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Mataderos "Existen evidencias que constatan que podemos vivir sin alimentarnos a base de productos animales"

El fotoperiodista Aitor Garmendia habla con 'Público' sobre su último trabajo de investigación en el que muestra la situación de maltrato animal que esconde la industria cárnica. Para realizar su trabajo, el activista ha conseguido acceder a 16 mataderos en España.

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Una matarife apunta a una vaca con una pistola de perno cautivo./ Aitor Garmendia

*Las imágenes de esta entrevista pueden herir su sensibilidad pero hemos decidido publicarlas para evidenciar la crueldad contra los animales en los mataderos


El fotoperiodista Aitor Garmendia, entre el activismo y la información, ha vuelto a publicar un trabajo impactante que rebela la situación de violencia y maltrato que se vive en los centros de explotación de la industria cárnica. Entre 2016 y 20018, Garmendia ha conseguido entrar en 16 mataderos de España para documentar los abusos de una industria que, según él,  se ve con "la legitimidad de exterminar a los animales".

El activista, que acompaña su trabajo fotográfico con un extenso trabajo de investigación y un pequeño documental, explica que penetrar en los mataderos del mapa español no es tarea fácil y apunta que el hermetismo característico de la industria ha aumentado mucho "a raíz del reportaje de Salvados" en el que se desvelaba la violencia de las macroproducciones cárnicas. "Si hubiera dicho la función final de las fotografías no me habrían abierto las puertas", apostilla.

El número de informes que detallan la crudeza de este sistema se presta elevado. Todos contribuyen a visualizar el problema de fondo que hay tras el maltrato industrial. Sin embargo, el trabajo de este activista —ligado a su experiencia anterior en otros cincuenta mataderos de México— consigue llegar más por su acompañamiento visual. "Las fotos han ganado mucho terreno, sobre todo en este mundo de redes sociales, noticias rápidas y sobreinformación", valora desde el otro lado del auricular. 

Un cordero es lanzado al suelo durante la descarga. Esta práctica está prohibida por el reglamento (CE) Nº1099/2009 relativo a la protección de los animales en el momento de la matanza./ Aitor Garmendia

Su cámara ha conseguido captar la angustia que el ganado puede vivir durante el transporte y la descarga en los mataderos. Instantáneas desgarradoras que invitan a reflexionar. "Durante el traslado permanecen generalmente hacinados sobre sus propios orines y excrementos. Muchos de ellos sin espacio para tumbarse. Debido al traqueteo, los golpes, el hacinamiento y la exposición a temperaturas extremas algunos animales llegan heridos, extenuados o con graves problemas de salud. Otros sencillamente no lo soportan y mueren en el camino", describe el activista en su informe.

Un cordero es arrastrado por las patas desde el camión que le ha transportado hasta los corrales del matadero./ Aitor Garmendia

La óptica de Garmendia también ha conseguido capturar la crueldad que hay en las prácticas de aturdimiento; la fase previa a la muerte que, tal y como él trata de informar, no consigue frenar el sufrimiento de los animales.

Pistolas de perno cautivo —dispara un proyectil que penetra en el cráneo del animal y le causa un traumatismo cerebral instantáneo—, aturdimiento eléctrico mediante tenazas que provocan descargas o los baños de agua electrificada son algunas de las metodologías descritas en el informe y recogidas con la lente de la cámara.

Dos operarios aplican una descarga eléctrica a un cerdo en periodo de lactancia./ Aitor Garmendia

Tras el aturdimiento llega la matanza. El momento final de un ciclo industrial pasado por sangre. La forma más común es el degüello realizado de forma manual. No obstante, existen algunos centros más avanzados donde las cuchillas automáticas pueden llegar a degollar miles de pollos por hora. Tal y como denuncia el informe publicado en la web Tras Los Muros, en los 16 mataderos se pudo evidenciar que los métodos de insensibilización no son completamente efectivos por lo que muchos animales llegan a ser ejecutados en estado de conciencia.

Un cerdo en el inicio del restrainer, una máquina que inmoviliza y traslada a los cerdos desde los corrales hasta el punto de aturdimiento donde se les aplica una descarga eléctrica./ Aitor Garmendia

Bienestar animal

Con su trabajo de investigación, el activista por los derechos animales pone el foco en las polémicas leyes de bienestar animal, que "indican que existe una explotación legítima sin argumentarse en ningún prisma ético". Estas normas, a su juicio, "asumen que se puede abusar de los animales", sin embargo, "como consecuencia del especismo", no entran en el debate sobre "si es legitimo comer carne o no".  

"Hoy existen evidencias que constatan que podemos vivir sin alimentarnos a base de productos animales", añade el fotoperiodista. 

"Si tu coges la legislación de bienestar animal, te darás cuenta de que es imposible cumplir con que un veterinario o un operario dé cuentas de si un animal está sufriendo cuando acude al matadero debido al volumen de animales que se  manejan al día", apostilla.

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