¿Es la crisis climática causa de las lluvias de marzo?
El país ha pasado de la escasez de agua a precipitaciones desbordantes en pocas semanas. Mientras los embalses se recuperan, la agricultura se enfrenta a pérdidas alarmantes.

Madrid-
Muertes, clases en las universidades canceladas y hasta puentes romanos derrumbados. La racha de lluvias en la península ibérica ha sido histórica. Córdoba ha acumulado 290,3 litros por metro cuadrado, según los datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y de la Aemet, pulverizando el récord del marzo más lluvioso en la capital cordobesa. Además, el observatorio de Madrid-Retiro ha calculado una acumulación de 213,6 litros de agua por metro cuadrado entre el 1 y el 20 de marzo, convirtiéndose en el mes más húmedo desde que hay registros, iniciados en 1893.
El último informe del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo indica que la tendencia en las últimas décadas ha sido de meses de marzo notablemente más húmedos. Las recientes experiencias meteorológicas han dejado claro lo que la ciencia advierte, y es que desde el 28 de febrero, en España se han sucedido hasta cuatro borrascas: Jana, Konrad, Laurence y Martinho.
Este fenómeno se conoce como "tren de borrascas", llamados así por su persistencia, indica a Público Daniel Argüeso, climatólogo y profesor titular en la Universitat de les Illes Balears (UIB). "Este tipo de situaciones se dan por una configuración de altas y bajas presiones", explica.
La razón principal detrás de estas lluvias prolongadas es la presencia de un anticiclón de bloqueo ubicado en el norte de Europa, cerca de Irlanda y Reino Unido. Este sistema meteorológico fuerza a las borrascas a moverse por latitudes más bajas de lo habitual, impactando directamente a la península ibérica. Como consecuencia, España ha experimentado precipitaciones que normalmente se habrían dirigido hacia las Islas Británicas.
¿Una expresión de la crisis climática?
Todavía están pendientes los estudios de atribución, que determinan si un evento meteorológico está vinculado o no a la crisis climática. Por el momento Argüeso considera que, al menos a priori, no hay razones para creer que el tren de borrascas es consecuencia de la emergencia ambiental. El investigador valora como positivas las lluvias de marzo porque "veníamos de una importante sequía".
El ecólogo y científico del CSIC Fernando Valladares también es cauto en este asunto. Según indica a este medio, hay una combinación de dos factores. Por un lado, la península ibérica está sujeta a una gran variabilidad natural, de manera que esta clase de eventos meteorológicos no genera una disonancia con respecto a las condiciones climáticas habituales.
Por otro lado, el experto subraya que "este tipo de patrón de lluvias tan intensas entra dentro de lo esperable por el cambio climático". Marta Olazabal, investigadora del centro vasco para el cambio climático BC3, señala a este medio que "hay una alta incertidumbre sobre cuándo estos fenómenos van a suceder". La científica subraya que "aún sin cambio climático, existen probabilidades de ocurrencia", pero matiza que la probabilidad y la magnitud de los eventos aumenta en el contexto de la actual emergencia ambiental.
Fernando Valladares, ecólogo del CSIC: que haya más lluvias y más sequías no es un hecho contradictorio
Argüeso destaca que "todas las predicciones apuntan a una disminución de lluvias" como causa de la crisis climática. "En la próxima década se espera que las precipitaciones sean menores y que cuando tengan lugar, sean intensas", remarca. En este sentido, Valladares pone de relieve que "más lluvias y más sequías no son contradictorias", sino que se trata de "dos caras de la misma moneda", es decir, el cambio climático.
Alivio para las cuencas, alarma para el campo
Argüeso insiste en que este período de precipitaciones ha sido positivo para paliar los efectos de la sequía. La cuenca del Tajo ha incrementado su nivel al 75%, la del Duero al 75,9%, el Guadalquivir al 50,3% y la cuenca de Catalunya al 45,2%. La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), celebra estos datos, pero advierte de que ha tenido graves consecuencias sobre algunos campos. "Tanta lluvia en tan poco tiempo tampoco puede ser bueno", ha afirmado el climatólogo de la UIB.
En Murcia, más de 5.000 hectáreas de cultivos como lechuga, brócoli y coliflor han sido anegadas, es con pérdidas económicas que la COAG calcula en torno a los diez millones de euros. En Sevilla, los cultivos de secano no han podido sembrarse y los de invierno sufren enfermedades debido al exceso de humedad.
En el Bajo Guadalquivir, algunos cultivos como los guisantes se han perdido por completo, debido a que se han podrido en la raíz. Además, el encharcamiento del suelo ha impedido la recolección de brásicas –género de plantas en el que se incluyen la coliflor, el brócoli o las coles de Bruselas– debido a la imposibilidad de acceso de la maquinaria y los trabajadores. En Huelva, la humedad ha dañado considerablemente los frutos rojos, como la fresa, afectada por hongos.
Las consecuencias ambivalentes de estos eventos meteorológicos ponen de manifiesto la necesidad de una adaptación de la agricultura a la crisis climática. En un contexto en el que esta clase de fenómenos tendrá lugar de manera cada vez más frecuente, se revela como urgente la búsqueda de trabajar el campo de una manera sostenible y capaz de hacer frente a períodos de lluvias extremas y de sequías.
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