'Influencers' promocionan una presunta estafa y evidencian la falta de control en redes: "Han perdido sus ahorros"
Al menos 40 creadores de contenido promocionaron en sus cuentas una supuesta agencia de viajes que ha resultado ser un fraude, afectando a decenas de consumidores.

Madrid--Actualizado a
Vivimos en una nueva era de la información, donde los influencers -figuras con grandes cantidades de seguidores en redes sociales- pueden llegar a superar en alcance e impacto a muchos medios de comunicación tradicionales. Las marcas lo saben, y por eso los contratan para generar escaparates para promocionar productos y servicios. Sin embargo, todo poder conlleva una gran responsabilidad (y más cuando puedes llegar a millones de personas y de diferentes edades).
La presunta estafa relacionada con la web sietevuelos.com ha puesto de nuevo el foco en la responsabilidad que deben ejercer los influencers a la hora de impulsar campañas. Según denuncian los afectados, al menos 40 influencers promocionaron en sus cuentas esta supuesta agencia de viajes el pasado miércoles, que ha resultado ser un fraude, afectando a decenas de consumidores. FACUA-Consumidores en Acción ya ha llevado el caso ante la Fiscalía General del Estado.
La plataforma ofrecía una aparente oferta de paquetes turísticos, con vuelos de ida y vuelta con alojamiento incluido, a destinos como Nueva York, Tokio, México o Dubái. La página ha dejado de estar operativa después de que numerosos usuarios denunciasen públicamente haber pagado 1.000 euros y no haber recibido ni los billetes de avión ni las reservas de hotel.
Teresa Andrés, Adara Molinero, Naomi Asensi, Oriana Marzoli o María Brun son algunas de las influencers más relevantes que compartieron historias en su Instagram promocionando el lanzamiento de esta plataforma. Entre todas ellas suman más de 12 millones de seguidores en esta red social.
Adara Molinero dio la cara en sus historias de Instagram, señalando a las agencias de representación. "Las agencias se llevan un porcentaje de nuestro trabajo y se tienen que asegurar de que nos paguen, de que la marca sea legal y de que no sea una estafa", apunta.
Molinero ha sostenido que las agencias son quienes tendrían que haber "dado la cara" en lugar de ellas, pues su labor era "revisar" cualquier error y asegurarse de que "todo era legal". "Antes de publicar nada, pregunté mil veces si era seguro porque no lo veía bien y me dijeron que sí", añadió.
"Esto tiene que abrir el debate sobre el hecho de que los influencers no pueden estar haciendo publicidad de cualquier cosa sin una mínima comprobación, tanto por su parte como por parte la de las agencias que los gestionan", señala Rubén Sánchez de Facua en declaraciones a Público.
Este caso destaca especialmente porque son varios los fallos en la web que alertarían a un experto de que algo va mal, advierten desde FACUA. En primer lugar, se anuncian como una agencia acreditada por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), una organización en la que solo forman parte aerolíneas.
Y, por otro lado, en la web no aparecía la información básica obligatoria que establece el artículo 10 de la Ley 34/2002, de 11 de julio, de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico (LSSI), como es un teléfono de contacto, el nombre de la supuesta empresa tras el negocio y su NIF, insisten desde la organización de consumidores.
De la misma forma, el artículo 20 del Decreto legislativo 1/2007 de 16 de Noviembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias también recoge que todo usuario debe de tener acceso al "nombre, razón social y domicilio completo del empresario responsable de la oferta comercial y, en su caso, nombre, razón social y dirección completa del empresario por cuya cuenta actúa", así como a “las características esenciales del bien o servicio de una forma adecuada a su naturaleza y al medio de comunicación utilizado”.
Los afectados: "Pedimos que no se minimice el daño"
Izarbe es una de las afectadas por la presunta estafa. Ella había comprado un viaje a Nueva York, tras ver la historias de Instagram de la influencer AquíSandra. "El precio original era de 1.999 euros, pero con la promoción se quedaba en 999 por los vuelos, hotel y traslados. Viendo que lo publicitaba alguien que considerábamos fiable, confiamos. Incluso hubo una segunda publicación de la creadora de contenido asegurando que la agencia era 100% fiable", explica en declaraciones a Público. Sin embargo, cuando se dieron cuenta que no les habían llegado las reservas empezaron a sospechar que era una estafa, pero se encontraron "con un silencio total sobre el tema".
