkoa y ha pospuesto otra en Tenerife.
Uno de sus principales accionistas es el oligarca ruso Mijail Fridman, que fue sancionado por la UE, según revela una investigación de 'Público', 'Mediapart', 'The Guardian' y otros medios europeos.

TotalEnergies, la principal petrolera de Francia y una de las 10 mayores del mundo, anunció en enero de 2022 que se aliaba con una empresa española, Plastic Energy, para poner en marcha en Sevilla una nueva planta de reciclaje de plásticos con una tecnología en la vanguardia de la economía circular. Estaba previsto que empezara a operar en 2023.
Sin embargo, aún hoy, la instalación, que iba a convertir 33.000 toneladas de desechos plásticos en un aceite bautizado como Tacoil, útil para fabricar plásticos de tanta calidad que sirven incluso para envasar alimentos –según publicita la empresa–, no se ha construido. En los registros de la Consejería de Sostenibilidad de la Junta de Andalucía ni siquiera consta un expediente para la apertura de una nueva planta de Plastic Energy, indica un portavoz a preguntas de Público.
Ésta es sólo una muestra de los fiascos de Plastic Energy, según revela una investigación internacional llevada a cabo por Público, Mediapart, The Guardian, Voxeurop, Altreconomia, Investigative Reporting Denmark y Deutsche Welle, y basada en documentos corporativos.
Casi al mismo tiempo que la planta sevillana, Plastic Energy anunciaba la apertura de otra con idéntica capacidad en Zumárraga (Gipuzkoa). El plan era que ocupara los terrenos de la antigua factoría de Arcelor Mittal, invirtiera 80 millones de euros y creara 200 puestos de trabajo. Para ello constituyó una filial, Euskadi Advanced Recycling SL. Tenía el apoyo explícito del alcalde socialista, Mikel Serrano, además de recibir cuatro millones de euros en subvenciones de la Diputación Foral de Gipuzkoa y otro millón más del Departamento de Industria del Gobierno vasco, ambos en manos del PNV. Pero en noviembre de 2023 Plastic Energy devolvió las ayudas públicas y desapareció. Sin dar explicaciones, según han asegurado a Público tanto la Diputación como el Gobierno vasco y el propio Ayuntamiento.
Cuatro años antes, en 2019, Plastic Energy había solicitado al Ayuntamiento de Villa de Arico (Tenerife) licencia para construir una planta de reciclaje de plásticos, que se le otorgó en 2021. El proyecto consistía en instalar la factoría en el Complejo Ambiental de Tenerife, para lo que, ya en diciembre de 2015, otra filial de la empresa, Plastic Energy Tenerife SL, había firmado con el Cabildo Insular del Área de Sostenibilidad un contrato que le concedía el uso privativo durante 20 años de una parcela de 8.065 metros cuadrados, a cambio de un canon anual de 25.244 euros.
El informe de impacto ambiental del proyecto no se publicó hasta enero de 2023. Según publicó la prensa local, porque Plastic Energy no pagó unas tasas de apenas 165 euros. Pero la planta aún no existe. Pese a que el Gobierno canario la declaró "proyecto estratégico" en julio de 2024, la empresa no se ha apresurado y aún está "preparando documentación" para presentarla en el primer trimestre de 2026, explica a este periódico una portavoz de la Consejería de Transición Ecológica. El Ejecutivo canario cifra en 75 millones de euros la inversión comprometida por Plastic Energy y en 34 los puestos de trabajo que crearía la instalación. Facilidades no le faltan: el Ministerio de Hacienda le ha concedido una subvención de 24,87 millones de euros a cargo de la partida de incentivos regionales, cofinanciada con fondos europeos. En estos años, además, el Cabildo le ha duplicado la parcela, y el canon. Ahora son 52.400 euros anuales.
Una cuarta planta publicitada en 2020 por Plastic Energy –35%– y TotalEnergies –65%– en la localidad francesa de Grandpuits, cerca de París, está construida, pero ha resultado mucho más cara de lo previsto –82 millones de euros en lugar de los 57 presupuestados inicialmente–. Su puesta en marcha se ha retrasado dos veces: primero se anunció que abriría a principios de 2023 y después a finales de 2025. TotalEnergies dice ahora que espera "comenzar pronto" a producir, pero se niega a facilitar una fecha concreta.
