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Acoso sexual Avalan el despido de un jefe de supermercado por "conductas repugnantes" de acoso sexual

Después de 30 años de antigüedad, el hombre fue denunciado en un primer momento por dos compañeras del mismo supermercado y luego por otras tres.

Sede del TSJA y Audiencia Provincial de Granada. / EUROPA PRESS
Sede del TSJA y Audiencia Provincial de Granada. / EUROPA PRESS

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El Tribunal Superior de Justica de Andalucía (TSJA) ha avalado este miércoles el despido disciplinario al jefe de Operaciones de un hipermercado de Sevilla, que fue denunciado por acoso sexual a dos subordinadas, más tarde fue denunciado de nuevo por otras tres, según informa el Diario de Sevilla.

Como defensa, el hombre alegó que muchas acusaciones eran "solo comentarios, piropos y miradas, nunca de carácter despectivo u ofensivo sino todo lo contrario" o simplemente "bromas sin contenido libidinoso ni solicitud de favor sexual".

En este sentido, la respuesta del Tribunal Superior de Justicia ha sido clara: "No puede aceptar la Sala tales razonamientos, cuya simple reproducción repugna" pues atentan "contra los más elementales principios de igualdad y dignidad y desde luego quedan fuera de toda lógica".

Los hechos 

"Métete para dentro, que te voy a dar todo lo tuyo" o "si fueras más joven no te escaparías", estas eran algunas frases del acusado

Entre 2014 y 2016, según los hechos declarados probados, el jefe acosó a cinco subordinadas con frases tales como "métete para dentro, que te voy a dar todo lo tuyo", "si fueras más joven no te escaparías", "por mucho que te cambies de imagen ya estás fichada", a la empleada de Panadería le decía "estás para mojar pan".

A otra que estaba en el Equipo de Socorrismo le decía: "un día me voy a desmayar para que me hagas el boca a boca" y ante el comentario de una trabajadora de que ese día apenas había metido algunas cajas, el encargado le contestó: "Aquí se meten muchas cosas".

Además les agarraba de la mano, les hacía comentarios mirando a sus pechos o a su camiseta, les tocaba los glúteos con la rodilla, pasaba por detrás de ellas y les rozaba y agarraba la cintura, les tocaba la oreja y el cuello “con ánimo libidinoso” y les susurraba frases al oído.

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