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Mujer e igualdad Diez mujeres ignoradas u olvidadas que dieron esplendor a Madrid

Sara Medialdea rescata en 'Mujeres y madrileñas' a personajes ilustres cuya labor no fue suficientemente reconocida.

María Bernaldo de Quirós protagonizó la portada de la revista 'Estampa'.
La aviadora María Bernaldo de Quirós protagonizó la portada de la revista 'Estampa'.

Olvidadas o ignoradas, desde el principio de los tiempos la historia de Madrid ha sido escrita por las mujeres, aunque muchas no hayan pasado a la posteridad o han comenzado a ser reivindicadas décadas o siglos después. La periodista Sara Medialdea se ha propuesto rescatar las vidas de insignes personalidades, cuya labor no siempre ha sido reconocida.

"A veces es un problema de desmemoria, pero en otros casos de desconocimiento, puesto que no se ha puesto el foco sobre ellas", explica la autora de Mujeres y madrileñas (La Librería), donde se remonta hasta las carpetanas para destacar su labor en la edificación humana de la capital. "Pese a sus méritos, ha sido un colectivo en la sombra".

Sara Medialdea se retrotrae al Imperio Romano, al Medievo y a la Edad Moderna, si bien fija su atención en quienes dieron esplendor a la ciudad en los siglos XIX y XX, un brillo interrumpido por la guerra civil. "Sus logros fueron de suma importancia para todas las que vinieron después, aunque en su día no tuvieron el reconocimiento que habrían recibido si fueran hombres".

Muchos nombres se han quedado fuera de su ingente recopilación. "Estas son la punta del iceberg, porque de muchas no nos ha alcanzado ni la sombra", deja claro la periodista del diario ABC, quien se lamenta de que algunas tuviesen que dejar a un lado su vocación para —en una terminología propia de otro tiempo— hacer labores propias de su sexo.

"No dejaron huella y la posteridad las olvidó, por lo que habría que rebuscar para sacar estos diamantes en bruto del anonimato. Porque, más que olvidadas, no se ha llegado a tener su recuerdo", añade la autora, consciente de que "nos arrastraron a ser mejores, incluso a los hombres, pues su labor favoreció el desarrollo de toda la sociedad".

Madrid, sin ellas, sería distinta. Y, por extensión, España, porque una de sus características no solo fue abrirse camino en sus respectivos campos, sino también hacer paso a sus coetáneas y a las generaciones venideras. "Estaban comprometidas con la causa de que el resto de las mujeres tuviesen un futuro mejor", asegura Sara Medialdea.

Así, muchas se preocuparon de que aprendieran un oficio para que pudiesen prosperar en la vida en igualdad de condiciones. "Debían tener una formación para no verse relegadas a unas tareas que incluso hoy siguen considerándose secundarias, como las del hogar", critica la periodista, quien incluye entre sus ilustres a algunas madrileñas de adopción, bien criadas aquí, bien instaladas más tarde.

"Algunas llegaron de niñas o muy jóvenes, aunque todo el que viene a Madrid es de Madrid, porque tiene las puertas abiertas. Ahora no tanto, pero en algunas épocas si querías destacar debías pasar por aquí", justifica Medialdea la licencia geográfica en su libro, cuyo fin es describir el universo femenino de la capital. "Hay nombres conocidos, si bien otros han permanecido ocultos". Estos son algunos que la autora se ha empeñado en desempolvar.

Matilde García del Real

Las mujeres trabajaban de día y, gracias a Matilde García del Real (Oviedo, 1856 - Madrid, 1932), podían estudiar de noche. Ella fundó la primera escuela pública de adultas en Cuatro Caminos en 1901 y, un año después, las cantinas escolares, donde daban de comer a cientos de niños desfavorecidos.

"Su modelo se difundió en poco tiempo, ofreciendo a las mujeres la oportunidad de estudiar, pues consideraba que sin educación verían cercenado su crecimiento por carecer de conocimientos", explica la periodista. García del Real fue la primera inspectora escolar en 1908 y viajó al extranjero para ampliar su instrucción en pedagogía.

María del Pilar Careaga Basabe

Fue la única mujer de su clase en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y obtuvo el título a los veintiún años "en un campo tan poco femenino, incluso hoy en día a ojos de muchos". María del Pilar Careaga (Madrid, 1908 - 1993) era descendiente de la alta burguesía vasca, pero se empeñó en estudiar. "Tuvo la suerte de que su familia vio y entendió su valía", señala la autora del libro.

