Diez cosas que nunca deberías decir a una persona con depresión

Tacto, empatía y ternura. Esos son los tres rasgos principales que debemos mostrar cuando tratamos con una persona con depresión. Pero, sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, nuestra actitud impetuosa, bruta, torpe e inconsciente, incluso aunque tengamos las mejores intenciones, perjudican en vez de ayudar. 

Y es que la depresión es un trastorno emocional complejo que incluye síntomas afectivos, cognitivos, fisiológicos, conductuales y motivacionales que requiere en la mayor parte de los casos tratamiento profesional.

Así como no tenemos capacidad para recomendar a una persona con el menisco roto qué debe hacer con su rodilla, tampoco estamos en situación de solventar una depresión con “buenas intenciones” mal expresadas. Pero sí que podemos ayudar. O, al menos, no perjudicar. Porque si la tristeza es un estado de ánimo (inevitable) que aún no hemos sido capaces de normalizar, ¿cómo pretendemos afrontar la depresión (ajena)?

De momento, podemos empezar por evitar estas diez frases hechas que muchas personas con depresión tienen que “sufrir”, incluso de su entorno más cercano, y que, a menudo, vienen a ser como echar más leña al fuego, aunque no sea esa la pretensión, por supuesto. Porque recuerda: si no sabes qué debes decir, mejor no digas nada, la buena compañía no se mide solo en frases más o menos afortunadas, sino en candor, afecto y abrazos. 

Diez frases prohibidas a una persona con depresión 

El lado oscuro de la empatía
Apoyo psicológico – Fuente: Pexels

Cuando alguien te dice “Abre tu mente, como la canción de Merche”, sus intenciones pueden ser buenas, pero los efectos de su consejo pueden ser humillantes y devastadores: la persona con depresión siente que, si su entorno más cercano no comprende su situación, cómo va a ser capaz de salir de la misma… sin ayuda. Por eso, incluso aunque estemos deprimidos (y seamos más de Napalm Death que de Merche), hay que saber a quién pedir ayuda y a quién mejor no. Aunque sean buenas personas. 

De hecho, la propia tendencia a dar consejos a personas deprimidas es un error, un cuñadismo contraproducente. Pero si nos pasamos la vida escuchando consejos de todo sobre todo porque todo el mundo sabe de todo, cómo no vamos a escucharlos en relación a un trastorno tan poco comprendido (y a menudo minusvalorado) como la depresión. 

Pero no, una persona con depresión no necesita consejos, necesita ayuda. Así que si quieres ayudar, empieza por evitar estas diez frases.   

Anímate, sal a divertirte 

Vamos a ver. Si pudiera animarme, lo haría, ¿no crees? ¿O es que me voy a animar solo escuchándote, como si fuera un chasquido de dedos? ¿Y qué es eso de salir a divertirme? ¿Ver un partido del Madrid? ¿Ir a un concierto de Merche? Si no me apetece ni ver un concierto de mi grupo preferido, con lo que me gusta la música, cómo me voy a salir a divertir.  

Las personas con depresión, generalmente, pierden sus aficiones y les cuesta mucho relajarse y disfrutar de su ocio porque la depresión no va y viene, como la tristeza, es un trastorno emocional permanente que va minando el interés y la motivación de la persona, incluso por lo que más le gustaba hacer.  

En su lugar, debes decir: ¿quieres que hagamos algo juntos? ¿damos un paseo? En muchas ocasiones, las personas con depresión tan solo quieren estar acompañadas… de alguien que no le atosigue con su depresión ni le recuerde cada minuto lo deprimida que está y lo incapaz que es de divertirse “como antes”. 

Búscate una afición 

Vale, es el momento, justo ahora que me siento mal, de aprender encaje de bolillos o a hacer cupcakes. Justo ahora que lo único que quiero hacer es dormir, voy a ponerme a aprender cualquier tontería. ¿Y qué me recomiendas exactamente? Y no me digas que salga a correr, por favor, que le doy un puñetazo al cojín.  

