La acampada de Sol mantiene el pulso: "No nos vamos a conformar con migajas"
Cientos de personas siguen acercándose hasta la acampada por la vivienda. Desde el Sindicato de Inquilinas exigen que lleve al Consejo de Ministros el "decreto Maricarmen" íntegro.

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Los activistas lo tienen claro: van a resistir en la Puerta del Sol lo que haga falta. Llevan ya tres días acampando en la céntrica plaza madrileña, desde que la manifestación del sábado en apoyo a Maricarmen desbordase todas las expectativas. Tras la segunda noche y las primeras lluvias, todavía continúan en la zona más de 600 personas. Acogían con alegría la noticia que les llegaba a última hora de este lunes: Maricarmen podía regresar a su casa después de que Urbagestión cediera la presión. Pero este movivimento no para aquí, sino que piden medidas reales para que no haya más casos.
Han colocado lonas para protegerse de la lluvia, hay pasillos y zonas donde comer o trabajar. Cada poco rato aparecen voluntarios limpiando, recogiendo basura o repartiendo botellas de agua. La mayoría de manifestantes han acudido en grupo y se van dando el relevo para ir a sus casas a trabajar, descansar o ducharse. El perfil es principalmente joven, aunque hay personas de todas las edades.
A ellos se suma un río continuo de simpatizantes con la protesta, que acuden a ver qué pasa o a dejar alguna donación. Desde el Sindicato de Inquilinas anunciaban a primera hora del lunes que ya tenían suficientes provisiones, pero no han parado de llegar bolsas con todo tipo de productos. "No damos abasto", confiesan desde la mesa central, donde preparan la comida popular del mediodía y ofrecen fruta o agua a quien lo necesita.
"No soy turista, vengo a apoyar", va gritando Amparo, una mujer jubilada que ha decidido acercarse este lunes desde Móstoles para mostrar su solidaridad con el movimiento inquilino. "Yo soy propietaria, pero me parece muy mal lo que está pasando. Nunca pensé que podíamos llegar a esta situación", relata. El tráfico de viandantes entre las casetas y los alrededores no se ha frenado este lunes, a pesar de la lluvia y de ser día laborable.
Paula, de 31 años, ha colocado su tienda de campaña en una de las esquinas del recinto. Ha dormido junto a algunos compañeros, con quienes se va dando el relevo para proteger la zona. "Hay muy buen ambiente. No para de venir gente mayor, que no puede quedarse, a preguntar si necesitamos algo. Está siendo muy bonito", cuenta a Público. Asegura que está emocionada de ver la contestación social que ha producido el desahucio de Maricarmen y tiene esperanza de que este martes el Congreso apruebe el decreto impulsado por el Sindicato de Inquilinas: "Lo primero que pedimos es que los fondos buitre se vayan de nuestros barrios, que haya un tope de alquileres ya y que dejen de expulsar a la clase trabajadora de las ciudades".
El único momento incómodo lo han vivido de madrugada. Según cuenta, algunos turistas bebidos han tratado de entrar dentro de las lonas y les han impedido descansar. Por la mañana, lo que se han encontrado es con decenas de free tours y curiosos que se acercaban a ver qué pasaba. "El contraste es muy fuerte. Como han echado a la clase obrera del centro, ahora chocamos en Sol con los turistas", añade. Otra de las situaciones de tensión se ha vivido cuando los agitadores Beltrán Ndongo y Vito Quiles han tratado de entrar en el recinto y varios activistas se lo han impedido al grito de "aquí estamos los antifascistas".
Cerca de Pau, duermen Alejandra, de 24 años, y sus amigos. Llevan acampados desde el domingo por la tarde, aunque también acudieron a la manifestación del sábado. Según explica, algunos de ellos se han ido a trabajar y volverán por la tarde. Insiste en que "se van a quedar el tiempo que haga falta": "Estamos aquí por una vivienda digna, para que lo de Maricarmen no sea un caso más. Hay muchas personas vulnerables que necesitan que luchemos por ellas".
Alejandra explica que, aunque es de Pamplona, vive en Madrid. Acaba de terminar la carrera y vive en un piso compartido. Según cuenta, no le costó mucho encontrarlo –a diferencia de a muchos de sus conocidos–, pero paga "un precio desorbitado". "Hemos normalizado que nos cueste 500 euros una habitación, pero es una barbaridad y no se ajusta a los salarios", denuncia. Cree que estudiar fuera de casa "se ha convertido en un privilegio" que es imposible cumplir "sin ayuda familiar".
En la misma situación se encuentra Iker, de 22 años, aunque prefiere no hablar de su caso personal. Fue uno de los primeros en asentarse y con la de este martes cumple tres noches durmiendo frente a la Real Casa de Correos. Está convencido de que el desahucio de Maricarmen ha sido "la gota que ha colmado el vaso" y que estamos en "un punto de no retorno". "Tenemos que intentar que toda la rabia que sentimos dentro se convierta en algo más y pueda llegar a algún lugar. Este es un camino que empieza ahora y que esperemos que no pare", subraya.
Con la vista puesta en el Congreso de los Diputados
Desde el Sindicato de Inquilinas exigen que el Consejo de Ministros vote íntegramente el "decreto Maricarmen". Su portavoz, Alicia del Río, ha asegurado este lunes, tras escuchar la rueda de prensa conjunta de los socios de Gobierno, que tienen fuerza suficiente para continuar con la presión en las calles. "No nos vamos a conformar con migajas", advierte Del Río, que insiste en que su propuesta es "una medida de mínimos". "Ahora mismo hay una oportunidad de verdad de legislar a favor de la vida y en contra de los especuladores", señala.
El inquilinato ha insistido en las últimas horas en la necesidad de que el texto legislativo incluya los alquileres indefinidos, una modalidad de contrato que ya existe en otros países, como el Reino Unido. "Un millón y medio de inquilinos pueden recibir cada año un burofax en el que les dicen que tienen que irse de sus casas y se meten en Idealista y ven que, además, tienen que dejar su barrio y cambiar a los niños de colegio. Cada caso es un drama humano y esto no puede volver a suceder. Y para que no vuelva a suceder, necesitamos alquileres indefinidos", defiende Fernando de los Santos, una de las caras más visibles de la organización.
A parte de esta medida, la que más ha dado que hablar en las últimas horas, De los Santos recuerda algunos de los puntos que llevan meses poniendo encima de la mesa: "Cada vez más gente se ve abocada a compartir piso y están completamente desprotegidos, con contratos que se firman año a año. Es urgente bajar el precio de los alquileres o, al menos, congelarlo. Y no podemos permitir que haya más desahucios. Ahora estamos pendientes de la acampada, pero miles de personas duermen a la interperie cada día".
A lo largo del fin de semana se han convocado actos de apoyo en todo el país. El viernes, 2.000 personas se concentraron en Valladolid frente a la sede que tenía en la ciudad Urbagestión, la empresa propietaria del piso de Maricarmen. Se han producido acciones similares en Asturias, Euskadi o Canarias. Este lunes, a primera hora, el Sindicat de Llogateres cortaba varias calles de Barcelona bajo el lema "Per l'Olga i la Maricarmen", recordando también a la mujer de 54 años que se quitó la vida la semana pasada tras perder su casa. "Todavía no sabemos cuáles serán los siguientes pasos. Se decidirá en función de lo que pase con el decreto, que es solo un primer paso en la lucha por el derecho a la vivienda", concluye De los Santos.


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