Curiosamente, fue la primera maquinista de tren, pues realizó las prácticas en la Compañía del Norte. Un hecho del que se hizo eco el ABC en Un triunfo más del feminismo en España, que anunciaba una entrevista en Blanco y Negro, cuya prosa anacrónica hace referencia a una "muchacha" que "hunde las manos enguantadas entre las manivelas grasientas, y con precisión exacta obliga a resoplar al gigante y hace arrancar al tren".

Descrita como "alta, bella, distinguida e inteligente", pero que "sin dejar de ser encantadoramente sugestiva y femenina es todo un ingeniero", Careaga fue alcaldesa de Bilbao entre 1969 y 1975. Cuatro años después, fue víctima de un atentado de ETA en Getxo. Recibió un disparo, si bien logra recuperarse y regresa a Madrid. "Fue una mujer a la que no era fácil poner límites", subraya Medialdea.

Aurora Villa Olmedo

Se crio en una familia de músicos, pero se inclinó por el deporte. "Fue la precursora del atletismo femenino cuando era una auténtica rareza", destaca la autora de Mujeres y madrileñas, quien subraya que el 18 de julio de 1936 puso fin a su carrera deportiva. "Sin el hachazo de la guerra civil, no sabemos hasta dónde habría llegado".

Aurora Villa (Madrid, 1913 - 2002) practicó el baloncesto, el esquí, el piragüismo y la natación, una disciplina donde obtuvo el récord nacional en 50 metros libres. Aunque destacó, sobre todo, en el atletismo. Así, en el primer campeonato de España femenino, celebrado en 1931, se llevó el oro en salto de altura y en lanzamiento de jabalina, títulos que revalidaría al año siguiente, cuando también se impuso en los seiscientos metros lisos.

A sus dos récords nacionales en altura y jabalina habría que sumar otro mundial en lanzamiento de martillo. "En esa época no se estimulaba el deporte femenino, por lo que fue una rara avis. Infelizmente, en el momento de su mayor apogeo, tuvo que dejarlo y se dedicó a estudiar", comenta la periodista. Aurora Villa se convirtió entonces en la primera oftalmóloga del país e importó métodos usados en el extranjero para tratar el estrabismo.

Aurora Villa Olmedo, Matilde García del Real y María del Pilar Careaga Basabe.

Carmen Caamaño Díaz

Fue la primera gobernadora civil de España en 1939, concretamente de Cuenca. Dirigente del PCE, Carmen Caamaño (Madrid, 1909 - 2006) estudió Historia y opositó al cuerpo de Archiveros Bibliotecarios, aunque destacó por su participación en las Misiones Pedagógicas.

Era una intelectual que llevó la cultura a miles de pueblos. "Implicada en su desarrollo, junto a otros profesores le enseñó a la España profunda que había algo más que pobreza", valora Sara Medialdea. También colaboró en la protección de las obras de arte durante la guerra civil, pero fue condenada a doce años de cárcel.

"Significada con el bando republicano, sufrió la represión y fue depurada de su puesto, por lo se vio obligada a trabajar en lo que fuese para ganarse la vida. Forma parte de ese grupo de mujeres que, tras meter la cabeza en las instituciones y ostentar cargos públicos, se vieron afectadas por las décadas perdidas de la dictadura", se lamenta la periodista.

María Bernaldo de Quirós

La llamaban Miss Golondrina y la Dama del Aire porque era una mujer de alturas: María de la Salud Bernaldo de Quirós (Madrid, 1898 - 1983) fue la primera aviadora del país, aunque al principio no gozó del favor institucional. Valga como ejemplo que el Real Aeroclub de España no quiso hacerla socia y luego denegó una petición de algunos miembros para concederle un título honorario.

Su profesor la consideraba una alumna excepcional. Pese a sus dotes, tuvo problemas para obtener el título oficial de piloto de aviación, explica Medialdea. "Algunas mujeres atravesaban barreras y hacían cosas de hombres. Sin embargo, les costaba mucho que se lo reconocieran".

"Convencida de que la vida era algo más que bordar, lo demostró con hechos". Aunque la vida no se lo puso fácil en lo personal. "Tuvo una existencia triste, porque le murió su primer marido y su hija al poco de nacer, pero superó las dificultades y llevó adelante su sueño: volar".

Faustina Sáez de Melgar

Escritora y periodista, Faustina Sáez de Melgar (Villamanrique de Tajo, 1834 - Madrid, 1895), presidió el Ateneo Artístico y Literario de Señoras, una institución que contribuyó a fundar ante la dificultad para acceder a las entidades culturales, copadas por figuras masculinas. Desde su cargo, luchó para incrementar la educación femenina y denunciar su acoso.

