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FEMENINO PLURAL De víctimas a supervivientes de maltrato

Hablamos con dos mujeres que han padecido malos tratos para saber cómo transformaron sus vidas, cómo pudieron salir de esa relación y empezar desde cero.

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Movilización contra la violencia machista.- EFE/Archivo

Es una tarea titánica, pero se puede detectar y se puede salir a tiempo. Muchas mujeres son víctimas de violencia machista pero también son supervivientes y han empezado sus vidas en libertad desde cero. Para conseguirlo hay que ser consciente y asumir que se está siendo maltratada y empezar a quererse, a pesar de que los agresores arruinan la autoestima de sus parejas.

Las fases del maltrato se repiten una y otra vez en un bucle hasta que, si se llega a tiempo, hay un punto de inflexión. Hablamos con una experta en violencia de género para que nos explique las fases por las que pasan las mujeres maltratadas y dos víctimas nos explican cómo han logrado sobrevivir y empezar una vida nueva.

Cómo detectar el maltrato

“Se empieza por una acumulación de tensión. Durante esta fase el maltratador se dedica, sobre todo, a minar la autoestima de la víctima”, comenta Pilar Rincón, experta en género. Para ello, esta especialista recuerda que hay varias formas para conseguir ese fin.

Uno de ellos, los cambios drásticos de humor que se producen en el maltratador. “Generan una sensación de inseguridad. La víctima es incapaz de identificar la causa del problema y cualquier comportamiento altera la conducta del agresor. En ese sentido, la reacción habitual es la de intentar contentar a la pareja, con el estrés y la ansiedad subyacentes al no poder controlar una situación que no tiene una explicación lógica”, argumenta Rincón.

Isabel López: "Asemejo sufrir violencia de género con vivir en esclavitud"

Es también el periodo donde el agresor se encarga de aislar a la víctima de su familia y amigos y logra convencerla de que él es la única persona que le ofrece apoyo. Según esta experta, “el resultado es una mujer completamente sola y anulada, que depende emocionalmente del agresor y que en la mayoría de los casos se encuentra sin recursos psicológicos para romper estos lazos de dependencia”.

Isabel López. “Desde el principio observas gestos y comportamientos que no te parecen normales, pero tu mente siempre les encuentra una justificación, llegando a culpabilizarte a ti misma de sus propias reacciones violentas. Supongo que se trata de un mecanismo de supervivencia que tu cerebro encuentra para poder soportar ese infierno en el que se convierte tu vida. Dejas de ser persona, nada te ilusiona ni te motiva, tu único objetivo es que él esté tranquilo y para ello te humillas y te denigras hasta donde sea necesario. Yo asemejo sufrir violencia de género con vivir en esclavitud. Tú eres la esclava y el maltratador es tu amo. No hay más”.

May SH. “Todo empezó poco a poco, con pena, sin agresividad, sin violencia, sin gritos ni peleas, sin acusar del todo. Solo eran preguntas o comentarios “inocentes”, según él, que entran desapercibidos, que se van acumulando y modifican tu comportamiento sin darte ni cuenta.... Yo no fui consciente de que eso era maltrato hasta un año después de terminar la relación. Algo me pasaba y yo no sabía qué. Estaba mal, no me veía capaz de hacer nada, solo sentía una tristeza y soledad inmensas. Dejé de maquillarme tanto. Deje de saludar de manera feliz y efusiva a mis amigos y amigas. Dejé de salir. Dejé de ser simpática. Dejé de ser amable. Dejé de ser feliz. Borré a mucha gente de Facebook y sus números de teléfono. Empecé a ser antipática y a perder amigos y amigas a consecuencia de ello. Empecé a creer que no valía para nada. Empecé a engordar y a sentirme mal conmigo misma. Empecé a caer mal a mis amigas y amigos. Empecé a sentirme sola y a estar sola.

May: "La autoestima se te baja a la suela de los zapatos y cada vez te la pisotea más"

Me ha costado muchísimo reconocerlo, no es fácil asimilar tal engaño, el sentimiento de culpa me invadió. ¿Cómo no lo vi? ¿Por qué yo? ¿Cómo pude ser tan tonta? Te cuestionas tu capacidad de detectarlo, empiezas a desconfiar de ti misma y en tu criterio. La autoestima se te baja a la suela de los zapatos y cada vez te la pisotea más. Empecé a ir a una psicóloga y ella fue la que me abrió los ojos. Ella y el feminismo. Comencé a leer sobre el tema y entonces poco a poco empecé a entender lo que me había pasado”.

Cómo salir de la explosión de la violencia

“La explosión suele ser la fase más breve y consiste en una agresión de carácter físico, psicológico o sexual”, explica Rincón. Según esta experta, como la mayor parte de la sociedad tiene asociada la violencia de género a la agresión física, también la mayoría de las víctimas toman conciencia de lo que está ocurriendo en esta fase, aunque muchas se siguen viendo responsables, tal y como su maltratador le traslada. Es el momento donde gran parte de las víctimas pide ayuda.

“En cualquier caso, casi todas las mujeres atraviesan, en primer lugar, una fase de culpa y vergüenza. La atención psicológica en esta fase es vital para comprender que se es víctima y no responsable de lo que ha pasado. La culpa del maltrato es del que maltrata, y cada mujer maneja tiempos diferentes para romper con una relación abusiva”, explica Rincón.

