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Ibra Niang, pintor de la migración y la memoria

El senegalés, que vino en patera en el año 2019, se busca la vida como artista en Lepe. Tiene una obra muy personal, única.

Ibra Niang, pintor.
Ibra Niang, pintor, posa junto a dos de sus cuadros, uno que representa una aldea senegalesa y otra una ciudad europea. Raúl Bocanegra

En su habitación, en Lepe (Huelva) –tierra de migrantes– hay una manzana pintada por él mismo, un lienzo por completo morado que cuelga de la pared. Sobre la mesa, botes de pintura acrílica estrujados. Un pequeño caballete de madera. Al lado, la cama. "El acrílico no tiene problemas de olores ni de química", dice.

Hace calor, mucho calor. Es julio. Ahí, en su habitación pinta cuadros en las noches de verano Ibra Niang (nacido en Dahra Djolof, Senegal, en 1987). Se acostumbró a pintar de noche cuando vivía en las chabolas de Lepe. "Mucho calor, no puedes pensar bien. No puedes pensar. Son horas muertas. En Senegal hace calor también. Hay que aguantar. La vida no es fácil. Hay un tiempo mejor, hay un tiempo peor. Es la vida y no siempre está bien", dice.

Niang, que llegó a España, según cuenta, tras un viaje en patera junto con otras 32 personas desde Marruecos a Canarias que duró cuatro días y se inició el 22 de noviembre de 2019, se ha convertido en un pintor de la migración y la memoria. En sus cuadros, pintados con un estilo personal, único, aparecen las coloridas barcas de pesca –gaal en el idioma uolof– de su país bajo las nubes blancas y densas como espuma de las olas; la isla de las serpientes frente a Dakar iluminada por la luna; las chabolas de Lepe; una reunión de mujeres; un pueblo africano "como era antes", antes de internet; las medicinas, este último pintado tras la pandemia –"son muy buenas", dice–, son algunos de los temas de sus cuadros, que a finales de julio han estado expuestos en Villablanca (Lepe) y que se pueden ver en esta cuenta que Niang tiene abierta en Instagram.

"Puedes pensar en un avión, un árbol, una patera en un papel. Antes pienso bien lo que voy a pintar, luego lo veo, lo miro, puedo pensar más cosas para dibujar. Antes de terminar aparecen más ideas", dice, sobre su pintura. "Para hacer un cuadro, depende, puedo tardar dos-tres-cuatro-cinco días, si es grande. Uno pequeño, dos días", añade.

"Hay algún cuadro –prosigue– que antes pinto con lápiz, otros solo con los botes directamente. Hay muchas ideas dentro del arte. Hay muchas técnicas. Hay que pintar hasta que tengas una pintura buena", dice. "Mezcla de colores, mezclas siempre, la luz, la sombra, la sombra, la luz siempre, perspectiva, una parte de la casa más lejos la sombra, más cerca la luz. Si no sabes eso, no puedes dibujar correcto".

Niang cojea. Tiene una lesión –una enfermedad a la que se añadió un accidente– en la pierna izquierda que le impide caminar con normalidad –la mueve prácticamente estirada cuando avanza– y también ejercer de jornalero a pleno rendimiento, como ha comprobado ya. Hace unos trece-catorce años –Niang dice que no lo recuerda exactamente–, cuando volvían de una jornada de pesca en Kayar, el pueblo de Senegal en el que se ganaba la vida antes de decidirse a cruzar el océano y dejar a esposa y dos niños hasta que pueda asentarse, dice, y traerlos con él, la barca, el gaal, se le cayó encima y le quebró los huesos.

Ya no podía pescar –el asunto requiere cierta fuerza y agilidad y con la pierna hecha polvo no era posible, cuenta Niang a Público– y aprendió las técnicas para pintar los gaal de colores vivos, brillantes, vitales, en el estilo de Kayar. "Me hice pintor en mi chabola. Por la noche puedes pintar mientras los demás duermen. Compré una lámpara en el chino para poder pintar. Estoy todo el tiempo pintando. En Kayar hay gente que pinta, pero que pinta, no dibuja, pintan los gaal, las paredes, pero no cuadros. En Mauritania [por donde pasó en su viaje hacia España] pintaba en hojas. Hacen falta muchos años para aprender, muchos dibujos", dice.

