Entrevista a Iman Hammouri"Israel nunca conseguirá eliminar al pueblo ni la causa palestina"
Hablamos con la activista y directora del Popular Art Centre, institución de referencia en la defensa de los derechos culturales en Palestina y que ha participado en el Mondiacult.

Barcelona-
Iman Hammouri (Palestina, 1969) tiene una larga trayectoria en la defensa de los derechos sociales y culturales en Palestina. Es activista y directora del Popular Art Centre, con sede en Ramala, capital administrativa de Cisjordania y sede de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). El Popular Art Centre, fundado en 1987 —año en que comienza la primera Intifada—, promueve el intercambio entre el pueblo palestino y la comunidad internacional a través del arte y la cultura. Su misión es preservar la herencia cultural y la identidad palestinas como herramientas de resistencia contra la ocupación israelí.
Hammouri, que también es cofundadora de la Palestinian Performing Arts Network, ha pasado unos días en Barcelona en el marco del Mondiacult, la gran cumbre internacional de la Unesco sobre políticas culturales. El Popular Art Centre ha participado esta semana en varias actividades en defensa de los derechos culturales de la población palestina, entre ellas la mesa redonda "Cultura contra el genocidio", celebrada el martes en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). La charla formaba parte del programa del Ágora Cívica, el foro de debate ciudadano del Mondiacult.
En cuanto a su relación con Catalunya, el Popular Art Centre colabora desde hace tiempo con la Associació Catalana per la Pau (ACP), la ONG que trabaja para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones más desfavorecidas y para construir sociedades más justas. Ambas entidades han impulsado diversas iniciativas, como un proyecto dirigido a jóvenes de entre 13 y 16 años que sufren los efectos psicológicos y traumáticos en la Franja de Gaza. Público entrevista a Hammouri en el hotel donde se ha alojado en Barcelona para conocer la realidad cultural en Palestina y su perspectiva como activista.
El miércoles por la noche las fuerzas israelíes interceptaron los barcos de la Flotilla y detuvieron a sus tripulantes. ¿Es una nueva violación del derecho internacional por parte de Israel?
Sin duda. Ni siquiera estaban en aguas israelíes, ni en las que ellos reclaman como propias. Los barcos se dirigían a Gaza. Es una nueva violación del derecho internacional. Además, la Flotilla era un movimiento pacífico que buscaba romper el bloqueo y el hambre impuestos a los palestinos por la ocupación israelí, y también poner fin al genocidio.
¿Qué significaba la Flotilla para el pueblo palestino?
Para los palestinos era esperanza. La veían casi como un rescate, depositaban muchas expectativas en ella. Incluso los jóvenes de Gaza —hace poco se difundió un vídeo en el que se les veía cantando por la Flotilla— la recibían con esperanza y entusiasmo. Querrían más iniciativas como esa.
La Flotilla tiene un impacto real como acto de solidaridad, y eso es exactamente lo que los palestinos esperan. Veían que la gente que participaba estaba dispuesta a sacrificarse: sabían que podían ser heridos por la ocupación israelí, arrestados, deportados o sufrir daños físicos. Y, a pesar de ello, decidían venir. Era una auténtica acción de solidaridad.
Para el pueblo palestino, la Flotilla era esperanza y una auténtica acción de solidaridad
El martes participó en la conferencia 'Cultura contra el genocidio' en el CCCB, dentro del Ágora Cívica del Mondiacult. ¿Cómo fue la experiencia?
Fue una experiencia muy buena. Resultó interesante ver cómo tanta gente acudió a la charla con ganas de aprender más sobre lo que pasa en Palestina y sobre cómo los artistas y las organizaciones culturales seguimos trabajando en una situación política tan tensa y bajo todas las medidas represivas de la ocupación israelí. También fue interesante escuchar al músico Alguer Miquel [cantante del ya disuelto grupo catalán Txarango] hablar sobre su experiencia y sobre cómo entendía que debía ser la solidaridad. Para mí, fue una oportunidad para hacer un llamamiento a una solidaridad real y efectiva, como la de la Flotilla, pero en el mundo del arte y la cultura
Usted ha dicho que la gente tenía ganas de aprender. Pese a que cada día recibimos fotos y vídeos de lo que sucede allí, ¿cree que la gente es realmente consciente?
En realidad, no. Es positivo que las redes sociales hayan superado a los medios tradicionales, que siempre querían controlar el relato y ocultar la realidad y el sufrimiento de los palestinos. Sin embargo, es imposible ver el día a día de la gente en la calle. El mundo no conoce lo que significa pasar los controles diariamente. Cómo nos tratan y humillan. De camino al aeropuerto para venir a Barcelona pude ver cómo a los trabajadores palestinos los esposaban y les cubrían los ojos.
El reconocido coreógrafo belga Alain Platel visitó Gaza en 2002 porque quería colaborar con nosotros en el Popular Art Centre. Pero no pudo llegar porque el ejército israelí no se lo permitió. Entonces decidimos llevarlo a varios campos de refugiados cerca de Ramala y Jerusalén. Fue testigo del racismo y, al regresar a casa, escribió un artículo. Por eso es importantísimo que la gente, los parlamentarios, vengan a observar la realidad con sus propios ojos.
¿Qué piensa del plan de Trump para Gaza?
