Opinión
La industria petrolera frena (también) el acuerdo contra los plásticos

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Los plásticos son materiales muy versátiles que se han hecho imprescindibles en la vida moderna. Sin embargo, el conocimiento científico acerca de sus impactos sobre el medio ambiente y la salud ha puesto de manifiesto la necesidad de poner freno a la presencia de plásticos en el ecosistema. Desde 1950 hasta hoy, la producción de plásticos se ha multiplicado por 200, y de no ponerles freno, los residuos plásticos se triplicarán en los próximos 20 años, según datos del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUMA).
La contaminación por plásticos se ha hecho tristemente omnipresente. Especialmente visible en los océanos, donde se acumulan formando incluso islas que se mueven a la deriva, la larga vida de los plásticos en el medio ambiente se cobra la vida de decenas de miles de criaturas marinas cada año. Hoy en día hay mucha preocupación científica por los impactos en la salud de los microplásticos, cuya presencia se ha detectado en todos los rincones del planeta y en todos los seres vivos.
Para hacer frente a este problema, la quinta sesión de la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA), en marzo de 2022, acordó formular un instrumento internacional jurídicamente vinculante contra la contaminación por plásticos. Sin embargo, aunque en 2022 los países acordaron desarrollar ese tratado para reducir los desechos y los químicos dañinos que contienen algunos plásticos, después de tres años no se ha llegado a ningún acuerdo.
Por ello, 170 países se han dado un nuevo intento, y desde este martes, se reúnen en Ginebra para intentar llegar a un acuerdo. Con esta reunión, será la sexta vez que la comunidad internacional se sienta en una mesa de negociaciones, una vez más condicionada por las presiones de la industria petrolera (no olvidemos que el plástico es un derivado del petróleo).
Y es que la enorme dificultad para llegar a un acuerdo global para limitar la producción de plásticos nos está recordando demasiado a lo que ocurre con el Acuerdo Marco contra el Cambio Climático: un grupo de países, de la mano de la industria petrolera, es capaz de retrasar e impedir un avance global en defensa del medio ambiente. Es necesaria una reflexión sobre esta situación que desde hace años impide avanzar en políticas ambientales, y está, de forma efectiva, consiguiendo retrocesos.
Aunque en los debates sobre el plástico hay dos bloques de países (unos más «ambiciosos» y otros que no quieren avances), lo cierto es que es la larga mano de la industria la que mueve los hilos. Con una presencia de más de 200 lobistas, la industria del plástico se planta en Ginebra con el único objetivo de hacer descarrilar las negociaciones, o que el acuerdo sea un nuevo ejercicio de lavado de imagen.
Hasta el 14 de agosto estarán los negociadores reunidos en Ginebra, pero el ánimo de las organizaciones ecologistas es pesimista. En un contexto internacional dominado por el auge del negacionismo trumpista, y con unas negociaciones vigiladas por la industria, parece muy difícil que se produzcan avances reales. Ojalá nos equivoquemos y podamos contar en unos días una buena noticia. El mundo está muy necesitado de ellas.
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