Isabel López: "Me golpeó con un palo de bambú por todo el cuerpo y luego intentó estrangularme"

Isabel López. Los maltratadores en general, son grandísimos manipuladores y crean una dependencia en ti a modo de Síndrome de Estocolmo. Yo sufrí palizas a partir de los tres meses de quedarme embarazada, acompañadas de un maltrato psicológico terrible. Aún así, nunca pude reunir el valor para denunciarlo. La noche de la última paliza, mi bebé de 18 meses estaba enferma con fiebre. Me golpeó con un palo de bambú por todo el cuerpo y luego intentó estrangularme. Pensé que me mataba definitivamente y que mi pequeña no tendría a nadie que la protegiera entonces. Fue un milagro. Logré zafarme e instintivamente marqué el 016. Aún así, cuando la guardia civil llegó a casa a socorrerme y llamaron a un ambulancia, tuvieron que convencerme para que denunciara.

May SH. Esa relación la terminé porque me dí cuenta de que era una relación tóxica, aunque no fuera consciente del maltrato. Sí vi que él era demasiado celoso y eso no iba a mejorar. Perdí el interés en él, no me apetecía verle. Sacaba lo peor de mí. Durante toda la relación intentaba comprender sus celos y ayudarle, jamás me planteé que fuera un maltrato. Mi educación, la sociedad en general, me ha hecho “elegir” ciertos hombres. Porque creía que no merecía más o porque nadie me enseñó primero a quererme a mí misma. Una psicóloga me dijo una vez que puedo elegir de quien enamorarme y me sorprendió muchísimo, no la creía, pero os aseguro que es verdad. En cuanto te valoras y empiezas a quererte ves a las personas venir de lejos y en cuanto detectas ciertos comportamientos huyes sin darte ni cuenta, al menos es lo que me pasa a mí”.

Cómo dar el paso para ser superviviente

Luego llega la etapa de luna de miel, donde el agresor pide disculpas a la víctima. “Esto provoca todavía más confusión en la mujer, que puede llegar a creer que ella misma ha provocado la agresión. Así que tenemos a una mujer emocionalmente anulada, psicológicamente dependiente, y muy probablemente con hijos a su cargo frente a un hombre que la ha agredido física, psicológica o sexualmente y que ahora jura que no volverá a pasar. El resultado es obvio: la mayoría vuelve a dar una segunda oportunidad, y una tercera, y una cuarta…”, argumenta Rincón. En el caso de volver, las agresiones no tardarán en aparecer y cada ciclo se repetirá de forma más corta. Es el momento de buscar redes de apoyo y reconstruirse.

Isabel López. Tras la denuncia, pasé del maltrato en casa a un calvario judicial del que todavía, y a pesar de que han transcurrido ya más de cuatro años, aún sufro. La violencia institucional puede ser aún más cruel que el propio maltratador, porque en ella esperas amparo. A pesar de haber sido condenado el maltratador a ingresar en prisión (tras largos años de batalla judicial) le perdonan la cárcel y le conceden un régimen de visitas más amplio que a cualquier buen padre de familia. Siento que la única condenada he sido yo. Condenada a vivir con la angustia de tener que entregar a mi hija sin saber si me la devolverá sana y salva. Mientras no se prohíba el régimen de visitas de los menores a los maltratadores, la Justicia sigue entregando al maltratador, el arma más poderosa que tiene para seguir maltratando a la víctima: sus hijos e hijas. Así continúa el maltrato de por vida. Por ello, me hallo estudiando Derecho, a pesar de ser ingeniera, porque quiero luchar desde dentro, para cambiar esta justicia patriarcal que ampara a los maltratadores y criminaliza y condena a las víctimas.

May SH. “Encontré otra vez mi camino con nuevas metas. Centrarse en el futuro es lo mejor. Va muy lento. Por eso el apoyo externo es crucial. Si no tienes a nadie que te diga que tú puedes, no empiezas a intentarlo porque de primeras te sientes incapaz de hacer nada bien. Es muy importante marcarse metas pequeñas, fáciles y a corto plazo, para ir viendo que puedes. Llega un momento en el que empiezas a reconocer tus logros, a valorar tu esfuerzo y pierdes el miedo a fracasar. Mi primera meta fue estudiar un ciclo formativo. Eso fue increíble para mí, supuso un gran paso a donde estoy ahora. Ahora soy muy feliz. Me siento más fuerte que nunca y me quedo con lo bueno de todo esto, que es que va a ser muy difícil, por no decir imposible, que me vuelva a pasar algo así o parecido. Ahora tengo el control de mi vida, no necesito la aprobación de ningún hombre para sentirme querida, tengo mucha gente a mi alrededor que me quiere y lo más importante es que yo me quiero y me respeto a mí misma lo suficiente para no volver a caer en este tipo de relaciones. El maltrato psicológico existe y es tan devastador como cualquier enfermedad mental. La educación, que es la base fundamental para que esto no ocurra”.

Sobrevivir al maltrato y, sobre todo, vivir

Para muchas mujeres tras la relación de maltrato empieza una batalla judicial que puede alargarse años, con el desgaste físico y mental que conlleva, que le hace declarar y revivir parte de esas vivencias. Sin embargo, la mayoría de las mujeres experimentan inmediatamente después el bienestar emocional de saberse liberadas.

Para Rincón, “la sensación se transforma y dejas de ser víctima para ser superviviente. Has sobrevivido, has conseguido salir de la espiral del maltrato, y puedes rehacer tu vida. La vergüenza y el miedo desaparecen. En esta fase es vital centrarse en una misma y comprender que lo que te ha pasado no es tu culpa, que es una gran victoria salir de una experiencia así y volver a estar, como siempre, entera”.