El voto a la izquierda resiste en España en una UE cada vez más de (ultra) derecha
Los conservadores y ultras portugueses han logrado en las últimas legislativas un apoyo mayor del que cosecharon un año atrás. Portugal se suma así a un fenómeno que está inclinando hacia la derecha la balanza ideológica de los parlamentos de la UE. Apenas un puñado de países, entre los que se encuentra España, aguantan el equilibrio sin sucumbir al auge reaccionario.

Madrid--Actualizado a
Prácticamente todos los parlamentos de los países que componen la UE están dominados por la derecha. Tan solo un irreductible grupo de votantes de progresistas resiste al auge de la derechización en el viejo continente. España es uno de ellos. Con un 44% de votos a partidos de izquierdas –si se tienen en cuenta únicamente aquellos que lograron más del 5% de representación parlamentaria en las últimas generales– es el tercer Estado de toda la UE en el que estos aglutinan más votos.
Al menos, si se tiene en cuenta cómo se autoperciben ideológicamente estos partidos y quiénes son sus aliados políticos dentro y fuera de las fronteras nacionales. Por delante de España, solo se encuentran Eslovaquia y Malta. De hecho, estos son los dos únicos países del club de los 27 en el que los partidos que se autodefinen como socialdemócratas –como el SMER eslovaco y el Partido Laborista maltés– acaparan más del 50% de los votos. Sin embargo, pese a formar parte de la izquierda en sus países, sus valores y batallas culturales no siempre coinciden con las de las agendas progresistas, como los derechos sociales, sexuales y/o reproductivos de los colectivos oprimidos.
Por contraposición, en 15 de los 27 países que conforman la UE el apoyo a partidos liberales, conservadores y ultranacionalistas se ha hecho con más de la mitad del electorado nacional. Así lo ha comprobado Público tras analizar los resultados electorales de las últimas legislativas de cada país, que tuvieron lugar entre los años 2021 y 2025.
Las crisis cíclicas del capitalismo, las secuelas de la covid-19, la percepción de peligro ante un orden mundial cambiante y el agotamiento de los mecanismos propios de las democracias liberales, han creado un profundo descontento social en muchos estados europeos. Ante este cóctel de desafíos, la respuesta de las izquierdas tradicionales ha sido limitada. Es en ese vacío donde las derechas han crecido.
El economista británico George Monbiot considera que esto se debe a que han asumido el neoliberalismo original de las derechas como parte de sus programas políticos. Monbiot explica en su libro, La doctrina invisible (Capitán Swing 2022), que esta práctica ideológica no sólo desvirtúa las democracias, sino que restringe el sentido de los partidos considerados de izquierda. Esto ha hecho que las formaciones progresistas se hayan desinflado lentamente.
Pese a ocupar el tercer puesto en el ranking de países con más votos progresistas, España es vista como uno de los faros de la izquierda en Europa. La aritmética parlamentaria ha permitido al PSOE de Pedro Sánchez permanecer en el poder en coalición con Sumar, gracias al apoyo de EH Bildu, ERC, PNV, BNG, Coalición Canaria y Junts. Público no ha analizado la ideología de estas formaciones regionales debido a que tuvieron menos del 5% de los votos. Aun así, el apoyo al PP y Vox no ha parado de crecer desde la repetición electoral de 2019.
Mientras España se alza como uno de los últimos bastiones progresistas de Europa, la derecha y la extrema derecha continúan acaparando cada vez más espacio político en los parlamentos nacionales de la UE. Portugal ha sido el último país en el que esta tendencia se ha consolidado. En las elecciones parlamentarias celebradas a mediados de mayo, la formación de extrema derecha Chega! –¡Basta!– logró su mejor resultado, aglutinando el 22,56% de los votos. Esto supone cuatro puntos porcentuales por encima del apoyo que recibieron en las elecciones de 2024.
Aquellos comicios marcaron el final de una década de gobiernos socialistas con António Costa, actual presidente del Consejo Europeo, al frente. El inicio de una investigación por corrupción que luego se desinfló contra miembros de su gabinete en 2023 terminó por espolear a la derecha y a la extrema derecha, con el Partido Social Demócrata (PSD) y Chega! como máximos exponentes de estas facciones. Desde entonces, sus apoyos se han disparado.
El 2 de abril de 2024, el líder de los conservadores del PSD, Luís Montenegro, tomó el relevo del Gobierno luso. Once meses después, un nuevo escándalo salpicó al Ejecutivo. Tras las acusaciones de un posible conflicto de intereses entre el primer ministro y la empresa familiar, Spinumviva. Montenegro se sometió a una moción de confianza que perdió, obligándole a convocar elecciones anticipadas. Pero los resultados han demostrado que el escándalo no ha pasado factura a la formación conservadora, integrada en estas elecciones en la coalición de Aliança Democrática. Tanto el PSD como Chega! han visto ampliados en nueve asientos su representación en la Asamblea de la República de Portugal.
