Galicia, ¿un gran refugio climático?
El clima suave de Galicia se usa como reclamo turístico en un contexto global de aumento de temperaturas, pero esa tendencia también afecta a la comunidad: es la segunda tras Madrid con más decesos por calor.

Santiago--Actualizado a
Planicies de asfalto a modo de patios de colegio. Aceras estrechas, sin árboles y con cuatro carriles por los que circulan millares de coches al día. Temperaturas al alza. Ciudades inhabitables e islas de calor de las que es imposible huir, y que parecen haber sido construidas en contra de sus propios habitantes. Nadie puede librarse del cambio climático ni de sus consecuencias. El aumento medio de la temperatura a nivel global es imparable, si bien en España el ritmo es mucho más acelerado que en otros puntos del globo. Según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), podría subir de tres la cuatro grados más antes de que finalice el siglo XXI.
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Galicia no es una excepción para una problemática que afecta de manera conjunta, mas desigual, a todo el planeta. "Uno de los grandes desafíos es adaptar nuestras ciudades, territorios y formas de vida ante una amenaza cada vez más latente", subraya Brais Estévez, investigador del Departamento de Xeografía de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), quien destaca que "no estamos en el mejor contexto en términos de preparación y adaptación para responder a estos desafíos". Y es que las evidencias científicas están claras: los fenómenos meteorológicos serán cada vez más extremos.
Sin ir más lejos, y como prueba, Galicia vivió este invierno el cuarto más cálido de la serie histórica, iniciada en 1961, tal como reflejan los datos hechos públicos por Meteogalicia, la agencia meteorológica autonómica. Los meses de enero y febrero fueron, además, especialmente calurosos, con una temperatura media 1,5 grados por encima de la media histórica. En este sentido, Estévez resalta la relevancia de indagar sobre este asunto en el campo investigador: "Es importante que podamos disponer de cartografías de adaptación o procedimientos de actuación lo más precisos posible para enfrentarnos a estos fenómenos. Es una cuestión de política planetaria".
Espacios públicos de refugio
En este contexto, cobra importancia el concepto de refugio climático, muy extendido en otros puntos de la península y del resto del continente. La investigadora del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals (ICTA)–Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) Ana T. Amorim-Maia define estos espacios como "infraestructuras urbanas críticas para apoyar la adaptación al cambio climático que ofrecen espacios públicos donde refugiarse durante episodios de temperaturas extremas". Una biblioteca, un museo, una escuela o un parque pueden servir como refugios climáticos.
Iago Carro, arquitecto de la cooperativa Agrosfera: «Cualquier elemento urbano puede funcionar como un refugio climático»
"Cualquier elemento urbano puede funcionar como un refugio climático", matiza Iago Carro, arquitecto y parte de la cooperativa de trabajo Ergosfera, centrada en el desarrollo de proyectos de investigación e intervención urbana. Como ejemplo, utiliza los soportales, una estructura que forma parte de la arquitectura de la mayor parte de villas y ciudades gallegas: "Son una tipología arquitectónica urbana que funciona como refugio climático desde siempre. Sirven para cubrirse de la lluvia, del sol, y para que la actividad y los recorridos urbanos se puedan desarrollar con normalidad aunque haya unas condiciones climáticas adversas".
Dentro de los espacios urbanos, tanto Estévez como Carro destacan el valor de repensar, principalmente, tres elementos: agua, sombra y suelo. "Las condiciones no son las mismas en un territorio muy urbanizado, en el que el suelo está pavimentado. Los espacios urbanos modernos están radicalmente separados de la naturaleza y, a veces, se pone en riesgo la habitabilidad. Con el efecto isla que se produce en estos lugares, los cuerpos y las mentes sufren. El calor también está muy asociado a la mortalidad", señala el investigador del Departamento de Geografía de la USC, que también es uno de los impulsores de las jornadas Escuela de Calor-Refugios climáticos en Ourense? celebradas en junio pasado.
