La paradoja de los árboles: los que mejor resisten la sequía serán los más afectados por la crisis climática
Ni siquiera los árboles mejor adaptados a la sequía están a salvo del cambio climático. Pueden sufrir 'embolias' ante la falta cada vez más prolongada de agua. El Mediterráneo, una de las zonas más afectadas.

Madrid-
¿Qué plantas sobrevivirán a las sequías del futuro? La respuesta puede parecer contraintuitiva. Las que más acostumbradas están a la falta de agua son las que más van a sufrir los efectos de la crisis climática. Así lo determina un estudio publicado esta semana en la revista científica PNAS y que lidera el Centre de Recerca Ecològica y Aplicacions Forestals (CREAF) junto a la Universidad de Edimburgo. Las conclusiones del artículo vuelve a poner el acento en que el Mediterráneo es y será una de las zonas más damnificadas por la emergencia medioambiental.
"Las plantas deben transportar el agua desde las raíces hasta las hojas, donde después se evapora a la atmósfera", explica a Público Maurizio Mencuccini, investigador del CREAF y coautor principal del artículo. Para ello, utilizan "conductos muy pequeños dentro de la madera que son adaptados al ambiente donde viven". En ambientes muy secos, estos son "muy resistentes a las sequías". Pero en los más húmedos, debido a la densidad de la madera y su estructura química, "le sale bastante caro de construir porque no le sirve".
Estos conductos se llaman xilema y funcionan como una suerte de sistema circulatorio que recorre el tronco. Lo que sucede es que un escenario de sequía provoca "mucho estrés dentro de la planta, lo que causa el desarrollo de una burbuja de aire". Asimismo, hay "una microexplosión dentro de los conductos y se crea un vacío que luego se llena con aire". Siguiendo la analogía del sistema circulatorio, la planta sufre algo parecido a una embolia. Por tanto, el conducto afectado "se queda sin posibilidad de transportar agua".
Más crisis climática, sequías menos predecibles
Los xilemas más resistentes son también los más difíciles de construir, de modo que cuando se ven dañados, estas plantas tienen más dificultades para sustituir sus conductos. Ahora bien, si son más resistentes, ¿por qué entonces les afectan las sequías? El quid se encuentra en la crisis climática. "Hay eventos de sequías que son más intensos y más frecuentes", apunta el científico del CREAF.
Las especies con xilemas resistentes "evolucionaron durante siglos para vivir en un clima árido y producen conductos cortos y con paredes gruesas que ayudan a limitar que las burbujas se propaguen a otras zonas del árbol. Estos conductos más resistentes, evitan embolias peores, pero son más costosos de producir", aclara Mencuccini en un comunicado. Hasta ahora esto era una ventaja evolutiva porque las sequías eran más previsibles y puntuales. Ahora el problema es que, en un escenario de falta de agua prolongada, los tubos van sufriendo embolias y el árbol necesita reemplazar aquellos que dejan de funcionar, pero el proceso de construir nuevos tubos es demasiado lento y requiere mucha energía, "por lo que pueden morir antes de haberlos sustituido", remarca.
En cambio, las especies propias de riberas y zonas húmedas, como los chopos y los álamos, aunque cuentan con conductos menos resistentes, están menos expuestos a episodios extremos y, además, pueden reconstruir su xilema con más rapidez, "como son más finos no necesitan tanta inversión de energía y tienen más capacidad de renovación y, por tanto, de adaptarse a nuevos contextos", añade el investigador.
El Mediterráneo, territorio especialmente vulnerable
La zona del Mediterráneo es uno de los más afectados por la proliferación de sequías. No solo son más frecuentes, sino también más intensas y duraderas. La península Ibérica "es uno de los lugares con más peligro respecto al cambio climático global, juntos con ciertas áreas de los pueblos de zonas boreales y también las tropicales", advierte el coautor principal del estudio. Debido a sus condiciones geográficas, sirve como una especie de puente entre los parajes norafricanos y los europeos. Ello confiere una amalgama de biodiversidad animal y vegetal particularmente abundante con respecto al resto del continente.
"La vegetación del Mediterráneo es bastante diversa. Habrá algunas especies que irán ganando y otras que irán perdiendo", indica el experto. "Entre las ganadoras habrá sobre todo plantas de arbustos, con la madera muy densa, como lentisco, coscoja o incluso el ginebro. Entre los que irán perdiendo habrá sobre todo árboles altos como el roble o el pino". Esto conlleva "una reestructuración de la vegetación, que ya la vemos en curso en nuestros bosques", comenta el científico.
El equilibrio de los ecosistemas se puede ver afectado por este cambio en la composición del paisaje. "La mayoría de consecuencias son negativas porque perdemos la biodiversidad, con todos los servicios y productos, materiales o inmateriales, que obtenemos de esta", advierte Mencuccini. Frente a un contexto tan poco amable con el patrimonio natural de la península, el investigador aboga por medidas dirigidas a "mantener lo máximo posible la biodiversidad como un seguro". Precisa que se debe poner el foco en "la diversidad de estructuras y de estrategias biológicas en las plantas para garantizar que al menos algunas sobreviven bien".
A más edad, más riesgo
Otro de los hallazgos de la investigación es que la edad también influye. El motivo es que cuanto más viejo es un árbol, más tiempo ha estado expuesto a episodios extremos y la probabilidad de que su sistema interno se deteriore es más alta, porque con los años puede ir acumulando daños y obstrucciones que no siempre se reparan del todo. A esto se le suma que los árboles viejos suelen renovar su madera más lentamente, por lo que cada vez les cuesta más reemplazar los conductos dañados y, cuando hay una sequía muy intensa, su sistema de circulación está más debilitado.
Para realizar el estudio, el equipo ha combinado datos globales del xilema de centenares de especies de árboles en zonas secas y húmedas con registros históricos de precipitaciones. Con esta información, han elaborado modelos para relacionar la variabilidad climática con la resistencia de los árboles a la sequía. "Estos hallazgos pueden ayudar a mejorar los modelos de predicción del futuro de los bosques", concluye Mencuccini.
Referencia:
Mencuccini, Maurizio et al. "Evolutionary trade-offs under stochastic water stress shape xylem vulnerability to drought". PNAS (2026). DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2516579123.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.