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Por qué la ultraderecha tiene más difícil 'inflamar' las salas de prensa en la UE

Las instituciones comunitarias cuentan con rigurosos procedimientos de acceso para los medios de comunicación y con un detallado código de conductas que dificultan que las conferencias de prensa se conviertan en encuentros tensos y politizados.

Vista del hemiciclo del Parlamento Europeo, en Estrasburgo (Francia), durante el debate sobre el futuro de las relaciones entre la UE y los EEUU. Frederick Florin/Pool via REUTERS
Vista del hemiciclo del Parlamento Europeo, en Estrasburgo (Francia), durante el debate sobre el futuro de las relaciones entre la UE y los EEUU. Frederick Florin/Pool / REUTERS

"No participamos de burbujas mediáticas de la ultraderecha", zanjaba hace unos días Gabriel Rufián, diputado y portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ante la pregunta en el Congreso de Javier Negre, director de Estado de Alarma. En paralelo, doce formaciones pedían medidas a la Secretaría General del Congreso para frenar "el clima de tensión" y las "faltas de respeto al personal" que "algunas personas acreditadas" generan en la Cámara Baja. Una situación mucho más complicada de replicar en las salas de prensa de la Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo debido a sus códigos de entrada y conducta.

"Dicho comportamiento desvirtúa las ruedas de prensa y genera un clima de tensión que dificulta el trabajo del resto de periodistas que realizan su labor con profesionalidad. Lo que deberían ser comparecencias de actualidad parlamentaria se están convirtiendo en careos ideológicos", reza el texto firmado por los equipos de comunicación de PSOE, Unidas Podemos, ERC, PNV, EH Bildu, Junts, PDCat, Más País-Equo, CUP, Compromís, BNG y Nueva Canarias.

¿Por qué es mucho más complicado que situaciones de esta índole se reproduzcan en las salas de prensa de las instituciones europeas? En primer lugar, porque las exigencias de acreditación para acceder a los micrófonos de la UE son mucho más estrictos. Los avances tecnológicos y las redes sociales han traído de la mano el debate sobre qué es o quién es un periodista. Casos como el de Ibai Llanos en Twitch, primera persona en entrevistar a Leo Messi tras dejar el FC Barcelona, propulsaron la discusión. Algunos actores de ultraderecha se están sirviendo ahora de estas lagunas para presentarse como medios de comunicación con canales de YouTube o de redes sociales.

Para recibir el pase de prensa anual de las instituciones comunitarias, los periodistas tienen que probar que: trabajan para un medio o que son freelance, que viven en Bruselas; y que el periodismo es su principal fuente de ingresos. En el caso de los medios de comunicación, los estrictos criterios pasan por demostrar la transparencia de financiación, independencia editorial y cubrir asuntos europeos. Para los medios online se exige, en adición, el certificado de que son una empresa de medios en internet y que la mayoría de su contenido son noticias, comentarios o análisis propios. "Las publicaciones de divulgación o de ONG, think tank o grupos de interés no están cualificados" y se considerarán como visitantes normales, recoge la guía de la Comisión Europea.

El reglamento del Ejecutivo comunitario especifica que entiende por "periodistas" a medios escritos, radio, televisión, fotógrafos y cámaras. Pero no menciona otros perfiles como youtubers o influencers. Javier Negre, por ejemplo, experiodista de El Mundo reconvertido en youtuber, difícilmente reuniría las condiciones de acceso a las salas de prensa del Berlaymont o de la Eurocámara.

A diferencia de la información pública y detallada en los portales de la Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo, la página web del Congreso español no cuenta con un apartado que aclare las exigencias para los medios de comunicación. Podemos le ha pedido recientemente que indique cuáles son los criterios para conceder el paso a unos periodistas sí y a otros no. Desde la Cámara Baja señalan que debe tratarse de una empresa constituida jurídicamente, es decir que cuente con sede y teléfono, que actualice sus contenidos periódicamente, y que cuente con un director que solicite el pase.

Evitar los mítines políticos en las conferencias con medios

El código de conducta de la sala de prensa de la Eurocámara detalla los estándares que los presentes se comprometen a cumplir: solo los periodistas pueden hacer preguntas a través de identificar su nombre y medio. Los logos, banderas o símbolos no están permitidos. Y el documento recuerda que las conferencias ante los medios no son "mítines políticos", por lo que los aplausos o protestas que lleven a este fin están vetados. El incumplimiento por parte de periodistas o de políticos puede acarrear penalizaciones.

"La sala de prensa no es el lugar para que los periodistas debatan", zanjó hace poco Eric Mamer, portavoz principal de Ursula von der Leyen

Todo ello no evita, sin embargo, momentos de tensión. El último tuvo lugar durante la rueda de prensa que la Comisión Europea celebra religiosamente cada día a las 12.00. Una periodista hizo un alegato a favor de las personas que se resisten a vacunarse en Austria. "Por el amor de Dios", señaló el portavoz poco antes de que otro periodista, molesto, apuntase: "Esta gente lo único que tiene que hacer es ir a vacunarse". "La sala de prensa no es el lugar para que los periodistas debatan. Estáis para hacer preguntas y nosotros para responderlas", zanjó Eric Mamer, portavoz principal de Ursula von der Leyen.

La institución hermana, el Parlamento Europeo, es, sin embargo, la que más episodios de tirantez mediática ha vivido. Las fuerzas de extrema derecha utilizan con frecuencia estas instalaciones para maquillar las ruedas de prensa con mítines políticos. Representantes de Agrupación Nacional, el partido liderado por Marine le Pen, o de la Liga Norte de Matteo Salvini han sido reprendidos por saltarse las normas. En 2019, un grupo de eurodiputados de Identidad y Democracia (ID), la familia de la extrema derecha en la Eurocámara, llenó la sala de prensa Anna Politkovskaya con miembros de su staff y simpatizantes que vociferaron y aplaudieron. Algo prohibido por el código de conducta.

Un año antes, Salvini –por entonces eurodiputado- desató un encontronazo con los periodistas que asistían a su rueda de prensa en el Pleno de Estrasburgo. Los comunicadores advirtieron de que los aplausos o reivindicaciones con tinte de mitin político estaban prohibidos en la cámara y considerados no democráticos. La que ha sido durante los últimos años una de las caras ultraconservadoras más visibles de Europa instó a los periodistas a marcharse.

La última vez que se vivió una situación semejante fue a finales de octubre, cuando los aplausos regresaron a la sala de prensa de la mano de eurodiputados opuestos a que se exija el pasaporte covid para acceder a las instalaciones de la Eurocámara. Varios eurodiputados recurrieron esta exigencia de entrada ante la Justicia europea, que recientemente ha avalado la medida.

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