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David Beriain David Beriain, el reportero valiente al que le quemaba la silla de la redacción

El periodista navarro, asesinado junto al cámara Roberto Fraile en Burkina Faso cuando rodaba un documental sobre la caza furtiva en los parques naturales, creía que para entender la realidad hay que acercarse a ella, lo que lo llevó a entrevistarse con guerrilleros colombianos, niños sicarios, narcos mexicanos o supervivientes de Fukushima.

El reportero David Beriain dirige y presenta Amazonas Clandestino en Discovery MAX.
El reportero David Beriain, durante el rodaje de 'Amazonas Clandestino. - Discovery MAX

A David Beriain (Artajona, 1977) le quemaba la silla. Cuando en 2003 estalló la guerra de Irak y trabajaba en La Voz de Galicia, convenció a la dirección de que él tenía que estar allí. No fue empotrado con las tropas extranjeras, como otros reporteros, sino que se buscó la vida y entró en el país por su cuenta y riesgo, escondido en el doble fondo del camión de unos contrabandistas turcos.

El detalle podría parecer anecdótico, pero dice mucho sobre David: estaba describiendo el conflicto desde otro punto del mapa y lo que veía era diferente, como su mirada. Estaba, digamos, en el otro extremo de la realidad, el filo por el que ha transitado desde que comenzó a trabajar en El Liberal de Santiago del Estero. La cabecera argentina también ayuda a perfilar el tipo de periodista que era Beriain: mientras algunos hacían prácticas en el periódico de su pueblo o de su ciudad, él enviaba su currículo a diarios latinoamericanos.

Le respondió un periódico de provincias, un término que él no consideraba peyorativo, porque sabía que la noticia siempre aguarda en un territorio difuso, esa frontera entre la vida y la muerte. Beriain ya firmaba crónicas de denuncia antes de comenzar segundo de Periodismo, que cursó en la Universidad de Navarra, dónde si no: más que de su tierra, era de Artajona, el centro del universo, a partir del cual se derramaban sobre el atlas municipios, provincias, regiones, países, continentes, globos terráqueos y planetas, aparentemente sin especies conocidas, aunque si las hubiese seguro que sería algún emigrante de Artajona.

Antes de la guerra estaba la persona, valga la redundancia, humana. Él descubrió que no todas lo eran, como reflejaba su primera investigación para El Liberal, donde relataba las violaciones sufridas por los pacientes de un psiquiátrico. "El problema se solucionó", comentaba a Público, lo que lo llevó a plantearse que "eso era lo que quería hacer toda la vida". Antes se había matriculado en Periodismo porque quería cambiar el mundo, aunque pronto se dio cuenta de que corría el peligro de que la moqueta lo cambiase a él.

"Trabajar en una redacción me provoca un desapego de la realidad, siento la falta de calor humano. Para entender hay que estar cerca", confesaba hace siete años el reportero navarro, quien siguió escribiendo para La Voz desde Afganistán, Sudán, Congo y Libia. Sin embargo, tenía claro que la profesión no era lo que sucedía entre conflicto y conflicto, o sea, en la reserva de la oficina, por lo que decidió lanzarse al vacío y sin red.

Fichó por ADN.es para escribir exclusivamente reportajes sobre el terreno acompañado del fotoperiodista Sergio Caro, que enriqueció con sus fotos y vídeos los textos de David, quien tomó el micrófono y dio la cara para entrevistar a los guerrilleros de las FARC. Ambos fundaron En Pie de Guerra y dieron voz a los supervivientes de Fukushima, a los niños sicarios colombianos o a los percebeiros gallegos. Sus reportajes y documentales se difundieron a través de CNN+ y de Cuatro, hasta que decidió fundar junto al periodista Adriano Morán su propia productora, 93 metros.