Portugal, como Irlanda, ha sido uno de los países europeos en el que más ha tardado en abrirse paso la extrema derecha. Dicho de otra manera, es donde las izquierdas habían logrado sostener su cuota de poder. Cuando en 2017, Rassemblement National –Reagrupación Nacional– (Francia), Fidesz (Hungría) o La Liga Norte (Italia) ya contaban con un importante bagaje político en sus respectivos países, Chega! ni siquiera era una idea en la cabeza de su fundador, André Ventura. No fue hasta 2019 en el que el otrora político candidato a las municipales del SPD fundó Chega!, logrando un escaño en el parlamento luso en las elecciones celebradas ese mismo año.
Diego Palacios, profesor de Historia de los Movimientos Sociales de la Universidad de la Complutense de Madrid, señala la participación electoral como cuestión clave del auge de la extrema derecha en el país vecino: "Las grandes victorias de la izquierda portuguesa se han construido con una participación muy baja, de entorno al 40% de los votos". En cambio, "Chega! ha logrado que la gente desmovilizada acuda a votar". Para ello, la extrema derecha ha reivindicado el pasado colonial portugués, unos hechos que los partidos de la democracia habían preferido ignorar debido a las heridas que podría reabrir.
Según Palacios, tras la dictadura, Portugal se enfocó en el proyecto europeizante de la UE, que se ha agotado en paralelo a las crisis económicas del siglo XXI. Esto ha generado el clima perfecto para que "todo ese universo de la dictadura" que "se quedó guardado en un armario" salga a la luz en manos del partido ultra.
Más de la mitad de los votos a la derecha
En 15 países de la UE las formaciones conservadoras suman más de la mitad del apoyo en las urnas. A la cabeza se encuentra Polonia, donde los partidos conservadores recabaron el 87,6% de los votos en las elecciones legislativas de 2023. Las matemáticas permitieron al líder de Coalición Cívica (KO), Donald Tusk, sumar los apoyos de Nowa Lewica –Nueva Izquierda–, el Polskie Stronnictwo Ludowe –Partido Campesino Polaco– y Polonia 2050, con quienes formó un gobierno de coalición.
Cualquier fórmula parecía mejor para estos partidos polacos que aumentar la longevidad de un Gobierno del partido ultranacionalista Ley y Justicia (PiS), que llevaba ocho años consecutivos al frente del Ejecutivo. En este periodo, logró que su retórica nacionalista calara entre la población, alejó a Polonia de la UE e impulsó una reforma judicial que dio más poder al legislativo sobre el judicial.
La última vez que la izquierda polaca ganó unas elecciones fue en 2001, cuando el entonces primer ministro de Alianza de la Izquierda Democrática (SLD), Leszek Miller, ultimó la entrada de Polonia en la UE. Desde entonces, la pugna por el poder político ha estado reñida entre el partido conservador del KO y el ultraconservador del PiS. En paralelo, han surgido otras formaciones aún más a la derecha, como Konfederacja, que en 2023 logró el 7,16% de los votos, o Kukiz'15, sin representación parlamentaria en la actualidad.
Liberales de centroderecha, conservadores y ultranacionalistas también rozaron el 80% de los votos en las últimas elecciones de Bulgaria, celebradas a finales de 2024. De hecho, los ciudadanos búlgaros fueron los que menos votaron a la izquierda de todos los países miembros de la UE. La Coalición por Bulgaria (BSP), el único partido del espectro progresista que logró representación parlamentaria, apenas acumuló el 7,57% del total de votos.
El resto de las formaciones con representación en la Cámara Baja búlgara oscilaban entre el liberalismo de centroderecha de Alianza por los Derechos y las Libertades (APS), los populistas de Existe tal Pueblo (ITN) y la ultraderecha de Renacimiento, pasando por los conservadores de GERB-SDS. Algunos de los partidos búlgaros más extremistas surgieron como alternativa a este último, salpicado por decenas de casos de corrupción. Aún así, el GERB-SDS fue el ganador de los comicios de octubre de 2024 con un 25% de los votos y logró formar gobierno con el apoyo del BSP, ITN y APS.
Los antecedentes políticos del país invitan a pensar que esta combinación tendrá un corto recorrido. En los últimos cuatro años, los ciudadanos búlgaros han acudido a votar en seis elecciones legislativas consecutivas, bien por la imposibilidad de los partidos de formar gobierno o por la ruptura de los que sí pudieron formarlo. Ambos escenarios han aumentado el descontento social y han favorecido el avance de las derechas más populistas en las urnas.