Sí que está operativa la planta que Plastic Energy tiene en joint-venture con la saudí Sabic en Geelen (Países Bajos), que no produjo su primer lote de aceite pirolítico hasta el pasado mes de agosto. Y dos más en España: una en Alcalá de Guadaíra (Sevilla) y otra en El Ejido (Almería).
Plastic Energy se presenta como líder mundial en el reciclaje químico de plásticos. Presume de haber mejorado una tecnología que reutiliza los plásticos que no se pueden reciclar de forma mecánica y permite, por tanto, evitar que éstos terminen en vertederos o sean incinerados. Se trata de la pirólisis, que consiste en "quemar" los residuos plásticos a altísimas temperaturas –entre 300 y 900 grados–, pero en ausencia de oxígeno – es decir, no hay combustión–, lo que produce, además del aceite pirolítico, gases de síntesis y carbón. El Tacoil, la marca con que Plastic Energy ha registrado su aceite pirolítico, lo vende a otras empresas, normalmente petroquímicas, para que fabriquen nuevos plásticos. Así, ha firmado acuerdos con la petrolera saudí Sabic –propiedad del gigante Aramco –, la española Repsol, Total Energies y la británica Ineos. También con la envasadora estadounidense Sealed Air o los supermercados británicos Tesco. Se promociona destacando que los envases de los helados Magnum y las sopas Knorr se fabrican con el plástico reciclado en sus plantas.
Esta investigación internacional revela que la tecnología de Plastic Energy no sólo es ineficiente y cara, sino que también queda muy lejos de la economía circular que promociona y le hace perder millones de euros cada año. Además, la empresa exhibe unas estupendas cifras de rendimiento: dice que, por cada tonelada de residuo plástico que procesa, sus factorías producen 900 litros de Tacoil.
Un aceite corrosivo y contaminante
En sus plantas petroquímicas, los socios de Plastic Energy procesan el aceite pirolítico en plantas de craqueo a vapor, como la que opera TotalEnergies en Amberes (Bélgica), donde se producen plásticos del tipo del etileno y propileno. Estas instalaciones han sido diseñadas para procesar nafta, un destilado del petróleo.
Según explica TotalEnergies en una presentación de 2022, la calidad del aceite de pirólisis de Plastic Energy es muy mala: contiene muchos "contaminantes", incluidos algunos "cancerígenos", que provocan "corrosión e incrustaciones" en los equipos de las plantas de craqueo. Como consecuencia, y pese al dinero invertido por la compañía francesa para reducir el problema, la planta de Amberes sólo puede introducir en el horno de craqueo un 5% de Tacoil, mezclado con un 95% de nafta.
Es decir, esa tasa de disolución significa que, por cada tonelada de plástico reciclado, es necesario producir al mismo tiempo 19 toneladas de plástico virgen, fabricado a partir de petróleo. Por tanto, no hay circularidad, el modelo de regeneración de los recursos que Plastic Energy utiliza como seña de identidad. Muy al contrario, está vendiendo una tecnología que requiere que se sigan produciendo enormes volúmenes de plásticos vírgenes.
Además, la misma presentación de TotalEnergies desvela que, por cada tonelada de Tacoil consumida, la planta de craqueo sólo produce el 40% de los monómeros –las moléculas básicas– que pueden utilizarse para fabricar plásticos. El resto es combustible, resinas y otros productos químicos. Si se añaden las pérdidas anteriores durante la pirólisis, resulta que sólo el 28% de los residuos plásticos procesados por las plantas de Plastic Energy se convierte en plásticos nuevos.
Finalmente, desde el punto de vista del producto, los envases de plástico finales fabricados por TotalEnergies a partir de Tacoil contienen un máximo del 5% de contenido reciclado, y sólo el 2% si se tienen en cuenta las pérdidas durante la pirólisis y el craqueo.
Sin embargo, Plastic Energy vende su "conversión anaeróbica térmica" como un proceso "sólido" que impulsará las tasas de reciclaje europeas y ayudará a reducir las emisiones de CO2, al evitar que el plástico usado se incinere.
