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Cuando el hospital es el último recurso para los adolescentes que se quieren morir

En sus primeros seis meses de funcionamiento, unos 80 pacientes han ingresado en la planta psiquiátrica infantil de Vall d'Hebron, la primera en Barcelona ciudad

Entrada al hospital pediátrico de Vall d'Hebron. Joanna Chichelnitzky

Emma Pons Valls

Lola lleva algo más de una semana durmiendo fuera de casa. Tiene 14 años, es del barrio barcelonés de Canyelles y está ingresada en la nueva unidad de salud mental pediátrica del Hospital Vall d'Hebron.

Inaugurada en abril, tiene ocho camas y es la primera situada en Barcelona ciudad. Hasta ahora, los adolescentes de la capital catalana debían desplazarse a hospitales de los alrededores, como el Sant Joan de Déu (Esplugues de Llobregat) o el Parc Taulí (Sabadell), entre otros.

Una de les habitaciones en la planta de salud mental infantil de Vall d'Hebron. Joanna Chichelnitzky
Una de las habitaciones en la planta de salud mental infantil de Vall d'Hebron. Joanna Chichelnitzky

Lola (nombre cambiado para preservar su identidad) explica que está "muy cómoda", aunque el hecho de que sean pocos pacientes la obliga a relacionarse y eso le cuesta porque es tímida. Ingresó por un malestar emocional que fue aumentando hasta que lo único que quería era morirse. Actualmente se recupera, acompañada de los tres psicólogos y los tres psiquiatras de la planta.

Lola, durante la entrevista. Joanna Chichelnitzky
Lola, durante la entrevista. Joanna Chichelnitzky

El suyo es uno de los perfiles más habituales de ingreso en esta unidad, abocada a tratar a adolescentes que se autolesionan, que se han intentado suicidar o que sufren un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA). Son conductas que han aumentado en los últimos años: según un estudio de la Generalitat de 2022, al menos uno de cada cuatro adolescentes catalanes se ha autolesionado y cerca del 45% han tenido pensamientos suicidas.

La unidad está abocada a tratar a jóvenes que se autolesionan, que se han intentado suicidar o que sufren un TCA

"Son casos que no deberían ingresar porque debería haber recursos para evitarlo, pero la falta de respuesta hace que muchas patologías que podrían haberse parado antes no lo hagan", indica el psiquiatra Marc Ferrer, jefe de Hospitalización del Servicio de Psiquiatría del hospital.

Casos más clásicos de las plantas psiquiátricas, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, son un porcentaje menor entre los cerca de 80 pacientes que ya han pasado por la unidad.

Mientras sigue el tratamiento, Lola dibuja y escribe. Su cajón, en una habitación neutra, sin estímulos ni materiales que puedan servir para hacerse daño, está lleno de manga. También le gusta ir al huerto que tienen en el hospital y que les sirve para hacer terapia ocupacional.

Lola, durante la entrevista, en su habitación. Joanna Chichelnitzky
Lola, durante la entrevista, en su habitación. Joanna Chichelnitzky

Los ocho pacientes conviven y tienen una rutina, que incluye unas horas de aula con una profesora, terapia grupal y tiempo para visitas y salidas, además de las sesiones personalizadas. Las habitaciones son individuales y algunas de dos camas. Se elige muy bien la compañía y se evita que los adolescentes generen vínculos que pervivan más allá del hospital: "No es una base sólida de recuperación, porque el tema de la relación es la enfermedad", apunta la psiquiatra Monica de Chiara, coordinadora de la unidad.

Los pacientes no tienen acceso ni al móvil ni a las redes para desconectar del malestar

También hay una restricción total de móviles y otros dispositivos, y una política de "redes cero" destinada a limitar el contacto con el exterior: "Aquí vienen a hacer una recuperación". Aunque la planta se dirige a población de 0 a 18 años, la mayoría de los pacientes tiene entre 14 y 16. "La adolescencia magnifica los síntomas", aclara de Chiara.

Una de las habitaciones dobles. Joanna Chichelnitzky
Una de las habitaciones dobles. Joanna Chichelnitzky

Enganchados a las autolesiones

El malestar emocional que sienten la mayoría de los jóvenes ingresados se extiende entre el 20% y el 38% de adolescentes en el Estado, según una encuesta de UNICEF España. Es este malestar el que, sin atención preventiva, en algunos casos conduce hacia conductas de riesgo como las autolesiones y los intentos de suicidio. Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) también están vinculados, representando aproximadamente un tercio de los ingresados en la planta.

"Nos llegan muchos adolescentes que se han enganchado a las autolesiones, cómo se han enganchado a los porros, al alcohol o a lo que sea", explica el psiquiatra. Y es que esta conducta se utiliza como mecanismo para calmar las emociones negativas.

Los nombres de algunos de los pacientes, en la pared. Joanna Chichelnitzky
Los nombres de algunos de los pacientes, en la pared. Joanna Chichelnitzky

A medida que se repiten las autolesiones, aumenta "muchísimo" el riesgo de suicidio. "El momento en el que se pasa de la autolesión no suicida a la suicida, nadie lo sabe", señala Ferrer. Un dato impactante extraído del propio estudio de la Generalitat es que los intentos de suicidio entre chicas han aumentado un 195% en los últimos años.

A medida que se repiten las autolesiones, aumenta "muchísimo" el riesgo de suicidio

Pero ¿a qué se debe ese malestar creciente? El psiquiatra Marc Ferrer apunta que la inmediatez en la que vivimos, alimentada por la tecnología y las redes sociales, ha contribuido a una "desregulación emocional" ante la que el cerebro de los adolescentes todavía no tiene herramientas. Por eso es más habitual que "se desborden" y su salud mental se resienta.