Gobiernos volubles a la izquierda, consolidados a la derecha
La inestabilidad política es uno de los signos de la era política que atraviesa Europa. La dificultad para sumar mayorías parlamentarias ha favorecido la creación de gobiernos en los que conviven formaciones muy diferentes se han visto obligados a establecer alianzas frágiles que terminan saltando por los aires más pronto que tarde. Así ha ocurrido en Portugal, pero también en Alemania o en Francia.
En Francia, el miedo a la extrema derecha no se ha traducido en una mayor confianza en las formaciones progresistas.
En el país galo, el crecimiento de la extrema derecha del Rassemblement National (RN) de Marine Le Pen llevó a conservadores e izquierdas a establecer un cordón sanitario para evitar su ascenso al Gobierno. Pero el miedo a la extrema derecha no se ha traducido en una mayor confianza en las formaciones progresistas.
Quedó claro cuando, tras las elecciones de junio de 2024, el presidente de la República, Emmanuel Macron, llamó a formar gobierno al presidente de Les Républicains, Michael Barnier, pasando por encima de la coalición de izquierdas Nouveau Front Populaire (NFP), que había recabado más votos y escaños que el republicano. Tras apenas unos cuatro meses de vida, el Gobierno liderado por Les Républicains cayó tras prosperar una moción promovida por el Frente y el RN.
En diciembre de 2024, François Bayrou, del partido liberal Mouvement Démocrate (MoDem) logró formar Gobierno en un segundo intento. Para ello contó con el apoyo de la coalición Ensemble, formado por un crisol de partidos liberales y la abstención del Partido Socialista (PS), que se movilizó ante la amenaza de que la extrema derecha ganara todavía más apoyos si se daba una repetición electoral.
Es algo que ya ocurre en Hungría, donde Víktor Orbán, líder del Fidesz, lleva gobernando 15 años consecutivos. Junto al partido ultraconservador Jobbik –Movimiento por una Hungría mejor–, las derechas húngaras han logrado aglutinar el 60% de los votos en las últimas legislativas, celebradas en 2022. El Fidesz ha encontrado una mina de votantes gracias a su retórica –y a sus prácticas– antiinmigración. Una perspectiva de la que cada vez hacen más gala los partidos conservadores europeos, pero también progresistas.
El contagio de este fenómeno puede verse en Dinamarca, donde el partido Socialdemokratiet, ha enviado una carta al Tribunal Europeo de Derechos Humanos pidiendo mayor flexibilidad de los países para tomar decisiones sobre la cuestión migratoria. La propuesta ha sido impulsada por la socialista Frederiksen y Giorgia Meloni, la primera ministra italiana y líder del partido ultraconservador Fratelli d'Italia.
También otros partidos socialistas de Europa, como los griegos del PASOK, los alemanes del SPD o los suecos del SAP, tienen una postura cada vez más dura contra la inmigración. Con una retórica más disimulada, el PSOE español también ha endurecido sus políticas migratorias, aumentando el gasto en vigilancia y externalizando el control migratorio a terceros países.
Esto evidencia que lo que en un país se considera propio del ideario de "la izquierda", puede no serlo en el estado vecino. Además de la cuestión migratoria, también ocurre con lo relativo a los impuestos, la redistribución de la riqueza o modelo de financiación de los servicios públicos. Por ello, cuando se etiqueta a un gobierno o a un partido como "progresista", es importante saber de qué se está hablando.
¿Qué significa "izquierda" en cada país?
La Universidad de Carolina del Norte lleva años estudiando la evolución ideológica de los parlamentos de América Latina y Europa, principalmente. En su encuesta Chapel Hill Expert Survey de 2024, pidieron a 600 politólogos que puntuaran ideológicamente a los partidos de cada país del cero al diez, siendo el cero lo más a la izquierda y el diez lo más a la derecha.
Utilizando este criterio como base, Público ha comparado la posición ideológica que ocupan los partidos percibidos como de izquierdas o de derechas de cada país. Una simple comparación evidencia que, lo que en algunos países se califica como "izquierda" está más cerca del "centro" o de "centro derecha" en otros.
Sirva como ejemplo el caso del PSOE español. Según los expertos encuestados por la universidad estadounidense, el partido liderado por Pedro Sánchez tiene una puntuación de 3,81 sobre diez. Si se considera que el espectro de la izquierda y la centroizquierda abarca desde el cero hasta el cinco, los socialistas españoles estarían más cercanos al centro que a la izquierda radical. Aún así, está más a la izquierda que su homólogo danés, Socialdemokratiet, puntuado con un cuatro sobre diez, y que el Partido Socialista portugués, que fue calificado con un 4,18.
