¿Cómo hacer frente al creciente riesgo de catástrofes naturales por las DANA? Esto es lo que dicen los expertos
Las DANA, que no siempre implican lluvias, se tornan más peligrosas ante la crisis climática. Científicos abogan por la adaptación del territorio, la información ciudadana y una gestión inteligente del riesgo.

Madrid--Actualizado a
El riesgo de inundaciones en España es cada vez mayor. Ante precipitaciones intensas y desbordamientos de los ríos, el Estado debe aumentar su resiliencia, un término muy manido, pero que en este caso se refiere a la capacidad de las comunidades para volver a la normalidad cuanto antes después de sufrir algún tipo de daño ambiental grave. Con la tragedia de València todavía en la memoria, el Gobierno prepara un real decreto para adoptar nuevas medidas en torno a la gestión de los riesgos de inundación. Por su parte, las voces de la ciencia reiteran la importancia de mejorar la medición de estos eventos, la adaptación del territorio y la información a la ciudadanía.
¿Aumenta la frecuencia de DANA? El físico y exdelegado de la Aemet en Navarra, Peio Oria, explica a Público que sí existe un incremento a nivel mundial, pero "en el caso de la zona mediterránea no está tan claro". El científico destaca la dificultad para hacer estadísticas fiables sobre una zona específica. "Hay que tener en cuenta toda la visión en su conjunto", defiende. Además, cabe recordar que una DANA por sí misma no tiene por qué implicar lluvias ni, por tanto, ningún tipo de daño.
¿Cómo funcionan las DANA?
Aunque ya está lexicalizada, la palabra viene de las siglas DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos). La catedrática de Física de la Atmósfera en la Universitat de Barcelona Carme Llasat recuerda que este término se desarrolló "como consecuencia del mal uso que se hacía de 'gota fría'". Recibía este nombre porque el fenómeno se parece a la última gota de agua que sale al cerrar un grifo, que recrea la forma de una "estrangulación". Algo así sucede con las DANA, que son ondulaciones de una corriente en chorro polar –una corriente de viento frío–. Esta ondulación tiene lugar "hacia 5.000 metros de altura y queda el aire frío rodeado de aire caliente por los dos lados".
La investigadora añade que las DANA "se producen a lo largo de todo el año –en unas épocas dominan más que en otras– y en muchas ocasiones no producen lluvias, o si las producen, pueden ser muy débiles". Para que haya precipitaciones, debe suceder algo más. Marta López Saavedra, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA), perteneciente al CSIC, apunta a Público que si una DANA "se encuentra con masa de vapor caliente, el aire se condensa y el agua cae para abajo".
La crisis climática y las DANA
En estas masas se encuentran el quid de la cuestión. "El cambio climático aumenta la temperatura del planeta", destaca Llasat. "Como consecuencia, se produce un aumento de la masa de agua de la atmósfera, que se encuentra en estado de vapor". De acuerdo con el informe anual del Servicio Europeo de Cambio Climático Copernicus sobre las cuestiones climáticas más destacadas, la cantidad total de vapor de agua en la atmósfera alcanzó un valor récord en 2024, con un 4,9% por encima de la media de 1991-2020, notablemente superior al de 2016 (3,4%) y 2023 (3,3%), los años con el segundo y tercer valor más altos. "Tenemos más agua en la atmósfera y más temperatura a niveles bajos, lo que favorece la inestabilidad", recalca Llasat.
Según un estudio publicado este año por la Universitat de València, "la temperatura de las aguas del Mediterráneo ibérico ha aumentado en 1,5ºC en los últimos 40 años, observándose un incremento acelerado en la última década". Daniel Argüeso, profesor de Física de la Tierra en la Universitat de les Illes Balears (UIB), coincide con Llasat y declara a Público que este incremento no influencia como tal en la generación de las DANA, ya que su formación es independiente. El problema reside en su contacto con otros elementos, en concreto, con el aire caliente. Y en este sentido, indica que "un mar más cálido aporta más energía y vapor de agua, por lo que la capacidad de precipitaciones intensas es mayor".
Peio Oria, exdelegado de la Aemet en Navarra: "Llueve poco, pero cuando lo hace, las tormentas tienen más capacidad de provocar inundaciones"
También Oria destaca que "la evaporación del mar produce aire cálido". El exdelegado de la Aemet en Navarra advierte de que "hay cada vez más señales de que los efectos de las DANA se están extremando. Las precipitaciones son más torrenciales. Llueve poco, pero cuando lo hace, las tormentas tienen más capacidad de provocar inundaciones". Las DANA por sí mismas son un evento meteorológico más, pero en el actual escenario de emergencia medioambiental, pueden conllevar serios riesgos.
