La burbuja urbanística (del tapial) en el califato de Córdoba
Mucho antes de la burbuja inmobiliaria del siglo XXI, la Córdoba omeya experimentó su propio auge urbanístico. Las excavaciones de Ronda Oeste desvelaron cómo aquella expansión transformó la ciudad y cómo, igual que la más reciente, terminó por desmoronarse.

Mikel Herrán
En el año 2000, en plena burbuja del ladrillo, se rompió la tierra para un nuevo proyecto de construcción que se presentaba como imprescindible para la ciudad de Córdoba. Se trataba de la ronda urbana A-350, más conocida como Ronda Oeste. El proyecto se vería interrumpido y atrasado durante años, pues bajo la tierra se encontraron los restos de otro furor constructivo, uno que había ocurrido mil años antes, una fiebre no del ladrillo, sino del tapial.
A cada palada de la retroexcavadora afloraban restos de cementerios, viviendas, zocos, baños y, en definitiva, barrios de la Córdoba omeya, en aquella época en que se convirtió en la segunda ciudad más grande del continente, superada tan solo por Constantinopla. El crecimiento de Madīnat Qurṭuba vino de la mano de su estatus como centro del poder omeya desde que 'Abd Al-Raḥmān I (o Abderramán I) se proclamase emir independiente a mediados del siglo VIII. Sin embargo, sería un par de siglos y de Abderramanes más tarde cuando este crecimiento pisase el acelerador. Bajo 'Abd Al-Raḥmān III la unificación de al-Andalus se consolidó y el emirato devino califato, siendo Córdoba el centro indiscutible de la cultura y el poder. Los barrios que habían ido creciendo fuera de la medina amurallada marcada siglos atrás por los romanos se multiplicaron.
Todo esto se sabía cuando empezaron las obras de Ronda Oeste, por supuesto, por lo que los hallazgos no eran del todo una revelación. Sin embargo, sirvieron a los arqueólogos para entender cómo fue el crecimiento. Los primeros barrios surgieron en torno a centros de interés, tales como las almunias o mezquitas de barrio. Sin embargo, a medida que este crecimiento aumentaba, se multiplicaron las reconversiones de estos terrenos agrarios de grandes y medianos propietarios en barrios. Más allá de la necesidad de alojar a una población en aumento, las fuentes nos dejan entrever que hubo quienes veían aquí una oportunidad de negocio. Así, las tierras agrícolas que rodeaban Córdoba se dividían en manzanas y parcelas, dotadas de servicios como baños públicos o mezquitas para esos incipientes barrios.
La influencia de estos "promotores inmobiliarios" en muchos casos puede percibirse hasta en el nivel molecular de muchas de estas viviendas, donde siglos después los arqueólogos encontramos casas idénticas construidas en batería y hasta los pozos de los patios excavados en una misma línea. PAUs con zócalos de piedra y alzados de tapial. Otras viviendas muestran en cambio una construcción propia, más irregular, o adaptada a las distintas familias que se sumaban a la capital. Este boom inmobiliario fue tal que nos ha dejado episodios curiosos que han sobrevivido a los siglos. Uno de ellos lo protagoniza el arrabal de Šaqunda. Este barrio, situado al otro lado del puente romano, fue uno de los primeros en desarrollarse tras la conquista islámica de la Península. Poblado por artesanos y comerciantes, Šaqunda sería el epicentro de una revuelta popular en 818 d.C. contra el despótico emir al-Hakam I. Tal fue el levantamiento que el propio emir tuvo que huir de la ciudad antes de desatar toda su furia contra el barrio que había amenazado su poder. Šaqunda fue saqueada, sus habitantes ejecutados o exiliados, y al-Hakam decretó que, como recuerdo a su insolencia (que otros llamarían resistencia), sobre sus ruinas no podría volverse a edificar.
Dos siglos después, no bajo emires sino bajo califas, la situación parecía haber cambiado. Córdoba volvía a crecer a grandes impulsos que las élites querían aprovechar. Entre ellos, el propio hayib o valido de Hishām II, que vio una oportunidad de oro para construir un nuevo barrio al otro lado del río encima de aquel primer barrio cuyas ruinas ya no eran visibles. ¿Qué peligro pueden tener los fantasmas de doscientos años atrás? Ignorar una orden dada por un emir que llevaba siglos enterrado probablemente no se sintiese como una desobediencia ante la posibilidad de lucro. El barrio como oportunidad de negocio o como memoria de resistencia se encontraban a través de los siglos.
Sin embargo, al oír la noticia, el califa ordenó derribar las casas de inmediato, algo sorprendente pues desde hacía años eran estos validos quienes llevaban la batuta. Por una vez en mucho tiempo, la orden del califa primó sobre la del hayib. Por mucho que uno pudiera enriquecerse, no convenía revivir esos fantasmas de motines contra el poder.
Aquella burbuja del tapial también llegaría a su final, pero en este caso no fue por una crisis financiera, sino política. Tras años sin un gobierno real por parte de los califas, el siguiente hayib, apodado Abderramán Sanchuelo, quiso aspirar al título califal y dio un golpe de Estado. La resistencia a este golpe desencadenó un levantamiento popular, y una larga sucesión de califas en el periodo conocido como la fitna o división de al-Ándalus. Los arrabales de Córdoba fueron objeto del saqueo y el abandono. Los poetas ya no tenían corte en la que cantar, ni los artesanos vecinos a los que surtir. Nadie quería llevarse un espadazo en medio de esos conflictos por el trono, y en el territorio andalusí surgieron nuevos centros de poder, las llamadas taifas, que ofrecían mejores oportunidades. Los restos de las vidas que dejaban atrás, de sus casas, de sus comidas, o de sus noches en los patios de los arrabales cordobeses, quedaron enterrados.
Pasarían mil años hasta que las arqueólogas volviesen a ver las trazas de estas vidas. En la nueva burbuja, las excavaciones se harían bajo inmensa presión y pocos recursos, pues los nuevos promotores tenían menos paciencia y aún hoy impera la idea de que unas piedras viejas no pueden retrasar la construcción. En Ronda Oeste se desenterraron unas 10 hectáreas de suburbios. La obra en sí se pudo inaugurar en 2008, el fatídico año de la crisis que hizo que ese tipo de obras faraónicas (y las excavaciones arqueológicas que las precedían) se interrumpiesen. Sin embargo, parece que no hubo tiempo suficiente para aprender la lección: que las burbujas pueden ser de distintos materiales, pero sea por una razón u otra, acaban reventando.



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