Público
Público

marihuana Los narcos albaneses siembran de marihuana los aledaños del mayor santuario del Opus Dei

El Prepirineo aragonés va camino de convertirse en el Humboldt del Mediterráneo, el lugar preferido por las mafias para producir hierba a escala industrial en plena Europa. No se trata de "honrados traficantes" del terruño, sino de criminales albaneses. 

Agentes de la Guardia Civil cortan las plantas de cannabis hallada en una de las doce plantaciones cercanas a Torreciudad. / Guardia Civil
Agentes de la Guardia Civil cortan las plantas de cannabis hallada en una de las doce plantaciones cercanas a Torreciudad. / Guardia Civil

"Siento verdadera curiosidad por saber cómo llevaron hasta uno de sus campamentos semejante artefacto", dice Arturo Notivoli. El artefacto que menciona el capitán jefe de la Tercera Compañía de la Guardia Civil en Huesca es un generador eléctrico de 140 kilos utilizado por un grupo de narcotraficantes albaneses para poner a andar la bomba que abastecía de agua los cultivos de marihuana que acaba de desbaratar ese cuerpo de seguridad del Estado en la Ribagorza aragonesa. Se precisaron "cuatro hombres fuertes" para apencarlo "con dificultades" monte abajo hasta las orillas del embalse de El Grado y cargarlo en una embarcación del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) con la que se transportó más tarde hasta el lugar donde aguardaban las furgonetas policiales.

El lugar donde se halló el cannabis es un lugar singularmente salvaje, quizá uno de los parajes montaraces españoles menos frecuentados por humanos. Toda la extensa franja de tierra que se extiende río arriba por la margen izquierda del Cinca, desde la presa de El Grado y el santuario de Torreciudad hasta el embalse de Mediano, fue transformada por Franco en un erial de densidades demográficas saharianas, especialmente a partir de 1960, que es cuando sus pantanos engulleron algunas de las aldeas que jalonaban ese cauce tributario del Segre así como la mayoría de las tierras de regadío que alimentaban a los pueblos que no quedaron anegados por las aguas. Todos, sin excepción, fueron expropiados por la fuerza, lo que creó esa anomalía geográfica, apenas habitada hoy, aquí y allá, por un puñado de neorurales, okupas anarcoides y meditadores budistas en cuya presencia uno no repararía salvo que se adentrara en las zonas boscosas, a menudo solo conectadas por trochas aselvadas y desprovistas de las clásicas balizas del Prames.

Ruta "mariana" del Pirineo

Hasta una tonelada y media de hierba tuvieron que acarrear los guardias civiles que tomaron parte hace una semana y media en la llamada operación "Secastilla". Con un viento propicio, las intensas vaharadas de la marihuana recién cortada quizás hubieran alcanzado hasta los devotos peregrinos que antes del coronavirus acudían por millares a rendir su fe ante una advocación de la Santísima, la virgen negra que sanó de una enfermedad mortal cuando era niño al santo y exorcista Josemaría Escrivá de Balaguer. Torreciudad es un delirio kitsch de ladrillo caravista diseñado por el numerario Heliodoro Dols y levantado en 1975, a menos de treinta kilómetros al norte de Barbastro, capital del Somontano y ciudad natal del fundador del Opus Dei. El santuario se halla en el término municipal de Secastilla, que es también la pequeña población oscense en cuyo vasto territorio fueron halladas las doce plantaciones de hierba. La policía tuvo que escudriñar durante meses ese terreno impracticable y las orillas del pantano hasta dar con el alijo.

Aunque no se han producido tiros todavía en las montañas altoaragonesas del cannabis, es casi inevitable establecer analogías entre este agreste territorio de tránsito que anticipa del lado español las grandes cumbres pirenaicas con la llamada "Montaña asesina", la inaccesible región californiana de Humboldt donde se produce buena parte del cannabis norteamericano. El Prepirineo se extiende de este a oeste, a lo largo de 425 kilómetros, a través de comarcas como la Hoya de Huesca, el Pallars Jussà (Lleida) o el viejo condado de la Ribagorza. En menos de un año, la Policía Nacional y la Guardia Civil han detectado y destruido decenas de miles de plantas de marihuana cultivadas por grupos organizados de acuerdo al mismo modus operandi de los albaneses de Secastilla.

