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Residencias de ancianos, la "vergüenza francesa"

De una vida cómoda en un puesto de dirección de hotelería, Anne-Sophie Pelletier decidió renunciar a todo para ayudar a la tercera edad en la Provenza francesa. A costa de mil y una humillaciones y vergüenzas, que jamás imaginó que fueran el pan cotidiano para los ancianos ni para los auxiliares de enfermería.

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Dos ancianos en un banco. EFE/Archivo

En Francia, país donde el sistema de salud está considerado como uno de las mejores del mundo, las políticas gubernamentales de los últimos años han señalado el presupuesto de la seguridad social como un "pozo" sin fondo. Dicho de otro modo, se ha invertido la mirada que vio nacer su Seguridad social tras la segunda guerra mundial.

Era un contexto muy especial de horizonte de progreso social, a la par que se daba un impulso a la reconstrucción económica del país, retomando el programa del Consejo Nacional de la Resistencia. Su máximo referente en aquella época, el ministro del trabajo y la seguridad social Ambroise Crozat, dejó la reflexión siguiente a las futuras generaciones: "No hablen nunca de derechos sociales adquiridos, sino de conquistas sociales. Porque la patronal no se rinde nunca".

Parece que si el movimiento macronista En Marcha puso la directa, fue para ir marcha atrás. Y un estrato considerable del pueblo francés no soporta que se desproteja a sus abuelos. El movimiento de los chalecos amarillos ha sacado a las rotondas y a los barrios chic de Paris u otras grandes ciudades, un hartazgo popular cuya voz se expresa por jubilados, mujeres y trabajadores precarios de las periferias. Anne-Sophie Pelletier es una de esas francesas que han desarrollado su conciencia política al calor de la lucha. Nada lo presagiaba en una mujer cuyos progenitores han sido maestros de escuela en un pueblo situado en la región del Jura desde hace dos generaciones.

De una vida confortable en un puesto de dirección en la hotelería, Anne-Sophie decidió abandonarlo todo para acudir al auxilio de los ancianos franceses. Aunque eso le costara mil y una humillaciones. Es así como en su nuevo oficio de auxiliar de enfermería descubrió el "maltrato institucional" de un Estado liberal, el de Emmanuel Macron, reducido a su expresión más minimalista.

Frente al torrente incontrolable de los chalecos amarillos, el gobierno de Emmanuel Macron ha respondido con la técnica de la zanahoria y el bastón. Por un lado la policía antidisturbios atiza las brasas mediante el uso controvertido del flashball, que ha dejado tuertas a 22 personas. Además se cuentan dos mil heridos, entre ellos 5 manos arrancadas por explosión de granada, 8 mil detenidos y 1500 condenas… Pero por el otro lado, Macron ha sabido invertir el origen de la violencia y desviar la rabia que esta provoca, al organizar un "gran debate nacional".

Si los franceses tienen una pasión, es la de tomar la palabra. Hábil estratagema. Anne-Sophie Pelletier denuncia que Macron "ha dicho, antes incluso de que el gran debate comenzara, que mantendría el rumbo de su política. De modo que para mí el gran debate sólo es para ocupar el pueblo, entretener las masas. Y mientras tanto, él va a seguir aprobando leyes contrarias a los pueblos, al interés general".

Contrariamente a Macron, Anne Sophie sí estuvo en las rotondas. Lo que le impactó en ese movimiento de los chalecos amarillos fue que "hay muchas mujeres. Hay mujeres que son cuidadoras, mujeres que son ayudantes en el hogar, mujeres que son auxiliares. Ya de entrada me complace ver que las mujeres estén tomando la palabra de nuevo. Todas esas mujeres que querían hacer invisibles, pues ¡tomaron la palabra de nuevo!".

"A nadie le gustaría ser tratado como en esas residencias de ancianos"

Rebelarse contra la tiranía de una gestión puramente rentable aplicada a personas en final de vida ha sido el lema de Anne-Sophie: "El Estado tiene que dejar de mirar hacia otro lado, tiene un deber hacia sus ancianos. Pues que ponga a su servicio los medios necesarios, tanto financieros como humanos. Porque esas personas hoy en día están siendo los olvidados de la República".

Valiéndose de su experiencia personal, Pelletier ha sacado a la luz el sentimiento de vergüenza que viven los ancianos ante la falta de medios en las residencias. "Cuando se es auxiliar de enfermería y hay una falta crónica o periódica de personal, o cuando se nos cronometra para realizar las tareas, una no puede hacer su trabajo correctamente y se nos pone encima la culpabilidad. Y tenemos vergüenza de estar obligadas a hacer ese tipo de cosas. También perdemos nuestra dignidad".

