¿Qué hay detrás del absentismo escolar en Catalunya?
Según la Encuesta de Población Activa, Catalunya tiene un 13,5% de abandono prematuro de los estudios y un 12,5% de los alumnos no continúa estudiando después de la ESO.

Barcelona--Actualizado a
Un alumno no deja la escuela de un día para otro. Normalmente suele haber una serie de señales de alarma: llega tarde de manera recurrente, se marcha antes de tiempo, deja de entregar tareas, pierde el interés por las clases o empieza a desconectar progresivamente del centro educativo. El absentismo puede ser, más que una acumulación de faltas, el primer aviso de que una trayectoria educativa se está rompiendo.
Esta es una de las principales conclusiones del informe de equitat.org (antes conocida como Fundació Bofill) sobre absentismo escolar. La entidad señala que el fenómeno debe entenderse como un proceso gradual de desvinculación educativa que puede ir desde la desmotivación y las ausencias puntuales hasta las ausencias reiteradas y, en los casos más graves, el abandono prematuro de los estudios.
El problema es que Catalunya no dispone de un sistema homogéneo que permita saber con precisión cuántos alumnos se encuentran en esta situación. El absentismo no tiene un registro oficial equiparable al que existe para medir el abandono escolar prematuro. El sistema educativo catalán depende de la prueba internacional para saber si los alumnos van a clase. Por ello, la exclusión de PISA 2025 ha hecho este vacío aún más visible. A nivel estatal, ha habido un repunte de las ausencias, pero Catalunya no puede saber si está pasando lo mismo.
Según la Encuesta de Población Activa, en Catalunya, un 13,5% de los jóvenes abandona los estudios antes de tiempo y un 12,5% del alumnado no continúa estudiando después de 4º de ESO. Entre los jóvenes más vulnerables, la proporción casi se triplica. El informe sitúa estos datos en un contexto en el que Catalunya continúa por encima del umbral del 10% de abandono escolar prematuro establecido por la Unión Europea.
Según los últimos datos disponibles de PISA, recogidos en el informe de 2018, más del 34% de los estudiantes catalanes había faltado al menos un día a clase durante las dos semanas anteriores a las pruebas. Un 28,1% había faltado uno o dos días y un 6,7% lo había hecho tres días o más. Solo el 65,2% declaraba haber asistido todos los días, frente al 70,4% de media del conjunto de comunidades autónomas analizadas. La etapa con más absentismo es la postobligatoria, y donde tiene más incidencia es en los ciclos formativos de grado medio.
Cuando el absentismo deja de ser solo una falta
El absentismo no tiene una única causa. El informe lo presenta como un fenómeno multicausal en el que intervienen factores personales, familiares, escolares y contextuales. Pueden influir las dificultades de aprendizaje, la desmotivación, el malestar emocional, los conflictos, el acoso, experiencias reiteradas de fracaso escolar o la percepción de que lo que se está estudiando no tiene sentido. También intervienen las dificultades económicas y familiares, las responsabilidades de cuidado o determinadas situaciones de vulnerabilidad.
Por ello, el informe evita hacer una lectura que reduce el absentismo a una cuestión de disciplina individual. El nivel socioeconómico es un factor de riesgo, pero no determina por sí solo la trayectoria de un alumno. El clima escolar, las metodologías, las políticas socioeducativas y la capacidad del sistema para detectar y acompañar las dificultades también tienen un papel relevante.
Experiencias locales
Ante el absentismo, los municipios han ido desarrollando diferentes mecanismos de intervención. El informe recoge experiencias locales que han intentado dar una respuesta coordinada, con la participación de los centros educativos, los servicios sociales y otros agentes del territorio.
Girona, por ejemplo, dispone desde 2009 de una comisión estable de absentismo en la que participan diferentes agentes educativos y sociales. Castelldefels ha desarrollado intervenciones a escala de aula, centro y comunidad. En Badia del Vallès se han impulsado mecanismos para detectar situaciones de desconexión y una herramienta digital para registrar ausencias y coordinar las actuaciones.
La continuidad de los planes locales de absentismo, los equipos profesionales y los recursos disponibles no son iguales en todas partes. El resultado es una respuesta territorialmente desigual ante un problema que afecta al conjunto del sistema educativo. El informe de Equitat.org plantea precisamente pasar de las experiencias fragmentadas a una política pública de país.
Cinco cambios
La primera propuesta que hace equitat.org es saber exactamente de qué se habla cuando se habla de absentismo y disponer de datos comparables. Propone crear un sistema unificado de indicadores de riesgo y de recogida de información. Esto implica homogeneizar las definiciones y distinguir entre ausencias justificadas y no justificadas, pero también entre ausencias puntuales y situaciones estructurales. El objetivo es disponer de indicadores comunes tanto sobre los resultados —asistencia, continuidad educativa o inserción posterior— como sobre los procesos de intervención.
La entidad también plantea una herramienta digital compartida entre los centros educativos, los servicios municipales y el Departament de Educación, conectada con los sistemas ya existentes. La propuesta es que los datos permitan seguir las trayectorias educativas y detectar antes las situaciones de riesgo.
Esta recogida debería ir más allá de la escolarización obligatoria. El informe defiende incorporar también las etapas postobligatorias, los PFI y los CFGM, así como indicadores que permitan identificar factores de desconexión entre adolescentes y jóvenes, como la desmotivación, la presión del grupo o el malestar emocional.
La segunda línea es evaluar qué funciona y qué no. Equitat.org reclama un sistema de seguimiento de los datos y una evaluación periódica de los Planes Locales de Absentismo con criterios homogéneos y comparables. Para hacerlo posible, también propone reforzar la capacidad de análisis de los profesionales mediante formación y apoyo técnico.
La tercera es coordinar mejor los servicios. El absentismo puede afectar simultáneamente a la escuela, los servicios sociales, la familia, los servicios de salud y otros recursos comunitarios. El informe plantea protocolos consensuados que definan las responsabilidades de cada agente y establezcan circuitos claros de actuación, derivación y seguimiento.
La cuarta pasa por construir una red territorial de recursos y segundas oportunidades. Esto implica saber qué servicios educativos, sociales, sanitarios, comunitarios y laborales hay disponibles en cada territorio y garantizar que los jóvenes puedan acceder. La entidad defiende itinerarios flexibles, becas y ayudas, programas de formación e inserción laboral y, sobre todo, un acompañamiento personalizado con un profesional de referencia.
Y la quinta propuesta se sitúa en el paso de una etapa a otra. Por ello, Equitat.org propone entender las transiciones educativas como procesos que deben ser acompañados. Reclama circuitos para derivar a los alumnos y transferir información entre etapas, identificar los recursos de formación postobligatoria y reforzar la conexión con escuelas de adultos, programas formativos y otros mecanismos de segunda oportunidad.
Una responsabilidad compartida
El informe distribuye las responsabilidades entre las diferentes administraciones. A la Generalitat le correspondería asumir el liderazgo normativo y técnico, establecer el modelo, garantizar la estabilidad y definir los marcos comunes de detección, intervención y transición.
Los municipios, por su parte, deberían tener el papel de coordinar los servicios, mapear los recursos, garantizar los profesionales de referencia, activar las redes comunitarias y hacer el seguimiento de los casos. Todo ello con el objetivo final de actuar antes de que la ausencia se convierta en desvinculación y antes de que la desvinculación acabe convirtiéndose en abandono.


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