La concentración empresarial amenaza la potente y tradicional industria papelera del sur de Catalunya
Voces sindicales apuntan a factores especulativos, ya que que el sector del cartón y artes gráficas de la zona de Tarragona goza de buena salud gracias al crecimiento del comercio electrónico y del embalaje.

Barcelona-
La papelera es una industria muy arraigada en la tradición industrial catalana gracias a la presencia de molinos en todo el territorio, especialmente en zonas con ríos y corrientes de agua que facilitaban la energía hidráulica necesaria para la producción de papel. Los molinos papeleros, como los que había en la cuenca del río Brugent, en Tarragona, fueron fundamentales en esta expansión inicial.
El Camp de Tarragona ha consolidado su propia red de fábricas gráficas y papeleras, vinculadas a empresas de cartón y embalaje, que se integraron en un entorno industrial más amplio, especialmente en municipios como Valls, Alcover, Montblanc o La Riba, donde encontramos la papelera histórica Goma-Camps, integrada en el grupo portugués The Navigator Company.
Una industria que a pesar de disfrutar de una buena salud, impulsada en los últimos años por la expansión vinculada al crecimiento del comercio electrónico y del embalaje, ha encadenado varios baches que han hecho visible como los procesos de concentración empresarial debilitan el tejido industrial del Camp de Tarragona. Tras el cierre de Iberboard Mill, la antigua Abelán Catalana, esta semana los trabajadores de las plantas de Valls y Montblanc de International Paper han empezado una vaga indefinida para evitar el cierre de las instalaciones.
Hablamos con Loli Vargas, responsable del papel de CCOO de Cataluña, y Javier Benítez Vargas del papel de UGT de Catalunya.
Una estrategia deliberada de reorganización
Según las voces sindicales, el cierre no responde a una crisis estructural del sector sino a una estrategia deliberada de reorganización por parte de la multinacional con fines especulativos. El caso de International Paper, tras su operación con DS Smith, ejemplifica esta dinámica: la compra de empresas competidoras para quedarse con la cartera de clientes y, posteriormente, cerrar las plantas consideradas "sobrantes" dentro del nuevo esquema productivo, explica Benítez.
El mecanismo descrito por los representantes sindicales sigue un patrón que se repite: una multinacional adquiere una empresa local o regional, absorbe la cartera de clientes y, al cabo de un tiempo, cierra la planta para concentrar la producción en otros centros del grupo. Esto permite optimizar costes logísticos y laborales, pero también reduce la competencia.
Este proceso de concentración tiene efectos directos sobre el mercado. Menos competidores implica más capacidad para fijar precios. Las fuentes sindicales denuncian prácticas internas dentro de los grandes grupos empresariales, como la venta de materias primas entre filiales a precios inflados, que pueden justificar incrementos de costes que finalmente repercuten en el consumidor. "La reducción del tejido productivo local también debilita a los clientes más pequeños, que pierden poder de negociación y acaban asumiendo condiciones más desfavorables", explica Benítez.
El auge de las compras online y la expansión de grandes distribuidoras incrementan la demanda de envases y embalajes
El cierre de plantas en comarcas pequeñas como el Alt Camp o la Conca de Barberà no solo supone la pérdida directa de puestos de trabajo, sino un impacto en la cadena sobre servicios auxiliares, transporte, proveedores y comercio local. En poblaciones con escasas alternativas industriales, la desaparición de una fábrica como esta puede alterar profundamente el equilibrio socioeconómico.
Ambas voces coinciden en que no se trata de un problema de falta de producción ni de caída de la demanda. "Al contrario, los datos del sector indican incrementos significativos durante 2024: un 6,2% más de facturación, un 8,5% más de producción de papel y un 5,3% en el caso del cartón. En paralelo, las exportaciones del sector habrían crecido cerca de un 17,9%", detalla Benítez, que explica que el auge de las compras online —con actores como Amazon— y la expansión de grandes distribuidoras como Mercadona, especialmente en mercados como Portugal, incrementan la demanda de envases y embalajes.
Tanto Benítez como Vargas también señalan a la falta de inversión sostenida en modernización de la maquinaria por parte de las empresas. Algunas plantas han ido quedando desactualizadas tecnológicamente, "un argumento más para después justificar el cierre". A la vez, el endurecimiento de las normativas medioambientales —especialmente en materia de emisiones y calidad del agua— obliga a las empresas a invertir constantemente, y cuando los grandes grupos deciden no actualizar una planta concreta, "pueden acabar cerrando", como fue el caso de Iberboard Mill, que dejó más de 15.000 toneladas de residuos tóxicos pendientes de ser retirados.
Vincular ayudas públicas al mantenimiento del empleo
Para los representantes sindicales, la respuesta institucional es insuficiente. Benítez reclama un marco legal que condicione las ayudas públicas —subvenciones, beneficios fiscales o apoyo a la inversión— al mantenimiento de la actividad y el empleo durante un periodo determinado para evitar el cierre de plantas repentino, como es el caso de Montblanc y Valls. Sin esta regulación, señala Benítez, los gobiernos tienen poco margen para impedir cierres cuando las empresas cumplen los requisitos legales.
Una vez más, el debate no gira tanto en torno a la viabilidad económica como del modelo industrial y territorial que se quiere para el futuro del Camp de Tarragona y de Catalunya.


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