'España partida en dos', el cómic para llevar la guerra civil a la Gen Z
El guionista Miguel Casanova y el ilustrador Carles Esquembre adaptan el libro del historiador Julián Casanova a la novela gráfica.

Condensar casi tres años de guerra en un cómic. Esta ha sido la ardua tarea que se propusieron el historiador Julián Casanova, el guionista Miguel Casanova y el ilustrador Carles Esquembre. El ensayo España partida en dos, historia de la guerra civil española (Crítica, 2013), escrito por el catedrático aragonés, ha cobrado una nueva vida a través del lenguaje del dibujo, donde las palabras y los datos dan lugar a metáforas, personajes simbólicos y escenas cinematográficas.
¿El objetivo final? Acercarse a una generación que cada vez lee menos –o al menos lee diferente– y ganar la batalla a la ola de bulos y revisionismo histórico que se expande por las redes sociales. Los autores, que reciben a Público en la semana que llega a las librerías la novela gráfica, esperan que el libro sea una herramienta más para transmitir la historia reciente de España en institutos y universidades.
Este trabajo a tres manos da respuesta a algunas de las preguntas más apremiantes que se han planteado en los noventa años transcurridos desde el golpe de Estado de 1936, sin olvidar las causas subyacentes que derivaron en la fatídica contienda, pero tampoco sus consecuencias a posteriori. De hecho, la novela comienza casi noventa años después de la guerra, con un suceso que marcó un antes y un después: la salida del ataúd de Franco del Valle de los Caídos.
Pregunta: Empecemos por el propio titular: España partida en dos. ¿Esa fractura ideológica que abre la guerra se ha conseguido cerrar noventa años después?
Respuesta: Julián Casanova: En realidad, el libro en inglés, que es el original, lleva el título de La Guerra Civil Española. En turco es La Guerra Civil Española. En árabe, también, y España partida en dos era uno de los capítulos. Sin embargo, la editorial, en España, decidió que el titular debía ser ese cuando se publicó el ensayo, en 2013. Si lo hubiéramos cambiado en el cómic, hubiera sido un poco engaño, habría dado la sensación de que es algo nuevo en vez de una adaptación.
Dicho esto, creo que lo primero que hay que explicar es cómo surgen las guerras civiles, que siempre exigen tres cosas: una lucha entre Estado y sociedad, un territorio definido de combate y dos bandos armados (y que uno de ellos sea el gobierno). Es decir, tiene que haber una división de las Fuerzas Armadas y que la gente, que normalmente no tiene armas, las tenga. En España y Europa, la gente no está armada- Por eso, en Estados Unidos sería más sencilla una guerra, porque hay millones. Otra ventaja actual, es que aquí ningún Ejército está mostrando fisuras, pero, yo, que he vivido muchos años en Estados Unidos, creo que es increíble que los soldados hayan aceptado el plan incendiario de focos en el mundo por todas partes de Trump.
Con esto se rebate esa idea de que España siempre ha sido guerracivilista. Nos han querido convencer de que tenemos una especie de sangre dispuesta a la guerra y es absolutamente falso. La guerra no habría ocurrido sin el golpe de Estado y, de hecho, no se habría desencadenado si ese golpe hubiera triunfado.
Pero, volviendo a tu pregunta, creo que la gente se queda con lo España partida en dos o Las dos españas, y ya. La guerra hay que estudiarla de verdad y confrontarla libremente. El conflicto fue mucho más que violencia, hubo mucha gente esos años que, dignamente, luchaba por ideas en uno y otro lado. Y, además, para entender el trauma posterior, hay que pensar en dónde acabaron cada uno de los vencidos, que es una gran diferencia con otras dictaduras y otros países. No es lo mismo morir en el exilio que hacerlo en casa, o que hacerlo en casa 40 años después.