Un vehículo de un hortelano rumano detenido en un campamento de maría onubense reapareció este verano cerca de Secastilla. / Ferran Barber

No hablamos de cultivos de guerrilla de la gente del terruño, sino de laboreo a gran escala a cargo de jardineros profesionales de la Europa del Este acampados durante meses en los bosques y en este caso, abastecidos a través del embalse de El Grado mediante una embarcación también hallada por la Guardia Civil. Solo uno de ellos -albanés, de 33 años- ha sido arrestado hasta la fecha, pero habrá que aguardar a que el laboratorio de criminalística examine las evidencias recogidas para ver si es posible vincular a los narcos que operaban junto a Torreciudad con otros grupos de albaneses que trabajan en el extranjero, Andalucía, Cuenca, el Levante o, sobre todo, en los parajes más salvajes del Prepirineo catalán y aragonés.

"Es que las condiciones en el Pirineo son idóneas", dice el capitán Notivoli. "Necesitan agua, una climatología adecuada y muy poca población, y todos esos requisitos se dan en estas montañas así como en otros espacios de la España interior". Las investigaciones comenzaron a finales del pasado año a raíz de una información que sugería que en ese mismo área que se extiende entre la aldea de Puy de Cinca y el santuario de la Obra había una plantación ya cosechada de maría. "Le hicimos un seguimiento a ese lugar para ver si mantenían la plantación, pero la abandonaron", añade el responsable de la Guardia Civil en el Sobrarbe y la Ribagorza. "Aun así, sospechamos que, dado que habían conseguido sacar adelante la cosecha anterior, regresarían. Y así ha ocurrido. La zona era propicia a sus fines porque tiene una densa masa boscosa y un punto de abastecimiento de agua accesible. Además, casi nunca es frecuentada por la gente".

Hallado casi de milagro

Hasta 2017 y durante los quince años precedentes, Arturo Notívoli (Ejea de los Caballeros, 1968) estuvo al frente del Seprona en toda la provincia de Huesca, de modo que conocía personalmente algunas de las áreas donde se han hallado las mayores plantaciones de maría en el transcurso del último año. Como Agüero, junto a la población de Ayerbe, o las inmediaciones del embalse de Santa Ana, en Lleida, parece más que obvio que Graus (Huesca) es un punto caliente en la "ruta mariana pirenaica" de los albaneses.

La táctica de los narcos que operaban en las cercanías de Torreciudad era buena, aunque su negocio terminara en fiasco este año

La táctica de los narcos que operaban en las cercanías de Torreciudad era buena, aunque su negocio terminara en fiasco este año. Se da por hecho, sin embargo, que por cada macroplantación localizada hay alguna más que logra cosecharse. El cannabis se ha convertido en el negocio de moda entre los traficantes europeos, así que cada vez tienen más engrasados los resortes.

"Durante los pasados meses de junio y julio, organizamos servicios de búsqueda por tierra, aire y a pie de orilla del pantano, con las embarcaciones del GEAS", explica el capitán Notívoli. "Buscábamos precisamente mangueras o tomas de agua que nos llevaran a los campos, pero no dimos con ellas. De manera que en septiembre organizamos un dispositivo con personal de a pie y logramos escuchar un lejano rumor de un generador que estaba bombeando agua en una cerrada área boscosa. Conseguimos llegar al lugar con tres grupos operativos de paisano y localizamos una plantación de marihuana a cuyo cargo había un albanés elevando las aguas". El jardinero de 33 años, cuya identidad no ha sido proporcionada por la Guardia Civil, ha sido hasta la fecha el único arrestado.

Los cultivos descubiertos se hallan en algún lugar del bosque de carrascas situado entre el santuario y la aldea de Puy de Cinca, un albergue y granja-escuela situado en los terrenos propiedad de la Confederación Hidrográfica del Ebro, cedidos en concesión al sindicato agrario UAGA, en cuyo nombre lo gestiona una familia. A raíz de ese primer hallazgo, el cuerpo policial organizó una segunda operación que propició el descubrimiento de once plantaciones más, además de cinco campamentos estables con una gran cantidad de comida y una infraestructura muy sofisticada: cinco balsas de riego, muchos kilómetros de mangueras, cinco secaderos y material para el envasado del producto. La moraleja aquí es que, al igual que otros entramados criminales detectados en el Pirineo, los albaneses de Torreciudad son un grupo muy bien organizado de hortelanos-traficantes, gente que no improvisa y que conocen muy bien su oficio.

