Las dos caras de la Navidad: por qué es la mejor época del año para unos y la peor para otros
Las expectativas generadas, la soledad no deseada o la ansiedad social hace que muchas personas no puedan disfrutar de las Fiestas.

Zaragoza-
Decir aquello de que la alegría va por barrios quizá sea frivolizar con el reto que supone para muchas personas el enfrentarse a la Navidad, aunque se entiende el fondo. El periodo festivo es, en principio, una época feliz. Los seres queridos se reúnen, las calles se iluminan, se intercambian regalos y para los más pequeños todo está recubierto de un halo mágico imposible de replicar en otro momento del año. Es decir, todo está pensado para pasar un momento agradable rodeados de los nuestros.
Sin embargo, no todo el mundo vive la misma experiencia. Los motivos pueden ser muchos y variados, pero sí que es común que el ambiente pretendidamente alegre y familiar de estas fechas haga mella en la salud mental de muchas personas. De hecho, estudios recientes indican que entre un 60% y un 70% de la población experimenta un aumento del estrés o la ansiedad durante la Navidad, lo que demuestra que esta época es emocionalmente compleja incluso para quienes no tienen un trastorno diagnosticado. Se trata, además, de un segmento de la población a menudo ignorado por una sociedad entregada al consumo y a la celebración, lo cual intensifica aún más el malestar.
Qué es la depresión navideña
La depresión navideña es la sensación de profunda tristeza que se genera en torno a la Navidad. No se trata de una patología o un trastorno reconocido, en el sentido de que no aparece recogido en el manual CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, esto no quiere decir que no exista.
Por ello, para hablar con propiedad, podemos decir que la depresión navideña es un síndrome situacional, caracterizado por una serie de síntomas afectivos negativos que aparecen o se intensifican en torno al periodo navideño y suelen disminuir al finalizar las Fiestas. Entre las diferentes sensaciones que se pueden experimentar durante los días festivos se hallan malestares como: tristeza, soledad, ansiedad, irritabilidad, sensación de vacío, fatiga o desmotivación. Además, es muy importante tener en cuenta que no se trata de un episodio nostálgico puntual, sino una forma de desazón emocional frecuente cuando llega diciembre.
Por qué se produce la depresión navideña
El detonante de lo que conocemos como depresión navideña suelen ser factores psicosociales: duelos, conflictos familiares, soledad, unas expectativas irreales sobre cómo deberían ser las Fiestas… Por norma general, si alguien padece de soledad no deseada, es muy probable que esa sensación aumente en una época en la que todos los estímulos exteriores nos hablan de reuniones con la familia y los seres queridos. Además, también es una época muy propicia a echar de menos a aquellos que no están. Sobre todo a aquellos familiares fallecidos con los que solíamos pasar estas fechas.
Además, cabe reseñar que no todo el mundo posee una buena relación con su familia. Una situación desagradable, que se incrementa en un contexto en el que, por presión social, deberías reencontrarte con los tuyos. Las reuniones navideñas, que teóricamente son un momento agradable y feliz, son fuente y detonante de muchos conflictos aparcados durante el año. Algo que choca frontalmente con las expectativas que teníamos de ellas.
Ansiedad y estrés en Navidad
Además, la Navidad es una época propicia para aumentar los niveles de estrés y ansiedad por varios motivos. Así lo refrenda, por ejemplo, una encuesta realizada por la American Psychology Association, en la que se revela que un 89% de estadounidenses se ven sobrepasados por la época navideña. Las razones son muchas y variadas, aunque el aspecto económico de las Fiestas posee un papel preponderante. De hecho, un 58% de los encuestados se mostraron preocupados por no tener el dinero suficiente para costear la celebración y todo lo que le rodea: regalos, invitaciones a fiestas, etc. Si bien la encuesta está realizada en Estados Unidos, lo cierto es que este dispendio también es habitual en España, con todas las preocupaciones que ello conlleva.
Además, la Navidad es una época especialmente complicada para aquellas personas que sufren de ansiedad social. Además de las reuniones familiares, los compromisos sociales tienden a multiplicarse. Cenas de navidad, cócteles de empresa, fiestas de asociaciones, reuniones de amigos, quedadas de exalumnos… La presión por asistir a cada uno de estos eventos es elevada, lo que hace mella en aquellas personas que tienen dificultad para lidiar con ellos.
¿Es la depresión navideña un trastorno afectivo estacional?
Como hemos determinado, la depresión navideña no es tanto una patología formal sino un conjunto de síntomas comunes a un segmento de la población. Por ello conviene no confundirla con el trastorno afectivo estacional (TAE), aunque en algunos casos pueden coexistir.
En la actualidad, el TAE está considerado un especificador dentro de los trastornos depresivos y del trastorno bipolar. Se caracteriza por agravar los síntomas de estos durante la época invernal. Fundamentalmente, esto es así por la falta de luz solar, que afecta tanto a los niveles de melatonina y serotonina como al ritmo circadiano del cuerpo. Esto puede afectar, incluso, a personas sin antecedentes psiquiátricos graves. Es decir, está comprobado que para algunas personas que sufren depresión clínica o trastorno bipolar, estas condiciones pueden verse agravadas durante los meses de invierno.
La coincidencia temporal entre lo que conocemos vulgarmetne como depresión navideña y un TAE puede ser casual, simplemente porque la Navidad se celebra en invierno, o puede actuar como gatillo emocional en personas con depresión o TAE preexistentes. En cualquier caso, se trata de fenómenos distintos: uno es situacional y psicosocial, y el otro responde a un patrón biológico estacional verificable

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