La doble cara de las redes sociales en la adolescencia: entre la conexión y la distorsión de la realidad
Un estudio de la UPF y la UOC advierte que afectan más al bienestar psicológico de las chicas. Aun así, las investigadoras insisten en que no hay que "demonizar" estas herramientas, sino fomentar un uso consciente.

Barcelona--Actualizado a
Desde WhatsApp hasta Instagram, pasando por X, YouTube o el adictivo TikTok, las redes sociales se han convertido en herramientas prácticamente indispensables en la vida de los adolescentes. No tanto porque sean estrictamente necesarias para comunicarse, sino porque son una forma de expresarse, entretenerse, conectar con el mundo, crear comunidad y, sobre todo, no sentirse como una rara avis entre los compañeros del instituto.
Entre los 12 y los 18 años, los adolescentes construyen su identidad y perfilan su carácter. Es una etapa clave para su desarrollo, pero también un momento especialmente vulnerable ante la influencia del contenido digital que consumen. Los vídeos y fotos que muestran los algoritmos –según cómo han sido entrenados, pero también en función de la edad, el género y la localización del usuario– tienen una doble cara.
Por un lado, pueden entretener a los jóvenes y motivarlos a probar cosas nuevas. Pero por otro, pueden distorsionar fácilmente la realidad y sus necesidades, especialmente en el caso de las chicas, que a menudo sufren más presión para ajustarse a un canon estético idealizado. "A veces me comparo con la vida 'perfecta' de algunas personas. Sé que seguramente no es real, pero me hacen querer comprar cosas que no necesito", cuenta Sasha, una joven barcelonesa de 14 años, a Público.
La investigadora de la UPF Clara Virós explica que es "difícil" sacar conclusiones tajantes sobre cómo afectan realmente las redes sociales a los adolescentes, ya que las consecuencias negativas –como la depresión, la ansiedad o los trastornos de la conducta alimentaria, por citar solo tres ejemplos– pueden tener múltiples causas.
Sin embargo, lo que sí ha podido analizar, junto con las doctoras Mònika Jiménez (UPF) y Mireia Montaña (UOC), es la percepción que tienen los jóvenes sobre cómo les influyen dos aplicaciones en concreto: TikTok e Instagram.
En concreto, se analizaron nueve aspectos: el bienestar psicológico, la capacidad de argumentar y debatir, la socialización entre iguales, la comunicación con adultos, la autoexpresión, el sentimiento de pertenencia grupal, la capacidad de organización colectiva, la aceptación de las normas sociales y la toma de decisiones.
Las redes impactan más en la salud mental de las chicas
Bajo el título Adolescentes, TikTok e Instagram: percepciones sobre el impacto de las tecnologías digitales en su vida social, el estudio de la UPF y la UOC publicado este marzo ha determinado que "las chicas valoran más negativamente que los chicos" el impacto de estas dos redes sobre su bienestar psicológico. No se trata de una diferencia abismal –de 1 a 5, ellas puntuaron con un 2,99 y ellos con un 3,13–, pero sí es el único aspecto donde se detectó una "diferencia relevante por género".
Los resultados provienen de una encuesta realizada a una muestra representativa de 1.043 adolescentes españoles de entre 12 y 18 años (el 50,5% chicas y el 49,5% chicos), de los cuales el 70,7% son usuarios de TikTok y el 63,8% de Instagram. "Excepto en salud mental, en el resto de aspectos detectamos percepciones neutras; es decir, había adolescentes que puntuaban positivamente, y otros que no", añade Virós.
Los aspectos peor valorados fueron el bienestar psicológico y la comunicación con los adultos, ambos con un 3,06. Los mejor puntuados fueron la capacidad de organización colectiva (3,52), el sentimiento de pertenencia grupal (3,51) y la posibilidad de expresarse tal como son (3,48).
"No hay que demonizar las redes. A veces predomina el discurso social de que todo es culpa del móvil, pero difícilmente podemos prohibir las aplicaciones o controlar al 100% el uso que se hace de ellas. Más que prohibir, hay que fomentar un uso consciente y responsable", afirma Virós. Desde su punto de vista, "ni la desconexión total ni el uso excesivo" son la solución ideal.
