Los vaivenes de Feijóo para una moción de censura que no cuaja
Los deseos del PP están en punto muerto. Solo Junts parece abrirse a la idea, aunque impone como condición la negociación en Waterloo, algo que ha descartado públicamente la formación.

Madrid--Actualizado a
La política suele ser víctima de su propio relato. Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en 2018 a través de una moción de censura a Mariano Rajoy y ahora el Partido Popular tantea, desde hace meses, la idea de devolver el golpe y pagar con la misma moneda. Feijóo fantasea con finiquitar a Sánchez con la herramienta que le abrió las puertas de la presidencia del Gobierno, pero la realidad es muy diferente a la de hace siete años.
Los vaivenes del Partido Popular con una moción de censura se producen aunque la posición del resto de formaciones no ha variado con el paso del tiempo. El estallido del caso Cerdán no ha movido a las formaciones del Congreso de los Diputados, que públicamente sostienen el mismo discurso que antes del escándalo. Los aliados del Partido Popular no han cambiado y sabe que a sus 137 diputados puede sumar los 33 de Vox y el único representante de UPN, Alberto Catalán. Y no sería tampoco extraño que Cristina Valido, de Coalición Canaria, sumara su apoyo. En total, bien lo sabe Feijóo, faltan cuatro diputados, y de momento nada indica que eso vaya a cambiar.
Este martes, el líder gallego volvía a poner el foco en una moción de censura al Gobierno por el encarcelamiento de Santos Cerdán. Pese a anunciar por redes sociales una ronda de contactos con los grupos parlamentarios, unas horas más tarde, el portavoz del PP en el Congreso Miguel Tellado rebajaba expectativas, se negaba a hablar de moción de censura y aseguraba que las llamadas encargadas eran únicamente para conocer las fidelidades de los grupos al Gobierno: "No les llamamos para pedir, les llamamos para escucharlos, para saber su posición, que nadie se equivoque. Para saber si quieren ser socios o se quieren convertir en cómplices", corregía el diputado sobre las primeras intenciones desveladas por Feijóo.
"Si Vox no existiera, el señor Feijóo estaría de camino a Waterloo", aseguraba este martes la formación de ultraderecha tras ver cómo Junts abría las puertas a una moción de censura siempre y cuando viajaran hasta Bélgica, donde reside Carles Puigdemont. El PP rechazaba, no sin reticencias, la propuesta. "No vamos a hacer lo que hemos criticado, no somos como el PSOE", defendía Miguel Tellado, el encargado por Feijóo para llevar a cabo la ronda de contactos con los grupos parlamentarios. Sin embargo, aunque aún no se han llevado a cabo todas las llamadas, PNV, ERC y Podemos ya descartaron durante la jornada formar parte de la jugada.
Un mes con la moción de censura a cuestas
El último ciclo mediático sobre una moción de censura se inició a finales de mayo, cuando se destaparon unos audios de Leire Díez, militante del PSOE ligada a Santos Cerdán, en los que pedía información comprometida de altos cargos de la UCO. Entonces, Feijóo puso sobre la mesa "su disposición" para apoyar una moción de censura si los socios del Gobierno activaban la votación parlamentaria. Y desde ese momento, la formación se ha visto envuelta en una serie de contradicciones internas y externas con difícil explicación.
Quince días después de ese anuncio, Feijóo desestimaba la idea de protagonizar una moción y dejaba la pelota sobre el tejado de Sumar, ERC y Junts, que no respondieron a los intentos de presión del PP. Incluso barones regionales como Alfonso Fernández Mañueco descartaron públicamente llevar a cabo la moción al considerarla inviable. Ante el silencio generalizado, Vox salió a la palestra a anunciar que prestaría sus diputados para una moción de censura. Fue entonces, cuando parecía que avanzaban en la suma al necesitar solo cuatro escaños más, cuando el PP volvió a desterrar la idea. "Sería un balón de oxígeno al sanchismo", explicaba Borja Sémper, que de pronto consideró una mala idea la moción tras varias semanas colocándola en el centro de la conversación. Y una idea que parecía ya completamente desechada, vuelve al ruedo una quincena después con una propuesta incierta del propio Feijóo.

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