La movilización del independentismo por la Diada se sitúa justo por encima de la de antes del 'procés'
Sin la enorme capacidad de convocatoria en las calles que habían marcado los años álgidos del conflicto político, el movimiento acentúa una crisis que impacta de pleno en las expectativas electorales de los partidos.

Barcelona-
Decenas de miles de personas participan en una movilización en la que se escuchan proclamas a favor de un Estado propio para Catalunya y llamamientos en defensa de la escuela en catalán, tras una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TJSC) que cuestiona su preeminencia en este ámbito. A pesar de que lo pueda parecer, este resumen no corresponde al 2025, sino a la Diada de 2011.
La actual capacidad de movilización del independentismo se parece más a la que existía en la época previa al procés que a la que se dio durante buena parte de la década en la que la política catalana, y de paso la estatal, estuvo marcada por el conflicto territorial. Y, en paralelo, los temas que condicionan la actual agenda política, como la situación del catalán, la mejora de la financiación o la reivindicación de unas infraestructuras en buenas condiciones -como Rodalies- ya eran centrales en la primera década del siglo XXI.
La caída de manifestantes independentistas en el 11 de septiembre ha ido en paralelo a la pérdida de apoyo electoral de los partidos de este espacio, que solo en el Parlament han perdido más de 700.000 votos -alrededor del 35% del total- entre los comicios de diciembre de 2017 y los de mayo del año pasado, los últimos autonómicos que se han celebrado.
Sin ningún tipo de estrategia compartida entre los diferentes actores del movimiento y sin un horizonte claro -como un referéndum pactado de autodeterminación que ahora mismo no aparece en la agenda ni a corto ni a medio plazo-, el independentismo se ha ido desgastando y desmovilizando, con la aparición de una facción de extrema derecha -Aliança Catalana- como expresión más reaccionaria y preocupante de la decepción generada por el procés.
De cerca de dos millones a menos de 50.000
Según los recuentos oficiales, realizados en función del caso por la Guàrdia Urbana de Barcelona, la Policía Municipal de Girona y los Mossos d'Esquadra, la manifestación del 11 de septiembre de este 2025 reunió a 41.700 personas, repartidas entre las 28.000 de Barcelona, las 12.000 de Girona y las 1.700 de Tortosa. La cifra supera por poco la mitad de las que se congregaron el año pasado, cuando se sumaron 73.500 en una movilización también descentralizada que se desarrolló entre la capital catalana, Girona, Tarragona, Lleida y Tortosa. La caída de la asistencia fue especialmente destacada en Barcelona, puesto que se pasó de los 60.000 asistentes a 28.000, menos de la mitad.
En cualquier caso, son cifras que quedan a años luz de la época más intensa del procés, entre 2012 y 2019, cuando los manifestantes de la Diada se contaban por centenares de miles y en numerosos casos se superó claramente el millón. De hecho, los datos se parecen mucho más a los que se daban antes de que el conflicto político territorial se convirtiera en el eje central de la política catalana. Así, por ejemplo, la manifestación de la Diada de 2011 congregó a unos 50.000 asistentes, según los organizadores, mientras que en la de 2010 se movilizaron unas 9.000 personas y un año antes, en 2009, lo hicieron unas 14.000.
El 11 de septiembre de 2012 puede situarse como el punto de inicio oficioso del procés. La ANC se había constituido formalmente seis meses antes y convocó una protesta en Barcelona que reunió a 1,5 millones de personas, una cifra inédita hasta entonces y que impulsaría la entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, a convocar elecciones al Parlament. Las movilizaciones de la Diada todavía serían más masivas los años siguientes y congregarían a 1,6 millones de asistentes en 2013 con la cadena humana que cruzó Catalunya, y 1,8 millones en 2014, con el dibujo de una V de "victoria" dibujada en Barcelona dos meses antes de la consulta del 9 de noviembre.
A pesar de que el conflicto político se acercaba a los momentos culminantes, a partir del 2015 la movilización de la Diada empezó a ir a la baja, con 1,4 millones de asistentes aquel año -dos semanas antes de las elecciones al Parlament que darían la victoria a Junts pel Sí, la coalición del antigua CDC y ERC-; 900.000 en 2016, un millón tanto en 2017 -tres semanas después llegaría el referéndum del 1O- como en 2018 y 600.000 en un 2019 en el que la represión, con el juicio del Supremo al procés, había pasado a ser el principal centro de atención político de Catalunya.