Las personas con depresión no necesitan una afición (nueva), necesitan, en primer lugar, compañía y comprensión para ir recuperando sus aficiones, que todos las tienen. Pero en los momentos más bajos, no piensan en “pasarlo bien”. Se contentan con no pasarlo mal. 

Sal a correr, haz deporte, vete al gimnasio 

OK, ya lo has dicho. Tenías que decirlo, por supuesto. No podía faltar el “sal a correr”. Pero si no tengo ni ganas de salir de la cama, ¡cómo voy a ponerme a correr! Y el gimnasio es el lugar ideal para una persona con depresión: mucha gente sudorosa y con sobredosis de endorfinas y otras hormonas. Perfecto para recuperar el amor por la vida y los seres humanos.  

Los efectos positivos del deporte en la salud física y mental son incuestionables, pero las personas deprimidas, por lo general, no tienen el entusiasmo necesario para hacer deporte, y menos en solitario, especialmente si no están acostumbradas a hacerlo. Es decir, si una persona no ha salido nunca a correr, no va a empezar estando deprimida. No la fuerces a hacer deporte como si fuera un antídoto a la depresión, aunque, sin duda, pueda ayudar. Primero, que salga de la cama. Ya correrá.  

Intenta ser feliz 

El lado oscuro de la empatía
Apoyo psicológico – Fuente: Pexels

Intenta ser feliz. OK, muy bien, vale, voy a intentarlo… a ver, intentando… intentando. No, no, no puedo. Por cierto, ¿cómo se intenta ser feliz? ¿Y qué es exactamente eso de la felicidad? ¿Lo contrario a la depresión? ¿Qué relación tiene la felicidad con la depresión? 

Mezclar la felicidad con la depresión es un grave error porque hace sentir a la persona deprimida culpable de no “querer” (o poder) ser feliz. Más allá de que creemos que la felicidad es un término cada vez más dañino en todos los ámbitos de la salud mental (y más allá), una suerte de Santo Grial de los charlatanes vendehumo, la persona con depresión no suele pensar en la felicidad como objetivo abstracto. Quiere dejar de sentirse mal, antes de sentirse bien, que no es lo mismo.  

Así que nunca, nunca, nunca, le hables de la felicidad a una persona deprimida, porque como la cojas con el pie cambiado tal vez tengas que ponerte tú a correr. 

Tienes que ser positivo, ver el lado bueno de las cosas 

Si hay felicidad hay positivismo, es como la Navidad y el turrón, siempre van juntos. Y si alguien te habla de felicidad mientras estás deprimido, no tardará en hablarte del lado bueno de las cosas y todo eso que tan bien expresa Merche en su hit. Tal vez hasta te rías al escucharlo por enésima vez y asientas con una sonrisa irónica, pensando: “vale, otro más que piensa que los deprimidos tenemos un problema de geometría, que solo vemos un lado de los poliedros”.  

Por desgracia, una persona deprimida suele tener cierta incapacidad para analizar lo poliédrica que es la vida, lo cual, por otro lado, es cierto. Pero entre los rasgos habituales de las personas con depresión está la falta de energía, la lentitud para razonar, la dificultad para pensar, concentrarse, tomar decisiones y recordar cosas.

En suma, se piensa con dificultad, por lo que suele ser complicado hacer análisis complejos e incisivos de la realidad. Así que evita lo del lado bueno de las cosas. No se trata de ser positivo o negativo, se trata de afrontar un trastorno y ponerle freno: y eso no se logra con la filosofía de saldo de los bestsellers de autoayuda. 

Sé resiliente, sé fuerte (y un emoticono de bíceps flexionado) 

Más allá de que cada vez que alguien repite una vez más la palabra “resiliente” pierde un poco más su sentido acercándose peligrosamente al vacío conceptual de otros términos maltratados como la propia felicidad, usar esa idea con una persona con depresión es desconocer, una vez más, el trasfondo de este trastorno que, a menudo, es multicausal y, por lo tanto, difícil de generalizar

De cualquier forma, una persona con depresión no suele tener “capacidad adaptativa para hacer frente a un agente perturbador o una situación adversa”. Aunque quiera, no puede ser resiliente, ni fuerte, ni estoico ante la adversidad, y por muchos bíceps y puños en alto que vea en su WhatsApp no va a curar. No funciona así. Déjate de tópicos y palabras rimbombantes de moda. Para repetir lo que se repite en redes hasta la náusea, ya sabes, mejor no digas nada.  

