el GRAN error de mi vida
Rosa María Artal: "A mí me pasa como a Edith Pïaf, no me arrepiento de nada"
'Público' habla con la periodista y escritora. Nos cuenta su experiencia en el mundo del periodismo y sus recuerdos del 15M.

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Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, los informativos de Televisión Española gozaban de tan rabiosa calidad que consiguieron la exclusiva mundial del acontecimiento más importante del final del siglo XX: la caída del Muro de Berlín. Aquel 9 de noviembre de 1989 se abrió el paso de Bornholmer Straße, y allí estaba la reportera Rosa María Artal (Zaragoza, 1949) con su equipo de Informe Semanal. Ninguna otra unidad de las cadenas más poderosas del planeta intuyó el momento y el lugar. Sigue activa, muy activa, como columnista y escritora (una quincena de libros, todos combativos). Desencantada del periodismo y encantada de seguir ejerciéndolo, no hay dios que la entreviste: no para de preguntar. Inercias de un oficio que la espoleará siempre.
Tú estabas en Crónica (suplemento dominical de El Mundo) con Javier Ortiz, ¿verdad?
Coincidí con Ortiz, sí. Y éramos amigos. Pero yo estaba con Miguel Ángel Mellado, que sigue siendo mi amigo. Entonces había como dos almas en El Mundo. Después ya ganó el alma mala, la de Pedro Jota, y me fui de muy malas maneras.
Ya, no me extraña. ¿Y ahora estás contento?
No, ahora estoy aburrido. Yo soy reportero y ya solo hago columnas y entrevistas. Echo de menos la guerra, como decía aquel periodista de Morir todavía [Dead Again, Kenneth Branagh, 1991]. Pero te recuerdo que tú eres la entrevistada y yo el entrevistador.
Ay, sí. Qué gracioso. Cuando me invitan a mesas redondas y actos, también tomo la iniciativa sin querer. ¿No te pasa?
Sí me pasa. Y quedas mal, quedas horrible. La gente se ríe un poco porque nos ven ridículamente prepotentes. Lacras de ser periodista. Vamos a...
Yo lo hago con cierta dulzura, pero como me vengan con melindres, los pongo firmes. A toda la mesa. Pero sí. El moderador de la mesa me presenta y yo me pongo a preguntarle cosas a él.
Me pasa constantemente. Así que deja de preguntarme tú cosas a mí, que yo soy el entrevistador. ¿Tú no echas de menos también la acción, la calle? Porque esto del columnismo está muy bien, pero a veces yo me siento un señor mayor que habla solo.
A ver, yo tengo una edad. Hacer las 200 cosas que tiene que hacer una reportera cada día es demasiado. O sea, estoy jubilada.
En tu blog El Periscopio escribiste hace tiempo: "Todo terminó el 29 de febrero del bisiesto 2008, por un ERE. Ahora sé que hay mucha vida por delante". Suena triste. ¿Qué te quitaron? ¿Qué terminó?
Salí por el ERE de Radio Televisión Española en 2008. Echaron a 4.000 y pico. Además, eran lo mejor. No solo redactores, también realizadores, cámaras… Los pata negra de la imagen también salieron. Me sentí absolutamente desolada y empecé con el blog. Luego, Ignacio Escolar me propuso lo de eldiario.es [2012]. Y bueno, he ido tirando. Yo ahora ya no podría, creo, hacer lo que hacíamos antes. Pero sí lo echo de menos. Cuando hay algo realmente gordo, me cogería un avión y me iría a cualquier parte. Pero pienso que no debo.
Podrías haber seguido haciendo reportajes más tranquilos. No te digo que te vayas a esquivar drones a Ucrania. Escribir de temas más cercanos. Asuntos sociales, feminismo, sectas. Yo qué sé. Pero claro, ahora dicen los jefes que no pueden pagar reporterismo. Ni siquiera que vayas a un barrio marginal de Madrid y te pases dos o tres días investigando cualquier realidad. Es tristísimo.
Claro que es triste. Aparte, tampoco se iba a leer con gran entusiasmo.