Niang ha pintado un cuadro llamado Naufragio de patera africana. Es una barca de pesca, a la que una ola derrumba por la noche. Delante de la pintura, en Villablanca, Niang explica: "Donde yo vivía hay grandes olas, si no se sabe bien puede caerse. Así fue mi accidente, siempre yo trabajaba como en esa patera, barcas de unos 7 metros. El mar es peligroso, al salir o al entrar. Por la noche puede caerse muy rápido".

Dinero, trabajo, papeles

Cuando llegó a España, fue a la busca de su hermano, jornalero, con quien ahora convive. "No puedes ganar dinero sin trabajo. Mi hermano me ha ayudado". Al principio, Niang lo intentó con el arándano, estuvo dos meses, mientras vivía en las chabolas, que también ha pintado en sus cuadros –"la vida en el chabolismo no es fácil. Me acuerdo bien"–, dice, pero la pierna le impedía trabajar como los demás. La presión del manijero estaba ahí, el número de cajas, el número de cajas. Así que decidió hacer lo que sabía: pintar. "Cogí arándanos para comprar pinceles y pinturas. Ahora solo pinto y estudio español". Lo entiende muy bien. Le cuesta aún utilizar correctamente los tiempos verbales, pero sostiene una conversación con facilidad y fluidez.

No gana mucho dinero con la pintura, dice. De vez en cuando vende algunos cuadros, –a 40-50-150-200 euros, según el tamaño y el cliente– y lleva una vida austera y muy frugal. El comedor social de Lepe, que ha llevado Mamá África, una colombiana risueña a la que los jornaleros que van a diario llaman por ese nombre –enlace–, ha solventado muchos almuerzos.

Niang poco a poco, pincelada a pincelada, va trabajando y haciéndose un pequeño hueco. Ha expuesto cuadros en Sevilla y Barcelona, le han llamado de Jaén para pintar un mural, tiene amigos y amigas y maestros y maestras en el mundo de la pintura de Huelva que venden bien. Y también tiene esperanzas. Esperanzas de ser un ciudadano en España. De conseguir los papeles que, cree, le abrirán más puertas. "Cuando yo tenga papeles, podré hacer una gran exposición en grandes ciudades en España". Esa es la gran reivindicación de las ONG que trabajan en la zona, como Asnuci, que se regularice la situación –una odisea de requisitos muy duros y complicados– de quien ya está aquí y quiere labrarse una vida.

Para moverse por la zona, además de sus pies y de la ayuda de la gente de Asnuci, de algunos amigos y vecinos que lo llevan y lo traen cuando pueden, Niang usa una bicicleta en la que pedalea como puede. Al no tener papeles, no puede tener carnet de conducir, no puede tener coche, no puede tener nada.

"La gente en todas partes es muy buena y muy mala. En España también. Cada país tiene gente racista. Pero hay mucha gente buena también. España bien. Cada país tiene gente que piensa diferente. Buenos y malos. Todos los países, en todo el mundo, en Senegal, en Francia hay gente buena y gente mala”, afirma Niang. "Me gusta Huelva. Lepe bien. Hay muchos artistas en Lepe, grandes artistas. Hay mujeres que pintan, muchas, muy buenas", dice.

Niang tiene un cuadro en la exposición de Villablanca que se titula Reunión de mujeres africanas. En primer plano, una de ellas, con el rostro serio y confiado, parece mirar al futuro con optimismo. "Ellas piensan cómo pueden hacer para resolver problemas. Ella tiene confianza, escucha a las demás. Ellas hablan para hacer algo y tener un futuro mejor". En ello está Niang.

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