Los narcos albaneses se abastecían a través de embarcaciones, por el pantano de El Grado. Hay fiordos invisibles desde cualquier lugar habitado. / Ferran Barber

Nada de drones

Entre los pocos lugareños que habitan en los aledaños se ha extendido la idea de que los campos de maría podrían detectarse con drones, helicópteros o las fotos de satélite de la PAC. Negativo. La maría del Prepirineo es una aguja narcótica en un enorme pajar de robles, coscojas, carrascas y arbustos espinosos como zarzas. "Es que verás -dice el capitán Notivoli, yo he estado alguna vez a doscientos metros de una plantación, tanto con la moto como con la embarcación del GEAS, y me fue imposible detectarla. Desbrozan los bosques para despejar las áreas de cultivo, pero dejan siempre algunos árboles intactos, para que sus copas oculten el suelo e impidan ver la hierba desde el aire. Utilizan también la leña del desbroce para crear barreras y construyen una especie de fortín en zonas boscosas terriblemente cerradas y sin accesos principales. Las únicas sendas que existían son las que habían hecho ellos mismos. Y es verdad que estaban muy pisadas, pero no reparas en que están allí hasta que llegas a la plantación como quien dice. Por el aire, con el dron o el helicóptero, es igualmente complicado salvo que conocieras de antemano unas coordenadas ya precisas del lugar de los cultivos. Estamos hablando de una masa de miles de hectáreas de árboles que se extiende desde Torreciudad a la aldea de Puy de Cinca. Incluso las doce plantaciones que localizábamos se hallaban distantes unas de otras. Del primero al último de los campamentos había tres kilómetros en línea recta, que se transforman en dos horas de camino cuando tienes que trazar itinerarios sinuosos por aquellas frondas donde no hay sendas. Claro está, lo hacen de ese modo para que, si se encuentra algún cultivo, puedan seguir trabajando con el resto".

Que los jardineros se abastecían por el agua se da casi por hecho. Algunos de los fiordos de esos pantanos pirenaicos son zonas visuales muertas, invisibles desde cualquier otro núcleo habitado. Junto a la orilla, la Guardia Civil halló una embarcación que refuerza esa idea. ¿Cómo, si no, podrían haber llevado hasta esos montes un generador de 140 kilos? "Ni siquiera descartamos que haya colaboración de gente del lugar. Ignoro si de lugareños o de personas que conocían esa zona, pero obviamente, nadie cae en un lugar así sin más. Yo soy aragonés y te puedo asegurar que el 98% de la gente de mi pueblo no conoce ese sitio", asegura el capitán.

"Te puedo asegurar que el 98% de la gente de mi pueblo no conoce ese sitio"

¿Se hallan conectados entre sí los diferentes grupos de albaneses detectados en el Pirineo catalano-aragonés? La mayor parte de las informaciones, cada vez más frecuentes, sobre hallazgos de macroplantaciones españolas atribuidas a albaneses insisten en la idea de mafia sin proporcionar información precisa que acredite que estos clanes de albaneses funcionan como, por ejemplo, la Ndrangheta o la Camorra o poseen al menos una capacidad organizativa similar a la de los albano-kosovares del Reino Unido, donde existen sofisticadas redes criminales y bandas de peones como los "hellbanians" (infierbaneses), la clase de matones que se pavonean en las redes sobre el capó de un Bentley agitando fajos de billetes de cincuenta libras. Definitivamente, Albania es un gran exportador de crimen y violencia.