No te creas. Yo creo que sí, que los buenos reportajes de calle, y algunos se hacen, siguen funcionando. Hablando de calle. En 2011, justo antes de la revolución en España de los indignados, publicaste el libro Reacciona, en el que participan varios autores. Todos hacíais un llamamiento a luchar contra la corrupción, la oligarquía, la desigualdad, la represión. Han pasado 15 años y nos jodieron aquella ilusión. Todo aquello parece que se ha perdido, incluso políticamente. Es como si hubieran ganado ellos. Los malos. Los antipacifistas. Los machistas. Los explotadores. Ahora sobrevuela una violencia fascista tremenda. Ataques homófobos por parte de jóvenes nazis de 15 años, desokupas, agresiones y amenazas a periodistas y políticos, difamaciones con amparo judicial... ¿Conseguirán que su violencia acabe con nuestro pacifismo? Porque, a veces. yo me canso de ser tan educado y tan pacifista.
El 15M no era pacifista. Surgió como la versión española de ¡Indignaos! [Ed. Destino, 2011], de Stéphane Hessel (1917-2013). Fue un superventas en Francia. Stéphane Hessel era un tío interesantísimo. Diplomático, escritor y político. No sé si sabes que era el hijo de Jules y Jim [François Truffaut, 1962, película basada en la novela Henri-Pierre Roché e inspirada en la relación amorosa de los padres de Hessel].
No lo sabía. Y estoy enamorado de esa película desde que era un chaval. Me decías que el 15M no era pacifista.
Era una reacción. Llamaba a la reacción. A lo mejor no violenta, precisamente. Pero una reacción intensa. No era pacifista en ese sentido. Pero, ¿sabes?, el principio de todo esto fue la caída del muro de Berlín.
Es uno de tus momentos importantes. Tú cubriste la caída del Muro.
Sí. ¿Por qué digo que empieza en el muro de Berlín? Está clarísimo. Se explica en otro libro que coordiné: Derribar los muros [Roca, 2019]. Es un libro que todavía tiene la máxima vigencia. Entonces: lo que ocurrió. Y esto lo he vivido en primera persona. El Muro cayó por inanición, o sea, porque tenía que caer. Se caía solo. Una vez cayó, el capitalismo reaccionó con tal virulencia que, en el mismo mes de noviembre, aprobaron los consensos de Washington y de Bruselas. De ahí viene todo: la desregulación económica, las privatizaciones, sobre todo de la sanidad y la educación... La sanidad es un negocio impresionante. En aquellos consensos ya estaba todo, todo. Y lo empezaron a aplicar. Esa es la causa de todo lo que ha venido después. En los últimos años, internet ha logrado que lo que parecía y era un gran invento, haya servido incluso para manipular a la gente al máximo, para extender el odio, el fascismo. Y ya no ha faltado más que Elon Musk comprando Twitter.
Me das miedo, compañera. Me estás diciendo que el auge del fascismo se está fraguando desde hace casi 40 años, del Muro a Twitter.
Es importante que lo sepamos, porque la única forma de revertirlo es darnos cuenta de dónde nace. Es el origen de todo lo que ocurre ahora. El ascenso de Donald Trump y toda esta cantidad de imbéciles que está mandando y aprovechándose de la gente viene de aquello. Los ciudadanos están obnubilados con ellos. No se dan cuenta de todo lo que nos están robando.
Sí, y los legitiman luego en las urnas. Ahí también ganan. Es decir, hace 15 años hubo un momento de ilusión y…
Pero ellos reaccionaron inmediatamente. Inmediatamente. Desde la caída de Lehman Brothers en 2008, en todas las reuniones del G20 y de todos los demás organismos internacionales se decía muy solemnemente: "Vamos a refundar el capitalismo". Esto creo que lo pronunció literalmente Nicolas Sarkozy [presidente francés de 2007 a 2012]. Iban a acabar con los paraísos fiscales, pero le fueron dando la vuelta a aquel discurso, y las grandes pérdidas que sufrieron ellos con la crisis se las hicieron pagar a los ciudadanos con recortes. Y la gente se calló.
Por un momento la masa se levantó, yo creo. El 15M, la Primavera Árabe, la Revolución de las cacerolas en Islandia, Grecia contra la Troika, Occupy Wall Street...
En el primer momento sí, claro. Fue un momentito revolucionario. Pero qué poquito duró. Fíjate lo que pasó en España. Es curiosísimo. Después de tomar las plazas y todo esto, llegan las elecciones y le dieron a Mariano Rajoy mayoría absoluta. Y en las municipales, en las autonómicas, en Europa...
¿Tú percibes que la sociedad española, a pesar del 15M, era muy de derechas?