Muertes por calor
Reflejo de ello son los resultados expuestos por el Ministerio de Sanidad en el balance del Plan Nacional de Actuaciones Preventivas del Exceso de Temperatura en la Salud 2023, donde se indica que Galicia es la segunda comunidad donde se produce un mayor número de decesos por calor, tan sólo por detrás de la comunidad de Madrid, por la falta de adaptación de la población la este tipo de temperaturas.
En este sentido, María Lafuente, de la Asociación para la Defensa Ecológica de Galicia (Adega), hace hincapié en que "lo primero es saber qué recursos tenemos, para después poder ordenarlos y hacer una buena planificación de su uso". Reclama, sobre todo en el caso del agua, "una gestión comunitaria y eficiente". Lafuente introduce, además, otra de las grandes cuestiones alrededor de los efectos del cambio climático en el día a día: la clase social. "Existen formas lúdicas muy relacionadas con el agua, como los campos de golf, que deben regularse o desaparecer. Están ligadas a personas con un poder adquisitivo alto y expulsan a aquellos que cuentan con un nivel más bajo en ciertas zonas. Ya no es solo una cuestión de justicia ambiental, sino también social", subraya.
La variedad geográfica de Galicia también será un punto clave a la hora de diseñar políticas que reduzcan los efectos del cambio climático. "En el rural los problemas serán otros. Es probable que tengan dificultades en la movilidad o en el acceso a recursos y lugares cerrados como en las ciudades", clarifica Carro. Por eso, Estévez hace hincapié en que "es muy importante hacer el trabajo científico y experimental en cada territorio, para poder conocer las necesidades específicas".
"El cambio climático es una cosa completamente global, que poco se puede hacer desde una única ciudad o villa, pero la cuestión de mitigación de los efectos es una cosa ultralocal", matiza Carro.
Más allá de repensar los espacios urbanos, los efectos del cambio climático hacen necesario el acondicionamiento de otro tipo de espacios para hacer frente a las temperaturas extremas y encontrar confort térmico. En este sentido, hace falta mirar, tal como señalan Estévez y Carro, a la ciudad de Barcelona. La capital catalana cuenta desde hace años con una red pública de refugios climáticos promovida por el Ajuntament. Este verano el número asciende a 355 y dentro del listado se encuentra lugares tales como mercados municipales, bibliotecas, centros cívicos o museos. "El 98 % de los barceloneses tienen un refugio climático a menos de diez minutos de casa y el 68 % cuenta con uno a menos de cinco minutos", señala el propio consistorio local en su web.
Centros comerciales abarrotados
Ningún lugar de Galicia cuenta a día de hoy con una red similar, aunque por propio instinto sean lugares a los que se acude para combatir las altas o bajas temperaturas. Ejemplo de esto son los centros comerciales abarrotados durante las olas de calor o los días fríos de invierno. Con todo, este tipo de lugares de titularidad casi siempre privada, pero de acceso público, cuentan con limitaciones. La mayoría de ellos cierran una vez entrada la noche. "El clima no tiene horarios", señala el arquitecto de Ergosfera.
Iago Carro, arquitecto de Ergosfera: "El clima no tiene horarios"
Como un primer paso a la adaptación de este tipo de espacios, en el marco de la Escuela de Calor, la Biblioteca Pública NÓS de Ourense se convirtió en un caso de estudio con el objetivo de diagnosticar el confort térmico, a través de un protocolo participativo de medición con sensores repartidos por las instalaciones y con entrevistas a los usuarios. "Es un protocolo aplicable la cualquier tipo de espacio. Tenemos mucho interés en trabajar con la Red de Bibliotecas Públicas de Galicia. Es una conversación que estamos intentando iniciar con las consellerías de Cultura y Medio Ambiente. Esta red ocupa casi todo el territorio y pensamos que puede ser un referente relevante para estudiar una política de adaptación", explica Estévez.
