Entrevista a Bel Olid"Nos debemos un debate honesto sobre qué precio es razonable pagar a cambio de la posibilidad de reproducirse"
Bel Olid, que escribió La madre incompleta (Bellaterra), se define como "autore". En esta entrevista con Público reflexiona sobre la complejidad de los procesos de reproducción asistida y todas sus dimensiones ocultas.

Madrid-
Bel Olid publicó el pasado mes de octubre La madre incompleta (Bellaterra), un libro que se adentra en la reproducción asistida como un proceso lleno de puntos ciegos, atravesado por largas esperas, duelos y una incertidumbre que rara vez aparece en el relato que nos llega a pie de calle.
A partir de decenas de voces, la obra es un intento de arrojar luz sobre un proceso al que se llega con bastante poca información. A este respecto, cuestiona la ficción de control que construyen muchas clínicas anunciando tasas de éxito que esconden el impacto de las pérdidas, los abortos y otras secuelas que pueden aparecer. En un contexto de turismo reproductivo y mercado en expansión, Olid coloca el foco en las personas y sus vivencias, en qué información real se les ofrece, a quién benefician los silencios y por qué el dolor de quienes ponen el cuerpo sigue considerándose un daño colateral asumible.
Bel Olid, que se define como "escritore", "traductore" y "coordinadore" del programa de Estudios Catalanes en la University of Chicago. Habla en esta entrevista con Público de la desigualdad que atraviesa estos tratamientos. Del mandato reproductivo que sigue operando y de los dilemas éticos que sostienen procesos como la ovodonación y el anonimato de los donantes. También sobre el derecho que tienen las criaturas nacidas a partir de estas técnicas a conocer su origen. Frente a la idea de un supuesto "derecho a tener hijes", Olid se preocupa por el derecho de quienes ya han nacido a ser cuidadas y la necesidad colectiva de abrir, al menos, un espacio de debate sobre qué estamos dispuestas a sacrificar para sostener la posibilidad de reproducirnos.
"Cuando las clínicas anuncian tasas de éxito de más del 90% se refieren a test de embarazo positivo, pero no cuentan que la mayoría no son evolutivos"
¿Por qué crees que, a diferencia de otros procesos médicos, los procesos de reproducción asistida se viven tantas veces desde la disociación, como algo que hay que olvidar rápido? ¿Qué relación existe entre el silencio y opacidad que se guarda sobre la infertilidad o la reproducción asistida, y otros silencios históricos del cuerpo, especialmente del cuerpo gestante, la sexualidad…?
Llevar los procesos en secreto o, por lo menos, con discreción, va asociado en muchos casos con la vergüenza y la culpa, como si no conseguir un embarazo que llegue a término fuese culpa de alguien (en general, de la mujer). Las clínicas se benefician de este secreto: si no has pasado por un proceso así, es fácil pensar que embarazo equivale a bebé (sano), porque en general la gente cuenta que está embarazada cuando cruza el umbral de la semana 12 y se considera que el embarazo seguramente será viable. Cuando las clínicas anuncian tasas de éxito de más del 90% se refieren a test de embarazo positivo, pero no cuentan que la mayoría de esos embarazos no son evolutivos. Compartir información puede servir tanto para desestigmatizar la infertilidad como para conocer mejor la realidad de la reproducción asistida.
"El dolor de las mujeres ha sido irrelevante históricamente"
Si algo pone sobre la mesa el libro es que es muy difícil iniciar el proceso con la información suficiente. ¿Qué información concreta crees que se niega o se maquilla sistemáticamente a las personas que se embarcan en esto? ¿Hasta qué punto el lenguaje médico y publicitario construye una ficción de control sobre algo que es profundamente incierto?
No se habla de los costes económicos, físicos ni emocionales del proceso. Se va dando la información poco a poco, de forma que es muy difícil hacerse una idea de qué va a venir hasta que no te has metido en ello. La publicidad de las clínicas privadas explota la idealización de la maternidad (te ayudamos a cumplir tu sueño de ser madre, por ejemplo) y refuerza la idea de reto personal, sin entrar nunca en el precio que se va a pagar, a veces incluso con la vida, durante el proceso. El dolor de las mujeres ha sido irrelevante históricamente. El fin de tener hijos vale cualquier dolor físico o emocional que pueda sufrir la persona que se somete a los tratamientos. Muchas de esas personas sufren secuelas para toda la vida sin haber logrado tener una criatura viva, y eso no se cuenta porque no importa.
"Los médicos deberían ayudar no solamente a posibilitar la reproducción, sino también a asumir el duelo cuando el coste es desorbitado"
¿Qué responsabilidad deberían asumir las instituciones sanitarias en el acompañamiento emocional, y no solo técnico, de estos procesos? ¿Están haciéndose cargo de esta dimensión hoy en día?
Hay cada vez más profesionales que lo hacen y algunos de los testimonios que he recogido hablan con agradecimiento del acompañamiento en el proceso, incluso en los momentos más duros. En mi opinión, sacar estos tratamientos de la lógica del mercado contribuiría a una mejor atención a las personas que los siguen. He hablado con personas que han estado más de cinco años en tratamiento en clínicas privadas, con un gran coste personal y económico. Los médicos deberían ayudar no solamente a posibilitar la reproducción de quien desee reproducirse, sino también a asumir el duelo de la imposibilidad cuando el coste es desorbitado. Para ello es imprescindible cambiar el relato y asumir como sociedad que las vidas de las mujeres, que son en su mayoría las personas que ponen el cuerpo en esto, tienen valor más allá de su capacidad reproductiva.
¿Cómo se relaciona la reproducción asistida con la desigualdad social? ¿Crees que es una dimensión poco politizada o despolitizada?
