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CONFLICTO IRÁN-EEUU El asesinato de Soleimani abre la caja de Pandora

Casi todos los analistas coinciden en que el asesinato de Qasem Soleimani exige una respuesta con la que Teherán muestre su capacidad de disuasión. En lo que no se ponen de acuerdo es en la manera y el momento que elegirán para responder. A solo diez meses de las elecciones americanas, el presidente Donald Trump deberá actuar con tanto cuidado como los iraníes para gestionar la situación de inestabilidad que ha llevado a Oriente Próximo.

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Protesta contra el asesinato del general iraní Soleimani frente a la oficina de las Naciones Unidas en Teherán. REUTERS

Definitivamente acorralado por Estados Unidos, Irán tendrá que responder de una manera más que simbólica al asesinato del general Qasem Soleimani. En primer lugar, Teherán suele actuar cuando es atacada y por otra parte hay una cuestión que no es de poca monta, el honor y la autoridad perdidos junto con la vida del jefe de la Fuerza al Quds. La república islámica no puede quedarse con los brazos cruzados ante una provocación de semejante naturaleza sin ejercer su capacidad de disuasión.

Pero habrá que esperar para ver qué movimiento hacen. Los iraníes tienen sobre la mesa un montón de opciones, desde atacar alguna base estadounidense en Irak, que parece la respuesta más natural, a suscitar tensiones en el golfo Pérsico, por donde circula una buena parte del petróleo mundial, aunque esto no afectaría directamente a EEUU, o golpear algún punto estratégico de Arabia Saudí o incluso de Israel, entre otras.

En la actualidad se estima que en distintas bases de Irak hay unos 5.000 soldados americanos. Si las milicias proiraníes reciben la orden de atacar esos objetivos, la situación podría deteriorarse rápidamente. En los últimos días Irak se ha convertido en el principal teatro del enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán, creándose una situación de peligro para las tropas americanas allí desplegadas. De hecho, el ejército de EEUU habla de un “creciente nivel de amenazas para (sus) empleados y (sus) instalaciones (militares) en Irak”.

El ministerio de Exteriores israelí declinó comentar la noticia de que sus representaciones diplomáticas han reforzado las medidas de seguridad. El asesinato de Soleimani podría crear un nuevo escenario en Oriente Próximo si el Hizbolá libanés recibe orden de bombardear el estado judío, una opción que a su vez crearía escenarios imprevisibles.

Se estima que en distintas bases de Irak hay unos 5.000 soldados americanos

En Israel sentaron muy mal ciertas declaraciones de Trump de hace unos meses en el sentido de que quería sacar a sus tropas de Siria e Irak. Después de anunciar una evacuación completa de las tropas de Siria, Trump tuvo que dar marcha atrás probablemente espoleado por Benjamín Netanyahu. En las últimas semanas, el presidente ha reforzado la presencia de su ejército en Oriente Próximo dando un vuelco completo a sus primeras intenciones con el fin de agradar a sus aliados principales, Israel y Arabia Saudí.

The Jerusalem Post sugiere que el asesinato de Soleimani pudo muy bien producirse con la asistencia de Israel. El hecho incontestable es que Israel ha realizado operaciones contra Irak desde territorio kurdo en Siria, y también es incuestionable que mantiene una presencia en el Kurdistán iraquí. El principal beneficiario del asesinato de Soleimani es sin duda Israel, un país que ha demonizado al general durante dos décadas y que por fin ve su muerte.

A partir de este momento el objetivo prioritario de Irán será impedir la reelección de Trump

Un factor que no es desdeñable es que las elecciones estadounidenses se celebrarán dentro de diez meses. A partir de este momento el objetivo prioritario de Irán será impedir la reelección de Trump. Existe un precedente histórico que se remonta a 1980, cuando destrozaron la campaña para la reelección del demócrata Jimmy Carter. Si actúan con sangre fría, los iraníes podrían llevar a cabo un desgaste sistemático de los Estados Unidos en dosis pequeñas, puesto que un choque frontal sería descabellado. Por otra parte, si los sondeos le fueran desfavorables, Trump podría dar luz verde a una acción militar de mayor calado contra Irán.

Lo que no va a cambiar será la presencia iraní en Oriente Próximo, que dadas las circunstancias es para ellos una cuestión vital. Si alguien espera que la desaparición de Soleimani signifique un cambio de política exterior, se sentirá defraudado, máxime si se tiene en cuenta que el tándem Estados Unidos-Israel solo le deja esa opción.

Las relaciones entre Estados Unidos e Irán han sido convulsas en los años del mandato del presidente proisraelí Trump, muy distintas a las que hubo durante el mandato de Barack Obama, que aunque no fueron excesivamente cordiales, sí que enfriaron la tensión de años anteriores. En 2013, un mes después de que el presidente moderado Hassan Rouhani asumiera el cargo, Obama mantuvo una conversación telefónica con él, la primera conversación de tan alto nivel entre mandatarios de los dos países en más de 30 años.

Ankara tiene una presencia militar en Siria y tiene intereses en el distrito de Idlib, mientras que Irán apoya el avance de las tropas sirias contra esa provincia

Dos años después y tras una intensa actividad diplomática, Irán y Estados Unidos, así como varias potencias mundiales, firmaron un histórico acuerdo sobre el programa nuclear que solamente fue rechazado por Israel. Teherán se comprometió a limitar su actividad nuclear y permitir la visita de inspectores internacionales a cambio del levantamiento de algunas sanciones económicas.

Pero tres años después, Trump, arrastrado por Israel y contra la opinión de todos sus aliados, abandonó el acuerdo y reinstauró las sanciones. La presión se incrementó con el envío de bombarderos B-52 y más soldados. En mayo de 2019 varias explosiones sacudieron seis petroleros en el golfo de Omán. Washington acusó a Irán y envió más refuerzos. En junio los iraníes derribaron un dron americano en el estrecho de Ormuz. Washington dijo que el incidente tuvo lugar en aguas internacionales mientras que Irán denunció la violación de su espacio aéreo.

La falta de reacción oficial de Turquía hasta por lo menos el viernes por la noche, no sorprendió en absoluto a los analistas. Ankara tiene una presencia militar en Siria y tiene intereses en el distrito de Idlib, mientras que Irán apoya el avance de las tropas sirias contra esa provincia que se ha convertido en un gran cajón de sastre y cuenta con una notoria presencia de yihadistas. Pero Ankara, al mismo tiempo, teme un colapso de Teherán que conduciría a una mayor actividad militar de los kurdos. Además, los turcos reciben petróleo y gas iraní en ventajosas condiciones. Y por supuesto temen que un conflicto armado directo cause más inestabilidad en la zona.

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