Juegos de mesa psicológicos para regalar esta Navidad 2025
La Navidad es época de reuniones sociales y qué mejor que echar una partidita con nuestros amigos o familiares.

Zaragoza--Actualizado a
Un buen juego de mesa es imbatible. Si bien estamos en plena era digital, en la que los videojuegos ya son el estándar y están plenamente integrados en la cultura popular, lo cierto es que sus antepasados analógicos todavía tienen mucho que decir. Especialmente en reuniones sociales. Gracias, sobre todo, a su componente presencial, pues para jugar a ellos se requiere el estar presentes en un mismo lugar.
Esta particular característica da pie a una interacción que es difícil de igualar en cualquier otro entretenimiento. Dinámicas y piques que hacen que las horas pasen volando mientras se generan recuerdos nuevos. La Navidad es un periodo muy propicio tanto para jugar a ellos, debido al alto número de eventos sociales que se celebran, como para regalarlos, ya que muchos de ellos no poseen un coste especialmente elevado.
El éxito de los juegos de mesa es tal que ha derivado en una pequeña subcultura formada por entusiastas del formato, lo que a su vez ha dado pie a que se generen diferentes tipos de juegos. Por su carácter social, los juegos de mesa psicológicos son algunos de los más populares. La mayoría de sus mecánicas son sencillas de aprender y, al mismo tiempo, dan mucho de sí en las interacciones entre jugadores. No en vano, el motor suele residir en entrar en la mente del otro
El embustero
El embustero es un juego de cartas diseñado para de cuatro a seis jugadores y cuyo fin último es encontrar al impostor. Esto implica que uno de los jugadores deberá fingir, mientras el resto han de urdir estrategias que pongan al mentiroso en evidencia. Estas se realizan mediante la asociación de ideas. Concretamente, se reparten una serie de tarjetas con palabras clave, que el embustero debe intentar adivinar sin revelar su condición. Si consigue pasar inadvertido gana la partida, pero si los demás le descubren puede alzarse campeón adivinando de qué diantres estaban hablando sus rivales. Se trata de un juego con reglas sencillas y cuya complexión reside en la audacia de los jugadores.
Ikonikus
Ikonikus se publicita como el juego de los sentimientos y está pensado para jugadores mayores de 7 años. Es lo que se conoce como un party, es decir está pensado para reuniones sociales, con partidas rápidas, de unos 15 minutos de duración, y mecánicas sencillas. En esta ocasión, todos los jugadores, excepto uno que ejercerá de juez, reciben tres cartas. Estas poseen iconos, que representan diferentes estados de ánimo. Así, ante la pregunta del juez, cada participante ha de expresar un sentimiento con las cartas que posee. La interpretación que más convenza al juez es la que se lleva la ronda.
Dany
Dany es un juego mucho más complejo, pensado para potenciar la creatividad e imaginación de los jugadores. Está diseñado para de tres a ocho jugadores, uno de los cuales será Dany, mientras que el resto ejerce de sus múltiples personalidades. Claro que nadie sabe quién es quién. De esta manera, las personalidades intentan colaborar para deducir y comunicar ideas representadas con cartas abstractas, mientras que Dany trata de confundir y sabotear sin ser descubierto. En cada turno, un jugador debe usar las cartas de recurso para ilustrar una idea entre varias opciones, con el objetivo de que los demás identifiquen el concepto. Si lo consiguen, las personalidades avanzan hacia la victoria. En caso contrario es Dany quien se acerca a ganar.
Wavelenght
Wavelenght es un juego diseñado para descubrir lo bien que conoces la mente de tus amigos. Se juega por equipos y el objetivo es anticipar los procesos mentales del otro. ¿Cómo? Muy sencillo. Se genera un espectro entre dos ideas antagonistas y, por medio de una pista verbal, una parte del equipo debe deducir el punto exacto en el que se encuentra su compañero. De esta manera, el juego explora las posibles diferencias de criterio que pueden existir entre varias personas y, a su vez, anima a ponerse en la piel del otro a fin de interiorizar sus razonamientos. El mínimo de jugadores son dos, aunque lo ideal es competir entre equipos de dos o más participantes.
Unanimo
Unanimo es un juego familiar, con una mecánica muy sencilla pensada para que todo el mundo pueda participar. El objetivo es el siguiente: encontrar palabras que también se le ocurran a los demás participantes. Básicamente, el juego consiste en que se pone un tema sobre la mesa y cada jugador debe idear ocho términos relacionados. Una vez que ha terminado el tiempo, las listas se ponen en común y, por cada palabra en la que se coincida con los demás, se lleva un punto. Esto obliga a pensar no solo en palabras relacionadas, sino también a ponerse en la piel de los demás. De manera que, si se juega con niños, estos poseen un vocabulario diferente al que tienen los adultos, y viceversa.
The Mind
The Mind es un juego colaborativo, en el sentido de que todos los jugadores ganan o pierden al mismo tiempo. La idea es sencilla es su planteamiento, pero más difícil en su ejecución. Básicamente, se reparten una serie de cartas numeradas (del 1 al 100) entre todos los participantes, que deben ordenarlas de menor a mayor. Fácil, ¿no? Bueno, evidentemente nadie sabe las cartas que llevan los otros, lo que complica el asunto. Primero se inicia con una carta cada uno, aunque después el mazo va aumentando. Se trata de un juego sin tácticas posibles, en el que la única manera de vencer es ponerse en la piel del otro. Se trata de un juego para de dos a cuatro jugadores a partir de ocho años de edad.
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