Hay por supuesto un componente de clase que afecta directamente al acceso: muchas decisiones pueden tomarse únicamente si se cuenta con los recursos económicos para llevarlas a cabo. También hay una responsabilización del retraso de la crianza, como si se debiera a decisiones personales, cuando el acceso a una vivienda digna o a un puesto de trabajo que permita esa crianza son cuestiones estructurales.
"[La reproducción] es un negocio lucrativo hasta tal punto que muchas clínicas privadas han sido adquiridas por fondos de inversión"
España es uno de los epicentros del turismo reproductivo. ¿Qué nos dice esto sobre el modelo económico y legislativo del Estado español al respecto?
Más allá de ser un país puntero en tecnologías de reproducción asistida, la legislación permite la ovodonación, que está prohibida en otros países, y exige el anonimato de los donantes de gametos. Además, es un negocio lucrativo hasta tal punto que muchas clínicas privadas han sido adquiridas por fondos de inversión. Como sociedad debemos preguntarnos si es ético lucrarse a costa de los procesos corporales, las ilusiones y las necesidades de las mujeres.
¿Te preocupa que el discurso del "avance tecnológico" haga casi imposible cuestionar los límites éticos del mercado reproductivo? A veces me pregunto qué diferencias hay entre las personas donantes y la gestación subrogada, el trabajo sexual… Creo que se abre un debate parecido al respecto.
Es un debate muy complejo, pero para mí hay una diferencia entre la donación de esperma, que no tiene efectos secundarios sobre el donante, y la de óvulos, que puede perjudicar la fertilidad futura de quien da los óvulos (y de eso no se avisa en los anuncios que ponen las clínicas en las universidades para atraer a chicas jóvenes con necesidades económicas, a las que 1.000 euros les pueden salvar el curso). En muchos países se prohíbe la ovodonación porque los riesgos para la salud de quien dona se consideran demasiado altos.
"Los derechos de quien nace de estos procesos no se tienen en cuenta"
El anonimato de los donantes es uno de los grandes nudos del libro. ¿Por qué? ¿Qué derechos entran en conflicto cuando hablamos de anonimato: los de quien dona, los de quien gesta, los de quien nace? ¿Por qué crees que socialmente seguimos otorgando tanto peso a la genética, incluso en modelos familiares que la habían cuestionado históricamente?
Cada vez hay más personas nacidas de donaciones anónimas que expresan su incomodidad con no conocer su origen genético. Los derechos de quien nace de estos procesos no se tienen en cuenta, y en ocasiones incluso se oculta cómo fue el proceso para que llegasen al mundo. La curiosidad sobre el propio origen es comprensible, más allá de que se entienda que tu familia es quien te cuida. Para mí, no es incompatible dejar de reificar los lazos genéticos y, a la vez, querer saber de dónde has salido.
Por otra parte, en el caso de las parejas heterosexuales, se prima el lazo genético con el padre por encima de los riesgos para la salud de la madre. Se hacen FIV (embarazo por fecundación in vitro) en casos en los que sería más recomendable una inseminación con esperma de donante, que es un proceso mucho menos invasivo y con menos posibilidades de secuelas físicas. Estaría bien plantearnos todo esto: cómo, por qué y a qué precio elegimos unos u otros procesos.
Aunque el libro visibiliza experiencias muy diversas, el mandato de tener hijos sigue siendo bastante omnipresente. ¿Ha cambiado realmente o solo se ha sofisticado? ¿Por qué crees que seguimos preguntando "para cuándo" con tanta ligereza, incluso sabiendo lo que puede haber detrás?
Para el libro entrevisté únicamente a personas que querían o habían querido gestar y parir, a pesar de las dificultades que encontraron, quizá por eso esté tan presente. Creo que actualmente hay algo menos de presión para tener hijes, o por lo menos se plantea como una elección posible.
¿Cómo afecta este mandato reproductivo a las disidencias, personas queer, trans o no binarias? ¿Te parece que la maternidad sigue funcionando como una medida de éxito vital, incluso en discursos aparentemente feministas?
Me parece injusto exigir a las personas que ocupan espacios de disidencia de género o sexual que no cedan a las presiones a las que está sometido todo el mundo. En el libro hay testimonios de hombres trans, personas no binarias y mujeres cis lesbianas o bisexuales que desean tener hijes, pero la forma de organizarse para criarlos es distinta. Sus modelos familiares suelen ser más abiertos, menos rígidos que los de muchas personas cisheteros, con mayor apoyo de la familia extensa y elegida.
¿Crees que si existieran redes de cuidados más colectivas cambiaría nuestra relación con la reproducción biológica?
Sí, sin duda. Tendría mucho más sentido compartir los recursos para la crianza y seguramente sería más fácil asumir la infertilidad personal, porque podríamos involucrarnos en la crianza colectiva. La gestación, el parto y la lactancia son momentos importantes de la vida, pero muy cortos con relación a la cantidad de años que una personita necesita que la cuiden para crecer bien.
¿Hasta qué punto la familia nuclear es una ficción que seguimos sosteniendo a costa de mucho sufrimiento? ¿Existe algo así como un derecho a la reproducción?
Nuestra sociedad reconoce el derecho al acceso a técnicas de reproducción asistida (en ciertas circunstancias), pero el derecho a tener hijes no existe como tal, existe en derecho de las criaturas que ya han nacido a ser cuidadas.
¿Qué conversaciones te gustaría que provocara este libro fuera de los círculos feministas o académicos?
En nuestra sociedad nos debemos un debate honesto y abierto sobre qué precio (también económico, pero sobre todo emocional y físico) es razonable pagar a cambio de la posibilidad de reproducirse. También sobre qué cuerpos importan y por qué el dolor de cualquiera que no sea un hombre cis parece irrelevante.

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.