Es que no te dejas ayudar 

Buscar psicólogo
Apoyo psicológico – Fuente: Pexels

Los anteriores mensajes podían ser poco pertinentes, pero al menos eran positivos. En ocasiones, la frustración de la persona que intenta ayudar y no puede, termina por provocar mensajes aún más inadecuados, los que culpan directamente a la persona deprimida por su estado psicológico, algo que siempre debemos evitar. Nadie se tuerce un tobillo por quiere, nadie tiene depresión porque quiere. Y si le pudiesen poner remedio “solos”, lo harían.  

Así pues, no caigamos en la frustración ofensiva con las personas deprimidas con frases del orden, “no te dejas ayudar”, “es que no quieres escuchar” o “es que siempre estas amargado”, otra frase muy ofensiva que también se llega a escuchar cuando el grado de impotencia es tan grande que termina por ser destructiva. Lo que hacemos es proyectar nuestro malestar por ver a una persona deprimida y no saber cómo actuar. No actúes, acompaña, estate presente, pero no molestes.   

Anímate, hay gente que está peor 

Es otro recurso que podemos llegar a usar de forma un tanto ingenua cuando pretendemos animar a alguien que lo está pasando mal. Viene a ser como decirle a alguien que tiene un problema en la rodilla que al menos tiene la pierna en su sitio, y todavía puede andar. Es comprensible decirlo, pero no adecuado, porque la persona a la que le duele la rodilla quiere poner solución a su dolor, y no lo mitiga el hecho de que el resto del mundo también tenga dolores en las articulaciones.

Así pues, no pongas ejemplos más o menos afortunados para que una persona deprimida vuelva a sentir “la suerte de estar vivo”: son pensamientos que no suelen tener las personas con depresión, ni siquiera las personas sin depresión. 

No vayas al psicólogo / no te mediques 

En nuestro afán por ayudar sin tener conocimientos profesionales, en ocasiones, podemos responder ocupando el lugar del profesional, del psicólogo o del psiquiatra, pensando que sí, que la rodilla es cosa del traumatólogo, pero la “cabeza” es cosa de la familia, de los amigos, o de uno mismo (en exclusiva).  

Es cierto que no todas las crisis emocionales o psicológicas necesitan ayuda profesional, pero un estado emocional que impide a la persona seguir su rutina habitual y perjudica su ritmo de vida sin poder manejarlo o solventarlo de forma autónoma, requiere ayuda profesional y, probablemente, tratamiento farmacológico, siempre que el profesional lo considere oportuno.  

Por supuesto, no todos los tratamientos funcionan, y los psiquiatras también se equivocan, como se equivocan los traumatólogos, los periodistas o los políticos. Pero no podemos ocupar, en ningún caso, el lugar de un psiquiatra. Podemos opinar, por supuesto, pero cuidado con opinar si no tenemos conocimiento suficiente sobre el tema a tratar, en este caso los trastornos depresivos y sus tratamientos. 

Nunca llueve eternamente (y otras frases peliculeras)

Vale que a lo mejor funcionó a toda una generación que encontró una suerte de catarsis romántica con la película El cuervo, pero esta clase de frases hechas, por muy sutiles o filosóficas que nos parezcan, tal vez no consigan el efecto deseado. Más bien al contrario, puede que la persona deprimida se sienta frustrada por no contar con amigos o familiares que no sean capaces de algo más que repetir frases populares extraídas de canciones, películas o manuales.  

Repetimos, una persona deprimida no necesita consejos, incluso aunque los pida a la desesperada: necesita compañía, candor, amor, amistad, abrazos, empatía, humor y, más que probablemente, ayuda profesional y tratamiento. Las frases, cuanto más lapidarias nos suenen, peor. Y siempre teniendo en cuenta que cada depresión es diferente y cada persona deprimida tiene su personalidad y carácter propios.



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