Los incendios de este verano dejan a España más vulnerable ante eventos extremos como la DANA
Estos meses han dejado más de 380.000 hectáreas arrasadas, con una tierra menos resiliente frente a las lluvias y un Mediterráneo recalentado que amenaza con multiplicar la intensidad de las precipitaciones.

Madrid--Actualizado a
España abandona este mes un verano marcado por la peor ola de incendios de las últimas dos décadas, con 381.103 hectáreas quemadas en el 2025, según los últimos datos de Copernicus. Un estudio urgente del grupo científico World Weather Attribution (WWA) concluyó el pasado 4 de septiembre que la crisis climática hizo 40 veces más probables los fuegos que asolaron la península en agosto. Las llamas han dejado un suelo débil que, con la emergencia ambiental involucrada, será especialmente vulnerable ante los eventos meteorológicos que puedan tener lugar este otoño.
El biólogo Fernando Valladares, director de Ecología y Cambio Global en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, dependiente del CSIC, subraya en declaraciones a Público la noción de "atribución" del estudio del WWA. Aclara que no se trata de una mera correlación, sino que "analiza con modelos complejos y matemática avanzada la contribución de la crisis climática" a estos fenómenos "con muchos factores y variables". El investigador insiste: "Son estudios muy serios y complicados, no vale el cuñadismo".
El estudio del WWA indica que la temperatura era 1,3ºC superior a la media de la época preindustrial. Además, los datos meteorológicos empíricos sugieren que las condiciones climáticas extremas que condujeron a la ola de incendios pueden tener lugar una vez cada 15 años. En un escenario 1,3ºC más frío, la probabilidad sería 40 veces más pequeña y la intensidad de las condiciones sería hasta un 30% menor.
Eventos más intensos, frecuentes y duraderos
El mismo grupo científico concluyó que la emergencia climática duplicó las probabilidades de que sucediera la DANA que arrasó el País Valencià hace menos de un año, e hizo que las precipitaciones fueran un 12% más fuertes. "Las DANA son eventos naturales", apunta Valladares. Pero la crisis ambiental afecta a tres aspectos fundamentales: la intensidad, la frecuencia y el período de tiempo en el que pueden ocurrir. Una realidad que afecta tanto a las olas de calor en verano, como a las DANA en otoño. Esto significa que la época de DANA "empieza antes y termina más tarde", se espera que traiga más agua y que sucedan un mayor número de ocasiones.
La experiencia del verano solo agrava este problema. El portavoz de la Aemet, Rubén del Campo, matiza a Público que "el carácter climático que haya tenido la estación previa no presupone el carácter climático que pueda tener la estación siguiente". Sin embargo, un verano tan caluroso como el de este año deja como remanente "las aguas del mar Balear –que comprende el Mediterráneo entre la península y el archipiélago– con unas temperaturas dos grados por encima de lo que sería normal para esta época del año".
Daniel Argüeso, profesor de Física de la Tierra en la Universitat de les Illes Balears (UIB), indica a este medio que la alta temperatura del agua supone "un elemento de riesgo para que se produzcan tormentas particularmente intensas". También Peio Oria, físico y exdelegado de la Aemet en Navarra, subraya en declaraciones a este diario que "tenemos un Mediterráneo que sigue entre dos y tres grados por encima de lo que sería normal para esta época, dependiendo de la zona". En concreto, esto favorece "la evaporación del agua". Y "cuando llega una DANA u otro tipo de sistema similar, las nubes de tormenta que se forman tienen más posibilidades de cargarse con vapor de agua".
Una tierra "desnuda" ante las lluvias intensas
España deberá afrontar la inminente época de precipitaciones con un suelo calcinado por la ola de incendios del pasado agosto. "Con la vegetación quemada, los suelos no son tan capaces de filtrar y retener la lluvia, así que la precipitación puede ser más destructiva", advierte Valladares. El doctor en geología y divulgador científico Antonio Aretxabala aclara que las cenizas reaccionan con el terreno y forman "partículas arcillosas contaminadas que son impermeables". El experto añade que "este material es blando y es arrastrado como un fluido cuando hay una fuerte precipitación". Este arrastre de alta densidad facilita que partículas tóxicas se cuelen por las fracturas y poros de las rocas, alcanzando las aguas subterráneas y contaminando así los acuíferos.