A preguntas de Público y sus socios en esta investigación, la empresa asegura que sus plantas pueden convertir cada tonelada de residuos plásticos procesados en "entre un 66% y un 80%" de Tacoil. Sin embargo, el análisis del ciclo de vida –que evalúa el impacto ambiental de un proceso productivo– oficial que publicó en 2020 cifraba su rendimiento en el 69,6%. También dice que producir polietileno con Tacoil ahorra un 42% de CO2 en comparación con el polietileno fabricado a partir de nafta fósil virgen.
Ineficientes pero subvencionadas
En 2022, Plastic Energy prometía tener en construcción 10 plantas de reciclaje químico para 2025, que procesarían 300.000 toneladas de basura plástica.
Pero los cálculos de esta investigación desmontan tales previsiones. La capacidad de todas las plantas de reciclaje químico de Europa no supera las 240.000 toneladas. Sólo 18 están en funcionamiento, aunque se ha anunciado la puesta en marcha de 30. Entre las ya canceladas y las pospuestas suman otras 30 más. Las 18 operativas tienen capacidad para procesar unas 135.000 toneladas; es decir, apenas el 0,87% de los 16,16 millones de residuos plásticos que produce el continente, incluido el Reino Unido.
En España, además de las dos de Plastic Energy, sólo hay otra planta de reciclaje químico de plásticos operativa, en Ascó (Tarragona) en manos de 2G Chemical Plastic Recycling, una empresa española fundada por José Daniel Vega Piñol. Greene Enterprise ha puesto en marcha una planta piloto en Elche y anunciado la apertura de tres más en Madridejos (Toledo), As Somozas (A Coruña), en 2026, y San Cristóbal de Entreviñas (Zamora) en 2027. Repsol también prometió en su día dos proyectos: uno en Puertollano (Ciudad Real) y otro en Ascón junto con Agbar y la empresa canadiense Enerkem. Pero ninguno está en funcionamiento aún. De momento, Repsol, que no ha querido contestar a las preguntas que le ha formulado sobre estas plantas, sólo anuncia la apertura de una planta piloto en Puertollano, adonde se trasladará la tecnología que prueba en su laboratorio. Finalmente, Piroplast Energy SL, otra iniciativa española, acaba de obtener la autorización ambiental autonómica para una factoría también en Puertollano. Y ha recibido una subvención del Gobierno de Castilla-La Mancha de 1,7 millones de euros.
2G Chemical Plastic Recycling no ha contestado a las preguntas que este periódico le ha formulado sobre la eficiencia de su tecnología y sus resultados económicos. Por su parte, Plastic Energy defiende la solidez de las cifras de rendimiento antes mencionadas apoyándose en que el análisis del ciclo de vida fue elaborado por Sphera, una consultora de sostenibilidad, y revisado por un panel de tres expertos independientes del sector. Sphera es la misma consultora que integró, junto con Carlos Monreal, el fundador de Plastic Energy, el panel de expertos que revisó en 2025 el análisis de ciclo de vida de la saudí Sabic. Unas revisiones ciertamente circulares –éstas sí– del impacto ambiental de sus propias empresas.
"Se trata de procesos muy sensibles a las características de los materiales de entrada y a las condiciones en las que se llevan a cabo: si no introduzco en la planta exactamente el material que esperaba o no lo proceso exactamente como quiero, el proceso no funciona, obtengo un resultado diferente al que quería o una fiabilidad muy inferior a la que esperaba", explica Stefano Consonni, profesor de Ingeniería Química en el Politécnico de Milán. Estas limitaciones han mantenido el reciclaje químico "alejado de las aplicaciones comerciales a gran escala", añade: "Prácticamente no existen propuestas comerciales a nivel industrial para plantas fiables que puedan funcionar las 24 horas del día, los siete días de la semana, como se requiere para este tipo de procesos", destaca.