Ya expresó esta idea en una entrevista a la UPF a finales de 2024, tras publicar otro artículo relacionado con los patrones de uso de TikTok. El artículo Can’t stop scrolling! Adolescents' patterns of TikTok use and digital well-being self-perception, publicado en la revista Nature, determinó que las chicas usan esta red de manera "más intensiva". El 24% de las encuestadas pasaban más de dos horas en TikTok, frente al 15% de los chicos.
¿Las redes promueven estereotipos de género?
A diferencia de Sasha, su amiga Ella, también de 14 años, asegura que las famosas a las que admira le hacen sentirse "más segura" y le ayudan a "tener más autoestima". Ella tiene TikTok y YouTube y sigue a creadoras como Celia Reina —que publica contenido sobre parejas, moda, bailes virales, belleza y comedia—, Angela Machado Beauty o la cantante argentina Emilia Mernes.
Ella niega que este contenido le genere malestar, pero, sea consciente o no, estas tres influencers crean una serie de expectativas sobre las chicas jóvenes que desean tener los mismos cuerpos o maquillarse igual de bien que ellas.
Una cuestión que recientemente encendió las alarmas entre familias y farmacéuticos fue, precisamente, la aparición de rutinas de skincare –que incluyen todo tipo de cremas y sérums faciales– entre niñas de entre 10 y 12 años. La farmacéutica Virtu Roig, tras participar en una ponencia sobre salud mental e imagen corporal en el congreso Infarma –un encuentro europeo de farmacia celebrado del 25 al 27 de marzo en Barcelona–, advirtió en declaraciones a la ACN que "se está generando una necesidad cosmética que su piel, evidentemente, no necesita".
En cambio, Arnau (15 años) explica a Público que su influencer favorito es Ibai, un youtuber que comenta deportes y creó La Velada del Año, un evento de boxeo anual entre streamers y celebridades. Más allá de chatear con amigos y subir fotos de su vida en Instagram, Arnau consume vídeos de deporte, videojuegos y actualidad. "Las redes no me influyen mucho en mi día a día. Si veo algo que me gusta y le puedo sacar provecho, entonces lo compro", añade.
Preguntada por si los algoritmos de las redes promueven estereotipos de género, Virós responde que es una mezcla entre el entrenamiento que reciben y los datos personales que se facilitan al abrir un perfil. "Es un término medio. TikTok, por ejemplo, sabe perfectamente qué le gusta a cada uno, pero es cierto que, de entrada, ofrece vídeos predeterminados según el contenido que consumen personas del mismo género, edad y zona geográfica", explica.
Joana (16 años) admite que le aparece algún vídeo de Lola Lolita en TikTok –una influencer con más de 13,6 millones de seguidores–, a pesar de que no es el tipo de contenido que más le interesa. Ella prefiere ver vídeos sobre baloncesto, animales, el Barça o humor.
Esto demuestra que no todas las chicas consumen contenido de belleza o moda de forma consciente. Pero sí es más fácil que estén expuestas a él, ya que en TikTok se pueden ver perfiles aunque no los sigas, y en Instagram cada vez aparecen más recomendaciones.
Ver vídeos de chicas muy atractivas no es un problema en sí mismo. El riesgo está en construir una imagen idealizada de cómo debe ser una chica y acabar modificando el comportamiento para encajar en ese molde.
También hay que prestar atención a los comentarios que reciben muchas influencers por la cantidad de piel que muestran o por cómo se mueven. A menudo son agresivos, y pueden condicionar cómo deben comportarse las niñas si no quieren ser sexualizadas o insultadas.
Los chicos también pueden ser víctimas de contenido que promueve el modelo del "macho alfa" y da pautas tóxicas sobre cómo relacionarse con los demás. Un fenómeno que, por cierto, la reciente serie británica Adolescence ha reflejado muy bien.
Aún no hay estudios concluyentes sobre esta cuestión, pero Virós admite que haría falta profundizar en ella para entender sus efectos reales. "Las redes afectan la manera en que aceptamos o rechazamos las normas sociales. Los jóvenes construyen su identidad según lo que ven y acaban generando una idea de qué está bien visto y qué no", concluye la investigadora de la UPF.

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