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Romina denunció a su marido dos días antes de casarse en agosto de 2018

Este martes por la tarde, la Guardia Civil estuvo registrando la casa donde residía la joven paraguaya buscando indicios que revelen cómo murió. Su marido, principal sospechoso, sigue detenido y confesó que arrojó sus restos al Atlántico.

La Guardia Civil detiene al marido de Romina Celeste, desaparecida el pasado 1 de enero

PÚBLICO / AGENCIAS

La Guardia Civil sigue buscando a Romina Celeste Núñez, que continúa desaparecida desde el día de Año Nuevo cuando se la vio por última vez en Costa Teguise (Lanzarote). Los investigadores cada vez cuentan con más datos para que este caso termine encuadrándose como uno de violencia machista.

El País publica este miércoles que la joven había denunciado a su marido, detenido desde el pasado domingo y que ha confesado haber arrojado su cadáver al mar tras encontrarla muerta, el pasado 8 de agosto de 2018, dos días antes de casarse. Además, el 29 de diciembre, también dos días antes de desaparecer, acudió al hospital Insular de Tenerife pero se marchó antes de que fuera atendida por los facultativos.

Este martes por la tarde, la Guardia Civil estuvo registrando la casa donde residía la joven paraguaya buscando indicios que revelen cómo murió. El domicilio donde vivía la pareja estaba precintado desde el pasado jueves, cuando la Guardia Civil comenzó a estrechar el cerco sobre el que desde el primer momento fue su primer sospechoso, Raúl Díaz.

Su marido, el principal sospechoso

La joven desapareció la noche de Año Nuevo, pero su pareja no lo denunció hasta pasada una semana, cuando sus familiares en España y Paraguay, donde tiene un hijo de 4 años, empezaron a inquietarse por la falta de noticias. Raúl Díaz alegó entonces que si no había acudido antes a las autoridades era porque no era la primera vez que Romina cortaba todo contacto con él tras una discusión.

Las fuentes consultadas por Efe han señalado que desde ese mismo momento, Raúl Díaz se convirtió en su sospechoso número 1. De hecho, al día siguiente, un equipo policial de Las Palmas de Gran Canaria se desplazó a Lanzarote para reforzar las investigaciones. Con el curso de los días, el marido de Romina Celeste Núñez cometió un error que puso en evidencia su versión inicial, al referirse en una conversación telefónica a las circunstancias en las que se había deshecho del cadáver. Este mismo domingo fue detenido.

Desde el momento de su arresto, la Guardia Civil ha difundido que cuenta con "indicios suficientemente razonables" para culparle de la desaparición de su esposa, que tenía 29 años, pero sigue investigando para determinar si cabe imputarle su muerte, porque Raúl Díaz asegura que solo discutió con la joven, pero no la mató.

Raúl Díaz alega que al descubrir que Romina estaba muerta, él estaba bajo el efecto de las drogas que había consumido, que se asustó y que decidió que lo mejor era deshacerse del cuerpo

En su declaración policial, el detenido contó a los agentes que la noche de Año Nuevo se marchó de casa tras discutir con Romina Celeste y que, al regresar, ella estaba muerta. Raúl Díaz alega que ese momento estaba bajo el efecto de las drogas que había consumido, que se asustó y que decidió que lo mejor era deshacerse del cuerpo.

El sospechoso ha declarado que tiró los restos mortales de su esposa al mar, pero no de forma inmediata. Primero los tuvo unos días en casa, luego intentó quemarlos en el jardín y, cuando vio que de ese modo no podía hacer desaparecer el cuerpo, pensó en el mar.

El detenido asegura que al mover de nuevo el cadáver, este se rompió por los daños que le había ocasionado el fuego, que alquiló un coche y tiró los restos al Atlántico

Sin embargo, al mover de nuevo el cadáver, este se rompió por los daños que le había ocasionado el fuego. Según su propia versión, entonces Raúl Díaz recogió los restos, alquiló un coche y los tiró al Atlántico en varios puntos de la costa de Lanzarote, los mismos que la Guardia Civil rastrea desde el lunes.

Mientras las investigaciones avanzan, la madre de la joven todavía alberga la esperanza de que suene el teléfono y le digan que está viva, según ha contado desde Paraguay a la Radio Autonómica de Canarias. "A una niña tan linda no le puede pasar esto", dice.

Míriam Rodríguez asegura que no puede conciliar el sueño, porque teme que, si está dormida y llega esa llamada, no la oiga. Esta mujer reconoce incluso que hasta ahora tenía una buena impresión de su yerno, al que veía cariñoso y detallista con su hija. "No entiendo si hizo lo que dicen que hizo", añade.

El caso está en manos del juez de Arrecife al que le correspondió en su turno de guardia, pero este está sopesando inhibirse en favor del juzgado de la ciudad con competencias en materia de delitos de violencia machista.

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