El psiquiatra remarca que España cuenta desde el año pasado con la especialización de Psiquiatría Infantil, un paso que significa la equiparación con la mayoría de países del entorno y que confía que permitirá atender mejor las nuevas necesidades en salud mental.

El pasillo de la planta pediátrica de salud mental. Joanna Chichelnitzky
El pasillo de la planta pediátrica de salud mental. Joanna Chichelnitzky

"Hemos pensado mucho en nosotros y hemos pensado, con cerebro adulto, que les podíamos dar móviles, que les podíamos exigir, que nuestros hijos podrían ser 'supergenios' a los 13 o 14 años... Pienso que les hemos hecho crecer demasiado rápido", resume el psiquiatra.

Después de que algunos institutos prohibieran los móviles este curso en Catalunya, el uso de las pantallas está en debate y los expertos alertan sobre la adicción de los adolescentes a la tecnología. Cada vez más voces reclaman restringir la edad a partir de la cual los niños tienen acceso ilimitado a los móviles, un factor que se relaciona con la "inmediatez" de la que habla Ferrer.

La sala común. Joanna Chichelnitzky
La sala común. Joanna Chichelnitzky

Sin lista de espera y con "boom" de demanda

La planta no funciona con lista de espera y los ingresos se deciden a través de las urgencias que les llegan. De Chiara reconoce que hay un "boom de demanda" y a veces todavía hay que derivar a los pacientes a recursos de fuera de Barcelona. Además de las ocho camas, la planta cuenta también con cinco plazas de hospital de día.

La mayoría de pacientes están atendidos en recursos comunitarios como los Centros de salud mental infantil y juvenil (CSMIJ), pero cuando hay una crisis más fuerte, una descompensación u otras situaciones graves, es cuando ingresan.

El objetivo es hacer ingresos breves para que no creen dependencias

El comedor de la planta pediátrica de salud mental. Joanna Chichelnitzky
El comedor de la planta pediátrica de salud mental. Joanna Chichelnitzky

"Es como si fuéramos la UCI", apunta la coordinadora de la unidad. Con el ajuste de la medicación, nuevas pautas y apoyo terapéutico, la mayoría en 15 días son dados de alta para volver a su entorno habitual.

El objetivo es hacer ingresos breves para que no se creen dependencias en una edad en la que se está formando la propia identidad: "Es una planta donde les cuidamos mucho, no hacemos contenciones mecánicas, tenemos soluciones tecnológicas para poder trabajar con ellos. Esto es agradable", señala Ferrer.

Una imagen de la sala común donde se pueden proyectar paisajes con realidad virtual. Joanna Chichelnitzky
Una imagen de la sala común donde se pueden proyectar paisajes con realidad virtual. Joanna Chichelnitzky

Por eso, lo que buscan es devolverlos al entorno, a la escuela, la familia y las amistades, con quienes poder ir recuperándose mientras siguen programas a nivel ambulatorio para hacer una "reeducación emocional" y aprender a gestionar las emociones de forma distinta.

El hospital ha aprovechado que es una nueva unidad para invertir en tecnología puntera con fines terapéuticos, como la realidad virtual. La sala polivalente, utilizada tanto como aula como comedor, tiene un proyector que en pocos segundos la convierte en una playa paradisíaca de Bahamas, un mercado lleno hasta arriba o el fondo marino.

El bautizado como "Espai Blau" es una pequeña sala con luces de colores ajustables donde los adolescentes se pueden desahogar libremente en momentos de angustia. Con las paredes acolchadas, todavía muestra las señales de una de las últimas crisis de un paciente, que arrancó parte de la tela de la puerta.

El conocido como 'Espai Blau', donde los pacientes se calman en momentos de angustia. Joanna Chichelnitzky
El conocido como 'Espai Blau', donde los pacientes se calman en momentos de angustia. Joanna Chichelnitzky

La importancia de la prevención

Los profesionales remarcan que el hospital es el último recurso para atender a estos jóvenes y por eso es necesario reforzar el trabajo de prevención, clave para evitar que la salud mental de niños y adolescentes empeore.

Una de las principales preocupaciones es que, debido a la saturación de los servicios, las primeras visitas se están demorando mucho. Esto no permite un buen abordaje porque significa, por ejemplo, que los jóvenes acaban acudiendo primero a Urgencias. "Es empezar la casa por el tejado", lamenta la coordinadora.

La demora en las primeras visitas de salud mental complica la atención precoz

"Un buen abordaje incipiente y la disminución de los reingresos significa una mejor calidad de vida en la edad adulta", añade de Chiara. Marc Ferrer reconoce que la Generalitat ha sacado adelante numerosos programas en los últimos cinco años y que esto puede ayudar a compensar: "Todo está claramente orientado a la prevención, a evitar que estos chicos y chicas se acaben complicando tanto como lo están haciendo ahora".

Más allá del abordaje en los recursos de salud mental, el rol de escuelas y familias es básico y el psiquiatra apunta que "asignaturas de educación emocional o de uso adecuado de las redes sociales" son medidas "eficaces" de prevención.

El teléfono de atención gratuito del Gobierno para personas con pensamientos suicidas es el 024, operativo las 24 horas del día y los 365 días del año. El Ayuntamiento de Barcelona también cuenta con el teléfono 900 925 555 para la prevención del suicidio.

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