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Más protección y menos espectáculo, las claves para conseguir que los zoos sean útiles

¿Qué utilidad tienen los zoos en el siglo XXI? ¿Es necesario cerrar todos los centros o se requiere de un cambio de rumbo legislativo y empresarial que ponga el bienestar animal en el centro? Expertos y animalistas abordan la problemática de vaciar o no las jaulas de los zoológicos.

Imagen de archivo de un gorila en zoológico. EFE
Imagen de archivo de un gorila en zoológico. EFE

alejandro tena

Malabo es un gorila de 200 kilos. Vive cautivo en la Casa de Campo, en el Zoo de Madrid. El pasado domingo, se desconocen las cusas, el primate agredió a su cuidadora, que se disponía a servirle el desayuno. El zarandeo del mamífero, que después miraba con tristeza a las cámaras de televisión desde el interior de su jaula, provocó varios traumatismos a esta mujer de 46 años, que se encuentra ingresada en el hospital. El gesto del animal, la violencia hacia la cuidadora, ha encendido a algunos animalistas, que entienden el ataque cómo una muestra del hartazgo de quien vive encerrado y fuera de su hábitat natural. Más allá de los significados que uno pueda dar a la reacción aleatoria de un gorila de 29 años, este puede ser un buen momento para pensar en el porqué de los zoos y en la necesidad de avanzar hacia otros modelos de conservación más éticos.

Así lo entiende Aïda Gascón, directora de la organización Anima Naturalis, que reclama cambios fuertes en las leyes para "progresar" hacia un escenario donde el porcentaje de ocio y espectáculo brindado por estos centros descienda a la mínima en beneficio del bienestar animal y la reintroducción final de los animales en sus hábitats. Y es que, según la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA), se estima que en toda Europa sólo el 8% de los animales que viven en zoos están incluidos dentro de proyectos y programas de conservación destinados, en el mejor de los casos, a la devolución del ejemplar a su ecosistema natural.

Alberto Díez, portavoz de InfoZoos, por su parte, incide en la problemática legal: "En España, por un lado la ley de zoos y núcleos zoológicos sanitarios, no entra apenas en dinámicas de protección de los animales desde el punto del bienestar. Por otro lado, tiene lagunas que permiten que las empresas puedan interpretar la ley de una forma muy amplia para organizar actividades de ocio con los ejemplares. La legislación no especifica qué es un programa de conservación ni qué cosas están prohibidas hacer en el centro". 

Díez, que tilda de "quimera" la idea de cerrar y hacer desaparecer los zoos de España y Europa, reclama cambios profundos para hacer que estos cumplan al cien por cien con una finalidad social y ambiental. "El problema es que las empresas siguen entendiendo los zoológicos de una forma antigua. Esto no quita que haya centros donde se apueste en gran medida por la conservación, pero esa parte comercial sigue teniendo mucho peso en la actualidad", explica. Se refiere aquí a elementos que no benefician a los animales como los espectáculos, los paseos fuera de sus jaulas junto a visitantes, o exposición para fotografías con niños.

"Los zoos son la escuela del antropocentrismo, donde se presenta a los animales como si fueran seres tontos y dependientes.

"Lo que predomina en España es la visión del zoo ligada al pasado colonial", sostiene Marta Tafalla, profesora de Filosofía de la Universidad Autònoma de Barcelona y experta ética animalista. "De alguna forma, todo tiene que ver con esos zoos coloniales europeos donde se exponía a personas de otras razas como objetos por el exotismo. Pero también hay una dimensión estética, es decir, nos fascina ir a ver los animales porque son grandes, por sus colores. Querer verlos y contemplarlos, no es malo en sí, el problema es la forma en la que lo hacemos, porque están enjaulados".

"El futuro tiene que ir encaminado a una gestión de los centros en la que el funcionamiento tenga unos fines mucho más sociales. Para esto es necesario eliminar las prácticas de espectáculos", agrega Díez. "No quiere decir que no pueda haber visitas. Se puede hacer conservación y atraer público, de forma que vendas educación. Es importante entender que la vida en cautividad solo tiene sentido si contribuye a preservar la biodiversidad, por eso lo ideal es que se eduque en esto, que los animales estén allí con un destino final focalizado hacia la reintroducción en su hábitat". "Deberían brindar una oportunidad de educación y formación, pero se busca el entretenimiento", apostilla Gascón.

Tafalla, sin embargo, no tiene del todo claro que estos lugares puedan cumplir una función educativa por las condiciones de cautividad en las que se mantienen. "Estos lugares son la escuela del antropocentrismo, donde se presenta a los animales como si fueran seres tontos y dependientes. Es imposible entender o comprender cómo es un animal si está fuera de su hábitat, no tiene sentido. Es cómo si para entender al ser humano fueras a un manicomio", comenta, para dejar ver que pese a cualquier intento de mejorar las condiciones, los zoos seguirán manteniendo dinámicas de explotación animal.

¿Sólo especies autóctonas?

Uno de los debates más interesantes en torno al cambio de modelo gira en torno a la necesidad de suprimir las especies foráneas  y hacer que estás sean conservadas en centros ubicados en su lugar de origen. Es decir, los leones se criarían en África; Los monos tití, en América Central; y los tigres en Asia. "Esta idea es buena, pero presenta algunos problemas", advierte Díez. "Si en los zoos de estos países se va a invertir para conservar, me parece bien, pero el problema es que normalmente estos lugares carecen de fondos suficientes para satisfacer las demandas científicas".

"La gente cuenta cada vez con más sensibilidad y hay pocas personas que quieran pasar el día en estos lugares"

"Los animales deben ser estudiados en sus ecosistemas", apunta la pensadora catalana. "Es fundamental que dejen de ser entendidos como objetos, ya que lo que hay que entender también es como viven en red y sus relaciones con el entorno. Creo que los zoos sólo sirven para investigar cómo alargar la vida de los animales en la jaula".

Una de las líneas de estudios de conservación que más fuerza ha cogido en los últimos años es el Rewilding. Esta visión podría ser una de las grandes alternativas a los zoos y podría suponer el fin definitivo de una forma de negocio icónica para algunas ciudades como Nueva York y su centro de animales de central Park o el Safari Park de San Diego, California. Se trata de una práctica ambiciosa que busca reconectar a la especies con su entorno, liberándolas en amplios espacios naturales cercados y con el mínimo contacto con los seres humanos. 

Mientras este modelo termina de asentarse, los animalistas continúan peleando por una legislación enfocada a la protección de estas especies y alejada del espectáculo. "La gente cuenta cada vez con más sensibilidad y hay pocas personas que quieran pasar el día en estos lugares. Por suerte hay muchas iniciativas alternativas como los centros de recuperación o los santuarios de animales, donde el bienestar animal es lo primero", zanja Gascón.

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