Peligrosidad, exposición y vulnerabilidad
La catedrática de la Universitat de Barcelona señala que el riesgo de un evento climático se compone de tres factores: "La peligrosidad, la exposición y la vulnerabilidad". Por este motivo, desde el IDAEA-CSIC analizan el fenómeno de las DANA desde el punto de vista de las catástrofes naturales. "Cuando hablamos de desastre, le estamos dando ese cariz de exposición de la población", explica Marta López Saavedra. Ella también insiste en que las DANA como tal "no son el problema, sino todos los riesgos secundarios".
En concreto, López Saavedra se refiere al factor de la exposición y subraya el incremento demográfico como punto candente. "Si antes en un mismo lugar vivían 200 personas y ahora son un millón, el impacto es mayor", de manera que aumenta el riesgo. Algunos de los problemas derivados de las precipitaciones intensas son "toda esa agua que no se evacúa hacia el mar, el desbordamiento de los ríos, que llegue a zonas inundables o que coloquemos allí hospitales, casas u otros edificios", enumera la experta del CSIC. No obstante, la exposición no tiene por qué estar reñida con la vulnerabilidad: "Puedes exponerte, pero no ser vulnerable. Hay zonas del mundo donde existen mecanismos para no sufrir los daños cuando suceden".
Cómo mitigar el impacto de las inundaciones
Carme Llasat remarca que el Gobierno no puede legislar sobre la peligrosidad de un evento meteorológico, pero sí sobre la exposición y la vulnerabilidad de la ciudadanía frente a él. Sobre esta cuestión, López Saavedra pone de relieve la necesidad de "aumentar la resiliencia, nuestra capacidad de volver a la normalidad tras haber sobrevivido al fenómeno". Para ello, la experta valora que "la planificación territorial es una de las principales estrategias que se deberían de implementar cuando hablamos de desastres naturales".
La investigadora del CSIC incide en la necesidad de realizar evaluaciones de impacto ambiental adecuadas para determinar si una zona puede ser inundable y, en caso afirmativo, evitar construir allí. ¿Pero cómo nos hacemos cargo de las viviendas, hospitales, residencias y otras edificaciones que ya se encuentran en estos lugares críticos? Llasat propone algunas medidas, como "prohibir que haya personas de edad avanzada en sótanos inundables, poner placas en las puertas o mejorar la red de drenaje". También hace hincapié en la importancia de diseñar planes a escala local, que permitan "tener identificados los sitios de mayor riesgo para salvar a las personas".
Peio Oria también apuesta por mejorar "los sistemas de alerta temprana. Ser más precisos en las zonas donde pueden tener lugar las precipitaciones". Sin embargo, reconoce que esta tarea es complicada porque "a menudo solo se puede saber a pocas horas vista". Llasat añade que esta dificultad se debe a que "el funcionamiento de la atmósfera es muy caótico y complejo".
Una ciudadanía (in)formada
Todas estas medias pueden caer en saco roto sin una cuestión esencial en la que coinciden todas las expertas: la (in)formación con la que cuenta la ciudadanía. "Es necesario incrementar la sensibilidad", expresa Daniel Argüeso. El investigador de la UIB dice que eventos como la tragedia que asoló València el pasado mes de octubre "se nos olvidan muy rápido" o que fenómenos similares pueden volver a ocurrir, pero en un lugar distinto donde la conciencia es menor.
"Estamos cansados de ver cómo se forman ríos de agua que van cubriendo a los vehículos o se llevan sillas de bar o contenedores", lamenta Oria. El exdelegado de la Aemet insiste en que la población debe interiorizar cómo comportarse "en caso de tener un aviso a corto plazo". En este ámbito, López Saavedra subraya que "la alerta temprana requiere que la población tenga suficiente formación y educación. Si recibes alertas de Protección Civil, hazles caso". La científica insiste en que "no puede ser que la gente en València no se creyera que se estuviera desbordando un río en una zona donde no llovía", por lo que considera fundamental la educación de la ciudadanía y hacerla partícipe "desde el momento cero" en la gestión de posibles catástrofes naturales.

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