Así afecta el calor al estado de ánimo
Más allá de los golpes de calor o el malestar físico, el calor tiene una incidencia probada sobre la salud mental.

Zaragoza-
El debate entre aquellas personas que se denominan team verano y las que prefieren los meses de invierno es una de esas discusiones que no tienen final. Sobre todo, porque tampoco sirve para nada más allá de para echar el rato en Bluesky. Las estaciones se van a seguir sucediendo en el calendario y ahora llega el momento de la canícula. Las temperaturas aumentan y debemos lidiar con los efectos que producen en nuestro estado de ánimo. Porque sí, el calor tiene una incidencia que va más allá de los efectos fisiológicos.
Es decir, en verano debemos mantenernos hidratados, esquivar las horas centrales del día o protegernos de la incidencia directa del sol para evitar complicaciones como golpes de calor, deshidratación o el agravamiento de patologías previas. Sin embargo, a nivel psicológico también debemos prepararnos para poder lidiar con los estragos invisibles que el verano posee sobre nuestra psique.
Problemas para dormir
Una de las consecuencias más conocidas (y sufridas) de las altas temperaturas es la dificultad para disfrutar de un descanso profundo y reparador. Inicialmente, porque con el calor es más complicado conciliar el sueño. Por explicarlo de una manera un tanto prosaica, el cuerpo humano necesita rebajar su temperatura como parte del mecanismo para poder dormir. Es un proceso que sucede cada noche de manera automática. Sin embargo, si en la habitación hace mucho calor, y especialmente si es un calor húmedo, el cuerpo es incapaz de rebajar su temperatura y, por tanto, no se desencadena el mecanismo del sueño.
De hecho, un estudio llevado a cabo por One Earth calculó que por cada 10 ºC de aumento de temperatura ambiente, la probabilidad de dormir de forma insuficiente sube en torno a un 20,1% y el tiempo total de sueño baja casi 10 minutos, siendo el sueño profundo el más afectado. De hecho, un estudio de la Universidad de Copenhagen, recogido por Euronews, calculó que las temperaturas nocturnas por encima de 25 grados incrementan un 3,5% la probabilidad de dormir menos de 7 horas.
¿Por qué sucede esto? Básicamente, el calor no solo dificulta que conciliemos el sueño, sino que altera la arquitectura del descanso. Durante el sueño No REM, especialmente en la fase de sueño profundo (SWS, por sus siglas en inglés), el cerebro genera unas ondas lentas esenciales para la recuperación física y mental. El Institut Guttmann de Barcelona explica que el ambiente térmico se asocia con una disminución del sueño profundo de ondas lentas, así como con más despertares nocturnos. Por otra parte, durante el sueño REM el cuerpo regula peor la temperatura, algo que afecta directamente tanto a la regulación emocional como a la consolidación de recuerdos.
Los problemas asociados al insomnio
Así, la falta de descanso es clave para comprender por qué el calor afecta tanto en el estado de ánimo de algunas personas. Por ejemplo, el Instituto Nacional del Torax, de Chile, lista como consecuencias de la falta de descanso malestares como irritabilidad, disforia o problemas de concentración. O traducido en prosa: es habitual que muchas personas en verano se sientan más irascibles, lo que evidentemente es una muestra de un malestar emocional latente.
Además, la falta de sueño es un potenciador de algunos problemas de salud mental previos. Concretamente, los síntomas de ansiedad, tales como sensación de ahogo, taquicardia o inquietud generalizada, se pueden ver incrementados durante el verano a causa de la falta de horas de sueño. Si el no dormir se prolonga durante varias noches consecutivas, además, puede ser una fuente de estrés.
Más allá del sueño: el calor como estresor emocional
Pero el calor no solo pasa factura a la hora de ir a la cama por la noche. Incluso en personas que duermen razonablemente bien, por ejemplo ayudadas con un ventilador o aire acondicionado, las temperaturas extremas pueden afectar a su estado de ánimo. Según una revisión resumida por el European Climate and Health Observatorio de la UE, las altas temperaturas, por ejemplo durante las olas de calor, se asocian con trastornos del estado de ánimo y del comportamiento, incluido el aumento del comportamiento agresivo y las conductas delictivas. No solo eso, sino que asocia las olas de calor con hechos como más ingresos psiquiátricos, más visitas a urgencias por ansiedad o un mayor consumo de sustancias.
En cuanto al mecanismo, el calor actúa como un estresor biológico: puede elevar el cortisol y otros marcadores inflamatorios, alterar neurotransmisores como la serotonina y dificultar la refrigeración y la oxigenación del cerebro. Un cóctel explosivo que favorece la irritabilidad, la ansiedad y las dificultades para concentrarse. No obstante, este es todavía un campo que se encuentra en estudio, por ello la postura mayoritaria es achacar estas condiciones a una suma de biología, malestar físico y contexto social.
No en vano, no se puede extraer de la ecuación que quienes viven en viviendas mal aisladas, tienen menos recursos para climatizar su casa o trabajan al aire libre son precisamente quienes soportan una carga térmica mayor. Es por ello que hay un factor de vulnerabilidad que tiene su reflejo en la salud mental.
Peligro de rumiación
Además, el calor es algo que se siente físicamente, lo que aumenta el riesgo de rumiación en las personas con tendencia a ello. O dicho de otra manera, existe la posibilidad de que algunas personas entren en un bucle casi infinito de pensamientos negativos del tipo “no voy a poder soportar este calor”, “no voy a dormir nada”, “me voy a poner malo”, que, sin duda, no ayuda a sobrellevar las altas temperaturas. Este vortex suele traducirse en acciones como comprobar constantemente el termómetro o el pronóstico del tiempo, y en monopolizar las conversaciones en torno al calor, ya sea el que hace en ese momento o el que va a hacer en los próximos días.
Este tipo de pensamiento es un acelerador de la ansiedad, desgasta energía y también potencia el malestar físico. Al fin y al cabo, puede hacer que la persona organice toda su vida estival en función del calor, olvidándose de disfrutar la parte positiva que también tiene el verano. La tendencia a las rumiaciones, estén o no ligadas al calor, es un fuerte limitante para llevar una vida plena, por lo que puede merecer atención clínica por parte de un especialista cuando se vuelve persistente.
Comprender los riesgos del verano para poder disfrutarlo
Entender los pros y los contras del verano es clave para poder disfrutarlo de verdad. Igual de importante que saber que el calor tiene un impacto directo sobre nuestro estado de ánimo, y que, por tanto, podemos actuar en consecuencia, como el recordar que gran parte de ese malestar tiene una base fisiológica. Es decir, es pasajero por definición. Las olas de calor terminan y las temperaturas bajan. Saberlo no elimina el mal momento, pero sí ayuda a dejar de culpabilizarse y a mirar el verano como lo que es, una época que no es idílica y en la que es sano bajar el nivel de autoexigencia.



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