Lo que 'Pluribus' nos enseña sobre la felicidad
La nueva serie de Vince Gilligan para Apple TV le da una vuelta al concepto de las invasiones alienígenas.

Zaragoza--Actualizado a
Pluribus es una de las series de televisión más interesantes de los últimos tiempos por su punto de partida único: ¿qué pasa si la felicidad plena es una amenaza? En el último producto de Vince Gilligan, la mente detrás de clásicos como Breaking Bad (2008-2013) o Better Call Saul (2015-2022), el apocalipsis llega de una forma familiar, aunque completamente novedosa. En esencia se trata de una invasión extraterrestre al estilo de La invasión de los ultracuerpos (1978) o Están vivos (1988). Sin embargo, aquí todo el mundo va de cara.
Es decir, el ente colonizador no puede mentir. No se esconde, no urde un plan secreto. De hecho, no se muestra hostil con los pocos humanos que no han sucumbido a sus efectos. Habla con ellos, les ayuda e incluso les concede todo aquello que desean. No existen agendas ocultas y sólo con preguntarle abiertamente la protagonista, y por ende los espectadores, conocerán todo el plan.
Aunque lo más llamativo es que la humanidad, aquellos que están contagiados, que es toda la población mundial a excepción de 13 anomalías, parece genuinamente feliz. El escenario que se presenta es el siguiente: todos los seres humanos de la Tierra se han fundido en una suerte de mente colmena que alberga todo el conocimiento mundial. No hay guerras ni desigualdad y, además, el planeta se regenera por momentos. Entonces, ¿de verdad esta invasión es algo negativo?
La felicidad en 'Pluribus'
La protagonista de Pluribus es Carol Sturka, una escritora amargada y con problemas de alcoholismo a quien da vida Rhea Seehorn. Por motivos irrelevantes, es una de las pocas personas inmunes al virus invasor -llamémosle así-. Además posee el handicap que, en el momento de su llegada, pierde a su pareja, Helen. En shock por lo vivido, desde el primer momento se rebela contra el nuevo ente surgido de la fusión. Y nosotros con ella, claro, pues es la figura encargada de realizar el viaje con los telespectadores. Nuestro punto de vista, por lo que a través de sus ojos experimentaremos en primera persona las contradicciones que genera esta nueva colonización.
Incluida, claro, la más importante, aquella que atañe a la felicidad. Si todo el mundo es feliz mientras ella es miserable, ¿quién es el malo de esta historia? Pluribus es muchas cosas, pero fundamentalmente se trata de un alegato a favor de la individualidad. Un discurso que puede ser peligroso cuando viene de mano estadounidense, pero que da pie a reflexiones interesantes.
Lo que es la felicidad
Uno de los principales filósofos en explicar qué es la felicidad fue Aristóteles, quien la denominó eudaimonia y la calificó como el fin último de la vida. Esto es, la felicidad no es un estado pasajero, sino una virtud que se alcanza viviendo una vida plena, racional y en armonía con la naturaleza.
Uno podría pensar que la felicidad de la mente colmena cumple los patrones aristotélicos. Sin embargo, aunque el filósofo griego pone en valor la autarquía, también define al ser humano como un ser social. Por ello, la felicidad requiere amistad y una buena relación con la comunidad. Esto es, la aportación de los otros en el bien personal y viceversa. Sin embargo, en Pluribus los otros son, en realidad, uno solo, pues sus personalidades se han fundido en un único ser. Entonces, ¿de verdad pueden ser felices socialmente si, en esencia, se trata de un único ser monolítico?
Felicidad y conflicto
Vale, se relacionan con Carol y los demás inmunes, aunque su fin último y explícito desde un primer momento es incorporarles al conglomerado. Por lo tanto, no es una relación sincera y horizontal. Así se demuestra cada vez que surge el conflicto. De una manera muy visual, cuando se produce un desacuerdo profundo, la mente colmena sufre de una manera muy visual, pues no está preparada para ello. Su única forma de relacionarse es la asimilación de unos mismos valores y visión del mundo.
Entonces, ¿de verdad hay socialización entre el Pluribus y los inmunes? No entraremos en spoilers importantes, pero evidentemente la serie trata a la mente colmena como una amenaza. Por lo tanto, la felicidad que propone no es representada como un ideal. Es cierto que la conciencia colectiva ha terminado todo tipo de guerra, pero a costa de la singularidad propia de la humanidad. Algo que no coincide con la visión aristotélica de la eudaimonia.
Sobre todo, porque Aristóteles no niega en ningún momento la existencia del sufrimiento o la pena dentro de su definición de felicidad. De hecho, las acepta como parte intrínseca de la vida. Desde un punto de vista existencialista, la felicidad no es la ausencia de dolor sino la asunción del mismo para poder actuar con plena libertad. Este es la mirada que va a asumir la serie en todo este conflicto. Para los existencialistas, la existencia precede a la esencia y la felicidad nace de asumir la libertad innata al ser humano. Es aquí donde reside el quid de la cuestión. ¿Son libres los seres humanos que forman parte del Pluribus? La respuesta es no.
La felicidad más allá de la química
Durante un momento de la serie, el ente común describe la felicidad como un proceso químico. Habla de la producción de endorfinas, unos neurotransmisores y péptidos opioides naturales producidos por el sistema nervioso central, la hipófisis y el hipotálamo, conocidos como las hormonas de la felicidad. Es decir, en su infinito conocimiento, busca una razón científica para explicar por qué todos aquellos que integran la mente colmena se sienten así.
En ese sentido, Pluribus entronca con el clásico de la ciencia ficción Un mundo feliz, de Aldous Huxley. En la novela, la humanidad consigue alcanzar la felicidad de manera artificial por medio de una novedosa droga llamada soma, que aparentemente no posee contraindicaciones médicas. Es fundamentalmente una evasión, la ausencia total de problemas y conflictos. Pero, ¿son felices de verdad? En un momento de la novela, el personaje de John el Salvaje reclama su derecho a ser infeliz ya que, bajo su punto de vista, los problemas son parte de la experiencia humana. Mucho de ello hay en el posicionamiento de Carol, quien no quiere integrarse en la mente colmena a pesar de que su vida es desdichada.
El propósito y la felicidad
La mente colmena tiene una misión que se revela a mediados de la primera temporada. Es para lo que trabaja en la sombra, la gran revelación. El ente cree tener un destino manifiesto y se vuelca en él, dando sentido a su existencia. Cumplir el fin último lo es todo para ellos, sin importar lo que pase después -o durante el camino-.
Si decíamos que para Aristóteles la felicidad es el fin último, aquí el fin último es otro -que no revelaremos- y la felicidad es una consecuencia adherida a su cumplimiento. Un matiz muy importante. Nuevamente, nos ponemos en los ojos del personaje de Carol, quien se resiste a formar parte de ese nuevo todo pues quiere seguir siendo ella misma, a pesar de ser una persona infeliz. De nuevo, Carol busca ser feliz a través de ser persona, mientras que la mente colmena rechaza el ser persona a cambio de la felicidad.

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