Es una pieza más del plan de colonización de Palestina. Desde 1948, quieren eliminar al pueblo palestino y acabar con la causa palestina. Pero no lo han conseguido y nunca lo conseguirán. Aun así, si la solidaridad internacional hubiera empezado desde el inicio de la segunda Intifada, quizá ahora ya podríamos haber sido liberados. El conflicto comenzó con la Declaración Balfour [1917], escrita por el Estado colonizador británico. La ONU la reconoció, así que ahora debería ser ella quien lo resolviera. Los gobiernos europeos solo han reaccionado porque la gente ha salido a la calle y se ha manifestado. La ciudadanía tiene la fuerza para marcar la diferencia, como se ha visto en Italia.
El plan de paz de Trump es solo una pieza más del plan de colonización de Palestina
La gente en la calle ha forzado políticas, pero la cultura de la paz ha encontrado un buen altavoz en el Mondiacult. ¿Qué ha representado para Palestina participar en este evento?
Es muy importante formar parte de él. Siempre digo que los discursos culturales tienen incluso más impacto que los políticos. Los artistas tienen un gran impacto sobre la gente. Y es importantísimo, por ejemplo, que miles de cantantes, bailarines, lo que sea, se hayan negado a colaborar con ninguna institución cómplice del genocidio.
¿Cómo ha afectado la escalada del conflicto y el genocidio de los últimos dos años al mundo cultural?
Muchos centros culturales, incluido el Popular Art Centre, hemos intensificado el trabajo con nuestros socios en Gaza. Nosotros preferimos construir alianzas, no sucursales. Así que tenemos socios en toda Cisjordania, Jerusalén y Gaza. Hemos reforzado el trabajo en la Franja con programas psicosociales para niños y jóvenes, con el fin de aliviar los intensos efectos psicológicos que sufren. Los artistas allí han demostrado un compromiso y una pasión increíbles. Siempre piden continuar; no quieren parar, ni siquiera en situación de desplazamiento o bajo bombardeos. Saben que su vida diaria está en peligro y que podrían ser asesinados en cualquier momento, pero, aun así, siguen trabajando en estos programas en Gaza.
También hemos puesto énfasis en apoyar a los propios artistas. Sentimos que era nuestra responsabilidad cuidar de ellos y de sus familias. Les hemos dado apoyo económico o les hemos ayudado a conseguir los materiales que necesitaban para seguir con su trabajo.
¿Han sido los artistas palestinos un objetivo de Israel? ¿El Estado sionista los percibe como una amenaza?
Sí. Una artista fue encarcelada hace muchos años por, simplemente, escribir una publicación que decía: "Dios, ayúdanos". Otro también fue a prisión por componer una canción. El Estado vio la capacidad que tenía para movilizar a la población. En Gaza, por supuesto, son un objetivo. Muchos han sido asesinados. Pero no solo en la Franja, también en Cisjordania. Incluso los que estaban en el exilio en los años 70-80. El dibujante Nayi al-Ali fue asesinado en Londres en 1987 por sus caricaturas críticas. Su legado sigue vivo, porque sus dibujos todavía hablan de lo que pasa hoy.
Uno de los objetivos del Popular Art Centre es preservar la identidad cultural palestina como forma de resistencia. ¿Cómo lo hacen en la práctica?
Somos uno de los pocos centros que trabaja para preservar la herencia cultural. Es una gran responsabilidad porque Israel está intentando borrarla y robarla. Israel está intentando borrar y robar la herencia cultural de Palestina.
¿Robar?
Sí. Ahora incluso utilizan el bordado palestino en la ropa de los pilotos de avión, el mismo bordado que yo llevo puesto. Lo mismo pasa con la kufiya. Intentaron hacer una versión azul, pero todo el mundo sabe que la kufiya es palestina, y no pudieron apropiársela. También han intentado apropiarse de la danza tradicional palestina, el dabke, incluyéndola en sus coreografías y presentándola como propia. No lo han conseguido y nunca lo conseguirán. Cuando fundamos nuestro centro, en 1987, durante la primera Intifada, ya era todo un reto. En aquel momento, los israelíes prohibían cualquier canción, danza o dibujo relacionado con Palestina, incluso dibujar los colores de la bandera. Fue entonces cuando la sandía se convirtió en un símbolo.
¿Cómo preservan la herencia cultural?
Empezamos trabajando con las artes escénicas palestinas y creamos cursos para enseñar los instrumentos y la música tradicional a los jóvenes. Más adelante, comenzamos a recopilar y archivar canciones y músicas de toda Palestina. Ahora disponemos de unas 220 horas de grabaciones. Esto es esencial para preservarlas y transmitirlas de una generación a otra.
Actualmente, también dirigimos una escuela de danza tradicional, con unos 400 niños matriculados cada año. Desde el año 2000, bajo el lema El arte para todos, hemos trabajado para que el arte sea accesible no solo para quien puede permitírselo. Para nosotros, el arte no es solo por el arte. Lo utilizamos como herramienta de resistencia política, pero también de cambio social, para abordar nuestros propios retos internos y construir una sociedad democrática.
Utilizamos el arte como herramienta de resistencia política, pero también de cambio social
Con la Associació Catalana per la Pau (ACP) colaboraron en el proyecto Som Constructors. ¿Tienen algún otro proyecto en marcha?
Estamos muy contentos y honrados de colaborar con la ACP. Compartimos una base común: una misma visión y unos principios similares. Al fin y al cabo, nosotros también somos constructores y agentes de cambio. Con la ACP iniciamos el proyecto Dream of the Land, una colaboración entre la danza palestina y la catalana. El objetivo era mostrar ambas culturas y cómo pueden conectar y dialogar entre ellas. Nuestro objetivo es hacer que esta producción sea aún más grande y, quizá, plantear una nueva. La colaboración se está ampliando y evolucionando, y eso nos hace muy felices.
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