Un mentecato rumano

Asimismo se ignora si los albaneses que operan en España mantienen vínculos de alguna clase con los clanes criminales de sus países de origen o si más allá de los estereotipos, se rigen por alguna clase de código de honor como el kanun. Existen pruebas, sin embargo, que demuestran que no se trata de delincuentes aislados probando suerte aquí y allá por cuenta propia. "Hace solo unas semanas presencié una conversación en Castejón de Sos (Huesca) entre un albanés y alguien de la zona en la que se nos ofrecía la posibilidad de ocuparnos de algunas plantaciones. Ellos proporcionaban todo lo necesario para hacer germinar y crecer esa cosecha y se ocupaban después de comercializar la planta. Y nosotros teníamos que buscar algunos rincones escondidos para ocultar esos cultivos", nos revela un empresario de la Ribagorza.

Castejón de Sos se halla a medio centenar de kilómetros al norte de Secastilla. Es obvio que los albaneses buscan nuevas zonas de cultivo en el Pirineo y que requieren, para ello, de la colaboración de los locales. Tanta más gente habrá dispuesta a correr el riesgo como cunda la precariedad o el desempleo. La demanda es tremenda, y el negocio, muy rentable. En tres millones y medios de euros ha estimado la Guardia Civil el valor de la marihuana encontrada en el término de Secastilla. Tres millones y medio de razones para pasar al lado oscuro de la ley.

Que cometen errores es un hecho. Como también lo es que estos son a menudo el resultado de la vulnerabilidad del hortelano, su imperiosa necesidad de mantenerse a flote. En julio de este año, alguien estacionó un vehículo en el núcleo despoblado de Lapenilla, situado a apenas cinco o seis kilómetros en línea recta del lugar donde se encontró hace diez días la plantación de Secastilla. El turismo, un viejo Opel, parecía abandonado en la pequeña rampa por la que se accede a las ruinas de la aldea. Solo queda en pie los muros de una vieja iglesia donde rumian las vacas de un ganadero de La Fueva. Una rápida comprobación de la matrícula nos permitió saber que el dueño del destartalado coche era un rumano detenido cuatro semanas atrás en Huelva, dentro de otro campamento de marihuana.

El jardinero de Rumanía fue un verdadero mentecato si pensó que su carraca pasaría desapercibida durante más de un mes en un paraje como ese, casi tan solo hollado por los corzos, los tejanos y los jabalíes. Muy probablemente, su recalcitrante estupidez reforzó la idea policial de que, en algún lugar del bosque, crecía la maría. Pero lo que es más relevante, su presencia a 1.200 kilómetros de Huelva corrobora que existe alguna conexión entre todos estos grupos de albaneses que están apoderándose del mercado europeo del cannabis. Las fuerzas de Seguridad no ignoran que solo están rascando la superficie del negocio y que, como dice un responsable de la Brigada de Estupefacientes de la Policía Nacional de Huesca, a menudo solo atrapan "a los menos malos de los malos".

"Sabemos que las organizaciones de estos narcotraficantes son piramidales", dice el capitán Notivoli. "Y sabemos también que la gente que se queda en los campamentos al cargo de las plantaciones son esencialmente agricultores que se dedican a cultivar la marihuana y que sufren los sabores y sinsabores de una labor agrícola. Podan, quitan los machos, sulfatan, añaden abonos, riegan y, a veces, alguien por encima de ellos o ellos mismos, procesan la hoja en secaderos artesanales hechas con troncos y techumbres de plástico, donde los envasan. Después del envasado, hay gente que se dedica a venderlos. El hortelano es el eslabón más bajo de toda esta cadena que estamos tratando de desentramar".

Narcos 'go home'

Los narcos albaneses no han sido bienvenidos entre los locales de los Pirineos. Se diría que hay tolerancia casi cero a este nuevo tipo de labriego. Este nuevo fenómeno es un salto cualitativamente superior en la envergadura y peligrosidad del negocio. "Ya no hablamos de cincuenta plantas en medio del maízal", nos dice un neorural que ocupa una casa en el municipio de La Fueva, algunos kilómetros de Secastilla, Cinca arriba. "No me gusta siquiera imaginar que si alguno de mis hijos se confunden de camino pueden darse de bruces con plantaciones custodiadas por paramilitares o delincuentes violentos de la Europa del Este". No es un escenario muy improbable el que describe. A principios del pasado mes, los hortelanos de una plantación de Bornos (Cádiz) dispararon e hirieron con sus escopetas a los tres agentes de la Guardia Civil que acababan de descubrir su plantación.

