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Los beneficios de la semana laboral de cuatro días: menos contaminación, mejor conciliación

La reducción de la jornada laboral del 10% podría suponer un descenso de las emisiones de CO2 del 4% y una disminución de la huella de carbono asociada al consumo del 12%. Aumentaría también el tiempo para cuidar a los demás y cuidarse.

La semana laboral de 4 días permitirá mejorar la conciliación.
Un hombre juega con una pelota con un niño. EFE

alejandro tena

El debate de la semana laboral de cuatro días está sobre la mesa. Por primera vez en un siglo –desde que los anarquistas de La Canadiense consiguieron en 1919 que se aprobase la jornada actual de ocho horas– el tiempo dedicado al trabajo empieza ser cuestionado. En 2019, el candidato laboralista al parlamento británico, Jeremy Corbyn, planteaba acortar la semana un día para incrementar el tiempo dedicado al descanso, los cuidados y el ocio. Ahora, la pandemia ha acelerado la revisión del modelo de empleo y gobiernos como el de Finlandia o Nueva Zelanda ven en la propuesta del socialista inglés una forma de redistribuir el empleo y minimizar el impacto económico de la covid-19. En España ha sido Más País-Equo el partido encargado en introducir la medida dentro del parlamento, destacando no sólo sus implicaciones económicas y sociales, sino las virtudes que podría esconder para la lucha contra la emergencia climática.

"Después de todo lo que estamos viviendo, con la pandemia y el cambio climático, las cosas no deben continuar como estaban"

"No se trata que sea una propuesta temporal que tenga que ser coyuntural y que desparezca tras el coronavirus. Después de todo lo que estamos viviendo, con la pandemia y el cambio climático, las cosas no deben continuar como estaban. Esto es algo que nos debemos plantear para avanzar hacia un cambio de modelo productivo", expone a Público Inés Sabanés, diputada de Más País-Equo, que explica que, desde el punto de vista ambiental, la disminución de las horas dedicadas al trabajo tiene unas consecuencias positivas en términos de emisiones de gases de efecto invernadero. Lo lógico, a simple vista, sería pensar que el incremento de tiempo libre podría aparejado en un incremento de las actividades más contaminantes. Sin embargo, algunos estudios científicos ponen en cuestión esa idea, principalmente por el descenso de los desplazamientos diarios en coches y vehículos de combustión interna, y por la bajada del consumo energético.

La fase de confinamiento general de la pandemia evidencia esa relación entre la contaminación atmosférica y el presencialismo laboral, en tanto que la calidad del aire de las ciudades española mejoró con una caída del 58% de las partículas contaminantes durante los primeros meses de la pandemia. Acortar la jornada semana laboral un día, es decir, un 10%, podría suponer una reducción general del 4,2% de las emisiones de CO2, según un estudio de la Universidad de Massachusetts. Los gases liberados a la atmósfera descenderían aún más, hasta un 10,5%, si se disminuyera un 25% la jornada, tal y como destacan los investigadores.

"La movilidad principal que se realiza en términos absolutos sigue siendo por razones laborales, reducir el tiempo de trabajo o la semana puede ayudar a disminuir esa contaminación", explica Pedro Gullón, investigador sobre desigualdades, ciudades y salud pública de la Universidad de Alcalá de Henares, que recuerda que atajar el problema de emisiones de CO2 no sólo es necesario por la coyuntura climática, sino por la mortalidad que lleva asociada. Y es que, la mala calidad del aire vinculada al tráfico provoca cerca de 400.000 muertes prematuras anuales en Europa, según la European Public Health Alliance (EPHA)

Una reducción del 10% de las horas de trabajo podría suponer un descenso del 4,2% de las emisiones de CO2

Sin embargo, el argumento que se da desde los sectores contrarios a la semana de cuatro días es que la contaminación y las emisiones de CO2 se trasladarán hacia otros sectores: la sociedad viajará más en avión, consumirá más y el impacto ecológico seguirá sin resolverse. Pero la realidad es que también hay estudios que relacionan la reducción de la jornada laboral con un cambio hacia hábitos de consumo más sostenibles. En cierto modo, el ritmo de vida actual nos avoca a formas de vida más contaminantes y nos lleva a abrazar un ocio mucho más materialista de lo que la Tierra puede soportar.  "Como tenemos poco tiempo, necesitamos actividades que satisfagan nuestras necesidades de diversión y entretenimiento de un modo inmediato y superficial, por eso vamos a pasar el rato a un centro comercial o de compras o a alguna capital europea en un viaje exprés de fin de semana", argumenta una publicación del colectivo Contra el diluvio.

La alimentación pausada y de proximidad es uno de los cambios que podría incentivar la nueva semana laboral. "Sólo tenemos que pensar en el tiempo que podríamos sacar para cocinar", sostiene Gullón, en relación a la cantidad de comida rápida y a domicilio que los trabajadores consumen por la falta de horas para elaborar platos diarios.  "En España no hay tanta diferencia de precio entre la comida más saludable y la menos saludable. La explicación está en el tiempo, en que las clases menos favorecidas no tienen tiempo suficiente para cocinar la comida más adecuada. En el fondo, esto nos podría permitir comer más sano, pero también consumir alimentos con una menor huella ecológica, productos de cercanía comprados en el mercado", valora el experto, que pone el foco también en lo positivo que sería para mejorar la salud mental de las personas que padecen estrés y otros trastornos asociados a la sobrecarga de trabajo.

