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País Valencià Una alianza inédita pone a los agricultores en el centro de la defensa de la huerta de València

Sindicatos agrarios, ONG y colectivos ecologistas hacen frente común para exigir una política de precios justos para los campesinos, "única garantía para el futuro de la huerta".

La huerta de València.
La huerta de València. Per l'Horta

"Los bajos precios de venta son, en este momento, la principal amenaza para la huerta de València y la agricultura valenciana". Así empieza el manifiesto "Ahora, precios justos para la huerta", una iniciativa que busca defender la huerta de València como agrosistema vivo y productivo. Lo que implica que sea rentable para la gente que la trabaja.

Los impulsores de esta campaña creen que es necesario implicar también al mundo urbano, los consumidores –la gran mayoría de los cuales viven en ciudades-, pero también las empresas de distribución y venta y las administraciones. "La defensa de la huerta no se puede entender sin la protección del campesinado. Tenemos que pagar precios justos por su trabajo y sus cosechas. (...) No se puede entender que, mientras se destruyen cultivos de cebollas o patatas porque los precios no llegan a cubrir costes, los lineales de los supermercados oferten los mismos productos provenientes otros continentes", continúa el mismo escrito, una iniciativa de Per l'Horta, pero que ha sido subscrito por una quincena de entidades ecologistas y agraristas, incluidos los cuatro principales sindicatos agrarios y ONG como Greenpeace o Ecologistas en Acción. Algunas de estas tienen un historial de desencuentros e, incluso, malas relaciones, pero aquí han encontrado un punto de consenso y han decidido hacer frente común.

"No esperábamos este éxito ni que firmara tanta gente. Y no solo esto, es que todo el mundo se ha hecho suyo el manifiesto y lo que tenía que ser una campaña nuestra, ha acabado siendo una iniciativa colectiva", explica Marc Ferri, de Per l'Horta.

La propuesta surge también de un punto en común de todos los firmantes: la inoperancia del Consell de l'Horta, que dos años después de su aprobación todavía no ha empezado a funcionar. Este ente representativo estaba previsto en la Ley de l'Horta, con presencia de varios alcaldes y representantes institucionales, pero también hay seis sillas para la sociedad civil. Cuatro están ocupadas por los sindicatos agrarios –Asociación Valenciana de Agricultores (AVA), Unió de Llauradors ,Cooordinadora Camperola del País Valencià-COAG y Unión de Pequeños Agricultores (UPA)- y las dos restantes para Per l'Horta y Acció Ecologista-Agró. "Los políticos no se esperaban que llegásemos todos en bloque y esto les ha impuesto presión", continúa Ferri. Precisamente, la primera acción de la campaña será llevar el manifiesto al Consell de l'Horta para que lo firme y lo presente a todos los ayuntamientos adheridos para que también se sumen.

Sin agricultores no hay paisaje

"Esta campaña no es nada más y nada menos que la cristalización de la coherencia de las organizaciones firmantes que defendieron la Ley de l'Horta", explica Salvador Torres, secretario general de AVA. Este sindicato se opuso, en su momento, a la aprobación de esta norma, puesto que considera que "más que una ley agraria es una ley de paisaje que al agricultor le impone más prohibiciones y limitaciones, mientras que la parte donde se preveía un plan de dinamización económica se ha quedado en simples promesas – continúa Torres- y ahora se están dando cuenta que no se puede proteger la huerta si no se protege los agricultores". Torres también reconoce que las relaciones de los agricultores con los ecologistas, en el pasado, no siempre han sido buenas, además de denunciar "la incomprensión del mundo urbano hacia el rural". Pero ahora encuentra que esta alianza "es necesaria".

"Hay que fomentar el comercio y  consumo de proximidad porque es la única vía para proteger el territorio y reducir la huella ecológica"

En cierta forma, Lucía Moreno, de Acció Ecologista-Agró uno de los colectivos medioambientales más veteranos del País Valencià, viene a darle la razón cuando reconoce que "esta alianza entre el mundo rural y el urbano es muy necesaria. En las ciudades vivimos muy desconectados de la producción de alimentos y aquí los ecologistas tenemos mucho trabajo por hacer". Por eso, Moreno considera que esta "es una campaña fundamental. Hay que fomentar el comercio y el consumo de proximidad porque es la única vía para proteger el territorio y reducir la huella ecológica, pero para eso hay que cuidar los agricultores, que son quienes salvan la tierra de la especulación".

Marc Ferri espera que la campaña sirva para concienciar "al menos una parte significativa de la ciudadanía para aumentar el consumo local, no solo en ecológico, sino también en convencional, puesto que, por ahora, el agrosistema que es la huerta necesita los dos". También quieren que las administraciones se involucren con acciones, por ejemplo, de incluir el criterio de proximidad en la compra pública para comedores escolares u hospitalarios. Finalmente hay previstas acciones para presionar grandes cadenas de supermercados para que faciliten el acceso a sus lineales a los pequeños labradores de la huerta. "Hay que garantizar la viabilidad de las explotaciones agrarias locales y cualquier paso, aún los más pequeños, son válidos", añade Ferri. Y, en palabras de Torres: "la gente tiene que saber que cuando compra unas habas de la huerta, no solo compra unas habas, sino también un poco de paisaje, y esto quizás cuesta algún céntimo de más".

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