De 'Gran Hermano' a 'La Isla de las Tentaciones': ¿y si los 'reality-shows' tradicionales ya no son una apuesta segura?
El formato de telerrealidad clásico se adapta a nuevos hábitos de consumo televisivo, entre el desgaste del formato lineal y el auge de los 'clips' virales.

Lara García Rodríguez
Madrid-
El estreno de Gran Hermano un 23 de abril del año 2000 marcó un hito en la cultura televisiva española y el programa se convirtió en un fenómeno imparable. Millones de espectadores seguían a diario la vida de un grupo de desconocidos encerrados en una casa, convirtiendo el formato reality en lo que parecía una apuesta casi segura para las cadenas.
Dos décadas después, formatos como La Isla de las Tentaciones siguen captando la atención del público, aunque la fórmula comienza a mostrar signos de desgaste. Algunos medios especializados en audiencias atribuyen picos significativos al programa durante el último mes, pero la audiencia estable es mucho menor que la que mantenía GH en su época dorada.
'Gran Hermano' enfrenta su caída
El desplome de audiencia de la última edición de Gran Hermano ya no admite dudas. Telecinco anunció recientemente la cancelación del late night del miércoles y de otros dos programas satélite: GH: Última Hora y GH: La Casa en Directo. Estas bajas se suman a la eliminación previa de GH: La Vida en Directo, apenas tres días después de su estreno.
Aunque GH 20 se estrenó líder con un 15,8% de cuota de pantalla, no evitó firmar el peor arranque en toda su historia y está cosechando unos datos que están muy por debajo de lo que se espera de su formato. Lo que hasta hace unos años era un fenómeno de masas que dominaba la parrilla, ahora refleja tanto el desgaste del modelo como los cambios en los hábitos de consumo televisivo.
Este declive podría ser producto de un cambio estructural en la forma en la que consumimos televisión. Según el reporte de la Unión Europea de Radiodifusión (UER/EBU), el descenso de la televisión lineal, especialmente entre los jóvenes, es el culpable de que se resientan todos los formatos convencionales, incluido el reality-show.
Lo cierto es que el fenómeno de telerrealidad que ha dominado el prime time del país da paso a un producto que lucha por mantenerse relevante en un panorama donde la audiencia ya no solo mira el contenido: lo compara, lo comenta y, sobre todo, lo comparte en otros escenarios fuera del televisor.
Sube la apuesta por 'La Isla de Las Tentaciones'
Mientras tanto, Telecinco ya prepara la décima edición de La Isla de Las Tentaciones que empezará a grabarse en enero de 2026, adelantándose varios meses al calendario habitual. Con este movimiento, Mediaset refuerza su prime time con un formato que ha generado buenos resultados y notoriedad mediática en los últimos años.
El contraste entre sus dos realities de referencia evidencia un cambio en el entretenimiento televisivo: la telerrealidad tradicional pierde fuelle, mientras que los formatos que generan conversación en redes sociales parecen tener más capacidad de supervivencia.
Tanto es así que La Isla de Las Tentaciones usa la lógica del clickbait a su favor en la difusión de muchos de sus contenidos, como cuando una discusión entre participantes se edita y lanza como clip en redes sociales, aprovechando un gancho emocional. Si ese fragmento se viraliza y genera miles de comentarios, podría convertirse en tendencia y provocar que muchas personas que no siguen el programa terminen viendo en reality para saber "qué pasa después".
¿Qué ha cambiado en los 'reality-shows'?
Frente a un formato que garantizaba espectadores estables durante toda la emisión, la nueva telerrealidad genera momentos virales que circulan en redes sociales. Su impacto se mide por picos de audiencia en escenas concretas que se comentan en memes, clips y debates digitales. Y todo se traduce en menos señal 24 horas, más fragmento corto y debate digital, donde la atención es intensa pero efímera.
En 2011, un artículo publicado en la revista Comunicación. Revista Internacional de Comunicación Audiovisual, Publicidad y Estudios Culturales ya señalaba este fenómeno: que los reality-shows estaban perdiendo fuerza como generadores de grandes audiencias. La proliferación de este tipo de programas habría provocado una "pérdida de singularidad del género" y se observó una tendencia creciente a producir programas de telerrealidad más especializados para dirigirse a audiencias más segmentadas, lo que se traduce en una menor fidelidad generalizada.
'Love Island' y el nuevo paradigma
El engagement en redes es predictor de picos de audiencia cuando los clips se comparten y comentan de manera masiva, llegando a viralizar algunos contenidos de ciertos programas. Las redes sociales han alcanzado un papel tan importante en las audiencias que ya forman parte de la estrategia de marca de muchos programas, especialmente en formatos de telerrealidad.
Uno de los máximos exponentes del uso de la viralización como parte de su estrategia fue Love Island: un programa que saltó a las pantallas de medio mundo en 2018 y se consagró como referente en el subgénero de los reality-shows que explotan las relaciones afectivas de sus participantes —exactamente igual que La Isla de Las Tentaciones—.
Para algunos autores, Love Island se ha servido de esta cultura participativa para mejorar sus datos de audiencia y, aunque efectivamente este movimiento le ha servido en su cometido, en algunos casos las comunidades de fans han aprovechado la conectividad de las redes sociales para aunar recursos y, eventualmente, presentar exigencias ante la producción de los programas. Este tipo de comportamientos son señal de un cambio de paradigma en la relación entre los productores de televisión y las audiencias, tal y como refleja el artículo Love Island, redes sociales y vigilancia: nuevas vías para la interacción con la audiencia.
En este sentido, más allá de mantenerse en pantalla, el líder en audiencia podría ser quien "trasciende" mejor el episodio y consigue seguir vivo en la conversación social, convirtiendo las redes en un amplificador de audiencia tan poderoso como impredecible, donde el interés se dispara, pero se renueva o se agota mucho más rápido que en la televisión tradicional.

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