Su lema: "Enseñemos a trabajar a la mujer y habremos conseguido moralizar a nuestras hermanas y a nuestras hijas, tornándolas de frívolas y casquivanas en estudiosas y trabajadoras". Es decir, "les mostró el camino para avanzar y liberarse de la esclavitud", añade la autora del libro, quien destaca que aprovechó sus contactos con los políticos para promover su ideario.

"Su pertenencia a la alta sociedad refleja que, cuando tienes las necesidades básicas cubiertas, es más fácil involucrarse en causas justas", concluye Sara Medialdea, quien destaca su labor para lograr la enseñanza universal y gratuita para las jóvenes.

Fermina Orduña

Vivió en Madrid en el siglo XIX, pero no se han datado la fecha ni el lugar tanto de su nacimiento como de su muerte. "Perdida en la niebla espesa de la historia del género femenino", puede leerse en Mujeres y madrileñas, "de Fermina Orduña casi nada se conoce, salvo que su talento y su perseverancia la llevaron a patentar un invento propio, siendo la primera española en hacerlo".

En 1865, registró la patente de un carro para vender leche a domicilio. El denominado Carruaje para caballerizas para la conducción higiénica de las burras, vacas o cabras de leche para la expedición pública permitía transportar a los animales, ordeñarlos mecánicamente y ofrecer el producto fresco, garantizando las condiciones higiénicas.

Pese a que durante décadas fue una de las grandes madrileñas desconocidas, hasta el punto de que su biografía está plagada de lagunas, actualmente Fermina Orduña da nombre a unos premios que otorga la Comunidad de Madrid a la innovación tecnológica.

Blanca de Igual y Martínez Dabán

Una placa en el edificio donde residió, en la calle Don Ramón de la Cruz, indica que la vizcondesa de Llanteno fue una de las tres primeras mujeres que ocuparon el cargo de concejala en Madrid. Corría el año 1924 y tuvo que pasar casi un siglo hasta que Manuela Carmena se convirtiese en alcaldesa tras unas elecciones, si bien la precedió Ana Botella en 2011, aunque sin necesidad de pasar por las urnas.

Blanca de Igual (Madrid, 1880 - Málaga, 1950) tomó posesión junto a Elisa Calonje y María Echarri, pero fue la única de ellas nacida en la capital, de ahí que se ahonde en su figura frente a la de sus colegas en la corporación municipal. Calonje vino al mundo en Cartagena y Echarri, en el municipio madrileño de San Lorenzo de El Escorial.

"El salón de su palacete recibió a grandes políticos de la época, por lo que es posible que el trato con esos hombres eminentes hiciese que Blanca de Igual se interesase por una actividad poco común entre las mujeres", explica Medialdea. "Su carrera es una excepción, interrumpida para todas desde 1939 hasta 1975, cuando todo quedó en suspenso y hubo un gran parón en los avances de la mujer".

Ramona Aparicio Rodríguez

La primera directora de la Escuela Normal Central de Maestras estaba convencida de que la educación de la mujer conllevaría el avance en sus derechos. Gran figura de la pedagogía femenina, en el centro de Ramona Aparicio (Madrid, 1808 - 1881) se estudiaba gramática castellana y se leía en prosa y en verso, pero también había una asignatura de métodos de enseñanza.

"Tenía claro que había que formar a las chicas, aunque también a las maestras. Ella misma fue alumna de la Escuela Lancasteriana, cuyas alumnas más aventajadas se encargaban de enseñar a las otras, lo que les suponía una entrada en el mundo de la pedagogía", explica la periodista.

Una enseñanza en cadena (profesoras - alumnas destacadas - alumnas) que Ramona Aparició experimentó en carne propia, pues había estado matriculada como estudiante en el centro de inspiración inglesa. "Ella vio desde muy pronto el potencial de la educación en las mujeres y a esa labor encomendó su vida".

Femenino plural: los gremios

Los nombres propios, más o menos conocidos, comparten las páginas de la historia madrileña con los colectivos de mujeres que apuntalaron la ciudad. Impresoras, amas de cría, lavanderas, modistillas, gallinejeras, telefonistas, planchadoras, sufragistas y tantas otras, entre las que también destacan las verduleras, protagonistas del motín de 1892.

Sara Medialdea escoge a las cigarreras de la Fábrica de Tabacos —protagonistas de huelgas y motines en defensa de sus condiciones laborales, al tiempo que solidarias con las causas de otros vecinos y trabajadores— por su carácter guerrero y reivindicativo.

"Rompían moldes y se ponían el mundo por montera. Se las consideraba mujeres de vida licenciosa porque tenían un trabajo, lo que les otorgaba una libertad de la que no disponían otras. La clave es la independencia económica", concluye la autora del libro. Porque si dependes de otros para subsistir, terminas esclavizada".

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