Fue entonces cuando, junto a su pareja, decidieron crear un perfil en Instagram (@estafadosporsietevuelos) donde tratan de reunir a la mayor cantidad de afectados y canalizar toda la información que reciben para ayudar a otras personas. "Al ver que había muchos más influencers implicados, supimos que habría mucha gente afectada", apunta.
"A través del formulario que hemos creado, ya tenemos contabilizados a 50 personas que llegan desde publicidades de más de 40 influencers distintas. Al menos diez de los afectados compraron el segundo día de la campaña, cuando ya había rumores de que algo no iba bien. Si en ese momento alguna de las influencers hubiera publicado una historia reconociendo el error, al menos esas diez personas no habrían caído. Estamos hablando de unos 10.000 euros”, denuncia.
Izarbe apunta que la influencer AquíSandra les ha ofrecido su ayuda creando un grupo con todos los damnificados que compraron los viajes desde su perfil. "Está haciendo todo lo posible por enmendar el daño. Dice que no le importa exponerse, que lo importante es intentar reparar el daño causado", apunta, mientras espera que sea de ejemplo "para otras muchas famosas que no están actuando igual".
"Pedimos que se escuche a los afectados, que no se minimice el daño. Hay personas que nos han escrito que han perdido sus ahorros, o que han visto arruinado su viaje de aniversario o su luna de miel", manifiesta.
Las influencers implicadas en la promoción de la empresa de viajes ya han eliminado el contenido publicitario de sus redes. Según han declarado algunas de ellas en sus comunicados, la campaña fue aprobada previamente por sus agencias de representación, que consideraron que la web cumplía con los requisitos legales. Estas mismas agencias han informado, además, que los creadores de contenido no llegaron a recibir el importe pactado por la publicidad. También han instado a las personas afectadas a acudir a las autoridades y han anunciado que están emprendiendo acciones legales por su parte. Además, han creado un correo de afectados para atender los casos de cada persona.
Medidas legales para la publicidad de 'influencers'
El Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital ha comenzado a implementar medidas para establecer ciertos límites legales en la actividad de los creadores de contenido. El Real Decreto 444/2024, en vigor desde el 30 de abril, regula la actividad de los influencers destacados -aquellos con más de 100.000 seguidores en una plataforma o 200.000 acumulados en varias- en lo relativo a la protección de menores y la difusión de contenidos publicitarios. El decreto extiende a estas figuras las prohibiciones en materia de publicidad contempladas en la Ley 13/2022, aplicables hasta ahora a medios de comunicación convencionales.
Además, el anteproyecto de la nueva ley del derecho de rectificación amplía su ámbito de aplicación a los creadores de contenido. Esto significa que estarán obligados, al igual que los medios de comunicación, a facilitar mecanismos accesibles para que cualquier persona pueda solicitar la rectificación de contenidos inexactos, erróneos o que vulneren derechos. La norma busca equiparar a los creadores de contenido digital con los medios tradicionales, atendiendo al hecho de que sus publicaciones pueden tener incluso mayor alcance y repercusión.
La responsabilidad ética de los creadores de contenido
Más allá de la promoción de posibles fraudes, existen otras prácticas cuestionables, al menos en términos morales. Uno de los casos recientes -ocurrido el pasado abril- que ha puesto en cuestión estos límites es el de la influencer Elena Gortari, quien recibió duras críticas tras publicar en sus redes sociales un vídeo que simulaba ser una denuncia por acoso. En el contenido, difundido en TikTok -donde supera los 1,7 millones de seguidores- y en Instagram -con más de 800.000-, Gortari aparece temblando y llorando mientras describe cómo un hombre afirma conocer datos personales sobre ella como dónde vive, qué coche conduce e incluso muestra tener una foto suya como fondo de pantalla.
Tras narrar un supuesto momento de confrontación con el acosador, el tono del vídeo cambia abruptamente. Gortari revela entonces que el hombre llevaba una "bolsa de pelo" y lanza la frase: "El pelo que te estoy tomando. El pelazo que me deja esta nueva rutina", señalando la marca de champú que promociona. El giro fue percibido por muchos usuarios como una banalización de una problemática real que afecta a miles de mujeres.
El sector digital sigue creciendo y diversificándose, mientras que la responsabilidad ética en la publicidad de los influencers, según las organizaciones de consumidores, se vuelve cada vez más necesaria, tanto para proteger a los usuarios como para preservar la credibilidad de un modelo que, hasta ahora, ha contado con escasos controles.


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