¿Por qué no hay que plantar más árboles, sino gestionar mejor los que ya tenemos?
El CREAF impulsa la Academia del Bosque, una iniciativa para formar gestores forestales y mejorar la salud de los bosques ante los episodios de sequía o incendios, cada vez más frecuentes en un contexto de emergencia climática

Barcelona-
¿Por qué no hay que plantar más árboles, sino gestionar mejor los que ya tenemos? Esta es una de las preguntas que intenta resolver la Academia del Bosque, una iniciativa liderada por el CREAF que nace de la mano de la Academia del Cine español con voluntad de replantear cómo se reduce la huella de carbono de los grandes eventos culturales. Hasta ahora, lo que no se podía reducir se compensaba principalmente con plantaciones de árboles, pero el Centro de Investigación Ecológica y Aplicacions Forestals ha dado la vuelta a esta idea.
En lugar de plantar árboles, la Academia del Cine ha colaborado con la creación de la Academia del Bosque. "El mensaje es tan sencillo como difícil de asumir: no se trata de plantar más árboles, sino de cuidar mejor los que ya tenemos", explica Enrique Doblas, responsable de transferencia del CREAF y uno de los impulsores de la iniciativa. "Se nos ocurrió hacer una actividad que ya hacíamos como centro de investigación: formar", explica.
El proyecto ofrece cursos dirigidos a gestores forestales, con el objetivo de ofrecerles herramientas prácticas y actualizadas. No se trata de enseñarles desde cero, sino de complementar su experiencia: "Saben de sobra cómo cuidar el bosque, pero necesitan herramientas", explica Doblas.
Uno de los problemas que quiere resolver esta academia es la dificultad de los gestores de bosques de acceder al conocimiento científico. "Muchas veces estos estudios se publican en artículos o informes que quedan escondidos en un cajón o en una web de difícil acceso", lamenta Doblas. Por ello, la propuesta incluye formación aplicada y sobre el terreno: "Hacemos clases específicas, vamos al bosque y enseñamos cómo utilizar estas herramientas".
El contexto catalán es especialmente significativo para entender la urgencia de este proyecto. El abandono rural de las últimas décadas ha generado mucha masa forestal, y la propiedad privada de la mayoría de los bosques ha dificultado su gestión. "Muchos terrenos se abandonaron porque no daban suficiente rendimiento, y esto ha generado nuevos bosques", explica. Aunque puede parecer una buena noticia, estos espacios presentan problemas importantes: "Son bosques muy densos, con especies invasoras, y esto los hace más vulnerables".
Esta vulnerabilidad se traduce en un mayor riesgo ante episodios de sequía, plagas o incendios. "Los pone en el centro de la diana", advierte el experto, que insiste en que "nuevos bosques no son necesariamente la solución; lo que interesa es gestionarlos correctamente".
Entre las herramientas que se quieren difundir destaca un índice de sequía, pensado para ayudar a tomar decisiones concretas sobre el terreno. "Es muy fácil de medir y de utilizar", explica. Este indicador permite detectar, por ejemplo, si hay demasiados árboles compitiendo por el agua o si algunos son especialmente vulnerables. A partir de ahí, se pueden aplicar medidas como reducir la densidad: "Si reduces el número de pies, reduces el riesgo de sequía".
Ahora bien, la gestión que proponen no se limita a eliminar árboles. También hace hincapié en la diversidad de los árboles, tanto de especies como de edades. "Los árboles viejos son indicadores de un ecosistema más maduro y equilibrado y pueden mantener condiciones ecológicas más estables", apunta Doblas, que concluye: "Que el bosque sea variado, con árboles caídos o diferentes tipos de vegetación lo hace más resiliente".
La Academia del Bosque no sólo se dirige a los propietarios forestales, también se dirige a la administración. "También formamos técnicos y organismos administrativos", explica, con la voluntad de influir en las políticas públicas y en la gestión de los recursos. Aunque muchos bosques son privados, "las decisiones institucionales tienen un papel clave en su conservación", apunta el investigador del CREAF.
Preguntado por si se está produciendo un cambio de mentalidad en cuanto a la gestión de los bosques, Doblas señala que se está haciendo mucha pedagogía. "Antes se pensaba que no se tenía que tocar el bosque, que debía crecer libremente", recuerda. Pero esta visión está evolucionando: "Ya se empieza a entender que la naturaleza no está sola". Factores como el cambio climático, las especies invasoras o la presión urbanística hacen necesario intervenir de manera responsable. En este nuevo escenario, iniciativas como la Academia del Bosque se presentan como una herramienta clave para garantizar el futuro de los ecosistemas forestales.

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