La encuesta de la universidad estadounidense también evidencia que lo que se considera socialdemocracia en Eslovenia y Malta, dos de los países donde las formaciones progresistas aglutinan más voto, está lejos de ser izquierda en muchos otros países. Así, el SMER-SD eslovaco fue ideológicamente puntuado con un 4,78 sobre diez, mientras que el Partido Laborista maltés recibió una nota de 6,67, lo que a efectos prácticos indica que es más de derechas que de izquierdas. Aún así, ambos forman parte del Grupo Parlamentario Socialista en Bruselas.
Pero ¿por qué hay partidos que se dicen socialdemócratas con un programa político más cercano a la derecha? Una de las razones señaladas por los expertos es el poder que, de facto, detentan algunos sectores conservadores en determinadas sociedades europeas. Es el caso de la Iglesia católica en Malta, donde, según reza la Carta Magna de la isla, de 1964, tiene "el deber y el derecho de enseñar qué principios son correctos y cuáles equivocados".
Aunque el peso de las autoridades eclesiásticas se ha desinflado a lo largo de los años, su poder sigue siendo lo suficientemente fuerte como para impedir avances en lo que consideran líneas rojas en materia moral. Por ejemplo, la legalización del derecho al aborto. En la actualidad, en Malta sólo está permitida la interrupción del embarazo en los casos en el que está en peligro la vida de la mujer. Esto obliga a decenas de mujeres a salir del país cada año para abortar en el extranjero, principalmente a España. Así lo reveló la investigación internacional Exporting Abortion, coordinada por Público en colaboración con una decena de medios de toda Europa.
Por su parte, en Eslovaquia, el SMER, autodefinido como de izquierdas, es próximo al Kremlin, desprecia la diversidad sexual del colectivo LGTBIQ+, habiéndose posicionado en contra del matrimonio homosexual, de la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo y ha prohibido la exhibición de banderas arcoíris en edificios públicos. Por otro lado, se ha negado a ratificar el Convenio de Estambul, que promueve una serie de normas para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, del mismo modo que han hecho países gobernados por la extrema derecha, como Hungría.
El convenio ha sido ratificado, incluso, por formaciones del ala conservadora entre los que se encuentra el propio PP español. La encuesta Chapel Hill puntúa a los de Alberto Núñez Feijóo con un 7,18 sobre diez. Es decir, a dos puntos de distancia de los ultranacionalistas de Vox, a los que dan un 9,38.
De media, la derecha española se encuentra en un 8,28 sobre diez, lo que convierte a España en el cuarto país de la UE en el que los conservadores están más radicalizados. El ranking lo encabeza Hungría, seguido de Rumanía y Chipre. España es el ejemplo de cómo las derechas han hecho virar el debate público hacia posiciones cada vez más alejadas del centroderecha –ventana de Overton– arrastrando con ello a las izquierdas.
Allí donde alguna formación de izquierdas ha logrado formar gobierno, su influencia se ha visto limitada por los equilibrios con otras formaciones conservadoras. En España, por ejemplo, el bloqueo de los nacionalistas catalanes de Junts –sumando sus votos a los del PP, Vox y UPN– impidió la aprobación de la reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos. Las endebles alianzas de las izquierdas en Europa tienen como resultado la moderación de las demandas progresistas en materia social, cuando no el rechazo de las mismas.
Metodología
En el presente artículo se han utilizado los resultados electorales de los últimos comicios legislativos de cada estado miembro de la UE. Para ello se ha usado la base de datos facilitada por ParGov.es, que recoge los resultados electorales hasta junio de 2023. En el caso de los países en los que se han celebrado elecciones generales posteriores a esa fecha, se han extraído los datos de las páginas webs de los resultados oficiales de dichos comicios.
Además, en este análisis se han incluido únicamente los partidos que han obtenido un 5% o más de los votos válidos en las elecciones legislativas de cada país. Esto ha dejado fuera del análisis a algunas formaciones con un papel relevante en las formaciones de gobiernos, como ha sido el caso de las formaciones regionalistas ERC, Junts, PNV, EH Bildu y Coalición Canaria en España.
Para la clasificación ideológica de los partidos se han utilizado dos criterios. Por un lado, al hablar del porcentaje de votos a la izquierda y a la derecha, se han utilizado la identificación ideológica que de sí mismo hace cada partido y los grupos parlamentarios de los que forman parte en la Eurocámara.
A rasgos generales, se ha incluido en la categoría "Derecha" a todas las formaciones conservadoras, democristianas, liberales, ultranacionalistas y libertarias. Cómo "Izquierda" se han clasificado todos los partidos socialistas, socialdemócratas, marxistas y ecologistas sociales. Por último, en la categoría "Otros", se han incluido partidos de centro, regionalistas y otros.
Para ubicar ideológicamente a cada partido dentro de su espectro ideológico –izquierda, derecha, otro– se ha utilizado la puntuación ideológica que recoge la Chapel Hill Expert Survey de 2024, elaborada por la Universidad de Carolina del Norte.



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