Este no es el único problema. "Todo esto desnuda el terreno y lo deja sin ningún tipo de defensa vegetal para frenar la velocidad de este flujo de alta densidad de agua, barro y rocas". De este modo, "cuando hay lluvias muy fuertes, tenemos un arrastre destructivo". Aretxabala destaca que los lugares afectados por los últimos incendios tienen un clima entre mediterráneo y atlántico, que se caracteriza por contar con "unidades geomorfológicas como torrentes o barrancos". Estos barrancos pueden estar conquistados por las plantas y contar con suficiente rugosidad para frenar dicho flujo, pero con la tierra calcinada, sin defensa, "cuando se produce una lluvia muy fuerte, se arrastra todo".
Un terreno desnudo, sin rugosidad ni vegetación, conlleva "una velocidad brutal del flujo del agua". Cabe destacar que esta agua "no es pura, sino que arrastra cenizas, barro, arcillas, piedras y otros materiales". Por tanto, su densidad es mucho mayor y "arrasa con todo", incluyendo infraestructuras humanas. "No se le ofrece ninguna resistencia y se lleva por delante todo lo que pille: un puente, una presa, un camino... cualquier cosa", aclara el geólogo, que compara este escenario con el que vivió València el pasado mes de octubre o la localidad oscense de Biescas en 1996, cuando las lluvias intensas provocaron una súbita crecida del barranco de Arán. Esto condujo a una riada que ocasionó 87 muertes y 187 personas heridas.
Frente a la incertidumbre, preparación y coordinación
Todavía no sabemos lo que sucederá. "Es difícil -si no imposible- hacer una predicción para el otoño", hace hincapié Daniel Argüeso. "Son muchos los factores en juego y aventurarse a qué puede venir es poco riguroso". Por su parte, Rubén del Campo añade que "hacer una predicción a tres meses, con el estado actual de la ciencia, necesariamente tiene que ser una información de tendencia más probable, y con la información que tenemos ahora mismo disponible, el escenario más probable es el de un otoño más cálido de lo normal en toda España".
Víctor Riera, del área de Conocimiento y Ciencia Aplicada de la Fundación Pau Costa, declara a Público que "actualmente solo podemos jugar con la probabilidad de encontrarnos anomalías significativas en las temperaturas y precipitaciones a unas semanas vista". De todos modos, matiza que "siempre debemos prepararnos para posibles eventos anómalos sopesando el nivel de estrés hídrico de la vegetación".
Rubén del Campo (Aemet): "El escenario más probable es el de un otoño más cálido de lo normal en toda España"
Esta predicción probabilística sigue siendo difícil de realizar cuando se trata de precipitaciones. "Vivimos en una zona geográfica en la que si llega un temporal fuerte, en pocas horas –o cuando lo sumo en uno o dos días– te puede llover todo lo que habitualmente llovería en un otoño entero. Por lo tanto, es muy complicado hacer un pronóstico. En este momento hay mucha incertidumbre".
En este contexto, el portavoz de la Aemet defiende que "lo que debemos hacer es lo que hacemos habitualmente: trabajar coordinados", una máxima a la que se adhiere Valladares. "Es fundamental que las diferentes escalas de la administración publica se escuchen y coordinen", remarca el del CSIC. Asimismo, del Campo aboga por "conseguir informar a la población y protegerla ante fenómenos meteorológicos adversos".
En este sentido, Valladares hace un llamado a la ciudadanía para no cometer los errores que se vieron durante la DANA en la provincia de València. También Argüeso recalca que "las predicciones de AEMET y las alertas que emiten son rigurosas y debemos tomar medidas cuando eso ocurra". Por ejemplo, "evitar exponernos cuando haya alertas por precipitaciones intensas es ya una medida muy eficaz". Con el bagaje de los últimos desastres climáticos, los próximos meses darán cuenta del estado medioambiental de España y su resiliencia frente a la posible meteorología adversa que pueda tener lugar este otoño.




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