Broncano no llora y la ciencia le da la razón (a medias)
¿Realmente es tan importante llorar como creemos?

Zaragoza--Actualizado a
“Tú tienes una mirada como de no llorar”. Se lo dijo Isabel Coixet a David Broncano en un instante de su entrevista en La Revuelta. ¿Cómo llegó la conversación a ese punto? Esa es la magia del programa. Pero, después de hacer una serie de bromas sobre el look del presentador, la directora de cine llegó a esa conclusión. Algo que el jienense confirmó. “He llorado alguna vez en la vida, por supuesto, aunque no muchas. Pero solo creo que nunca”, admitió el humorista.
Evidentemente, la conversación transcurrió en un tono jocoso. Sin embargo, llamó la atención la sinceridad aparente con la que contestó Broncano. Especialmente ese matiz de no haber llorado nunca solo. Quizá porque sus palabras resonaron en más gente. Pero, ¿es esto "normal"? Y lo que es más importante: ¿es saludable?
Las personas que no pueden llorar
Dejemos a un lado a aquellas personas que no pueden llorar por causas médicas. Por ejemplo, existen afecciones como el síndrome de Sjören que afectan a las glándulas húmedas del cuerpo, fundamentalmente las salivales y lagrimales. Por ello, padecen de síntomas como ojos y boca seca. Se trata además de una enfermedad que no tiene cura, aunque sí tratamientos variados para hacer la vida más llevadera.
Sin embargo, lo relevante en este caso son aquellas personas que no pueden llorar a causa de una motivación psicológica. En 2017, un estudio reunió a 475 personas que aseguraban no poder llorar en busca de algunos patrones comunes. Las principales conclusiones del mismo fueron que existen varios factores psicológicos y sociales se asocian con una baja frecuencia de llorar, cuando no de una incapacidad total. Entre ellas destacan tres: ser hombre, tener un estilo de apego evitativo y una menor empatía.
Un aspecto a destacar es que las personas que lloran poco (o que no lloran) no poseen un peor bienestar emocional que las que sí que lloran frecuentemente. Sin embargo, sí tienen una forma diferente de relacionarse con el mundo, por ejemplo sienten un menor apoyo social. De hecho, la mayoría de los participantes percibió el no llorar como algo negativo, aunque fueron muy pocos los que habían buscado una solución al mismo. Aunque la investigación sugiere que esta característica pudiera estar vinculada con otros patrones psicológicos, no ahondó en los mismos.
¿Es bueno llorar?
Durante la entrevista, la cineasta catalana confesó su facilidad para emocionarse: "Lloro por cualquier cosa: por un día malo, por uno bueno, porque hay una paloma muerta, porque hay una paloma viva o porque las anchoas están ricas...". Acto seguido, sentenció con naturalidad ante el presentador: "Eres un tío listo, pero te hace falta llorar". Lo cierto es que la ciencia lleva siglos debatiendo sobre la función de las lágrimas y no ha llegado a una conclusión clara. Sí desde un punto de vista fisiológico, ya que se sabe que ayudan a proteger los ojos y eliminar microbios gracias a la lisozima que contienen. Sin embargo, no hay evidencia científica sólida que pruebe que reprimir lágrimas pueda derivar en enfermedades físicas o problemas de salud crónicos.
El consenso es que llorar es algo positivo, aunque no hay quórum sobre la cantidad correcta o el grado de importancia que posee. Por ejemplo, se sabe que las lágrimas son una manera de eliminar cortisol, que es conocida popularmente como la hormona del estrés. Sin embargo existe una evidencia limitada respecto a cuál es el efecto real que posee el llorar para reducir el estrés. Al mismo tiempo, también se conoce que el llorar tras un evento traumático puede disminuir la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Es decir, nos ayuda a calmarnos. Pero, de nuevo, su incidencia real no está cuantificada.
De hecho, y esto es interesante, el estudio Crying: is it beneficial for one’s well‑being?, que recoge y analiza toda la investigación científica publicada hasta 2002, pone en valor el contexto en el que se produce el lloro. Concretamente, señala que si llorar desemboca en un apoyo emocional de un tercero es más probable que disminuya el estrés. Por el contrario, en caso de llorar y no encontrar consuelo, o si el contexto en el que se produce el llanto es hostil, es muy probable que no haya alivio alguno. Algo que entronca con las declaraciones de Broncano en las que aseguraba no llorar solo porque “¿para qué?”.
Reprimir las emociones es el verdadero problema
Más que el acto físico de llorar o no, el verdadero problema llega cuando alguien reprime voluntariamente sus emociones por un tiempo prolongado. Es decir, no es tanto el llanto sino el enmascarar lo que sentimos por dentro. De esta manera, existe evidencia científica sólida que asocia la supresión emocional con efectos psicológicos negativos como un mayor estrés subjetivo, un mayor riesgo de ansiedad y depresión o una posible dificultad para procesar experiencias emocionales de manera saludable.
La clave está de nuevo en el contexto. Si una persona no llora pero tiene una red de apoyo emocional cercana y expresa sus emociones de otra manera, o se siente correspondido, es muy probable que no derive en ninguna otra patología. El problema surge cuando la represión emocional es la norma social, por ejemplo el consabido "los hombres no lloran" propio de algunas culturas. Esta represión continua sí puede terminar evolucionando en estrés crónico, malestar psicológico o sensación de aislamiento.

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