"Las plantas de este tipo en Europa son medianas o pequeñas, y aún se encuentran en fase de investigación", confirma Peter Quicker, profesor de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Aquisgrán y autor de varios estudios sobre las perspectivas del reciclaje químico del plástico: "Se había anunciado una planta para procesar 120.000 toneladas de plástico al año en Sajonia, pero se cerró. Estos proyectos suelen reducirse cada vez más y muchos acaban desapareciendo".
A pesar de las dudas que suscita esta tecnología, la Unión Europea ha destinado 760 millones de euros a proyectos de reciclaje químico a través de subvenciones e inversiones de capital. Y la mayoría de estas ayudas van a parar a la pirólisis –las otras tecnologías de reciclaje químico son la gasificación y la solvólisis–. Además, un tercio termina directamente en las cadenas de suministro petroquímicas.
"Básicamente, los consumidores se ven obligados a subvencionar la infraestructura que permite a las empresas de combustibles fósiles promocionar ilegítimamente como sostenibles los envases de plástico que compran", critica Helmut Maurer, experto sénior del Departamento de Medio Ambiente, en la Unidad de Productos Químicos Sostenibles, de la Comisión Europea.
La culpa puede atribuirse a los requisitos de rendimiento climático asociados a la financiación de la UE, que siguen siendo débiles. La financiación de la deuda del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el programa InvestEU, respaldado por Chevron, no exigen evaluaciones previas del ciclo de vida. Los proyectos de Horizonte 2020 deben cuantificar las emisiones de CO2, pero no tienen obligaciones de reducción según la metodología del Centro Común de Investigación, una agencia especial de la Comisión Europea. Uno de esos proyectos es de Repsol, se llama Plastics2Olefins y tiene un presupuesto de 28,2 millones de euros, de los que 18 millones han sido financiados por la Unión Europea. Gracias a ese dinero, la petrolera española construirá y gestionará la planta piloto para el reciclaje de residuos plásticos en Puertollano.
En España, las instalaciones de Plastic Energy han conseguido 30,5 millones de euros en subvenciones tanto de la Administración central como de las autonómicas y municipales. Además de las ya citadas para las plantas de Zumárraga y Tenerife, la Junta de Andalucía le concedió 4,68 millones para la de El Ejido y 5,59 millones para la de Alcalá de Guadaíra. También recibió 621.951 euros en 2023 para compensarle por el aumento del precio del gas y la electricidad tras la invasión rusa de Ucrania. Finalmente, en 2021 la Empresa Nacional de Innovación (Enisa), dependiente del Ministerio de Industria, le otorgó un préstamo participativo de 300.000 euros.
Como queda dicho más arriba, Plastic Energy sólo tiene en funcionamiento tres plantas: dos en España y una en los Países Bajos. Las de Alcalá de Guadaíra y El Ejido son utilizadas por la empresa como tarjeta de presentación y promocionadas como modelo de éxito. Comenzaron a operar en 2015 y 2017, respectivamente. La de Geelen no produjo su primer lote de aceite pirolítico hasta el pasado agosto y aún no está en plena operación comercial. La de El Ejido se nutre de los plásticos de los invernaderos y la de Sevilla, de "plásticos locales", sin más precisión. Pero su capacidad es reducida: procesan unas 5.000 toneladas de residuos plásticos, mientras la empresa anuncia un consumo de 15.000 y hasta 30.000 toneladas en las plantas que aún no ha abierto en Francia y España.
Carlos Monreal y Mijail Fridman
Plastic Energy fue fundada en 2011 por Carlos Monreal Lera, un ingeniero de Huesca que dice haber ido "siempre un poco por delante" en el negocio tecnológico: primero con el GPS, después con las renovables y finalmente con la economía circular. Dejó su puesto como consejero delegado en marzo de 2024, pero sigue siendo uno de sus accionistas a través de un fondo de inversión, Radikal Capital GP, fundado junto con un exdirectivo de Citigroup, Francisco Ybarra. En una entrevista publicada por El Diario de Huesca en 2022, Monreal reveló un plan estratégico que incluía la apertura de "cinco plantas por continente, una por cada una de las principales compañías petroquímicas". Citaba la que él mismo y el gigante Petronas anunciaron en octubre de 2023 que va a ser la más grande de Asia cuando entre en funcionamiento, en el primer semestre de este año, en la localidad de Pengerang. Y una más, de nuevo en alianza con TotalEnergies, en Texas (EEUU). El modelo, subrayaba entonces, era licenciar el uso de la tecnología y que las petroleras pagaran royalties. De forma que "el 40% de la facturación [de Plastic Energy] proceda de las plantas propias y el 60% de ingresos por regalía por el uso de la tecnología", detallaba al periódico local.