Así, insiste en que "son este tipo de espacios los que podemos ir adaptando con más o menos celeridad". "Hay que encontrar esos lugares interiores públicos y que no todo dependa de la climatización privada y de que cada uno resuelva la emergencia de manera individualizada a través de un aparato de aire acondicionado", concluye.
María Lafuente (Adega): "La gente busca fresco, pero no podemos destruir lo que tenemos"
El concepto de refugio climático lleva ya un tiempo colándose en los discursos de políticos y mandatarios de todo el mundo. En el caso del norte peninsular y, concretamente, en el de Galicia, el Gobierno de la Xunta utiliza este término asociándolo casi siempre al impulso del turismo. Ante las grandes olas de calor, Galicia toma protagonismo, o por lo menos así lo refleja el estudio Impacto regional del cambio climático en la demanda turística europea, publicado por la Unión Europea, que señala que la comunidad es uno de los destinos favoritos dentro del continente dado su clima agradable en verano. En datos, esto podría suponer un aumento de su turismo de más del 3% hasta el año 2100.
Infraestructuras sólo para turistas
"La gente busca fresco, pero no podemos destruir lo que tenemos. Es preciso que si vienen, se integren en las comunidades", añade en este sentido Lafuente. ¿Quién no querría irse de Sevilla, Madrid o Córdoba a 40 grados? La respuesta probablemente sea que cualquiera, pero esto también se convierte en una cuestión de clase, pues solo podrán hacerlo aquellos que tengan los recursos necesarios. En esta línea, Lafuente subraya que "no se deben crear infraestructuras, pensadas en buena parte para los turistas, que destruyan el medio ambiente, como pueden las pasarelas en las playas o los aparcamientos sin ningún tipo de control".
Para Estévez, ver a Galicia como un refugio climático "es un tanto inquietante", puesto que "siempre pensamos que serán los otros el objeto de esas situaciones problemáticas, pero aún no sabemos con certeza qué efecto puede tener para nosotros ese aumento de las temperaturas". "Hay una idea que trae consigo el cambio climático, que es de límite, que nos ayuda a pensar en la mitigación y adaptación, que parece que aquí descartamos. ¿Cómo es posible que en un momento donde el grueso de las instituciones científicas está pensando en esa idea de límite, nos parezca que queramos seguir en ese 'sin límite' que nos conduce a escenarios donde las condiciones de habitabilidad no van a estar garantizadas?", se cuestiona Estévez.
Asimismo, la cuestión del turismo climático afecta también a otras dimensiones, como el acceso a la vivienda. La reducción del parque de viviendas en alquiler y el incesante aumento de los precios, ligados a la proliferación de los pisos turísticos son cuestiones que se pueden ver agravadas. "Hay sitios en los que se están creando urbanizaciones a costa de arrasar con carballeiras. Esos árboles, los carballos [robles, en gallego] son los que nos van a dar sombra y oxígeno. Hay que aprender a convivir con la naturaleza y con las vecinas", dice Lafuente.
Brais Estévez, investigador del Departamento de Xeografía de la USC: "Necesitamos una conversación con el mayor número de actores posible"
"Todos los expertos están preguntándose cómo se tiene que producir esa transmisión del conocimiento y de la evidencia científica después décadas de estudios y de avisos sobre la cuestión climática. Cada vez más gente se siente concernida por esta cuestión y exige medidas al respecto a la Administración pública, pero por ahora no es suficiente", alega Carro. Y es que, para poder hacer frente a todas estas cuestiones, sociedad y gobiernos han de trabajar mano a mano.
En esto coincide también Lafuente, quien señala que "hay cosas sobre las que hay que debatir, no todo va a valer con tal de aumentar los recursos económicos". Por su parte, Estévez manifiesta que "necesitamos una conversación con el mayor número de actores posibles, para poder ir aprendiendo todos en este proceso". "No somos capaces de sostener evidencias colectivas que estén a la altura de las evidencias científicas. Tenemos que estar más organizados, y que los principios de la ciencia nos ayuden a producir evidencias comunes compartidas sobre las que actuar".






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