Yo valoro las grandes virtudes de este país, aunque algunos las vean como fracasos. La Transición, queramos o no, en su momento todo el mundo pensó que qué bien, que después de tantos años apareciera un sistema capaz de incorporar a todas las sensibilidades del país
Yo entiendo que se puede hacer una visión muy fácil de que hay dos Españas hoy en día, pero ¿dónde están? No hay una España diferente en Catalunya, en el País Vasco o en Galicia. ¿Cuántos países tienen cuatro o cinco idiomas oficiales? Esto Francia lo solucionó a la brava hace años afrancesando el país. Yo valoro las grandes virtudes de este país, aunque algunos las vean como fracasos. La Transición, queramos o no, le demos todas las vueltas que queremos, en su momento todo el mundo pensó que qué bien, que después de tantos años apareciera un sistema capaz de incorporar a todas las sensibilidades del país. Ahora, es cierto que nos está llegando una ola ultraderechista global, que va contra los derechos sociales, contra la diversidad y contra los migrantes, en un país que durante muchos años ha sido de emigrantes.
P: El libro termina con el retrato de los principales vencedores y vencidos de la guerra, ¿siempre tuvieron claro este final?, ¿por qué es tan importante dejar esto claro?
J. C.: El epílogo de España partida en dos es un balance final, una vez termina la guerra, pero también es una advertencia de que aquello duró cuatro décadas y de que los vencedores prolongaron y prolongaron lo que había pasado en la guerra durante mucho tiempo. Esto es algo que ya dejaba claro yo en el epílogo del libro hace mucho tiempo y era importante volver a resaltarlo en el cómic.
La gran excepción de la historia de España no son los años de batalla, sino las tres décadas de dictadura que sobrevivieron al año 45, porque si Franco hubiera desaparecido ese año, todo lo que sucedió en España habría sido lo mismo que sucedió en Europa. Pero la gran excepción es que, junto con los portugueses, nos perdimos esas tres décadas de democracia y eso marcó una sombra muy larga, con problemas de modernización, dejándonos fuera de la UE y todo ese tipo de cosas.
Esa larga sombra afectó a la educación y a las memorias. Lo que la gente ve ahora como que quieren remover las cunetas, pues esa misma gente no tenía ningún problema por tener el Valle de los Caídos grandioso con José Antonio y Franco dentro. Que fíjate lo que nos costó exhumar aquello, el lío que fue hasta que hubo alguien que puso un poco de gestión pública y autoridad y dijo: "Mira, esto lo vamos a hacer y, además, lo vamos a hacer a través de una ley".
La gran excepción de la historia de España no son los años de batalla, sino las tres décadas de dictadura que sobrevivieron al año 45
Todo esto es lo que explicamos tanto en el libro como en el cómic, que son dos cosas diferentes. Para mí este cómic es otra cosa que han creado entre Carlos y Miguel. Ellos dos han conseguido hacer un trabajo creativo que normalmente no se hace con los libros de historia.
P: Llama mucho la atención el proceso de adaptación al dibujo: la generación de ambientes, la forma de transmitir las emociones o el horror de la guerra y, en especial, la construcción de personajes como el de Franco, que aparece retratado de diferentes formas.
Carles Esquembre: Nos reunimos al principio Julián, Miguel y yo y dejamos claro que no queríamos que esto fuera una traslación literal, que la idea no era hacer un ensayo gráfico. Hubiera sido muy sencillo que Miguel hubiera hecho un resumen del libro de Julián y yo, a partir de esos párrafos, hubiera diseñado unas estampas bonitas, estéticas y ya. Pero aquí Miguel hace otra cosa, genera un diálogo alternativo que, a su vez, dialoga con el libro original, desde el rigor. Aparece cierta ficción en los personajes, por ejemplo, en algunos diálogos, o en la forma de introducir los capítulos, pero la esencia son los hechos.
Una cosa que hablamos antes de empezar a trabajar entre Miguel y yo es que era importante huir del concepto de epicidad. No queríamos recrear batallas de soldaditos pegándose tiros. Hemos preferido ir hacia un lenguaje más poético o simbólico, jugar mucho con la metáfora visual y, en ese sentido, Miguel escribió muchas escenas que a mí me daban un campo abierto, nunca mejor dicho, porque hay una escena donde se le pone una puerta al campo. A mí una de las cosas que más me gustan es trabajar con el símbolo, con los distintos códigos de lectura que puede haber en la interpretación y con la evocación.
