La mitad de los jóvenes catalanes en situación de pobreza no recibe ninguna beca para seguir estudiando después de la ESO
En Catalunya, la inversión en becas al estudio sólo representa un 1% del presupuesto del Departament d'Educació, por debajo de Andalucía, Madrid o Extremadura.
Son datos de la Fundació Bofill, que reclama a la Generalitat modificar el baremo estatal de asignación de ayudas y ampliar los importes y la cobertura para adecuarlos al coste de la vida en Catalunya.

Barcelona--Actualizado a
El sistema de becas en Catalunya deja fuera a casi la mitad de los jóvenes en situación de pobreza que quieren seguir estudiando más allá de la ESO. Esta es la principal conclusión de un informe presentado este lunes por la Fundació Bofill, que alerta de que el modelo actual no garantiza la igualdad de oportunidades y contribuye a perpetuar el abandono escolar entre los jóvenes con menos recursos.
Durante el curso pasado, había en Catalunya 82.688 jóvenes de entre 16 y 18 años en situación de pobreza. De estos, sólo 41.507 recibieron una beca para cursar estudios postobligatorios —bachillerato, ciclos formativos o Programas de Formación y Inserción (PFI)— mientras que 41.181 no recibieron ninguna ayuda. Es decir, prácticamente la mitad de los adolescentes pobres quedan excluidos de un apoyo económico que puede ser decisivo para continuar estudiando.
Hay que recordar que en Catalunya, el 13,5% de los jóvenes de entre 18 y 24 años no estudian ni tienen ninguna titulación más allá de la ESO. Los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida muestran una relación directa entre la renta familiar y el abandono escolar: mientras que en los hogares con mayores ingresos la tasa es del 3,8%, en los de menores ingresos sube hasta el 25,3%. Es decir, los jóvenes pobres abandonan casi siete veces más que los que tienen pocos recursos.
En 2024, el gasto en becas postobligatorias representaba solo el 1% del presupuesto del Departament d'Educació, por debajo de la media estatal (1,7%) y muy lejos de comunidades como Andalucía (2,9%), Madrid (2,5%) o Extremadura (2,3%). Esta inversión deficiente se traduce en una cobertura insuficiente: solo el 15% de los jóvenes de 16 a 18 años reciben beca, aunque el 30% se encuentran en situación de pobreza.
La Fundació Bofill pone el foco en el modelo, "basado en criterios e importes definidos por el Estado que no se ajustan al coste de la vida en Catalunya". Según el informe, 16.200 jóvenes pobres quedan fuera de la categoría de riesgo de pobreza según los baremos estatales y, en consecuencia, también de las ayudas. A esta exclusión se añade el hecho de que personas que, a pesar de tener derecho a una prestación, no la solicitan por desconocimiento, brecha digital o trabas burocráticas. En algunas ayudas sociales, este fenómeno puede llegar al 40%.
La gestión de las becas, en manos de la Generalitat
El pasado 1 de enero del 2026 entró en vigor el traspaso de la gestión de las becas educativas del Estado a la Generalitat. Este cambio otorga al Govern catalán la capacidad de fijar importes, criterios de acceso y complementos propios. Para la Fundación Bofill, esta nueva competencia no es sólo administrativa sino política, "ya que permite definir una estrategia propia orientada a reducir el abandono escolar y garantizar la continuidad educativa".
La entidad propone que antes del 2028 se garantice una beca a todos los estudiantes de Bachillerato, ciclos y PFI en situación de pobreza. Esto implicaría ampliar la cobertura hasta los 58.475 alumnos pobres que actualmente cursan estudios postobligatorios y redefinir los umbrales de renta según la composición familiar y el contexto económico catalán.
La propuesta establece dos tramos. El umbral 1 prevé una beca de 4.000 euros anuales para jóvenes de familias con ingresos situados aproximadamente entre 12.846 y 26.210 euros anuales, según el número de miembros del hogar. El umbral 2 contempla 3.000 euros anuales para familias con ingresos ligeramente superiores, hasta un máximo que oscila entre 18.186 y 37.249 euros. En el caso de una familia de dos adultos y dos niños con una renta inferior a 20.756 euros anuales, el estudiante recibiría 4.000 euros por curso.
Para hacer viable esta ampliación, el Departament d'Educació debería añadir 134 a los 77 millones que actualmente recibe del gobierno estatal. Según los cálculos de la entidad, se trata de una inversión asumible si se implementa de manera progresiva durante la legislatura.
A medio y largo plazo, la Fundació Bofill apuesta por una política de becas aún más ambiciosa. Entre las medidas planteadas está la extensión de las becas desde 4o de ESO, la vinculación de la beca a programas de orientación académica y profesional, y el aumento de los importes para el alumnado en situación de pobreza severa a través del Indicador de Renta de Suficiencia de Cataluña (IRSC), fijado en 800 euros mensuales.

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