Todo lo que necesitas saber sobre el efecto sonder y su impacto en nuestra empatía
Creado en 2012, este neologismo ha ganado bastante tracción gracias a dar nombre a una sensación que la mayoría experimentamos alguna vez en nuestras vidas.

Zaragoza-
Vivimos rodeados de otras personas y, sin embargo, en muchas ocasiones ni siquiera reparamos en ellas. No hablamos de nuestros amigos, familiares o seres queridos, quienes sí podemos tener más o menos presentes en nuestro día a día. Sino de toda esa gente que, de alguna manera, forma parte del telón de fondo de nuestra existencia. Personas sin nombre y apellido conocidos para nosotros, pero para los que, a su vez, nosotros somos el atrezo de su realidad.
Porque igual que nosotros, por norma general, solemos ir a lo nuestro: nuestros problemas, nuestros quehaceres, nuestros anhelos… ellos van a lo suyo. Al fin y al cabo, así es la experiencia humana. Quizá porque es la única manera de navegar por nuestra existencia de manera eficiente. Sin embargo, existen pequeños instantes en los que el foco se abre y, de manera súbita, comprendemos la dimensión de algo que, en el fondo, ya sabíamos, pero en lo que, por algún motivo, no reparamos nunca.
Qué es el efecto sonder
En pocas palabras: el efecto sonder es la sensación de darte cuenta de que todo el mundo tiene una vida tan compleja como la tuya. Es decir, que todo aquel con el que cruzamos nuestro camino, ya sea por la calle, en el transporte público, en la sala de espera del médico o los vecinos de enfrente, poseen problemas, tribulaciones, deseos o anhelos propios. Igual que nosotros. Efectivamente, no es algo que no sepamos de antemano, pero sí que es algo que no nos detenemos a pensar salvo en momentos específicos de una manera casi epifánica.
Una sensación a la que John Koenig puso nombre en 2012, dentro de su proyecto The dictionary of obscure sorrows (el diccionario de las emociones oscuras). Un blog tornado en canal de YouTube en la que el estadounidense bautiza a aquellos sentimientos profundos, y a menudo melancólicos, que la gran mayoría experimentamos, pero que no poseen una nomenclatura determinada.
Sin duda, sonder es una de sus creaciones más trascendentes y que, aunque no de manera masiva, sí que han logrado permear en la cultura popular. La definición completa acuñada por Koenig dice así: “La constatación de que cada transeúnte cualquiera vive una vida tan vívida y compleja como la tuya, poblada de sus propias ambiciones, amigos, rutinas, preocupaciones y locuras heredadas; una historia épica que continúa invisiblemente a tu alrededor como un hormiguero que se extiende bajo tierra, con elaborados pasadizos hacia miles de otras vidas cuya existencia jamás conocerás, en las que podrías aparecer solo una vez, como un extra tomando café al fondo, como un borrón de tráfico en la autopista, como una ventana iluminada al atardecer”.
¿Son sonder y empatía lo mismo?
Alguno podría pensar que el efecto sonder es, básicamente, experimentar la empatía por otras personas, aunque no exactamente. Mientras que la empatía es la capacidad de sentir las emociones de otras personas, es decir vulgarmente el ponerse en la piel del otro, el efecto Sonder se refiere a ese momento de comprensión súbita de que todo el mundo posee una vida propia, con todas las complejidades que ello implica. Por lo que no son exactamente lo mismo, aunque sí están relacionados íntimamente.
Concretamente, el efecto sonder puede ejercer como catalizador de la empatía. Es decir, al darnos cuenta de que todo el mundo posee un mundo interior propio (Efecto sonder), resulta más sencillo comprender o compartir algunos de sus sentimientos o luchas internas (empatía). O, expresado de otro modo, mientras que el efecto sonder es la conciencia más general de la existencia de una vida plena en una persona, la empatía es el acto cognitivo específico de conectar con sus sentimientos.
¿De dónde viene el nombre de sonder?
Como hemos visto, sonder es un neologismo acuñado por John Koenig. Por ello, no posee una etimología concreta. No obstante, en una entrevista con Ted, el propio creador explicó que se basó en el verbo francés sonde, que vendría a significar sondear o explorar. Además, el autor también especificó que, en alemán, dicha palabra significa especial, por lo que le pareció muy adecuada para dar nombre a aquella sensación que, a veces, experimentaba cuando veía a un extraño por la calle.
“Casi siempre es el insomnio lo que me pone realmente en el estado de ánimo para escribir. En este caso, eran las tres de la mañana y estaba pensando en cuando vas conduciendo por la autopista y ves ese pequeño grupo de personas, ese universo alternativo que simplemente pasa junto a ti lentamente. Y notas que tal vez esa persona está perdida en sus pensamientos, o hablando consigo misma, cantando una canción, discutiendo con la persona que va a su lado… y te quedas como: ‘Dios, me encantaría saber adónde van, qué vida llevan, y que estamos en caminos paralelos solo por pura coincidencia, por casualidad’. Y luego ellos tomarán su salida y tú tomarás la tuya y nunca vas a volver a verlos. Pero por ese breve segundo, tienes un atisbo de un universo alterno”, explicó sobre el proceso de creación del término.
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