Tú imagínate también ahora... Ahora, Feijóo.
¡Calla, calla! ¡Cuánto gallego y soy gallego!
Por eso te lo dije.
No seas maligna.
La mayoría está muy anestesiada porque la han educado así. ¿Cómo se la está educando? Primero, ha crecido la bulosfera de una manera escandalosa. Y las tertulias han hecho un gran daño, salvo algunas excepciones un poquito más serias con buenos periodistas. Han hecho un daño inmenso a la información y a la democracia. Yo lo veo así. Y las redes son el colmo. Qué barbaridades se están diciendo. Te quedas pasmada de la cantidad de insultos que están lanzando.
Incluso los políticos.
El PP está todo el día largando. Se plantan delante de una cámara y un micrófono, y a largar por ahí. Lo meten en las redes, barato, no les puede salir mejor. Cuanto más escandaloso sea lo que digan, más vende.
Hay un ejemplo de ese descaro que siempre pongo como evidencia cuando hablo con mis amigos fachas. Todo el mundo sabía exactamente la dirección de Pablo Iglesias. Sin embargo, aunque todos nosotros, los periodistas de izquierdas, conocemos dónde vive Feijóo, nadie lo ha difundido, que yo sepa. Son estilos distintos. O quizá es, sencillamente, que nosotros tenemos estilo y ellos no. A lo mejor estamos siendo demasiado buenos, correctos, blanditos, no lo sé.
En eso te doy la razón. Cuando se llega a este punto... Mira, yo soy muy amiga de Javier Valenzuela. Él escribió un artículo buenísimo donde decía que nosotros jugamos tenis británico y ellos juegan fútbol americano, o algo así. Ellos van a patadas y nosotros con la raquetita.
Y salimos perdiendo.
Por eso habría que responder con mucha contundencia. En muchos artículos comento que el Gobierno tendría que responder con más contundencia. Los insultos y los bulos son para llevarlos a un juzgado y que los detengan. Pero claro, con esta Justicia. ¿Cómo hemos llegado a esta justicia? ¿Cómo se ha elegido este Consejo del Poder Judicial, que da vergüenza?
El problema es que yo escribo cualquier tontería sobre Abogados Cristianos y me cae la del pulpo. Sin embargo, vemos a Vito Quiles acosar a la mujer del presidente, ni más ni menos, y no pasa nada.
Eso es.
Siguiendo con este tema, pero enfocado a la mujer. Tú entras en televisión cuando tenías 23 o 24 años, en las postrimerías del franquismo. Estábamos en una época mucho más machista, en teoría. ¿Te sentías acosada como se sienten ahora mis amigas periodistas, que reciben tal cantidad de insultos y amenazas que algunas incluso se han retirado un tiempo porque no lo podían soportar? ¿En aquella época gris, las mujeres periodistas vivíais mejor?
Lo que ocurría es que no había mujeres, ¿vale? Nos solían mandar temas menores y, por supuesto, nada de opinión. Durante aquellos años, las mujeres no opinaban de nada más que de la igualdad de sexos, de asuntos que ellos pensaban que eran de chicas. Únicamente escribían opinión Maruja Torres y Rosa Montero. De estas cosas nos olvidamos.
Ahora yo no percibo tanta desigualdad.
Todavía somos muchas menos. Falta más visión femenina. En la pocilga mediática, quizá sí hay más mujeres que opinan. Para insultar.
Generalmente hablamos de acoso a mujeres periodistas jóvenes, con profusión de exabruptos sexuales y prostibularios. ¿A ti te han acosado?
A mí me ponen tibia. No les pasa solo a las periodistas de ahora. Bueno, yo sigo siendo periodista de ahora. Es una cosa de un odio, de una violencia... Y amenazas, y amenazas...
A los tíos eso nos pasa menos. Yo, a veces, me siento mal periodista porque me amenazan poco.
No, hombre, no [se carcajea]. Sí amenazan también. Será que a la mujer la ven más débil.
¿Por qué a la mujer la siguen viendo tan débil después de tantos años de educación?
Porque son muy, muy tontos.
Pero no puede haber tanta gente tan tonta, de verdad.
Sí que hay mucha gente tonta. Yo nunca pensé que hubiera tanta gente tonta. Si te metes en las redes, sales de dudas.