El nombre rinde homenaje a su abuela: era la distancia que recorría la señora entre su casa y el banco de la iglesia donde rezaba en Artajona, el retiro de Beriain entre viaje y viaje. Hasta que decidió instalarse en Madrid, donde vivía con su mujer, Rosaura Romero, productora ejecutiva de 93 metros —a la que había conocido durante el referéndum constitucional de Venezuela de 2007—, cuyo trabajo facilitó que los documentales protagonizados por su marido fuesen emitidos en televisiones de numerosos países.

"Le puse ese nombre a la empresa porque, acostumbrados a escribir desde la lejanía reportajes épicos con personajes exóticos, no hay que olvidarse nunca de que las historias más grandes a veces están en los sitios más pequeños", explicaba el reportero navarro, cuya firma saltó a las páginas de El País y a las pantallas de Antena 3 y Discovery MAX, para la que rodó Amazonas clandestino, Yasuní, genocidio en la selva, El ejército perdido de la CIA, La vida en llamas o Clandestino.

Beriain, quien también ejerció como productor ejecutivo de series como El Palmar de Troya o Estrecho, falleció haciendo lo que amaba: intentar cambiar el mundo. Fue asesinado junto al cámara Roberto Fraile en Burkina Faso cuando rodaba un documental sobre la caza furtiva en los parques naturales. "Para entender hay que estar cerca". "Para entender hay que estar cerca". "Para entender hay que estar cerca". Tan cerca y tan dentro: de la boca del lobo.

Pero David era así, hasta el punto de que cuando regresaba a casa a veces no entendía cómo la vida podía seguir su curso, ajena a lo que pasaba en la otra cara de la existencia, en los territorios fronterizos del alma humana, en el filo de la verdad oculta. Por eso Beriain siempre estaba sin estar, aparecía cuando no aparecía, escuchaba mientras pensaba: sus contertulios sabían que él solo pensaba en lo único, su trabajo, hasta que apareció Rosaura y le hizo un hueco en su cabeza y en su corazón.

Resultaba difícil establecer una diferencia entre el Beriain persona y el Beriain reportero, porque mientras que el común de los mortales estamos compuestos en un 60% de agua, su cuerpo contenía un 100% de periodismo, aunque ese lleno, por favor también albergaba el combustible humano inagotable de un ser cercano, afable, cariñoso y sonriente. Sí, era todo oídos, pero cuando le llegaba su turno narraba con tanta ilusión una anécdota sobre una viejecita gallega que había conocido en sus tiempos de La Voz como la de un narco mexicano que estuvo a punto de pegarle un tiro a su cámara durante el rodaje de El cartel de Sinaloa.

Porque la épica y el exotismo pueden estar a la vuelta de la esquina o en el envés del planisferio. David Beriain no concebía el mundo de otra forma. Y ese mundo, cuya capital es Artajona, llora hoy su adiós: el de un hijo, el de un hermano, el de un marido, el de un amigo, el de un periodista y el de una bellísima persona tan enamorada de la vida que la muerte, esa cabrona de las mil máscaras, decidió arrebatársela para hacer de todo esto un lugar más triste si cabe.

Roberto Fraile, el cámara que cubrió la guerra de Siria

EFE.- Roberto Fraile (Barakaldo, 1974) estaba afincando desde hacía más de veinticinco años en Salamanca y trabajó hasta hace fechas recientes en CYLTV y en La 8 de Salamanca, el centro territorial de producción en la provincia del ente privado Radio Televisión de Castilla y León.

El cámara vizcaíno compaginaba estos empleos con la grabación de documentales, entre ellos el que conmemoró los ochenta años de la Agencia Efe, La Agencia, proyectado en el Festival de Cine de Málaga 2020.

Fraile, padre de dos hijos, ya había trabajado anteriormente en zonas de conflicto. De hecho, resultó herido en Alepo. Corría el 2012 y el cámara cubría entonces el conflicto de Siria, por lo que tuvo que ser evacuado a Turquía, episodio que también narró en un documental.

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