La llegada de la pandemia en 2020 hizo caer enormemente la movilización social en todos los ámbitos, también en el independentista. Así, aquel 11 de septiembre apenas se reunieron unas 60.000 personas en una concentración estática, una cifra que oscilaría por encima de las 100.000 los siguientes años -108.000 en 2021, 150.000 en 2022 y 115.000 en 2023- para situarse ya por debajo en 2024 y este 2025.
Además, durante la época más intensa del procés, la movilización independentista iba mucho más allá de la Diada, con otras acciones y protestas masivas. Las más significativas son las votaciones del 9 de noviembre de 2014, con más de 2,3 millones de personas, y obviamente la del 1 de octubre de 2017, que se acercó también a los 2,3 millones de votos a pesar de la represión desatada desde primera hora de aquel domingo por agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Pero es que además, casi un millón de personas se manifestaron en varias ciudades catalanas el 3 de octubre de 2017 en contra de la represión del 1O, o más de medio millón tomaron las calles de Barcelona el 18 de octubre de 2019 para rechazar la sentencia del Supremo en el juicio del procés.
La lista de manifestaciones masivas podría continuar, si bien es cierto que el clima de la movilización independentista se fue transformando para pasar de la ilusión inicial, a la tensión cuando la sensación era que se estaba en el momento culminante del conflicto, para dejar paso a la indignación por la represión desatada por el Estado y, finalmente, a la decepción y enfado por cómo acabó todo. Y ahora mismo, en una época en la que el procés ya es historia, lo que predomina es una cierta atonía de un movimiento consciente que no tiene la fuerza de años atrás.
Impacto electoral
La desmovilización independentista no afecta únicamente a las calles, también los resultados electorales de los partidos soberanistas. Durante todo el procés sumaban una mayoría absoluta más o menos holgada en el Parlament, una situación que se acabó en mayo del año pasado y que, de paso, permitió la llegada a la presidencia del Govern de Salvador Illa y supuso el inicio de una nueva etapa política.
En cada votación del último ciclo electoral las formaciones independentistas perdieron un mínimo del 20% de los sufragios con relación a su punto álgido. El máximo de votos habitualmente lo registran en los comicios en el Parlament y en la última cita, celebrada el 12 de mayo del año pasado, entre Junts, ERC, la CUP y la extrema derecha de Aliança Catalana reunieron apenas 1,36 millones de votos, claramente por debajo del techo de 2,08 logrados el 21 de diciembre de 2017, pero también 81.000 menos que los guarismos de febrero de 2021, con unas elecciones celebradas en plena pandemia y marcadas por la baja participación. La caída es de 700.000 votos, el 35%, en menos de siete años.
Un mes después, en los comicios al Parlamento Europeo del 9 de junio de 2024, entre Junts y ERC sumaron 780.000 sufragios, menos de la mitad de los obtenidos en 2019. Y, previamente, durante el 2023, el independentismo ya se había dejado el 40% de los sufragios en la generales -pasó de 1,65 millones de votos a 986.000, cayendo por primera vez por debajo del millón desde el inicio del procés- y 300.000 papeletas en las municipales -se quedó en 1,26 millones-.
Paralelamente, el movimiento ha girado claramente a la derecha. El año pasado en el Parlament, mientras ERC perdió cerca del 30% de los votos recibidos en 2021 -178.000- y la CUP un tercio -62.000-, Junts ganó 105.000 y la extrema derecha de Aliança Catalana, 118.302, unos resultados que le permitieron estrenarse en la cámara con dos parlamentarios.
Además, las últimas encuestas acentúan esta tendencia. Así, por ejemplo, el último Barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) muestra una perspectiva a la baja de Junts, mientras ERC y la CUP se mantendrían estables y Aliança experimentaría un fuerte crecimiento, hasta los 10 o 11 diputados, captando votos sobre todo del entorno de Junts, pese a que no únicamente.
Ahora bien, a pesar de la profunda crisis electoral y de movilización que sufre, no se puede decir que el independentismo esté muerto, ya los últimos estudios indican que alrededor del 40% de los catalanes son partidarios de un Estado propio. Una cifra por debajo de la que existía en los momentos álgidos del procés, pero muy importante y que puede ser la semilla de futuras movilizaciones que permitan al movimiento recuperar la iniciativa política.
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