Su abnegación, Pelletier la ha contado en su libro Residencias de ancianos: la vergüenza francesa. Uno de los hilos conductores de su libro es la dignidad. Porque a fin de cuentas ¿qué es eso de la dignidad? "Es cuando por la edad uno se acerca al final de su vida y solo aspira a una cosa, envejecer tranquilamente y poder descansar. Pero si uno se hace mayor y se vuelve dependiente, y necesita a alguien que le acompañe en los gestos de la vida cotidiana, pues bien esa auxiliar debe poder disponer de los medios de hacerlo con la atención necesaria, valorizándolo, aportando un verdadero apoyo y no solo con un repertorio de técnicas que a veces no se ejecutan de manera lograda".

Portada de Residencias de ancianos: la vergüenza francesa

La relación entre el paciente y la auxiliar de enfermería está en el corazón de sus preocupaciones. "En esos casos, no se les cuida con dignidad porque, como digo en mi libro, cuando tenemos muy poco tiempo, nos vemos obligados a reducir nuestros gestos a una secuencia que consiste en lavar la cara, las nalgas y meter a los ancianos en su butaca. Y eso no es dignidad, ni para los ancianos ni para los cuidadores".

En su libro que es una crónica de varios años de oficio, Pelletier se preguntaba por qué la causa animal en Francia parece más importante que la causa por las personas mayores. Desde entonces, su activismo incansable como denunciante ha logrado que los medios rompieran con ese tabú. En septiembre de 2018, un reportaje en la cadena pública francesa con grabaciones en cámara oculta mostró por primera vez al gran público qué había detrás de la fachada en esas residencias de ancianos. Unas imágenes escalofriantes mostraban a ancianos perdidos en los pasillos durante la madrugada, pidiendo solo un vaso de agua y dispuestos a pagar al personal por ello.

Otras imágenes mostraban las escenas de desolación que una nueva auxiliar de enfermería se encontró en sus diversas misiones de trabajo, en medio de una indiferencia total. Ancianos que caían desplomados al suelo, sin que nadie acudiera a su ayuda durante horas…La sindicalista que reveló esas imágenes para alertar a la opinión pública fue despedida.

En su libro Anne-Sophie alerta sobre situaciones que los ancianos a menudo calificaban de "habituales", como permanecer el día entero con la ropa y la cama embadurnada de heces. "No te preocupes, estoy acostumbrada" ˗ le respondían. "La costumbre es una palabra que ya no soporto. Tenemos la impresión de que cuando no hay tiempo, todo se justica con la respuesta ‘es la costumbre’. Pues bien yo digo ¡de eso nada!".

El escandalo es mayúsculo cuando uno comprende hasta qué punto el precio es abusivo, teniendo en cuenta los servicios mínimos que ofrecen algunas de esas residencias. Dando testimonio anónimamente, un chef de cocina reconocía que el presupuesto que le daba la residencia solo le permitía comprar los productos más baratos y de menor calidad. Sin embargo, en 2016 la tarifa mensual media en una residencia de ancianos en Francia era de 1800 euros, para un establecimiento público. En el privado, ese precio puede irse a las nubes: 10% de esas residencias facturan más de 2.819 euros al mes y el 50% más de 1.953 euros. Es así como, para que sus mayores sean cuidados, muchas familias llegan a vender la propiedad en la que tantos esfuerzos y recuerdos se habían depositado. Mientras tanto, los beneficios de esos establecimientos son descomunales. Como lo revelaba el reportaje de investigación, prácticamente un cuarto de esos establecimientos son gestionados por grupos que cotizan en bolsa, por lo cual obtienen ingentes beneficios.

Resistir contra la "distancia profesional"

Para salvar la dignidad perdida de los ancianos y su propia autoestima, Anne-Sophie tuvo que superar la famosa "distancia profesional". Si el fin es seguir siendo humano, ¿se requiere para ello una actitud de insumisión? "De entrada se necesitan valores que estén profundamente arraigados en nosotros, unos valores humanos. Luego ciertamente hace falta una insumisión, porque no es de recibo que la vejez sea sometida hasta ese punto a una cuestión financiera, y que detrás haya esa forma de maltrato institucional. Hay la insumisión, la rabia, pero también no volverse cómplice de un sistema en el que finalmente cada uno de nosotros vive en ese sufrimiento".

Como cuidadora, Pelletier ha trabajado tanto en residencias de ancianos como a domicilio. Y ha denunciado que la tendencia del gobierno francés consiste en alentar a las personas mayores a permanecer en sus hogares. Sin embargo, ¿no habrá contradicción en ello? Los escasos recursos de las personas mayores dependientes, son suficientes para beneficiarse de esta ayuda a domicilio? "No debemos mirar el prisma de la vejez solo cuando se entra en las residencias de ancianos, también es importante mirarla a domicilio. Cuando uno empieza a ser dependiente, tiene derecho a prestaciones, que se denominan "subsidio personalizado de autonomía". De hecho, es un sobre que el Estado entrega a los servicios locales, y que se transforma en un tiempo de presencia. Pero nos damos cuenta de que el Estado no quiere poner recursos en ello. Porque también puede ser muy caro quedarse en casa".