De ahí la potencia y la fuerza visual que pueden tener algunos dibujos tratándolos desde el símbolo y no desde la literalidad. Podríamos perfectamente haber cogido fotografías reales y calcarlas. Además, son muy famosas y se reconocen fácilmente, pero no era esa la idea. A ello recurrimos en contadas ocasiones cuando la historia lo pide y es fácil diferenciarlo porque hasta en el marco de la viñeta hemos reflejado, con honestidad, el marco de una fotografía antigua. Pero, más allá de esos momentos, se han generado imágenes nuevas, incluso personales, que narran parte del libro, y detrás hay una labor de adaptación titánica.
J. C.: El tratamiento de Franco es muy específico. Casi tarantiniano. Hay un momento que Miguel dice: "Bueno, y volveremos a Franco después". O una escena en que saca una baraja de cartas y cada una de esas cartas representa a un general. Son libertades que en el ensayo no son posibles. Yo se lo digo muchas veces a los estudiantes, la diferencia entre Almudena Grandes y yo –siempre me acuerdo que se lo decía a ella, porque nos presentábamos los libros mutuamente– es que yo no puedo matar a Franco o a Hitler. En Malditos Bastardos, Tarantino puede matar a Franco, yo no.
P: ¿Ha habido algún episodio o parte del libro que haya sido más difícil de negociar?
J. C.: Yo recuerdo el capítulo del anticlericalismo, que fue el último que elaboré en el libro, por lo complicado que resultaba. En ese momento, yo tenía que explicar a un público extranjero, porque el libro primero fue en inglés, por qué se mata antes a un cura que a un propietario. A un cura que puede ser pobre o de zona rural se le mata antes que a un propietario, ¿por qué? Porque la Iglesia católica, que se supone que tiene que estar con el orden, es cómplice de la violencia desde el primer momento. Y todo esto que yo resumí en 30 páginas, que ya fue un tema tremendo, había que dejarlo en el cómic a unas 10-12.
Ha sido muy complicado, pero tiene mucha fuerza, porque lo planteamos como una ceremonia religiosa en la que van pasando cosas y se abre la reflexión que comentaba antes y cómo, a la larga, el anticlericalismo va a perjudicar tanto al bando republicano. Al final se acordarán los curas de lo que pasó, al final estarán las cruces en todos los cementerios, en todas las cunetas de las carreteras, en el Valle de los Caídos… Al final les recordarán que esta fue una cruzada contra la religión católica.
Y, bueno, es que el culto de la Iglesia católica a Franco es una cosa digna de estudio. En Italia del fascismo decían que esto es una "religión política". Esto mismo pasa en España y se refleja muy bien en el diálogo que mantiene con su hermano, que es su asesor político, es una Iglesia, en una de las escenas de Mientras dure la Guerra y que recogemos en el cómic. La idea de esa escenografía es explicar que, tras él, está la religión.
P: La conexión de la Iglesia con el franquismo es anterior y posterior a la guerra. Leyendo el libro, durante este capítulo y, en especial, en uno anterior que repasa la historia del anarquismo y el papel de la mujer en la contienda, me venían a la cabeza las víctimas del Patronato de la Mujer, mujeres ya muy mayores que han estado décadas luchando para que se las escuchara y se las reconociera como víctimas del franquismo.
J. C.: De hecho, muchos de los libros que se han escrito en las últimas décadas rescatando el papel de las mujeres, sus historias y el sufrimiento al que estuvieron sometidas durante la dictadura se han publicado en Crítica. Yo tengo un libro que se llama La Iglesia de Franco, publicado a principios de siglo, y yo te aseguro que nunca he tenido más problemas en mi vida de amenazas, de gente que me advertía que no me metiera por ahí…
Me di cuenta que escribir sobre el Ejército ya no era ningún problema, pero hablar de la complicidad de la Iglesia católica y poner el anticlericalismo también en el frente hería muchas sensibilidades. Por la importancia que esto tiene, cuando a mí me pidieron condensar la Guerra Civil para que la entendieran en el extranjero, yo sabía que era una parte importante que no podía quedarse fuera, que es esencial para entender la historia reciente de España.
