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Cambio Climático Los parques nacionales, laboratorios contra la crisis climática

De los 15 parques nacionales de todo el Estado, 11 de ellos cuentan con estaciones para medir el impacto del cambio climático. Las estaciones del año van rotando, el verano se prolonga y las sequías son más largas, según las mediciones. Por ello, el Organismo Autónoma de Parques Nacionales está llevando a cabo diferentes planes de adaptación.

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Parque Nacional de El Teide./ IRENE DORTA HERMOSO

De los 15 parques nacionales de todo el territorio, 11 cuentan con estaciones para medir el impacto del cambio climático. En muchos de ellos, a gran altura, el calentamiento global se vuelve más intenso y se convierte en un laboratorio donde poder observar antes los efectos de este fenómeno. De los datos, que se recogen cada 10 minutos, se pueden extraer ya algunas tendencias: las estaciones del año van rotando, el verano se prolonga o las sequías son más largas, y todo esto provoca importantes transformaciones en la flora y la fauna, a veces endémicas, de estos paisajes. Por eso, el Organismo Autónomo de Parques Nacionales (OAPN) está preparando planes de adaptación.

Las mediciones comenzaron en 2008 con un despliegue en Picos de Europa, Sierra Nevada y el archipiélago de Cabrera. Han ido creciendo progresivamente y en la actualidad existen 32 estaciones de medición repartidas por los parques. Con la recogida de datos se analiza cómo varían las constantes meteorológicas y qué ocurre en los ecosistemas. Debe pasar tiempo para atribuir los transformaciones al cambio climático, pero ya empiezan a observarse algunas tendencias. Por ejemplo, las masas de hielo en las cumbres cada vez duran menos. “El glaciar de Ordesa se retrae año tras año o en Sierra Nevada la fecha de desaparición de la nieve cada vez es más temprana”, explica Jesús Serrada, jefe del área de conservación, seguimiento y programas en red del OAPN. Esto provoca cambios también en la distribución de los seres vivos.

Las especies más sensibles se han etiquetado como “indicadoras del cambio” y el organismo hace seguimientos concretos de ellas para ver cómo evolucionan. Es el caso de los anfibios, especialmente vulnerables porque las charcas se secan antes y llueve menos, así que su supervivencia está en peligro; o en el mar, los corales porque el aumento de la temperatura del agua acelera su mortalidad.

"Si en la isla el cambio es de un grado por siglo, en el caso de El Teide es de 1,8 o 1,9 grados"

Por encima de los 2.000 metros de altura el cambio climático se intensifica, como en el Teide donde ahora mismo hay 12 grupos de investigación que trabajan todo tipo de cuestiones: humedad en el suelo, clima, comportamiento de las plantas, etc. “Si en la isla el cambio es de un grado por siglo, en el caso de El Teide es de 1,8 o 1,9 grados”, explica José Luis Martín Esquivel, biólogo e investigador de la ecología de los archipiélagos macaronésicos. Aquí se observan sequías cada vez más prolongadas. “Ahora son de seis a siete meses secos, mientras que antes solo había 2 o 4. Hace 40 años caían 500 litros de agua de media; estos últimos años fueron unos 300 litros y la frontera para que una zona sea desértica es que caigan 200 litros, pero año tras año”, cuenta Martín Esquivel.

En 2012 hubo una gran sequía y comenzó a darse un fenómeno en la retama -una especie de planta endémica que crece en las alturas- que se ha acuñado como “embolias”. “Los ases capilares absorben el agua del suelo, pero como no hay agua estos ases se unen entre ellos y pueden morir en cuestión de semanas. Como una muerte súbita”, cuenta el biólogo.

El clima en la cumbre cambia y los animales que antes vivían a una determinada altura cada vez pueden sobrevivir más arriba porque hace más calor. “Esto favorece que los herbívoros, como los conejos, suban y se alimenten de otras plantas como las retamas”. Para evitar que se pierdan, se han empezado a instalar vallas alrededor. Los primeros vallados fueron experimentales y ahora ya hay más de 30 hectáreas (30 campos de fútbol). “Aunque por ejemplo en la zona sur del Teide ni siquiera el vallado tiene efecto. El calor está acabando con esta especie allí”, relata Marín Esquivel.

"Está demostrado que los años más calientes llegan menos mirlos al Teide"

Otra especie endémica como el cedro canario también se ha visto afectada. Este árbol produce semillas que necesita que los pájaros las dispersen. En este caso, el mirlo blanco, un pájaro que viene del norte de Europa en invierno, cumple esta función. Pero si la temperatura del planeta sube, los mirlos encuentran el clima adecuado para quedarse a mitad de camino y no llegan al Teide. “Está demostrado que los años más calientes llegan menos mirlos al Teide y los años más fríos llegan más. Esto tiene repercusiones directas en que los cedros no se dispersen”, explica el biólogo.

Planes de actuación

Para adaptarse al cambio climático el Ministerio para la Transición Ecológica ha creado el Plan de Impulso al Medio Ambiente para la Adaptación al Cambio Climático en España (PIMA), un proyecto enfocado a actuaciones concretas en los 15 parques nacionales españoles. “En terrenos que tenemos o en fincas que dependen del organismo hemos probado a hacer restauración de terrenos para anfibios con charcas, creando nuevos puntos de reproducción para ellos, impermeabilizando el fondo por ejemplo”, explica Serrada.

De igual manera, se ha creado el proyecto REPLIM en el Pirineo para estudiar los impactos del cambio climático. Comenzó en 2016 y terminará en diciembre de este año. Los científicos han colocado termómetros a distintas profundidades de lagos y turberas de esta zona para ver cómo varía la temperatura cada hora. Dos veces al año se recogen y se analizan los datos. “En los últimos tres años, la temperatura de los lagos aumenta más de lo que aumentaba antes y esto afecta por ejemplo en el tipo de alga que va a crecer”, explica Blas L. Valero, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología.

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