Así que todo depende de la dotación financiera que le asignen a uno. "Como dije, ese dinero se transforma en tiempo de asistencia. Excepto que cuando se es una persona mayor muy dependiente, como expliqué en el libro, una persona que está postrada en cama 360 días de los 365...pues no tiene suficiente tiempo de presencia. Pasamos media hora por la mañana, media hora al almuerzo, y media hora por la tarde. El resto del día la persona está sola, sola y todavía sola".

Varias veces en su libro Pelletier dice que "nuestros mayores no son objetos que hay que apartar a un lado", sino que "tienen historias que contarnos, una experiencia que compartir con nosotros". ¿Cómo puede la sociedad cambiar su visión de la vejez? "Hoy en día la sociedad es partidaria de lo juvenil. Podemos ver que en Francia, cuando uno tiene cincuenta años, si ya no tiene trabajo, ya no vale nada en el mercado laboral. Mientras que toda esa transmisión de conocimientos, esa experiencia de vida a veces es más importante que cualquier diploma. Así que sí, la sociedad realmente necesita cambiar su visión de esta vejez porque hoy en día todo es una carrera contra el tiempo, hay que ser cada vez más joven, parecer más joven.... ¡pues no! En un momento dado llega la vejez, y es una historia de vida, una experiencia que debemos saber cómo preservar y transmitir esos conocimientos esenciales". ¿Un ejemplo? "Es muy sencillo: mi abuela me enseñó a hacer encajes. Hoy en día, si quieres aprender a hacer encaje, tienes que ir a la escuela o tomar clases particulares. Estamos perdiendo todo ese conocimiento y esa experiencia. Porque, precisamente, ya no le prestamos atención. De hecho, es toda nuestra cultura, todo nuestro patrimonio lo que perdemos si no nos interesamos por nuestros mayores". Pelletier ha devuelto a su oficio de auxiliar de enfermería sus letras de nobleza.

"Era una huelga por la dignidad de todos:
de las personas mayores y del personal de enfermería"

Esa "vergüenza francesa", Anne-Sophie la ha combatido con determinación mediante una huelga de 117 días, que tuvo un amargo sabor final. Después de un periodo de varios meses de baja por enfermedad, ha respondido a todas las invitaciones de los medios para explicar su historia. Su testimonio rebosante de humanidad ha llegado al corazón de miles de franceses. Pero su devoción por los ancianos, que es un homenaje a su propia abuela desaparecida, viene acompañado de una gran modestia, ocultando su difícil realidad personal. En los últimos meses, Pelletier, quien durante su trabajo como auxiliar de enfermera solía espantar la soledad de los residentes poniéndose al frente de un piano o invitándoles a la cena de navidad en su casa, se ha visto en la necesidad de acudir a las asociaciones caritativas para alimentar a su familia de dos hijos.

Su travesía del desierto es una manera de tomar impulso para ir más lejos: ahora Pelletier se presenta como candidata a las elecciones europeas en el seno de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. ¿El compromiso de Pelletier es una forma de decir que también existe una dimensión europea para abordar la vejez? Hay problemas que afectan a las personas mayores que van más allá del nivel nacional. Esto se ve, por ejemplo, con el fenómeno de las olas de calor en verano. Cada año este tema aparece en los medios de comunicación franceses, que lamentablemente constatan miles de muertes. En el año récord de 2003, esa cifra alcanzó la escalofriante cifra de entre 15.000 y 20.000 fallecidos. En 2018 fueron "tan solo" 1.500. Pero en su mayoría las personas afectadas y las más vulnerables son de avanzada edad. Para Pelletier, "Europa es un continente que envejece. Con esto quiero decir que habrá cada vez más personas mayores. Es cierto que hoy en día el cuidado de las personas mayores no es el mismo en toda Europa. Pero nuestros gobiernos deben dejar de hacernos creer que están "descubriendo" la demografía. Eso no es verdad, no lo descubren, sabían que pasaría así. Sabían muy bien que habría más personas mayores en los próximos años. Y no se ha implementado ninguna política por adelantado, ¡absolutamente ninguna!

Así que, incluso si la salud en Francia es una competencia nacional, ¿por qué no hacer de la vejez una causa europea, durante uno o dos años? "Que Europa se interese por sus mayores y que podamos salvaguardar, por ejemplo, las residencias de ancianos públicas, dándoles mayores dotaciones, un reconocimiento real del trabajo del personal.... Estas son solo algunas de las posibilidades. Tenemos que pensar en cómo asegurarnos de que nuestras personas mayores sean atendidas con la dignidad que merecen, con un personal reconocido" – esa es la justicia que reclama Anne-Sophie, una heroína de la nueva sociedad francesa que está emergiendo.

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