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Echar de menos, ¿por qué nos pasa?

Echar de menos es uno de los sentimientos más comunes. A continuación, reflexionamos sobre las causas que nos llevan a echar de menos y las consecuencias que puede tener este sentimiento.


Echar de menos es uno de los sentimientos más comunes. Podemos echar de menos a un ser querido, una etapa de nuestras vidas o un lugar especial: echar de menos es algo natural y no debe preocuparnos. El problema surge cuando somos incapaces de manejar ese sentimiento, cuando echar de menos se convierte en nostalgia, y la tristeza nos domina. A continuación, reflexionamos sobre las causas que nos llevan a echar de menos y las consecuencias que puede tener este sentimiento. 

Los matices de echar de menos 

Echar de menos, ¿por qué nos pasa?
Echar de menos, ¿por qué nos pasa? Fuente: Unsplash

El propio término en castellano que define este sentimiento es muy elocuente: echar de menos, algo que falta, un vacío en nuestro interior. Todos conocemos esa melancolía que se produce cuando perdemos a alguien o cuando estamos separados de un ser querido. Pero existen muchos matices dentro de este sentimiento. 

Para empezar, podemos echar de menos a alguien de quien estamos separados por causa de fuerza mayor. Por ejemplo, podemos echar de menos a nuestra familia porque vivimos en otra ciudad, pero antes o después nos acabaremos reuniendo con ella: es la morriña que dicen los gallegos, una inevitable melancolía que nos mantiene unidos a nuestros seres queridos en la distancia.  


Pero también podemos echar de menos a una expareja. Es un tipo de nostalgia más peligrosa si no somos capaces de manejarla adecuadamente. Porque incluso la dejadora o el dejador también pueden llegar a echar de menos. Es normal, has pasado mucho tiempo con esa persona y el amor nunca se borra de un plumazo: el cariño puede durar para siempre. 

Así mismo, también echamos de menos lugares o fases de nuestras vidas, o incluso sensaciones más abstractas como, por ejemplo, el propio amor: podemos echar de menos estar enamorados. Se trata de un sentimiento dulce y que puede ser positivo, ayudándonos a ser más creativos, por ejemplo. 

Por último, también echamos de menos a las personas que ya no están, a las personas que han fallecido. Desde luego que se trata también de un sentimiento inevitable que puede venir aparejado de un gran dolor, pero que también tiene sus derivaciones positivas: echar de menos es recordar, es construir la memoria.  


¿Por qué echamos de menos? 

Echar de menos, ¿por qué nos pasa?
Echar de menos, ¿por qué nos pasa? Fuente: Unsplash

El ser humano es un compendio de recuerdos y experiencias. Esas experiencias se han vivido con personas concretas y en lugares concretos. Al recordar esas experiencias y las agradables sensaciones asociadas a ellas las vinculamos a esas personas con las que hemos vivido dichas experiencias. Y aparece la nostalgia: ¡cómo me gustaría volver a vivirlo otra vez! 

¿Cuántas veces has vuelto a pensar en el día en que conociste a una pareja? El primer café, el primer beso, la primera noche… Es un recuerdo inolvidable: literalmente, no se puede olvidar, lo llevaremos siempre con nosotros.

La sensación que se produce en nosotros entonces es muy ambigua. Por un lado, nos hace felices, por haber vivido algo así, pero, por otro, nos pone tristes porque ya no podremos volver a vivir exactamente el mismo episodio. Podemos volver a enamorarnos, podremos vivir otras muchas noches, pero no será como esa

Así pues, en muchas ocasiones echar de menos es un acto a medio camino entre lo consciente y lo inconsciente. No nos sentamos en un sofá a echar de menos, pero nos dejamos llevar una vez que aparece esa sensación. Porque echar de menos nos hace más humanos… Y sufrir un poco, también. Pero cuando no somos capaces de manejar la nostalgia, cuando no controlamos el acto de echar de menos y la melancolía se trasforma en tristeza aguda o, peor aún, en angustia, entonces tenemos un problema. 


Cuando echar de menos se convierte en una emoción negativa 

Echar de menos, ¿por qué nos pasa?
Echar de menos, ¿por qué nos pasa? Fuente: Pixabay

“Añorar el pasado es correr tras el viento”. Este proverbio ruso resume los riesgos que supone no manejar adecuadamente la nostalgia. Porque la nostalgia es un dulce veneno que puede quebrar a una persona si no usa el antídoto a tiempo.  

Cuando echamos de menos un imposible, como una relación pasada, debemos moderar ese sentimiento en la medida de lo posible. Porque el pasado ya no va a volver y perseguirlo es dejar de vivir el presente, es dejar de vivir nuestra vida. ¿Y cómo moderar la nostalgia cuando se está apoderando de nosotros? 

  • Asume que el pasado suele ser idealizado. Como decía Gabriel García Márquez, para sobrellevar el pasado, la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos. No te engañes: no todo fue tan perfecto… aunque lo fuese. 
  • Toma distancia de tus recuerdos. Además de sentir los recuerdos, hay que analizarlos. A menudos estamos tan estrechamente vinculados a nuestros recuerdos que no los podemos analizar racionalmente. Por eso, de vez en cuando, hay que tomar distancia: reflexiona sobre esa vida pasada como si te lo contara otra persona. Seguro que ya no lo ves de la misma forma. 
  • Asume nuevos riesgos. Al idealizar el pasado, tendemos a que creer que ya nada lo puede igualar. Es una postura conservadora y autocompasiva. Busca nuevas experiencias. No te preocupes, los buenos recuerdos no desaparecerán aunque sigas acumulando nuevas experiencias.  
  • No busques lo mismo otra vez. Si en tu búsqueda de nuevas experiencias tiendes a buscar algo muy similar a lo que viviste, sigues atrapado en el pasado. Tarde o temprano, las personas con las que te relaciones lo notarán. Evita el callejón sin salida que supone buscar siempre a la misma persona, porque esa persona ni siquiera existe, es un ideal creado por ti… 
  • Ten paciencia. El tiempo no lo cura todo, pero ayuda a canalizar mejor el dolor que supone una pérdida. No aspires a dejar de echar de menos a la semana de haber perdido a un ser querido o haber roto una relación importante.    

Echar de menos y la construcción de la memoria 

Echar de menos, ¿por qué nos pasa?
Echar de menos, ¿por qué nos pasa? Fuente: Unsplash

Muchos recuerdos de una misma cosa constituyen la memoria, y de la memoria proviene la experiencia”. Aristóteles 

Echar de menos no solo es inevitable y natural, sino que es fundamental para la construcción de nuestra memoria y la formación de nuestra experiencia. Cuando el acto de echar de menos ha dejado ser una fuente de dolor o angustia, cuando hemos conseguido dominar la nostalgia, esos recuerdos construyen la memoria que, a su vez, fortalece nuestra experiencia. Es la madurez.    

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