Público ha preguntado a Plastic Energy por estas plantas y por el resto de las programadas, pero la compañía no ha respondido a esas cuestiones.
Junto a Carlos Monreal y Radikal Capital, que posee un 15,69% del capital, es accionista de la matriz del grupo, Plastic Energy Global, LetterOne, el fondo propiedad de Mijail Fridman, el oligarca ruso que compró la cadena de supermercados Dia y fue sancionado por la UE tras la invasión de Ucrania. Fridman, que tiene el 15,19% de las acciones, está en trámites de recuperar el control de LetterOne desde que el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) anuló las sanciones. También aparecen entre los dueños de Plastic Energy Global Hernán Antonio Calvo Sánchez y su esposa, Raquel Suárez Ramón. Calvo Sánchez, director de Desarrollo Corporativo en Europa y Latinoamérica según figura en su perfil en Linkedin, fue investigado en 2014 por la justicia uruguaya en un caso de corrupción que implicó a una empresa española llamada Cosmo y a la naviera argentina Buquebus –cuyo negocio en España pertenece ahora a Balearia– y alcanzó incluso a un exministro de Economía y al presidente del Banco de la República.
Este periódico ha intentado, sin éxito, ponerse en contacto con Calvo Sánchez, para preguntarle por su participación en Plastic Energy.
En agosto de 2023, la empresa sufrió una remodelación corporativa radical. "En cada planta hay 100 millones de euros de inversión. Hay que estar inyectando permanentemente capital para inversiones", explicaba Carlos Monreal en El diario de Huesca. De hecho, Plastic Energy SLU es una auténtica trituradora de dinero. Los socios no han dejado de aportar fondos año tras año para compensar pérdidas y para nutrir el plan de opciones sobre acciones de sus directivos. Según los sucesivos informes de gestión enviados al Registro Mercantil, esas aportaciones ascendían a 72,4 millones de euros al cierre de 2024.
Además, sólo desde enero de 2020 hasta enero de 2022 Plastic Energy Global ejecutó 13 ampliaciones de capital. En 2021 cerró una ronda de financiación de 145 millones de euros en la que, además de LetterOne, entró en el capital una tecnológica francesa, Axens, y el fondo de inversión M&G. En agosto de 2023 cerró un acuerdo de financiación senior (SFA), de 105 millones, que fue prorrogado en febrero de 2025 para captar 32,7 millones. Un total de 282,7 millones de euros. Pero semejante esfuerzo exigió una reorganización corporativa que transfirió la deuda recién contraída a una sociedad en Reino Unido, Plastic Energy Finco Limited. También se creó un subholding, Plastic Energy Midco Limited. De forma que ahora todas las filiales de Plastic Energy Global SLU, hasta entonces la sociedad dominante registrada en España, se han transferido a ese holding británico y cuelgan de Plastic Energy Finco Limited. Son más de una docena, repartidas entre Estados Unidos, Australia, Singapur, Malasia, Escocia, Países Bajos, Luxemburgo, Francia, Alemania y España.
Desde la reorganización y la salida de la dirección, unos meses después, de Carlos Monreal, al mando del grupo se halla un grupo de ejecutivos británicos encabezados por Ian Temperton, experto en financiación de proyectos de energías renovables y anterior director financiero de la empresa.
Preguntada al respecto, Plastic Energy considera "habitual y estratégicamente acertado" invertir en I+D y en el desarrollo de plantas antes de obtener ingresos, ya que es una "empresa en fase de crecimiento". También presume de contar con un "sólido plan de negocio, respaldado por una fuerte demanda del mercado a largo plazo" y con el apoyo de sus accionistas para proporcionarles financiación. A su juicio, la normativa europea "traza" su "ruta hacia la rentabilidad" a medida que sus proyectos se van poniendo en marcha.