Pero no sólo se transformaría el modo en el que las clases trabajadoras se alimentan, sino el conjunto del consumo, con una desmaterialización del bienestar, asociado en estos tiempos al hecho de poseer objetos y bienes. Esto llevaría a una reducción del 12% de la huella ecológica asociada a las compras y el consumo, según los cálculos del Instituto de Investigación de Política Económica (PERI, por sus siglas en inglés)

"No puede ser que vivamos en un país con trabajadores pobres"

Para Manel Fernández Jara, profesor colaborador de sociología del trabajo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) la nueva jornada laboral tendría un impacto notable en en el medio ambiente, pero también mejoraría la calidad de vida de las personas. "Estamos en un momento de cambio crucial. Llevamos cien años con la jornada de ocho horas, desde 1919, y este cambio se interpretó en su día como algo disruptivo. Lo mismo ocurrió en 1976, cuando se introdujeron las vacaciones pagadas. Luego vimos que algo que era positivo para los trabajadores fue bueno en términos de productividad económica. Ahora estamos en un momento similar", valora. "A nivel social hay una demanda social importante para cambiar la organización del trabajo y eso pasa por poner a las personas en el centro y por pagar de una manera justa, porque no puede ser que vivamos en un país con trabajadores pobres".

Conciliar y cuidar

La reflexión del sociólogo de la UOC tiene que ver con esa necesidad de conciliar, de obtener el tiempo suficiente para cuidar y cuidarse, una idea ecofeminista trabajada por multitud de pensadoras como Yayo Herrero o Alicia Puleo y que es uno de los pilares centrales de la transición verde. Así lo entiende también Sabanés, que ve en la propuesta lanzada por su partido un mecanismo para incentivar "formas de vida mucho más equilibradas" basadas en el cuidado y alejadas del "consumo sobredimensionado". Si algo ha puesto sobre la mesa la pandemia es que el ser humano es interdependiente y requiere de cuidados. La coyuntura climática ya abrió este debate hace tiempo ya que las catástrofes ambientales y el futuro escenario de escasez hace que el individualismo carezca de sentido. Así, la semana laboral de cuatro días, por ende, otorga a las clases trabajadores más tiempo para poder cuidar de niños y ancianos, pero también abre la puerta a un reparto feminista de estas labores, que históricamente han recaído sobre los hombros de las mujeres.

Tal y como explica Contra el diluvio: "Se trata de generar una visión en la que ese tiempo libre que se libere se dedique a cuidarnos las unas a las otras, a pasar más tiempo con nuestras familias (entendida esta en el sentido más diverso que podamos imaginar), a poder dedicarnos a la crianza, a cuidar de nuestros parques, barrios, jardines y ecosistemas. Tenemos que aprovechar el tiempo vital del que volvemos a disponer para regenerar el tejido comunitario y asociativo que hemos perdido en estos años".

"Puede valernos para redistribuir los roles, para abandonar el rol cuidador frente al rol del que trae el dinero y la comida a casa. Es una forma de repartir responsabilidades", sostiene Gullón.

Mejorar la productividad

Los datos no hablan bien de España en términos de productividad. El Eurostat de 2019 revela que la media de beneficios por hora trabajada es de 31,85 euros, una cantidad por debajo de la media de la eurozona, situada en los 38,33 euros por hora. Todo ello, en un contexto en el que de media se contabilizan 41 horas semanales por trabajador (sin contar con el tiempo extra sin remunerar que n aparece reflejado en las estadísticas europeas).  Llegados a este punto, ¿cómo afectaría una reducción de la jornada laboral a la producción?

Los escasos ejemplos de España revelan que, desde un punto de vista productivo, las compañías que optan por disminuir la jornada laboral obtienen una mejora en sus beneficios. La empresa Software DELSOL se convirtió en enero en la primera en adoptar este novedoso modelo y, casi un año después y con una pandemia de por medio, sus beneficios han aumentado y los salarios de la plantilla han mejorado un 3%.

"Quién nos puede garantizar que una persona que trabaja cinco días es más productiva que aquella lo hace sólo cuatro"

Fernández Jara considera que la semana de cuatro días o 32 horas podría tener también beneficios en las propias empresas, ya que existe una mayor motivación entre los empleados que tienen mejores condiciones laborales y mayores horas de descanso. "Quién nos puede garantizar que una persona que trabaja cinco días es más productiva que aquella lo hace sólo cuatro. La realidad es que nadie mantiene un ritmo de trabajo elevado y constante durante las ocho horas ni durante los cinco días de la semana. Necesitamos descansar", arguye.

Un estudio del Workforce Institute realizado por la consultora Kronos calculaba en 2018 que casi la mitad de los trabajadores del mundo podrían realizar su trabajo en cinco horas al día. Además, estima que cerca del 80% de los empleados del mundo pierden el tiempo en tareas que no generan ningún valor y que sólo sirven para llenar las horas laborales estipuladas por ley. No en vano, se trata de resultados globales que varían en función del país.

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