Bueno, pero en las redes veo una sociedad distinta a la que trato en mi mundo. Yo vivo en un pueblo de la Sierra de Madrid y aquí tenemos un buen porcentaje de población musulmana, bastante gente de origen africano, del este de Europa, de América, y la convivencia es perfecta. O casi. Y eso que también hay mucho facha. Si yo no viviera en este mundo, si estuviera elevado por encima de las estrellas y solo conociera la Tierra por las redes, no entendería lo bella que es la convivencia en algunos sitios, porque es bellísima. Y, aparte, los españoles la practicamos más o menos bien, comparándonos con otros sitios donde he estado. Incluso, en teoría, países más civilizados y cultos.
Tienes toda la razón.
Ahora, como ex trabajadora de Radio Televisión Española, te quiero hacer una pregunta muy boba.
Muy bien.
¿Por qué los informativos de la televisión pública tienen siempre mucha más audiencia cuando gobierna la izquierda, el PSOE -si llamamos izquierda al PSOE-, que cuando gobierna el PP?
Buena matización esa de la izquierda y el PSOE. Pues porque se informa. Nos olvidamos de la grandísima manipulación que ha hecho el PP siempre que ha estado ahí, especialmente con Mariano Rajoy. Llegaron a cargarse Informe Semanal poniendo a Jenaro Castro [el Consejo de Informativos lo denunció por achacar la muerte de Rita Barberá a la presión mediática de izquierdas, puso la música de El Exorcista a un reportaje sobre Carles Puigdemont...].
José María Aznar tampoco lo hizo mal con el 11-M...
Y luego pasaron al "este dice y el otro dice". Eso me pone negra en periodismo. "Este dice y el otro dice", no. Asómate a la ventana y cuéntame si llueve o no llueve.
A mí me enerva que un periódico como OKDiario suelte cualquier barbaridad y los grandes periódicos de derechas la reproduzcan sin contrastarla. Yo trabajé en periódicos como El Correo Gallego. Era un periódico muy de derechas cuyo presidente, Feliciano Barrera, nos decía por Navidad: "Aquí se puede hablar de todo, menos contra Franco, contra Fraga y contra la Iglesia". Se silenciaban escándalos de la Xunta, pero no inventábamos. Y volvemos a lo mismo. Hoy el bulo goza de enorme impunidad judicial. Es un retroceso amparado por uno de los tres poderes del Estado.
Por eso te digo que hay que reaccionar. Los bulos y los insultos habría que pararlos drásticamente. No puede salir gratis el mentir y difamar, no puede salir gratis. Esto ha causado un daño tremendo y no sé si irreversible. A mí me da una pena tremenda. Eso que estás contando destituye o destruye la democracia.
Vamos a lo personal. Tú eres historia del periodismo español, siento decírtelo.
No, no, te lo agradezco mucho. Porque sí lo soy. Creo que me he promocionado muy poco. He sido demasiado discreta con eso. ¿Sabes que tardaron 20 años en enterarse de que lo del muro de Berlín había sido una exclusiva de Televisión Española? 20 años después, empezaron a decir: "¡Oh, si fue Informe Semanal!". Pero, aunque se me hundió el mundo al salir de TVE, descubrí otros espacios muy interesantes: estar en el blog, escribir de otros temas. Puede que algunas cosas que hice después hayan tenido tanta repercusión, aunque de otra forma, como aquellos hitos.
Te voy a hacer una pregunta de veterano a veterana. ¿No te dan un poco de pena los jóvenes periodistas que entran ahora en los medios?
Sí, porque no van a hacer periodismo apenas. El periodismo que se hace ahora no es el que necesita la sociedad. Eso es lo peor. Nosotros escribíamos e informábamos para que la sociedad adquiera un criterio. Le dábamos medios para eso.
¿Cuál fue el gran error de tu vida?
A ver, ocurre que a mí me pasa como a Edith Piaf: je ne regrette rien, no me arrepiento de nada. Siempre está la posibilidad de recomenzar otra vez. Quizá mi gran error ha sido ese exceso de tenacidad que asocian a los aragoneses, y esa tenacidad me ha llevado a empeñarme mucho. Al principio, lo lograba todo. Conseguía ir campo a través y llegaba antes. Parecía que, solo con ir a buscar, las cosas salían. Entonces, cuando más tarde ves que no siempre todo sale, duele. Y desgasta mucho. Sobre todo, desgasta mucho.


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