Pérdidas millonarias y precios al alza
Pero, al menos de momento, al rendimiento cuestionable de la tecnología que vende Plastic Energy tampoco le acompañan los resultados económicos. En 2024, la matriz española del grupo perdió 171 millones de euros, como recogen las cuentas remitidas al Registro Mercantil. La empresa atribuye los números rojos no sólo a las "significativas" inversiones exigidas por su "hoja de ruta tecnológica" y al aumento de deuda provocado por la ronda de financiación de 2023, sino también al plan de negocio "más conservador" que ha puesto en marcha desde entonces y ha reducido la valoración actual del grupo.
La filial que gestiona las dos plantas españolas, Plastic Energy SLU, perdió 3,27 millones en 2024, y acumula un resultado negativo de 53,48 millones. Ese año tenía un patrimonio negativo de 76,5 millones. Si sigue operando, es gracias al apoyo financiero de Plastic Energy Finco Limited, revela en su último informe de gestión. Plastic Energy factura en España 6,44 millones de euros, una cantidad inferior a sus gastos de personal, 7,14 millones. Tiene una plantilla de 77 personas.
Una nota que añade más dramatismo a la situación financiera de Plastic Energy es que debe devolver un préstamo de 100 millones de euros el próximo mes de agosto, y la propia empresa asegura en su informe de gestión de 2024 que ya ha preparado con un banco de inversión una nueva ronda de financiación este año. En junio de 2025 decía contar con "suficiente efectivo para continuar sus operaciones en el curso normal de sus actividades durante un período mínimo de 12 meses".
Aun así, Plastic Energy SLU dice que "opera con éxito" las dos plantas andaluzas y pone en valor los acuerdos que ha firmado con "grandes compañías petroquímicas" para venderles el Tacoil. Desde 2023, explica, esos contratos incluyen un "mecanismo de repercusión de costes" para calcular el precio del aceite, que le permite trasladar a los clientes los riesgos relacionados con la energía, las materias primas y la inflación. De manera que ha podido subir los precios de su producto estrella, subraya. Sin embargo, según consta en el informe de gestión de 2024, ese año vendió aceite pirolítico por importe de 5,62 millones de euros, un 7,3% menos que el año anterior.
Sobre esos precios, la empresa sólo ha publicado información en sus cuentas de 2022. A la saudí Sabic le vendió aceite a 950 euros la tonelada en 2022 y a 1.500 euros en 2023, con una subida de hasta el 76% respecto a 2021. TotalEnergies le está comprando el aceite a 1.375 euros la tonelada. A Repsol se lo vendía a 1.110 euros en 2022 y se lo subió hasta 1.596 euros con un acuerdo que caduca este año. Se trata de los mismos precios que cobra a la química británica Ineos.
Según explica Plastic Energy, estos precios "reflejan una prima sobre la nafta virgen". Son dos o tres veces superiores a los de ese destilado del petróleo. Un exceso que la empresa atribuye "en parte" a los nuevos requisitos del Reglamento de la UE sobre envases y residuos de envases, que exigirá unos niveles mínimos de contenido reciclado en los recipientes comercializados en Europa, un 30% en 2030 y un 65% en 2040. Es la normativa que marca su "ruta a la rentabilidad". Plastic Energy fía a esa plusvalía el rendimiento de las inversiones que necesita para crecer: "Esta prima sustenta el modelo de negocio de la pirólisis".
Sobre esta investigación
Este reportaje es el resultado de un proyecto de investigación internacional sobre el reciclaje químico de plásticos en Europa coordinado por la periodista Ludovica Jona y realizado de forma conjunta por los periodistas Lorenzo Sangermano, Lucy Taylor y Staffan Dahllöf, así como por los medios Público, Mediapart (Francia), The Guardian (Reino Unido), Altreconomia (Italia), Investigative Reporting (Dinamarca), Deutsche Welle (Alemania) y Voxeurop. Su producción contó con el apoyo de una subvención del fondo Periodismo de Investigación para Europa (IJ4EU).











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