Tan solo en Agüero y Murillo de Gallego, se hallaron más de 16.000 plantas

Resulta incuestionable que el narco se ha mudado al Pirineo y ha convertido el trapicheo de antaño en un negocio más serio. Y todo apunta a que no van a detenerse. Aunque la policía les pise, como siempre, los talones, siempre hay un modo de ir un paso por delante. Desde el pasado año, la Brigada de Estupefacientes de Huesca les ha tumbado otras cuatro enormes plantaciones en Aragón y algunas más ha caído en Catalunya. Todas se hallaban casi en la misma latitud del Pirineo. Tan solo en Agüero y Murillo de Gallego, se hallaron más de 16.000 plantas. Los responsables de la investigación tienen bastante claro que los narcos están sirviéndose de estas montañas próximas a Francia para ampliar el negocio.

En realidad, lo de la hierba en las serranías de Aragón y Cataluña no es algo nuevo. Durante los setenta, eran los hippies o los "honrados traficantes" de la zona quienes cultivaban algunas plantas germinadas a partir de semillas de escasa calidad. Eran poco más que cáñamo. A partir de los ochenta, se mejoró la calidad de los cultivos con semillas de cannabis holandesas y con ellas, se incrementó la escala del negocio, que aún estaba, no obstante, lejos de asemejarse a lo que hoy estamos presenciando. Al igual que sucedió en Humboldt, el narco ha relevado al jipi y al fumeta. De algún modo, los albaneses han exportado al Pirineo español y otras zonas del interior de la Península el modelo de cultivo que les permitió convertir su país en un narcoestado, el principal productor europeo de marihuana. Aquí carecen, sin embargo, de las ventajas de un estado semifallido donde hasta su ministro de Interior y más de la mitad de la policía trabajan a sueldo de las mafias.

Si han conseguido que funcione el chiringuito al norte del río Ebro es gracias a una sofisticada infraestructura y una organización de inspiración militar que ya habían ensayado antes en el sur de Italia. Los operativos policiales en cascada organizados durante los últimos meses por la Guardia Civil y la Brigada de Estupefacientes de la Policía Nacional han ayudado a completar el puzzle y entender cómo operan, pero el gran reto sigue siendo rastrear sus ramificaciones y llegar hasta la cúspide de las organizaciones.

Agentes del GEAS transportan las plantas y el generador en lancha, a través del embalse oscense de El Grado. / Guardia Civil

'Made in Albania'

¿Cómo es posible ocultar una tonelada y media de marihuana por muy recóndito que sea un paraje? ¿De qué modo se las ingenian los jardineros que quedan al cuidado de las plantaciones para impedir que un cazador o un senderista descubran el cannabis? A imitación de lo que hacen en Albania, los campamentos desmantelados por la policía habían sido creados para albergar a sus trabajadores durante largas temporadas. Para ello se les provee con grandes cantidades de víveres no perecederos. Los empleados de la organización se sitúan en el monte a partir de marzo, que es cuando termina la temporada de caza y se despejan de intrusos estas áreas frondosas. Buscan espacios sin turistas y sacan la producción desde julio hasta octubre, de manera progresiva.

Buscan espacios sin turistas y sacan la producción desde julio hasta octubre, de manera progresiva

La Brigada de Estupefacientes de la Policía Nacional de Huesca ha llegado a hallar hasta ocho tiendas de campaña en un solo campamento. No es tampoco extraño que excaven un agujero bajo el suelo para ocultar la bomba bajo una trampilla y amortiguar el ruido que, en el caso de Secastilla, terminó por delatarles. Es igualmente frecuente que bloqueen las sendas, ya de por sí escasa o nulamente transitados, interponiendo obstáculos. Sus vigilantes se hallan con frecuencia armados. La Policía no es siquiera la mayor de sus preocupaciones.

"Sabemos que parte de esta producción puede ser finalmente intercambiada por cocaína con otros grupos criminales colombianos asentados en Holanda. Y nos consta, también, que trabajan en toda la Península porque la demanda de marihuana es cada vez más fuerte", dice el responsable de la Brigada de Estupefacientes de Huesca. "Pero somos ambiciosos y nuestro objetivo último es tirar de la madeja tan arriba como sea posible".

Más noticias de Política y Sociedad