Qué es realmente la disociación y por qué puede ser una estrategia de supervivencia
El término disociación se ha popularizado mucho en los últimos años, lo que ha llevado a un desconocimiento profundo del trastorno.

Madrid-
La progresiva normalización de la salud mental en todas las capas de la sociedad ha hecho que, poco a poco, vayamos incorporando términos médicos a nuestra habla del día a día. Hablamos de ansiedad y estrés, también de depresión, trastorno bipolar e incluso utilizamos términos complejos como disociación. Sin embargo, en muchas ocasiones, esta estandarización hace que se pierda profundidad, lo que puede dar pie a equívocos. Algo peligroso si tenemos en cuenta de que estamos hablando de condiciones médicas.
De hecho, sobre la disociación existen varias creencias erróneas, las cuáles la dibujan como algo que, en realidad, no es. Debido a su representación en la cultura popular, muchas personas creen que se trata de una especie de ensoñación o distracción. Además, se desconoce si se trata de algo que ocurre frecuentemente, o si se trata de una afección poco frecuente en el mundo real. En definitiva, un desconocimiento casi total sobre el que la comunidad médica ha tratado de arrojar luz.
Qué es la disociación
La disociación, tal y como se explica en el nuevo libro Working with Dissociation in Clinical Practice, es mucho más compleja de lo que se ha planeado hasta el momento. Sus editores, Helena Crockford, Melanie Goodwin y Paul Langthorne, la describen como un mecanismo de supervivencia en respuesta a un trauma abrumador.
El libro, publicado en colaboración con la Asociación de Psicólogos Clínicos del Reino Unido, busca desmentir estos mitos y aclarar el profundo impacto de la enfermedad en la memoria, la identidad y la percepción. Incluye contribuciones de más de 100 expertos en la práctica profesional y la investigación, de diversos campos como la psicología, la psicoterapia, la psiquiatría y los servicios de salud mental, así como de personas con experiencia propia de disociación.
Una defensa adaptativa ante un trauma abrumador
"La disociación es tan común como otros problemas graves de salud mental, pero sigue siendo una de las experiencias más incomprendidas y menos reconocidas en la atención de la salud mental", explican los autores en este trabajo.
Actualmente, la disociación se entiende mejor como una defensa adaptativa ante un trauma abrumador. Representa una respuesta evolutiva automática y refleja ante la amenaza, que sirve para proteger a la persona al reducir su conciencia de la experiencia intolerable (traumática).
"Todos tenemos la capacidad natural de disociarnos a veces, lo que nos permite seguir adelante con la vida y funcionar eficazmente durante un estrés emocional intenso o un trauma. Por ejemplo, podemos afrontar una emergencia con calma en el momento, pero sentir el impacto y la emoción después. Sin embargo, para quienes experimentan un trauma prolongado, la disociación puede volverse grave y arraigada", exponen los autores.
La disociación no es rara ni ficticia. Las investigaciones confirman su prevalencia entre personas que han experimentado traumas, especialmente en etapas tempranas de la vida. De hecho, las investigaciones muestran que entre el 1,1% y el 1,5% de la población general probablemente tendrá un trastorno de identidad disociativo o TID (la forma más grave de experiencia disociativa), y el 4,1% probablemente presentará un trastorno disociativo en general (incluido el TID, pero también otros trastornos disociativos).
Los expertos describen la disociación como un proceso mental y físico que altera la conciencia, impidiendo la integración de pensamientos, sentimientos y recuerdos. La disociación puede implicar una amplia gama de experiencias, desde leves hasta graves, desde temporales hasta crónicas. Sin embargo, en las personas que han experimentado un trauma abrumador, a menudo en etapas tempranas de la vida y sin un apego seguro que les brinde seguridad, con el tiempo pueden desarrollarse patrones más crónicos de disociación grave que se arraigan y se vuelven problemáticos, explican los editores.
La disociación tiene muchas formas
No existe una única disociación ni un solo tipo de disociación. En cambio, la afección puede manifestarse de diversas maneras e incluir experiencias más comunes, como sentirse separado del propio cuerpo o sentir que el mundo que lo rodea es irreal. También puede implicar experiencias menos comunes, como confusión sobre la propia identidad, cambios repentinos de comportamiento o identidad, como si se fuera una persona diferente. Estos cambios pueden ir acompañados de pérdida de memoria o amnesia.
Las experiencias disociativas pueden ser de naturaleza psicológica o física y pueden provocar que la persona sienta demasiado o muy poco. Estas experiencias, si bien brindan protección frente al trauma, pueden volverse crónicas y perjudicar el funcionamiento diario.
El estigma social que rodea la disociación es otra barrera para la comprensión, sugieren los editores, en particular el mito de que la condición es "inventada". Los avances en neurociencia han validado la disociación como un fenómeno real y medible.
Estudios de neuroimagen revelan patrones distintivos de activación cerebral en personas con trastornos disociativos, lo que proporciona evidencia objetiva del impacto de la afección. En el trastorno de identidad disociativo, por ejemplo, se activan áreas cerebrales muy diferentes según el estado disociativo que experimente la persona. Estas diferencias en la activación cerebral no podrían ser imitadas por actores.
Las representaciones mediáticas de la disociación, a menudo dramatizadas y sensacionalistas, alimentan aún más el escepticismo y el estigma, dificultando que las personas busquen ayuda. Los autores enfatizan la necesidad de una representación precisa y de educación para contrarrestar los estereotipos dañinos.
Las investigaciones han demostrado que la disociación no tratada conlleva problemas de salud física, regulación emocional y funcionamiento social. Los editores solicitan mayor capacitación y recursos para que los profesionales de la salud reconozcan y respondan eficazmente a la disociación, evitando daños a largo plazo para la persona y siendo más rentable para el sistema de salud.
Los tratamientos eficaces para la disociación se basan en un enfoque por fases del trauma y en una gama de terapias psicológicas adaptadas, y ofrecen esperanza de recuperación. Cada vez hay más evidencia de que estos tratamientos no solo son clínicamente eficaces, sino también mucho más rentables que el tratamiento habitual.
Los colaboradores del libro piden una mayor concienciación, defensa y compasión por la enfermedad, y desafían a las personas a repensar su comprensión de la disociación y verla como una estrategia vital de supervivencia. "Los esfuerzos para mejorar la capacidad de los servicios para comprender, reconocer y responder a la disociación relacionada con el trauma ayudarán a beneficiar no solo a las personas que experimentan disociación relacionada con el trauma, sino también a sus familias, redes sociales y la sociedad", concluyen.


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