Hablar de la complicidad de la Iglesia católica y poner el anticlericalismo en el frente hiere muchas sensibilidades
En cuanto al papel de la mujer, que es el gran tema de la República, ¿cómo resuelve Miguel esa cuestión en la novela gráfica? A través de ese diálogo entre dos generaciones, donde han cambiado mucho los derechos y las libertades. Y a partir de ahí se desarrolla toda la cuestión del Gobierno, que era complicada de condensar: que si Largo Caballero, Negrín, un consejo de Aragón, colectivizaciones… Todo esto lo resolvemos con una nieta curiosa, que le pide a su abuela que le cuente mientras sostiene una grabadora, y cuando termina le dice: "¿Sabes qué te digo? Creo que merece la pena que lo hayas grabado para que no se olvide nunca".
P: Uno de los capítulos habla de la lucha por la financiación de ambos Ejércitos. Las guerras se ganan en el plano económico, es algo que estamos viendo claramente estos días… ¿Qué papel jugó durante la Guerra Civil?
J. C.: La Guerra Civil costó aproximadamente lo mismo a los que ganaron que a los que perdieron, unos 700 millones de dólares. Parte de la financiación gubernamental vino a través del Banco Central, que llevó el oro a Moscú, esto es el famoso oro de Moscú. Los franquistas, una vez dieron el golpe, recurren a apoyos a través del comercio. De hecho, en el 45, cuando mueren Hitler y Mussolini, España aún está pagando los préstamos de la guerra.
Las guerras, en general, cuestan mucho dinero. La Primera Guerra Mundial, por ejemplo, les costó dos veces más a los ganadores que a los perdedores, porque en esa contienda a Alemania no la tocaron. Sin embargo, ¿cómo acaba la Segunda Guerra Mundial? Con Alemania arrasada, violando a mujeres por parte de las tropas soviéticas. Todo esto nos enseña que una guerra marcó la otra, porque las memorias existen y la historia existe, aunque haya gente que lo crea.
Hay personas que no se han dado cuenta de que Estados Unidos, aunque sea un país tan nuevo, tiene historia, hasta que ha llegado un señor como Donald Trump que intenta borrar todo lo que no le gusta de los últimos 150 años. Pero, como se diría en inglés, history matters a lot. La historia reciente quema, también en España, en el País Vasco, con los nacionalismos, con el franquismo… Quema porque hay mucha gente que lo vivió y a la que se lo contaron diferente.
P: El libro, como han destacado, quieren que llegue a nuevos públicos, en especial a la gente joven. ¿Cuesta llegar a las nuevas generaciones? ¿Tienen la sensación de estar perdiendo la batalla frente a las redes sociales u otros canales?
J. C.: Antes eran los antiguos franquistas los que compraban los ejemplares de Pío Moa para reafirmarse en sus ideas, frente a los historiadores rojos que habían llegado después. Actualmente es la gente joven a la que le venden el discurso revisionista y ya nadie compra a Pío Moa porque esto se soluciona a través de TikTok. Estamos en la era digital y yo estoy cansado de decirle a mis compañeros historiadores que esto nos obliga a difundir la historia de otra forma. Concretamente, este proyecto surge como iniciativa de la editorial, que dice: "Vamos a hacer un cómic también". Y si esto sirve para que los jóvenes aprendan o se interesen, yo encantado. De hecho, si mañana me dicen que hay que hacer una ópera, yo, adelante.
Estamos en la era digital y yo estoy cansado de decirle a mis compañeros historiadores que esto nos obliga a difundir la historia de otra forma
Yo espero que el libro tenga, en este sentido, un impacto, y creo realmente que lo tendrá porque Miguel y Carlos han hecho un trabajazo. Ya estoy recibiendo mensajes de profesores de secundaria que están interesados en incluirse en sus bibliotecas, desde Córdoba, Girona, Málaga… Creo que el impacto será gracias al trabajo que hagan ellos, que no lo tienen fácil.
Un profesor de instituto cercano me contaba hace poco que ha tenido que darse de baja y que ha perdido las ganas de dar clase. Él era de esos profesores que le echaban muchas ganas y creía que había conseguido aportar su pequeño granito de arena y generar un pequeño círculo de influencia entre sus alumnos y, de repente, se van un día de excursión, y se ponen en el autobús a cantar el Cara al Sol. Como broma, porque se está normalizando. Pero lo peor es que se reúne con los padres y no entienden cuál es la gravedad. A él le ha dejado destrozado y creo que ejemplifica muy bien el trabajo que tenemos que hacer. Por suerte a mí esto ya me pilla mayor.





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