A Coruña le pone barreras al mar: 30 años de la duna antitemporales de Riazor
El Ayuntamiento ha vuelto a desplegar este mes una barrera que activó después de que el oleaje arrasara en 1995 parte del paseo marítimo construido frente a mar abierto.

A Coruña-
La imagen se repite desde hace treinta años, desde mediados de octubre hasta bien entrada la primavera: varios bulldozers se adentran en la playa y arrastran la arena desde la orilla hasta el muro del paseo marítimo, levantando una inmensa pared de más de dos metros de altura y casi 400 metros de largo, que cambia por completo la fisonomía del arenal más emblemático de la ciudad, el que da a mar abierto en su fachada atlántica oeste junto a una de sus vías más transitadas. Es el sistema con el que sus habitantes combaten los temporales que la asaltan periódicamente cada invierno, y que en ocasiones han llevado la marea decenas de metros tierra adentro.
La duna artificial de Riazor, que el Ayuntamiento de A Coruña empezó a levantar esta semana, se construye y destruye varias veces al año desde 1995. Un año antes, un temporal, que había asolado la comunidad matando a tres personas en otras tantas localidades de la provincia, destrozó el paseo marítimo reventando un tramo de más de cien metros de su balaustrada e inundando las calles cercanas. El vial se había urbanizado unos años antes sobre terrenos ganados al mar.
"Es un hito anual para proteger el paseo marítimo y la seguridad de los ciudadanos", sostenía hace unos días en una entrevista en una emisora local la concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento, Eudoxia Neira. El levantamiento de la duna, explicaba, ya es un protocolo habitual que los servicios municipales repiten dos o tres veces al año cada vez que las olas derrumban el dique de arena. Neira asegura que pese a que los fenómenos meteorológicos adversos son cada vez más extremos, los avances tecnológicos y de maquinaria han conseguido que el muro, para el que se remueven más de 23.000 metros cúbicos de arena, sea "realmente efectivo" para proteger el paseo.
Zonas de riesgo
Según el informe Crisis a toda costa, publicado por Greenpeace el año pasado, A Coruña es una de las trece zonas de Galicia amenazadas por la subida del nivel del mar –en todo el Estado español hay 194 puntos de riesgo–. El estudio de la organización ecologista recuerda que el grupo de expertos en cambio climático de Naciones Unidas ya alertó en 2021 de que las proyecciones científicas estiman un aumento del nivel de los océanos de entre 20 y 30 centímetros hasta el año 2050, y de entre medio metro y 70 centímetros hasta 2100.
"La solución de la duna se pensó hace 30 años como una medida coyuntural para enfrentar el problema a corto plazo, pero es evidente que no va a resolverlo", advierte Elvira Jiménez, bióloga, autora del estudio y responsable de las campañas de océanos de Greenpeace. "El hecho de que el mar la destruya periódicamente varias veces al año es la prueba de que no es la solución, más aún porque, en el caso de Riazor y el Orzán [el arenal contiguo], se trata de una playa urbana en pleno centro de la ciudad", apunta. "Habría que ir recuperando espacios naturales de protección, retirando construcciones secundarias u obsoletas y retranqueándolas en la medida en que se pueda", añade.
El paseo marítimo de Riazor está flanqueado por una calzada de cuatro carriles tras la que se ubican decenas de edificios de viviendas, muchos de ellos con garajes que suelen sufrir inundaciones también recurrentes, como sucede en el parking público subterráneo que sigue la línea de costa a lo largo de la playa que se construyó bajo el vial peatonal a la vez que se diseñaba y se levantaba éste. Los temporales de viento en Galicia, que levantan en la bahía coruñesa las olas de nueve y hasta diez metros que acaban con la duna en pocas horas, suelen estar acompañados de fuertes lluvias. Cuando ambos fenómenos se unen, lo que sucede la mayoría de las veces, la capacidad de desagüe de la zona se desborda.
Dinámicas litorales
"Es un ejemplo de esa época en la que se construían infraestructuras sin medida, alterando las dinámicas costeras sin pensar en las consecuencias, que luego se sufren durante décadas", opina Xandro García, portavoz en A Coruña de la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galicia (Adega), una organización que lleva 50 años defendiendo un modelo de desarrollo social y económico sostenible y socialmente justo. "En el caso de Riazor, la solución es muy compleja, pero evidencia que no podemos ir contra la naturaleza. Tendríamos que acostumbrarnos a ir retomando poco a poco las dinámicas litorales naturales", añade.
El portavoz de Adega es biólogo marino y también subraya que, como efecto nocivo añadido al hecho de que Riazor y el Orzán son playa urbanas a muy poca distancia del centro de una ciudad de 250.000 habitantes, la construcción de la duna ha tenido consecuencias adversas sobre sus ecosistemas. Primero, porque los rellenos se hacen con arena de cantera de base de silicio, nada que ver con la arena calcárea original que sustentaba su biodiversidad. Segundo, porque removerla continuamente destruye la poca que queda: "La gran mayoría de la actividad biológica de la playa transcurre por debajo. Alterarla continuamente con maquinaria pesada es una barbaridad", concluye.
La primera duna de Riazor se levantó en febrero de 1995, pero menos de un año después otro temporal con olas enormes se la saltó limpiamente y volvió a destrozar las infraestructuras del paseo. Hubo expertos que alertaron de que la solución era contraproducente, porque el mar iba poco a poco acumulando la arena en el malecón que separa Riazor del Orzán, convirtiéndolo en un trampolín que disparaba el agua hacia el paseo. Aquel año se renunció a construirla, pero fue el único. Desde entonces, llegado el otoño, la ciudad sigue asistiendo a la misma imagen, con los bulldozers levantado la frágil barrera con la que sus habitantes se protegen de la fuerza explosiva del Atlántico.


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